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el mundo fragmentado

Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz

 EN QUE DA MORAL CENSURA A UNA ROSA, Y EN ELLA A SUS SEMEJANTES

Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida

de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!

3 de Junio de 2006

3 de Junio de 2006

La frase de Maqueda es muy lamentable. La frase. Esa frase.  Poner junto a esa frase miserable, una frase, sólo una frase, todos los nombres de los asesinados por ETA es propio de un acebes, de un alcaraz, de un aznar, o incluso de un rajoy, no de un Arcadi Espada, ya *sólo* un tal arcadi espada.

Maqueda no es un asesino, no ha matado a ninguna de esas personas relacionadas en el artículo y su impresentable frase, la puta frase, jamás ha herido a nadie ni apuntado sobre ningún cuerpo humano . Maqueda sólo ha pronunciado una frase repugnante, sólo una frase cabrona, como muchas, pero no ha matado a nadie. No es un terrorista. No es el responsable de esas muertes. No merece tanta penitencia por una simple y lamentable frase.

Con la frase de Maqueda, un tal arcadi espada ha escrito un artículo demagógico en el (in)Mundo y, también, repugnante. Doblemente repugnante al alimentarse de la frase de Maqueda, también repugnante.


Un tal arcadi , luego, se ha dado cuenta de su fechoría y ha necesitado contarle al mundo como un crío malo el porqué y el cómo de su estupidez:


a) que llamó a sus jefes antes de escribirlo;
b) que la idea de los muertos es de su jefe;
c) contarlo todo públicamente para descansar un poquito la carga de la vergüenza.

Hoy sólo aplaude a un tal arcadi la chusma habitual de estos casos. La única habitual a la que se espera, según parece, por el periódico que ahora le paga.

John Cassavetes

John Cassavetes

John Cassavetes nace el 9 de diciembre de 1929 en Nueva York, en una familia de origen griego. A principio de los años cincuenta ingresa en la Academy of Dramatic Arts en Nueva York, fuertemente influida por el estilo del Actor's Studio. En marzo de 1954 se casa con una joven actriz, Gena Rowlands, que le acompañará toda su vida. Tras numeroso pequeños papeles en telefilmes y películas de segunda fila rueda en 1956 sus dos primeras películas como protagonista, Crime in the Streets, de Don Siegel y Edge of the City, de Martin Ritt. Ese mismo años funda un taller teatral, el Variety Arts Studio. A punto de convertirse en estrella, comienza en 1957 el rodaje de Shadows. Termina una primera versión de la película que se proyecta a finales del 58. Jonas Mekas y los independientes neoyorquinos lo reciben como uno de los suyos. En 1959 firma un contrato providencial con la NBC para la famosa serie Johnny Staccato, que le permite cubrir los veinte mil dólares de deudas de Shadows. Dirige cinco episodios de la serie. La Paramount lo contrata para rodar Too Late Blues, un fracaso comercial, y lo cede a United Artists para Ángeles sin paraíso, pero Stanley Kramer, productor de la película, le aparta de la película en el montaje. Se cancelan sus contratos y abandona Hollywood. Tras aceptar el papel de un campeón de karts convertido en gangster en The Killers, emprende la gran aventura de Faces, rodada y montada en su propia casa. Para financiar el proyecto actúa en películas como The Dirty Dozen y, sobre todo, Rosemary's Baby.
En el momento de su estreno, Faces es nominada a los oscars al mejor guión y tiene un relativo éxito comercial. Adquiere esa independencia tan deseada que le permite encadenar Husbands, Minnie & Moskowitz y A Woman Under the Influence, rodados con su mujer y sus amigos (Ben Gazzara, Peter Falk, Seymour Cassel). Por amistad incluso codirige con Peter Falk un episodio de Columbo. The Killing of a Chinese Bookie marca el final de este fasto período. Es un fracaso comercial, mientras que Opening Night no llegará siquiera a estrenarse.
Una vez más Hollywood le soluciona la vida financiera, pues Columbia le propone rodar un guión que les había vendido. Será Gloria, en 1980. Paralelamente a su actividad cinematográfica, Cassavetes se entrega en ocasiones a la puesta en escena teatral. En 1981 produce tres obras a la vez, una de ellas se convertirá en Love Streams, su última película. Ya enfermo acepta sustituir a Andrew Bergman en Big Trouble, una comedia interpretada por Peter Falk. Entre sus películas como actor hay que citar también Micky and Nicky, de Elaine May, Fury, de Brian de Palma y The Tempest, de Paul Mazursky en 1982 (con Gena Rowlands). Rodeado de numerosos proyectos, John Cassavetes fallece el 3 de febrero de 1989.

John Cassavetes, la fuerza vital
Las metamorfosis del cuerpo
Descubrir una película de Cassavetes equivale a tener una experiencia física única en el cine. El espectador es arrastrado en el torbellino de una sensación ardiente e inmediata, en la pura proximidad de la pantalla, toda distancia suprimida. El cine de Cassavetes es en primer lugar una formidable potencia vital, la voracidad de existir. Todo el mundo recuerda las largas secuencias de Faces, Husbands, A Woman Under the Influence, en la que los actores y los personajes confundidos se abandonan a esa fuerza existencial hasta la locura o el agotamiento corporal. El cuerpo, pues: un cuerpo fuerte y débil, bola de nervios o sensaciones arrastrada al peligro de su propia pérdida. Un cuerpo o mejor dicho, cuerpos que se entremezclan hasta el punto de hacerse a veces indistinguibles. (...) El ideal de Cassavetes: dos cuerpos que se hacen uno. El tocarse será pues capital porque es el único lazo posible entre dos cuerpos. La cámara misma se hace táctil, es un ojo que, más que ver, toca los rostros, los cuerpos.
A menudo el cuerpo falta. Ese cuerpo tan presente, tan intenso es un cuerpo frágil, acosado por la autodestrucción. En Husbands, Opening Night, Faces, A Woman Under the Influence o Love Streams, Cassavetes multiplica las imágenes de cuerpos que se debilitan, se vacían de su sustancia bajo el imperio del alcohol, de la locura o de los medicamentos. Cassavetes rastrea los momentos de pérdida de sí, cuando la carne está si cabe más presente porque se descompone. Si Garrel filma el cuerpo en el proceso de construirse, Cassavetes se emplea en desintegrarlo. Pero esta destrucción se acompaña de una reconquista del yo. (...)

Lenguaje y flujo
Esta hiperpresencia del cuerpo no debe enmascarar la experiencia del lenguaje propia del cine de Cassavetes. Hay que escuchar la banda sonora de sus películas antes de intentar comprender el sentido de las palabras. Fundada sobre el ambiente sonoro, inseparable de los ruidos, la voz sin embargo resalta. En Cassavetes hay algo de lingüista salvaje y activo (un poco como en Rozier). En primer lugar porque escenifica las situaciones comunicacionales más sorprendentes. (...) Después, porque despierta en la lengua todo un infralenguaje que normalmente el cine trata de borrar. Los acentos, las inflexiones de la voz participan en los diálogos, pero también las risas, los llantos, las onomatopeyas, las canciones, los tartamudeos, los balbuceos, los encabalgamientos de palabras, las repeticiones, todo lo que a la vez precede y constituye también el sentido. El cine de Cassavetes es literalmente intraducible: de ahí la necesidad absoluta de ver las películas en versión original. Cassavetes no es exactamente un dialoguista, es más bien un organizador de ondas, alguien que despierta los sonidos y las lenguas. En esta perspectiva se puede ver Faces como un verdadero documental sobre las risas, sobre la forma en que se desencadena, las intensidades, duraciones, los tonos, cualitativamente distintos en cada personaje.
En Cassavetes todo es flujo. El lenguaje es un flujo que querríamos que no cerrara. El cuerpo es un nudo de flujos difíciles de controlar. El flujo es lo que circula entre los seres, sobre todo flujo de amor (Love Streams), invisible y no personal. El amor es una energía vital que desborda al ser por todas partes. Cassavetes está lo más cerca posible del afecto, de la pura emoción. Su estilo, tan perfectamente reticente al logro formal, encuentra ahí su coherencia interna. Los desenfoques, los reflejos irisados, los negros, los movimientos imprevisibles que rompen el encuadre son las huellas el rastro de esta energía invisible. Ya no se trata de tomar la fotografía de lo visible, sino por el contrario de capturar el aura del momento, el movimiento interno de los seres, el calor (en el sentido térmico) del instante.

Lo indeterminado
Lo que está aquí en juego es el cine como el arte de lo no terminado. No terminado externamente, al nivel de la película, no terminado internamente, en el nivel del plan. Cassavetes es un cineasta del devenir. La forma del devenir es la huida hacia adelante. La de Cosmo Vitelli en The Killing of a Chinese Bookie, la de Gloria Swenson en Gloria. Es como si el devenir empezara mucho antes de la primera imagen y siguiera después de la palabra Fin. El final de las películas de Cassavetes está casi siempre en suspenso, abierto no porque no sepa cerrar una película sino, de manera más fundamental, porque ese fin es necesariamente provisional y debe inscribir en su seno la posibilidad de un después. Una de las grandes virtudes del cineasta es haber introducido lo indefinido en el corazón del cine americano. Por supuesto, cineastas como Ray y Tourneur se habían acercado, pero Cassavetes fue sin duda el primero en llevar la indeterminación al plano del estilo, de la forma de filmar. (...)

El teatro y la histeria
Históricamente, todo es sincrónico. En el momento en el que Cassavetes rueda Shadows, Jean Rouch, Godard, Rivette o incluso Oshima inventan en Europa y Japón un cine que da fe de esa libertad de acción frente al relato, los actores, el montaje (en particular los raccords) Quisiera señalar la relación entre el cine de Rivette y el de Cassavetes. Primero porque Rivette es el único cineasta de la Nouvelle Vague que ha trabajado sistemáticamente sobre la improvisación, después porque las películas de Rivette, a partir de L'Amour fou (contemporánea de Faces) dan, como las de Cassavetes, esa sensación de avanzar por la cuerda floja a merced de una fantasía imprevisible, finalmente, porque una y otra mantiene una relación extraña y apasionante con el teatro. (...)
El teatro, sin duda, pero no cualquier teatro. Un teatro existencial, desquiciado, indescriptible, que no se aparta de la vida. Un teatro familiar, en íntima relación con la locura. Cassavetes renueva los lazos de la histeria y del teatro. La histeria es, en A Woman Under the Influence, Opening Night y Love Streams, la demanda de amor, tema profundo de todas las películas de Cassavetes, que responde a la vez a esa necesidad de representar que supone la mirada del otro. De ahí la recurrencia de escenas de tres en las que uno de los personajes encarna al tercero que observa, el espectador inseparable de la histeria el actor. La histeria es el sobrante del amor, ese gasto frenético que la psiquiatría es incapaz de canalizar y comprender.

El filo de la navaja
Como la locura, el alcohol es una forma de soltar amarras. John Cassavetes es el gran cineasta del alcohol, y no solamente por ser éste sin duda la causa de su muerte. Como Malcolm Lowry, otro gran alcohólico, Cassavetes no se limita en Husbands a enseñarnos personajes que se emborrachan, sino que mete el alcohol en las venas de la película y nos hace entrar en el núcleo de la percepción alcohólica. La cámara y el espacio son presos de una ebriedad perturbadora. El espacio alcohólico rompe la geometría y consuma la pérdida de referentes. (...) Ante el trío de Husbands, todo actor que remeda la ebriedad nos parece falso. El alcohol, la locura, son formas de viaje en el que el individuo avanza sobre una delgada línea, el filo de una navaja y a cada momento puede caerse de uno u otro lado. El riesgo, el peligro, es indisociable de las aventuras de los personajes así como de la película. Cassavetes es por supuesto el contemporáneo de la América psicodélica, pero su mayor originalidad es haber filmado el viaje de los americanos medios, ni heroicos ni intelectuales. A menudo se tiende a relacionar a Cassavetes con Europa, pero es probablemente el único cineasta de los últimos veinte años que ha mostrado la América media desde el interior, dedicándose a desvelar la parte de estupidez, de locura, de delirio que yace en todo americano y quizá en cada uno de nosotros.

Cassavetes y Hollywood
Esto aclara algo sobre la compleja relación de atracción y repulsión que Cassavetes mantenía con Hollywood. Sabemos que, antes que cineasta, fue un actor que hubiera podido ser una especie de nuevo Bogart. Ligado a la aparición de un cine independiente neoyorquino toma, desde Shadows, distancia respecto a sus amigos. Ante el éxito inesperado de la película, Paramount le propone rodar Too Late Blues, película más clásica, pero injustamente desconocida. Para United Artist realiza después Ángeles sin paraíso, remontada por el productor, Stanley Kramer. De hecho, no se adapta al sistema y prefiere recuperar su libertad para la gran aventura de Faces, rodada y montada en su casa. Pero sus películas más independientes no dejan detener relación con el conjunto del cine americano. Cassavetes hereda los géneros hollywoodienses, el cine negro, la comedia, y los trabaja desde el interior de su propio estilo. (...) Algunos momentos de Faces, Minnie & Moskowitz, Husbands o Love Streams no están demasiado alejados del espíritu de la comedia americana, en particular por la mezcla de tonos. (...) Cassavetes no es solamente el modelo del cineasta antihollywoodiense. Es más bien alguien que, levantando acta del fin del sistema, decide seguir su propio camino. Por supuesto la estrategia de hacer un cine familiar, en casa, influye en la construcción de su mito europeísta. Pero intentar aislarlo excesivamente de sus compatriotas podría ocultar su impacto en el cine americano contemporáneo. Por su exigencia altiva de independencia, es el vínculo indispensable entre los solitarios de ayer y los de hoy. (...) John Cassavetes es aquel por quien la vida entró en el cine. Y eso, ningún cineasta, americano o no, podrá olvidarlo nunca. Thierry Jousse, Cahiers du cinema, marzo 1989.

1 de Junio de 2006

1 de Junio de 2006

CRONICA DEL ESTADO DE LA NACION

El 'hombre de Flores' fabricaba herramientas hace 800.000 años
EL PAÍS  -  Madrid
EL PAÍS  -  Sociedad - 01-06-2006

Los restos del hombre de Flores, el homínido de un metro de estatura que vivió hasta hace 12.000 años en la isla indonesia de Flores, aparecieron en 2005 en el mismo yacimiento que unas herramientas de piedra que, normalmente, habrían sido atribuidas al ser humano moderno, el Homo sapiens. De su mera cercanía a los restos del hobbit no puede inferirse que fueran obra de éste, pero los datos que hoy publica Nature apoyan esa posibilidad, porque muestran que en la isla ya había herramientas similares hace 800.000 años.

"La explicación más simple es que las herramientas de piedra de Mata Menge [el yacimiento de hace 800.000 años] y de Liang Bua [el de hace 12.000 años] representan una tecnología continua, hecha por el mismo linaje de homínidos", concluye el estudio firmado por Adam Brumm y varios de los investigadores australianos que descubrieron los restos hace dos años. "Las aseveraciones de que el Homo floresiensis carecía del suficiente volumen cerebral para hacer herramientas de piedra están, por tanto, basadas en prejuicios más que en evidencias reales".

 

Varios científicos independientes siguen sosteniendo que los restos del hombre de Flores corresponden a un humano moderno aquejado de microcefalia.

 


La prueba



Es bastante probable, según dicen, que sobre el cristal de una mesa, una mesa de un café íntimo, azul de cielo madrileño entrando por sus poros, coqueto como ella, se refleje una torre de una iglesia junto a los restos de una copa a punto de acabar . Esa luz que se filtra es de una mañana de invierno, ahora que el invierno ya es historia, o, imagino todo, ya puestos a decirlo sin el pudor del rumor que nos llega como una brisa, que el invierno, su invierno, se niega a ocultar sus más íntimos azules sabiendo que ella estaba allí. Y la busca.

Dirán que existe una foto de todo . No lo puedo afirmar ni negar. La única foto que conozco, y que ahora publico, es un retrato de ella, un fiel retrato de ella. Como pueden comprobar.

Deseaba ser poema

 
( Gran Canal, junto a Rialto. Mercado de Venecia)
Decidimos que la esperara allí, junto al gran canal, sentado en una mesa de un bar en los muelles del mercado. El puente de Rialto a la derecha. Yo contemplaba aquel paisaje de luz e historia, sin apenas nadie que me molestara, cerradas todas las ventanas, e incapaz de mover ni un músculo de mis deseos que me apartara de todas las sensaciones que se acumulaban en mi piel.
Llevaba un libro, aunque hoy recuerdo no haber leído ni un línea en aquellas dos horas de espera, toda la escritura ya fuera del libro, y no quería dejar de atrapar ni una de esas palabras que flotaban entre mis ojos, como mariposas rojas.
Ahora, pasado el tiempo , recuerdo la frase de Jaime Gil y siento que todo el placer perdido y añorado vuelve rápido al encuentro de mi instinto:
" Yo luchaba por ser poeta, pero lo que deseaba ser es poema".

31 de Mayo de 2006

31 de Mayo de 2006

Momentos estelares 

Un alineamiento de estrellas y de planetas, que arranca este miércoles por la tarde, culminará el próximo 17 de junio, cuando Marte y Saturno se verán tan cerca uno del otro, que dará la impresión de que vayan a chocar. Los días 31 de mayo y 7, 15 y 17 de junio están considerados por la NASA, según información publicada en su página web, cuatro momentos estelares a marcar en el calendario de los astrónomos por sus "muy especiales" anocheceres.

Tres planetas y un cúmulo de estrellas están convergiendo actualmente hacia un encuentro que "merece la pena" contemplar, explica la NASA. Este espectáculo estelar se inicia hoy al atardecer,cuando la Luna creciente se deslice hacia Saturno, hasta verse en línea "con un resplandor muy bonito", observándose entonces cráteres y montañas con largas sombras si se apunta con el telescopio hacia ella.

A continuación, se recomienda mirar hacia Saturno, el planeta de los anillos, porque, literalmente, según la NASA, la visión "cortará la respiración". A su derecha se apreciará, asimismo, el cúmulo estelar Beehive, con un grupo de estrellas situadas a 600 años luz de la Tierra. No satisfechos con todo este espectáculo, y a medida que vaya transcurriendo el mes de junio, "las cosas irán volviéndose incluso más interesantes", según la NASA.

Desde mañana, la Luna se irá alejando para dejar atrás a Saturno y al cúmulo estelar Beehive, y rápidamente se irá acercando, noche a noche, un débil ente rojo, Marte, al planeta de los anillos. El 15 de junio será "una noche especial",  porque en dirección a Saturno, Marte pasará directamente frente al cúmulo Beehive. Si se contempla entonces el cielo con un pequeño telescopio, se podrá ver el planeta Marte brillando unas 16 veces más que las estrellas del entorno.

A mitad de junio, Mercurio se alejará del fulgor del Sol, planeando en el cielo no muy lejos de Saturno ni de Marte. La noche del 15 de junio, Marte "explota" en el cúmulo Beehive, y Mercurio será muy fácil de divisar, incluso desde ciudades muy iluminadas.

El clímax de toda esta cadena de acontecimientos se producirá en el anochecer del sábado 17 de junio, cuando Marte y Saturno se verán tan sumamente cerca que podría pensarse que van a colisionar.


Nacer en un paseo


(VeneciaGhetto Judio)


Curioso silencio y soledad cuando piensas con la mirada el paisaje que te sigue. El paseo que, como un surco en la nieve, o en la arena de la playa, deja la señal del recuerdo.

Corres con todos tus sentidos y quisieras atrapar esa agua seca con las dos manos, los dos brazos de esas dos manos, el cuerpo que sostiene esos brazos y manos, que es el tuyo, y es todo cuanto tienes para desear volver una vez más, pedir una vez más, sólo una vez más, al menos una vez más, que el paseo sea sólo el tuyo, ahora que nace y lo ves.
Una vez más.

Traigo arrancado del olvido todo cuanto he deseado siempre. ¿No era así? 

30 de Mayo de 2006

30 de Mayo de 2006

Creo que habrá sido por la voraz plaga de mariposas gamma que ayer no me pude dormir a una hora decente.

Me atacó una (direis que sólo una) con un poema de Jaime Gil que llevaba cosido en sus alas y lo depositó entero, como un bombardeo sobre Madrid, sin distraer ni una palabra, la leve brisa por testigo, en mi sueño perdido, haciendo estallar toda la noche con un grito cercano.

También la luz jugó a su favor aunque lo dibujo todo oscuro.

Lo siguiente que recuerdo estaba lleno de luz.

Jaime Gil de Biedma

Jaime Gil de Biedma

PANDÉMICA Y CELESTE

quam magnus numerus Libyssae arenae
................................................................
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
     furtiuos hominum uident amores.
                  Catulo, VII


Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
              íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
                          Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

Plegaria

( Playa del Lido, Venecia)

 
Ahora, cuando el ladrón ha dejado olvidada la luna en mi ventana, miro, no sin temor, el viento golpear en la altura.
Voz de mármol, grita el esperpento de una muda tarea, donde ya nadie sabe el color de la última noche.
Agrietado, vence con su sonido de dama en fuego al pálido frontón, adornado por ladrillos enfermos.
Atalaya de la mañana, melancolía en la memoria, recuerdo asesino donde antes hubo todo. O nada.
Como el primer verso o el placer del agua fría en mi garganta.
Declaran mañana donde se dibuja la sombra de la noche.
Ahora que el infinito se hace teorema, suenan lánguidos y tristes los perfiles de una dama altiva que brinca su piel agitada entre las sábanas llenas de lágrimas.
No han vuelto a llamar a la oración pero destiño el claro sol junto a los afilados cuchillos del frío invierno, ya lejano.
Todo como una naturaleza muerta. O casi todo.

A MIS VIEJOS

A MIS VIEJOS

En un caso hace ya de ello veintiún años y en otro seis. Hoy os recuerdo juntos, ya sin dolor. Me llega convertido en energía vuestro calor y vuestro cariño, sin melancolía, aunque presentes en mi memoria afectiva. Si acaso un poco de nostalgia .Un poder comentar la situación del Betis, un ratito para compartir café con leche y tortas de aceite. Asumir que todos debemos cumplir nuestro ciclo no implica olvidar .Nos eternizamos dejando un rastro, una huella en aquellos días en los que nos dijimos definitivamente hasta siempre.

29 de Mayo de 2006

29 de Mayo de 2006

Algunas respuestas a ese silencio cómplice

 

Primo Levi :

Los caídos y los salvados (fragmento)

" La historia de Rumkowski es la historia repugnante e inquietante de los Kapos y funcionarios de los Lager; de los pequeños jerarcas que sirven a un régimen, frente a cuyas culpas son voluntariamente ciegos; de los subordinados que firman todo, porque una firma es poco importante; de quien mueve la cabeza pero consiente; de quien dice "si no lo hiciese yo, lo haría alguien peor que yo".
(...)
Pero todo esto no basta para explicar el sentido acuciante y amenazador que emana de esta historia. Tal vez su significado sea más amplio: en Rumkowski nos vemos todos, su ambigüedad es la nuestra, connatural a nosotros, de híbridos amasados de arcilla y de espíritu; su fiebre es la nuestra, la de nuestra civilización occidental que "baja a los infiernos con trompetas y tambores", y sus miserables oropeles son la imagen distorsionada de nuestros símbolos de prestigio social. Su locura es la del hombre presuntuoso y mortal.
(...)
Igual que Rumkowski también nosotros nos cegamos con el poder y con el prestigio hasta olvidar nuestra fragilidad esencial: con el poder pactamos todos, de buena o mala gana, olvidando que todos estamos en el ghetto, que el ghetto está amurallado, que fuera del recinto están los señores de la muerte, que poco más allá espera el tren. "

Si esto es un hombre (fragmento)

" Aquí está mi hermana y algún amigo mío indeterminado y mucha más gente. Todos están escuchándome y yo les estoy contando precisamente esto: el silbido de las 3 de la madrugada, la cama dura, mi vecino a quien querría empujar... Les hablo también prolijamente de nuestra hambre, y de la revisión de los piojos, y del Kapo que me ha dado un golpe en la nariz...; pero no puedo dejar de darme cuenta de que mis oyentes no me siguen. O más bien se muestran completamente indiferentes: hablan confusamente entre sí de otras cosas, como si yo no estuviese allí...Tengo el sueño delante, caliente todavía, y yo, aunque despierto, estoy lleno de su angustia; y entonces me doy cuenta de que no es un sueño cualquiera, sino que desde que estoy aquí lo he soñado muchas veces...Me acuerdo de que ya se lo he contado a Alberto, y de que él me ha confiado para mi asombro que también lo sueña él, y que es el sueño de otros muchos, quizás de todos...¿Por qué el dolor de cada día se traduce en nuestros sueños en la escena repetida de la narración que nadie escucha? "

29 de Mayo de 2006

29 de Mayo de 2006

Premio colectivo para un gran reparto.

Tres generaciones de mujeres sobreviven al viento solano, al fuego, a la locura, a la superstición e incluso a la muerte a base de bondad, mentiras y una vitalidad sin límites.


Ellas son Raimunda (Penélope Cruz) casada con un obrero en paro y una hija adolescente (Yohana Cobo). Sole (Lola Dueñas), su hermana, se gana la vida como peluquera. Y la madre de ambas, muerta en un incendio, junto a su marido (Carmen Maura). Este personaje se aparece primero a su hermana (Chus Lampreave) y después a Sole, aunque con quien dejó importantes asuntos pendientes fue con Raimunda y con su vecina del pueblo, Agustina (Blanca Portillo).


Almodóvar:

" Volver" no es una comedia surrealista, aunque en ocasiones lo parezca. Vivos y muertos conviven sin estridencias, provocando situaciones hilarantes o de una emoción intensa y genuina. Es una película sobre la cultura de la muerte en mi Mancha natal. Mis paisanos la viven con una naturalidad admirable. El modo en que los muertos continúan presentes en sus vidas, la riqueza y humanidad de sus ritos hace que los muertos no mueran nunca.
“Volver” destruye los tópicos de la España negra y propone una España tan real como opuesta. Una España blanca, espontánea, divertida, intrépida, solidaria y justa.

RODAJE.

Lo más difícil de “Volver” ha sido escribir su sinopsis.
Mis películas cada vez son más difíciles de contar y de resumir en pocas líneas. Afortunadamente esta dificultad no se ha reflejado en el trabajo de los actores, ni del resto del equipo. El rodaje de Volver ha ido como la seda.
Supongo que lo he disfrutado más porque el último (“La mala educación”) fue un absoluto infierno. Me había olvidado de que lo que era rodar sin tener la sensación de estar continuamente al borde del abismo. Esto no significa que “Volver” sea mejor que mi anterior película, (de hecho estoy muy orgulloso de haber rodado “La mala educación”) sólo que esta vez he sufrido menos. De hecho, no he sufrido nada.

De todos modos, “La mala educación” me confirmó algo esencial (que ya había descubierto antes, en Matador y Carne Trémula): que no hay que tirar nunca la toalla. Aunque estés convencido de que tu trabajo sea un desastre hay que seguir luchando por cada plano, cada repetición, cada mirada, casa silencio, cada lágrima. No hay que perder un ápice de entusiasmo aunque uno esté desesperado. El paso del tiempo te da otra perspectiva y a veces las cosas no eran tan malas como uno creía.

CONFESIÓN.

“Volver” es un título que incluye varias vueltas, para mí. He vuelto, un poco más, a la comedia. He vuelto al universo femenino, a La Mancha (sin duda es mi película más estrictamente manchega, el lenguaje, las costumbres, los patios, la sobriedad de las fachadas, las calles empedradas). He vuelto a trabajar con Carmen Maura (hace diecisiete años que no lo hacíamos), con Penélope Cruz, Lola Dueñas y Chus Lampreave. He vuelto a la maternidad, como origen de la vida y de la ficción. Y naturalmente, he vuelto a mi madre. Volver a La Mancha es siempre volver al seno materno.
Durante la escritura del guión y el rodaje mi madre ha estado siempre presente y muy cerca. No sé si la película es buena (no soy yo quién debe decirlo), pero sí estoy seguro de que me ha sentado muy bien hacerla.
Tengo la impresión, y espero que no sea un sentimiento pasajero, de que he conseguido encajar una pieza, (cuyo desajuste, a lo largo de mi vida me ha provocado mucho dolor y mucha ansiedad, diría incluso que en los últimos años había deteriorado mi existencia, dramatizándola más de la cuenta). La pieza a la que me refiero es “la muerte” (no sólo la mía y la de mis seres queridos) sino la desaparición implacable de todo lo que está vivo. Nunca lo he aceptado, ni lo he entendido. Y eso te pone en una situación angustiosa ante el cada vez más rápido paso del tiempo.

La principal vuelta de “Volver” es la del fantasma de una madre, que se aparece a sus hijas. En mi pueblo estas cosas pasan, (me he criado oyendo historias de aparecidos), sin embargo yo no creo en las apariciones. Sólo cuando le ocurren a los demás, o cuando ocurren en la ficción. Y esta ficción, la de mi película (y aquí viene mi confesión) ha provocado en mí una serenidad como hace tiempo no sentía (realmente, serenidad es un término cuyo significado es un misterio para mí).
En los años que llevo de vida, nunca he sido una persona serena, (ni me ha importado lo más mínimo) mi innata inquietud junto a una galopante insatisfacción me han servido generalmente de estímulo. Ha sido en los últimos años, en los que mi vida se ha ido deteriorando, consumida por una terrible ansiedad. Y eso no era bueno ni para vivir, ni para trabajar. Para dirigir una película es más importante tener paciencia que talento. Y yo, hace tiempo que había perdido toda la paciencia, en especial, para con las cosas triviales que son las que más paciencia demandan. Esto no quiere decir que me haya vuelto menos perfeccionista o más complaciente, en absoluto. Pero creo que con Volver he recuperado parte de la “paciencia”, palabra que naturalmente entraña muchas otras cosas.
Tengo la impresión de que, a través de esta película, he pasado un duelo que necesitaba, un duelo indoloro (como el del personaje de la Vecina Agustina). He llenado un vacío, me he despedido de algo (¿mi juventud?) que aún no había despedido y necesitaba hacerlo, no sé. No hay nada paranormal en todo esto. No se me ha aparecido mi madre, aunque como he dicho he sentido su presencia más cerca que nunca.
Volver es un homenaje a los ritos sociales que viven las gentes de mi pueblo en relación con la muerte y con los muertos. Los muertos no mueren nunca. Siempre he admirado y envidiado la naturalidad con que mis paisanos hablan de los muertos, cultivan su memoria y asisten sus tumbas perennemente. Como en la película, el personaje de Agustina, muchos de ellos cuidan su propia tumba durante años, en vida. Tengo la optimista sensación de que me he impregnado de todo esto, y algo se me ha pegado.
Nunca acepté la muerte, nunca la he entendido (ya lo he dicho). Por primera vez, creo que puedo mirarla sin miedo, aunque siga sin entenderla ni aceptarla. Empiezo a hacerme a la idea de que existe.
A pesar de mi condición de no creyente, he intentado traer al personaje (de Carmen Maura) del más allá. Y la he hecho hablar del cielo, el infierno y del purgatorio. Y, no soy el primero en descubrirlo, el más allá está aquí. El más allá está en el más acá. El infierno, el cielo o el purgatorio somos nosotros, están dentro de nosotros, ya lo dijo Sartre mejor que yo.

EL RÍO.

Los recuerdos más alegres de mi infancia están relacionados con el río.
Mi madre me llevaba con ella cuando iba a lavar porque era muy pequeño y no tenía con quién dejarme. Siempre había varias mujeres lavando y tendiendo la ropa sobre la hierba. Yo me situaba cerca de mi madre y metía la mano en el agua tratando de acariciar los peces que acudían a la llamada del casualmente ecológico jabón que usaban las mujeres de la época, fabricado por ellas mismas.
El río, los ríos, siempre eran una fiesta. Fue también en las aguas de un río donde descubrí unos años más tarde la sensualidad.
Sin duda, el río es lo que más añoro de mi infancia y pubertad.
Mientras lavaban, las mujeres cantaban. Siempre me han gustado los coros femeninos. Mi madre cantaba una canción sobre unas espigadoras que recibían la aurora trabajando en el campo y cantando como alegres pajarillos. Le canté los fragmentos que recordaba al músico de “Volver”, mi fiel Alberto Iglesias y me descubrió que era un tema de la zarzuela “La rosa del azafrán”. En mi incultura, nunca hubiera imaginado que aquella música celestial fuera una zarzuela. De esta manera, el tema ha pasado a ser la música que acompaña los primeros títulos de crédito.
En “Volver” Raimunda busca un lugar para enterrar a su marido y decide hacerlo a la orilla del río en el que se conocieron de niños.
El río, como los gráficos de cualquier transporte, como los túneles o los pasillos interminables, es una de tantas metáforas del tiempo.

GÉNERO Y TONO.

Supongo que “Volver” es una comedia dramática. Tiene secuencias divertidas y secuencias dramáticas. Su tono imita a “la vida misma”, pero no es costumbrista. Más bien es de un naturalismo surreal, si eso fuera posible. Siempre he mezclado los géneros y sigo haciéndolo. Para mí es algo natural.
El hecho de incluir en el argumento un fantasma es un elemento básicamente cómico, en especial si lo tratas de un modo realista. Todos los intentos de Sole por ocultarlo a su hermana, o el modo de presentarlo a las clientas provoca escenas muy cómicas.
Aunque lo ocurrido en casa de Raimunda (la muerte del marido) es algo atroz, el modo en que ella lucha para que nadie se entere y la manera en que intenta desembarazarse de él también crea situaciones de comedia.
Aunque la mezcla de géneros sea natural en mí, eso no significa que no esté exento de riesgos (lo grotesco y el grand guiñol son siempre una amenaza). Cuando uno se mueve entre géneros, y atraviesa tonos opuestos en cuestión de segundos, lo mejor es adoptar una interpretación naturalista que consiga hacer verosímil la situación más disparatada. La única arma con la que cuentas, además de una puesta en escena realista, son los actores. Las actrices, en este caso. He tenido la suerte de que todas estén en continuo estado de gracia.
El gran espectáculo de “Volver” son ellas.

FAMILIA.

Volver es una película sobre la familia, y hecha en familia. Mis propias hermanas han sido las asesoras tanto de lo que ocurría en La Mancha, como en el interior de las casas de Madrid (la peluquería, las comidas, artículos de limpieza, etc.)
Aunque con mayor fortuna, mi familia, como la de Sole y Raimunda, es una familia trashumante que vino del pueblo a la gran ciudad en busca de prosperidad. Afortunadamente mis hermanas han seguido cultivando la cultura de nuestra infancia, y conservan intacta la herencia recibida por mi madre. Yo me independicé muy pronto y me convertí en urbanita impenitente. Cuando vuelvo a los usos y costumbres manchegos ellas son mis guías.

La familia de “Volver” es una familia de mujeres. La Abuela aparecida es Carmen Maura, sus dos hijas, Lola Dueñas y Penélope Cruz. Yohana Cobo la nieta, y Chus Lampreave, la Tía Paula, que sigue viviendo en el pueblo. A este grupo habría que añadir a la Agustina, la vecina del pueblo (Blanca Portillo), la que conoce muchos de los secretos de la familia, la que tiene tantas cosas oídas, la que nada más levantarse le toca a la Tía Paula en la ventana y hasta que no la oye no ceja, la que le trae cada día su buena barra de pan, la que la descubre muerta y llama a Sole a Madrid. La que abre su casa al cadáver para velarlo como Dios manda mientras llegan sus sobrinas. La que convierte el duelo de la vecina en el duelo de su propia madre, desaparecida hace años, no sabe dónde. El personaje de Agustina se integra por derecho propio en la familia que encabeza Carmen Maura.
Agustina representa un elemento muy importante en este universo femenino: la solidaridad de las vecinas. Las mujeres del pueblo se reparten los problemas, los comparten. Y consiguen que la vida sea mucho más llevadera. También ocurre lo contrario, (el vecino que odia al vecino y almacena su odio de generación en generación hasta que un día explota la tragedia sin que ellos mismos sepan porqué). Yo sólo he prestado atención a la parte positiva de la España Profunda, que es la que yo he experimentado de niño. De hecho, Volver rinde homenaje a la vecina solidaria, esa mujer soltera o viuda, que vive sola y hace de la vida de la anciana de al lado su propia vida. Mi madre vivió gran parte de sus últimos años asistida por sus vecinas más próximas.
En esas mujeres está inspirada Agustina, de la cual hace una creación soberbia Blanca Portillo. Para mí es la auténtica revelación, porque no la conocía. Sólo la había visto en una función de teatro y me gustó, pero no podía imaginarme que sin casi experiencia cinematográfica fuera una actriz tan precisa, tan rotunda, tan desbordante en su contención. Agustina, sola en la calle vacía, mirando cómo desaparece el coche de Sole, es la imagen de la soledad rural, despojada de todo adorno.
Blanca ha absorbido la esencia de todas las buenas vecinas de mi pueblo y la ha hecho suya.

LA FUERZA Y LA FRAGILIDAD DE PENÉLOPE CRUZ.

Y su belleza. Penélope se encuentra en el esplendor de su belleza, es una frase hecha pero en su caso es verdad. (Esos ojos, el cuello, los hombros, los pechos! Penélope posee uno de los escotes más espectaculares del cine mundial). Mirarla ha sido uno de los grandes gozos de este rodaje. A pesar de que se ha estilizado en los últimos años, Penélope demostró (desde su debut en “Jamón, jamón”) tener más garra en los personajes de plebeya que de superfina. Hace siete u ocho años, en “Carne trémula”, interpretaba a una putilla cateta que se pone de parto y da a luz en un autobús. Eran los primeros ocho minutos de la película y Penélope devoraba literalmente la pantalla.
Su Raimunda en “Volver” pertenece a la misma estirpe que el personaje de Carmen Maura en “Qué hecho yo para merecer esto?!”, una fuerza de la naturaleza que no se arredra ante nada. Cuando se pone, Penélope posee esa energía arrolladora, pero Raimunda también es una mujer frágil, muy frágil. Puede (y debe, por guión) estar furiosa y al instante derrumbarse como una niña indefensa. Esta desarmante vulnerabilidad es lo que más me ha sorprendido de Penélope-actriz, y la rapidez con que puede conectar con ella. No hay un espectáculo más impresionante que contemplar en el mismo plano cómo unos ojos secos y amenazadores de pronto empiezan a llenarse de lágrimas, lágrimas que a veces desbordan los párpados como un torrente, o como en algunas secuencias, sólo los inundan sin desbordarlos nunca. Ser testigo de ese equilibrio en el desequilibrio ha sido apasionante.
Penélope Cruz es una actriz de rompe y rasga, pero es la mezcla con esta emotividad tan fulminante lo que la hace imprescindible en “Volver”.
Ha sido un placer vestir, peinar y maquillar al personaje y a la persona. El cuerpo de Penélope ennoblece todo lo que le pones. Nos decidimos por las faldas estrechas y la rebecas porque son prendas clásicas, muy femeninas y populares en cualquier década, desde los 50 al 2000. Y, también hay que decirlo, porque nos recordaban a Sophia Loren, en sus inicios de pescadera napolitana. Los maravillosos despeinados hay que agradecérselos al peluquero Massimo Gattabrusi y el maquillaje a Ana Lozano. El rabillo del ojo fue un hallazgo. Sólo hay un elemento falso en el cuerpo de Raimunda, el culo. Estos personajes son siempre mujeres culonas y Penélope está demasiado estilizada. El resto es todo corazón, emoción, talento, verdad, y un rostro al que la cámara adora. Como yo.

LA VUELTA DE CARMEN.

No imaginaba que había tanta expectación por nuestro reencuentro. Me sorprende la cantidad de gente que me ha dicho lo contentos que estaban porque Carmen y yo volviéramos a trabajar juntos! Dice una canción de Chavela: “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”. Esto se puede aplicar también a las personas.
Siempre existe la incertidumbre, pero afortunadamente la de Carmen se despejó en los primeros trabajos de mesa.

En el guión de “Volver” hay una larga secuencia, casi un monólogo, porque sólo habla el personaje de Carmen, la abuela fantasma. En dicha secuencia Carmen explica a su hija del alma, Penélope Cruz, las razones de su muerte y las de su vuelta, a lo largo de seis intensas páginas y seis no menos intensos planos. Esta secuencia es una de las razones por las que yo quería rodar la película. He llorado todas y cada una de las veces que he corregido el texto (como el personaje que interpretaba Kathleen Turner en “Tras el corazón verde”, una ridícula escritora de novelas rosa, muy kitch, que lloraba mientras escribía).
La noche que la rodábamos todo el equipo era consciente de su importancia. Había mucha expectación. Esto ponía un poco nerviosa a Carmen que quería abordarla cuanto antes.
Empleamos toda una noche en rodarla, y desde el meritorio hasta yo mismo teníamos esa extrema concentración ante las escenas difíciles que justo por ello se convierten en las escenas más fáciles, porque todos damos lo máximo de nosotros mismos.
De nuevo volví a sentir esa complicidad sagrada con Carmen, esa maravillosa sensación de estar ante un instrumento perfectamente afinado para mis manos. Todas las tomas fueron buenas, y muchas de ellas extraordinarias. Penélope la escucha, a veces con la cabeza baja. En esta película se habla mucho, se oculta mucho y para ser una comedia (eso dice el equipo) se llora mucho.
Desde “Mujeres...” hasta el “monólogo de Volver” Carmen no ha cambiado como actriz, y descubrirlo ha sido maravilloso.
No ha aprendido nada porque ya lo sabía todo, pero mantener ese fuego intacto a lo largo de dos décadas es una tarea admirable y difícil que no podría decir de todos los actores con los que he trabajado.

REPARTO.

El resto del reparto ha estado a la altura de sus compañeras. Lola Dueñas probablemente hace uno de sus trabajos más complejos. Es la más excéntrica de las cuatro mujeres de su familia. Lola se preocupó personalmente de dominar el complicado acento manchego. Aprendió los secretos del oficio de peluquera y ha desarrollado una vis cómica inédita en ella. Es intensa, auténtica y rara, en el mejor sentido del término.
Otra de las bendiciones de este rodaje, es que todas las chicas vivían y trabajaban muy unidas, tenían una maravillosa relación, como de familia. Y eso el objetivo también lo capta.
Me emociona mucho la interpretación de la joven Yohana Cobo. Está presente en casi todas las secuencias pero como testigo. Hace una de las cosas más complicadas de actuar que es oír y estar presente. Y que su presencia sea elocuente casi sin hacer nada. Pero el trabajo de Yohana es consciente, sutil y muy rico. Además de “sus” secuencias, su monólogo ante el padre muerto... etc., el resto, siempre pegada a la madre, entendiéndola sin saber qué le sucede, me provoca mucha ternura. Además tiene una mirada abrasiva. Ojalá le vaya muy bien.


Chus Lampreave, María Isabel Díaz, Neus Sanz, Pepa Aniorte y Yolanda Ramos completan el reparto, además de Antonio de la Torre, Carlos Blanco y Leandro Rivera.
José Luis Alcaine, en la fotografía, Alberto Iglesias en la música y Pepe salcedo en el montaje, han sintonizado una vez más con mis secretas intenciones, cada uno en sus respectivos campos.



28 de Mayo de 2006

28 de Mayo de 2006

Recordando a Bernanos, nunca la causa contra los movimientos antinazi, o antifascistas, encontró mejores aliados que en personajes como el alcalde de Salamanca. Le recrimina al gobierno, a cuenta del traslado del famoso archivo, algunos "tics nazis" muy preocupantes. Llamar nazi a un gobierno democrático, al que se puede quitar democráticamente, es reconocer en el mismo momento la impostura del propio discurso y elevar a la categoría de santidad a aquellos repugnantes criminales.

Trae ABC hoy un artículo de Juaristi a cuenta, también, del Archivo de marras.

Dos cuestiones:

a) Dice Juaristi que el Archivo se ha destruído. Falso. Con los nuevos adelantos tecnológicos ningún archivo puede ser destruído por el traslado de una parte, mínima en este caso, del original de sus documentos. La unidad del Archivo es lo primero que ha quedado garantizado.

b) Dice Juaristi que ese traslado es un "ataque del nacionalismo a la Historia". Nunca el nacionalismo fue más engrandecido ni la Historia más empequeñecida. ¡El nacionalismo atancando a la Historia! Habrá que decir aquello de nuestras madres: ¡Qué bien me come el niño!.

Epílogo a ese artículo imposible: el único ataque a la Historia reconocido, verificado, constatable, es el que protagonizó hace 70 años un militar africanista contra la legalidad republicana. Curiosamente el mismo militar que *unificó* archivos y cementerios, entre otros lugares de ocio y paz.

Dice J.P. Fusi hoy en El País que Franco impidió el nacimiento de un nacionalismo español. 

Las alarmas del cardenal Cañizares

JUAN GOYTISOLO

EL PAÍS  -  Opinión - 27-05-2006

Soplan de nuevo aires de cruzada, no sólo contra la "marea islamista" que nos amenaza, según claman los exaltados de la derecha aznariana, sino contra un enemigo más cercano e íntimo: nuestra ciudadanía, es decir, nosotros mismos. El creciente laicismo de la sociedad española, su aceptación mayoritaria de los valores éticos y democráticos de la Segunda República, la escasísima práctica religiosa de los jóvenes y menos jóvenes, el estiaje de las vocaciones sacerdotales, la desinhibición en cuanto al sexo, erizan los cabellos en torno a las tonsuras eclesiásticas y suscitan gemidos de espanto y homilías apocalípticas. Divorcio rápido, ley de parejas de hecho, aborto legal, matrimonio gay, etcétera, constituyen, a ojos del arzobispo de Toledo, primado de España y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, un ataque directo al "evangelio de la familia, santuario de la vida, sagrario del amor, futuro de la humanidad". En corto: tenemos el fuego en casa y debemos combatirlo, si es preciso, "hasta con el sacrificio de nuestras personas". Todo eso suena en los oídos como el estribillo de una vieja, viejísima canción.

¿Habrá que recordar al cardenal Antonio Cañizares cuál fue el contenido de la muy cristiana y santa doctrina en cuyas "fuentes de agua viva" saciaron los suyos la sed de nuestras almas? La transubstanciación de un brutal alzamiento militar contra el gobierno democráticamente elegido en una cruzada bendecida por la casi totalidad de la jerarquía eclesiástica fue el punto de partida de una serie de hechos que el pastor de nuestro amenazado rebaño pretende o finge olvidar: ejecución planificada de decenas de millares de ovejas descarriadas calificadas de "perros rojos" en el más puro estilo castrense; entrada del dictador bajo palio en las catedrales con toda la fanfarria litúrgica; monedas acuñadas con la divisa "Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios"... La didascalia de los pastores que nos enseñaron a cantar el Cara al sol y a santiguarnos en las aulas ante el crucifijo escoltado por el retrato en color de sus dos santos discípulos, ¿forma parte de las "raíces cristianas" que supuestamente erradica el "nuevo proyecto de sociedad"? El presunto "desierto espiritual" que tanto angustia al presidente de la Conferencia Episcopal, ¿no fue el que sufrió España en nuestra mísera y oprimida posguerra por la dispersión geográfica de sus educadores e intelectuales por toda la rosa de los vientos? "La quiebra de los principios y criterios de juicio en el comportamiento moral de la sociedad" a los que apunta en la homilía, ¿son aquellos en los que fueron adoctrinados varones y mujeres de mi generación?

Todos recordamos la entronización de los mitos, la patria como destino, la manipulación flagrante de los acontecimientos, la división binaria entre lo nuestro y lo ajeno, el campo del bien y del mal. Por un lado, don Pelayo, Guzmán el Bueno, Isabel la Católica, Franco; por otro, los herejes, judíos, masones, republicanos, ateos. ¿Es esto lo que llama "preterición de una historia común compartida"? El primado de España tiene la memoria muy corta o adolece de un daltonismo moral sorprendente en quien tan alto cargo ostenta. La "objetividad histórica" que reclama, ¿toma en cuenta las decenas de millares de víctimas de la represión franquista durante y después de la guerra? ¿Los campos de concentración, fusilamientos y fosas comunes obra de los cruzados de su bando? ¿Todo se redujo a la "quema de iglesias", a la "incautación de bienes" en el periodo de behetría que siguió al levantamiento de los militares? El repudio de la historia documentada por investigadores solventes como Santos Juliá o Álvarez Junco es tan disparatado y ciego como el de los negacionistas del Holocausto o las limpiezas étnicas de la pasada década.

La rapidez de los cambios operados en nuestra sociedad obnubila al cardenal. Los pecados de la carne que tanto obsesionan a los célibes de la Iglesia de Roma son en efecto uno de los pilares fundamentales en los que asientan su control del rebaño. El "pansexualismo", adulterio, fornicación, homosexualidad, pornografía difundida por Internet, son vistos así como mane, thecel, fares trazado por mano misteriosa en el último festín del rey Baltasar. La excelsa pureza que predican no atrae a una juventud poco dispuesta a la escucha de sermones salvíficos. ¿Quién cree hoy que el coito no santificado por la Iglesia o la masturbación, practicados por el Homo erectus desde hace centenares de miles de años, constituyen un pecado mortal acreedor de las penas eternas?, ¿en la indisolubilidad del matrimonio católico y el castigo de los "nefandos" al fuego de Sodoma? La condena del preservativo contra el sida y otras enfermedades venéreas que infectan a docenas de millones de personas, ¿no contribuye acaso a diezmar el rebaño que pretenden apacentar? O ¿estas vidas no son objeto de la misericordiosa solicitud del Pontífice que propone, como única y heroica receta, una abstinencia imposible?

Lo que más me inquietaría en otros tiempos en la homilía apocalíptica del cardenal sería el llamamiento a su pares: la exigencia de ponerse "al frente del rebaño como buenos pastores" a fin de defenderlo, dice, "hasta con el sacrificio de [sus] personas". Un largo y bien documentado repaso a la historia de la Iglesia nos muestra que tal invitación al martirio propio conduce muy a menudo al exterminio ajeno, ya sea del hereje, enciclopedista, republicano o ateo. Las innumerables guerras de religión, desde los primeros concilios hasta el Glorioso Alzamiento de Franco, están ahí para probarlo. Pero Cañizares se confunde de época.

Uno de mis autores favoritos y de quien más he aprendido a lo largo de la vida por la amplitud de sus conocimientos y curiosidad insaciable, ya que no por su furor doctrinario -me refiero, claro está, a Menéndez Pelayo-, resume en unas líneas esta santa doctrina que mueve a los amenazados por la tolerancia a defenderse a mano armada:

"Ley forzosa del entendimiento humano en estado de salud es la intolerancia. Impónese la verdad con fuerza apodíctica a la inteligencia, y todo el que posee o cree poseer la verdad trata de derramarla, de imponerla a los demás hombres y de apartar las nieblas del error que les ofuscan. Y sucede, por la oculta relación y armonía que Dios puso entre nuestras facultades, que a esta intolerancia fatal del entendimiento sigue la intolerancia de la voluntad, y cuando ésta es firme y entera y no se ha extinguido o marchitado el aliento viril en los pueblos, éstos combaten por una idea, a la vez que con las armas del razonamiento y de la lógica, con la espada y con la hoguera".

Por fortuna, la España de hoy tiene muy poco que ver con la de hace setenta años por mucho que se esfuercen los agoreros de la COPE y sus medios afines en soliviantar los ánimos y crear una atmósfera inexistente de guerra civil, en defensa de su "identidad católica amenazada". La ciudadanía de 2006, representada por Rodríguez Zapatero, no es la sañudamente enfrentada entre sí con la que tuvo que contender Manuel Azaña. Nadie quiere matar curas ni incendiar iglesias. Por el hecho de no imponerse ya a la fuerza, la jerarquía episcopal no puede proclamarse perseguida. Sus privilegios económicos, pagados por el Estado, esto es, por el bolsillo de los contribuyentes, son los mismos de siempre. Una cosa es el odio de que era objeto por una gran parte de la población en las primeras décadas del pasado siglo, y otra muy distinta, la actual indiferencia de una mayoría de españoles que viven al margen de sus anatemas y preceptos.

Pero el cardenal primado no debe ceder a tan extremo desasosiego. Una máquina tan bien rodada como la de la Iglesia Católica dispone de muchos medios para preservar su visibilidad y recordarnos su presencia en bodas, bautizos, procesiones de Semana Santa y fiestas navideñas en las que el consumismo desenfrenado de nuestros días se reviste de un paño ritual. La próxima visita de Su Santidad a Valencia brindará la ocasión de un ceremonial grandioso, con cortejos multitudinarios y estadios repletos de jóvenes. Y, concluidos los fastos, los forofos de Tom Cruise, Ronaldinho o Madonna seguirán con sus videojuegos, botellones y ligues por Internet, a mil leguas de su arenga sobre la "sana doctrina a tiempo y a destiempo".



 

¿Qué es un agujero negro?

¿Qué es un agujero negro?

Para entender lo que es un agujero negro empecemos por una estrella como el Sol. El Sol tiene un diámetro de 1.390.000 kilómetros y una masa 330.000 veces superior a la de la Tierra. Teniendo en cuenta esa masa y la distancia de la superficie al centro se demuestra que cualquier objeto colocado sobre la superficie del Sol estaría sometido a una atracción gravitatoria 28 veces superior a la gravedad terrestre en la superficie.

Una estrella corriente conserva su tamaño normal gracias al equilibrio entre una altísima temperatura central, que tiende a expandir la sustancia estelar, y la gigantesca atracción gravitatoria, que tiende a contraerla y estrujarla.

Si en un momento dado la temperatura interna desciende, la gravitación se hará dueña de la situación. La estrella comienza a contraerse y a lo largo de ese proceso la estructura atómica del interior se desintegra. En lugar de átomos habrá ahora electrones, protones y neutrones sueltos. La estrella sigue contrayéndose hasta el momento en que la repulsión mutua de los electrones contrarresta cualquier contracción ulterior.

La estrella es ahora una «enana blanca». Si una estrella como el Sol sufriera este colapso que conduce al estado de enana blanca, toda su masa quedaría reducida a una esfera de unos 16.000 kilómetros de diámetro, y su gravedad superficial (con la misma masa pero a una distancia mucho menor del centro) sería 210.000 veces superior a la de la Tierra.

En determinadas condiciones la atracción gravitatoria se hace demasiado fuerte para ser contrarrestada por la repulsión electrónica. La estrella se contrae de nuevo, obligando a los electrones y protones a combinarse para formar neutrones y forzando también a estos últimos a apelotonarse en estrecho contacto. La estructura neutrónica contrarresta entonces cualquier ulterior contracción y lo que tenemos es una «estrella de neutrones», que podría albergar toda la masa de nuestro sol en una esfera de sólo 16 kilómetros de diámetro. La gravedad superficial sería 210.000.000.000 veces superior a la que tenemos en la Tierra.

En ciertas condiciones, la gravitación puede superar incluso la resistencia de la estructura neutrónica. En ese caso ya no hay nada que pueda oponerse al colapso. La estrella puede contraerse hasta un volumen cero y la gravedad superficial aumentar hacia el infinito.

Según la teoría de la relatividad, la luz emitida por una estrella pierde algo de su energía al avanzar contra el campo gravitatorio de la estrella. Cuanto más intenso es el campo, tanto mayor es la pérdida de energía, lo cual ha sido comprobado experimentalmente en el espacio y en el laboratorio.

La luz emitida por una estrella ordinaria como el Sol pierde muy poca energía. La emitida por una enana blanca, algo más; y la emitida por una estrella de neutrones aún más. A lo largo del proceso de colapso de la estrella de neutrones llega un momento en que la luz que emana de la superficie pierde toda su energía y no puede escapar.

Un objeto sometido a una compresión mayor que la de las estrellas de neutrones tendría un campo gravitatorio tan intenso, que cualquier cosa que se aproximara a él quedaría atrapada y no podría volver a salir. Es como si el objeto atrapado hubiera caído en un agujero infinitamente hondo y no cesase nunca de caer. Y como ni siquiera la luz puede escapar, el objeto comprimido será negro. Literalmente, un «agujero negro».

Hoy día los astrónomos están buscando pruebas de la existencia de agujeros negros en distintos lugares del universo.

26 de Mayo de 2006

26 de Mayo de 2006

Contemplo sentado en mis nuevos sillones tapizados, previo a esa hora donde la noche se hace unánime, como diría Borges, un programa local, de una televisión local, propiedad de la Conferencia Episcopal, según dicen, un debate o charla en torno a la película/libro El Código Da Vinci. Aclaro que ni he leído la novela ni he visto la película. Toda esa trama me llega por referencias de prensa u opiniones de terceros. La novela dudo que alguna vez la lea; la película la dejo al futuro televisivo, la odiosa casualidad, si la aguanto y/o coincidimos en algún momento. No es de esa pelis que me guste ver en cine.

El debate parroquial lleva a un sacerdote, joven él, y una representante del OPUS, periodista de profesión, convenientemente vestidos ambos con sus respectivos uniformes representativos de sus melancolías. El tema : desmontar las *mentiras* del libro. No entraré en detalle, es lo de menos, pero sí reconocer que en un momento determinado el *serio* programa degeneró, creo que sin la autorización de sus intervinientes, e incluso sin su intención, en un espectáculo propio de Faemino y Cansado, o de esos vídeos de Luis Guridi que circulan por la red y que me parecen geniales.

Así, después de contraponer ficción a ficción como quien nos demuestra los principios de la termodinámica, me vino a la mente uno de esos vídeos cachondos de Guridi donde un sacerdote católico en Africa les pedía a sus negritos alumnos que le hicieran una redacción sobre la marcha del pueblo judio y, aclaraba el misionero católico muy serio, "nada de tonterias o inventos ridículos", ya sabeis, "la separación de las aguas, etc..."Lo normal y comprobado históricamente", terminaba. 

Los sillones magníficos. La ficción cabreada de algunas teles locales es digna de contemplar: el sacerdote terminó diciendo que lo de La Inquisición tampoco fue para tanto...en ese momento di mi primera cabezada.

Precio político o aplicación de la ley

NICOLÁS SARTORIUS

EL PAÍS  -  Opinión - 24-05-2006

No es bueno que los estados de ánimo transiten entre la euforia y la depresión en el actual proceso que debería de conducir al final de toda violencia por parte de ETA. Lo más sensato es estar a los hechos, siempre que tengamos en cuenta que en política las tomas de posición públicas son también hechos, en cuanto pueden incidir en las actitudes y sentimientos de las personas. En este sentido, las recientes declaraciones de portavoces de la banda armada al diario Gara son un hecho, con alcance político, que no conviene despachar con la benevolente consideración de que están realizadas para consumo interno. Estén hechas o no para tranquilizar a ese mundo mal llamado de la izquierda abertzale, lo cierto es que reflejan una manera de enfocar la cuestión que está fuera de la realidad y, además, imposible de asumir por un sistema democrático. Por eso es coherente que desde los poderes públicos se haya repetido, hasta la saciedad, que la desaparición de la organización terrorista no supondrá ninguna contrapartida de naturaleza política.

Pero, ¿qué quiere decir, en las actuales condiciones, pagar un precio político? Se supone, en pura lógica, que eso sucedería cuando los poderes públicos modificasen algún elemento del orden constitucional o legal vigente a cambio del final de la violencia, ya fuese aceptando el derecho de autodeterminación, o la llamada territorialidad, la amnistía o cualquier otro aspecto que chocase con nuestras normas de convivencia. Pues bien, en una democracia ningún gobierno puede hacer este tipo de concesiones, aun cuando así lo desease, que no es el caso. Siempre he pensado que cuando una democracia cede al chantaje de la violencia, esa democracia está herida de muerte, y no creo que la democracia española, con lo que ha costado traerla y con la solidez de que disfruta, vaya a cometer tamaño desatino. Y sería menester que esta imposibilidad la asumieran aquellos que deben abandonar, de manera definitiva, todo tipo de violencia y, también, los partidos que, al margen de toda evidencia empírica, siguen planteando cuestiones que saben perfectamente que no son viables dentro de las normas que nos rigen, que deben ser respetadas y que todo gobierno tiene la obligación de hacer cumplir.

 

Ahora bien, sería erróneo, y conduciría a un callejón sin salida, confundir el pagar un precio político con la aplicación normal de la legalidad vigente. Es decir, no tiene nada que ver el hacer concesiones a los violentos con la aplicación regular de las normas democráticas, una vez que se ha constatado fehacientemente que ETA ha abandonado la violencia. En este sentido, por ejemplo, la legalización de un nuevo partido que representase a la llamada izquierda abertzale no supondría ninguna licencia o cesión ilegítima, sino la simple aplicación de la legalidad, siempre y cuando dicho partido cumpliese con las condiciones y requisitos establecidos en la Ley de Partidos. Y una vez en la legalidad esa formación política, como otra cualquiera, podría defender el derecho de autodeterminación, la independencia de Euskadi y todo aquello que no supusiese un ilícito penal, como por otro lado ya lo hacen otros partidos, a través de métodos estrictamente democráticos. Lo que no se puede pretender es ser legal, y presentarse a las elecciones, sin el previo abandono de cualquier connivencia expresa o tácita con la violencia, sin su condena, o de una forma que suponga la mera continuación o sucesión de las actividades de un partido que haya sido declarado ilegal y disuelto, pues ello no lo permite la ley de partidos. Ley que, por otra parte, tiene vocación de permanencia.

 

Lo mismo podría suceder con la delicada cuestión de los presos por actividades terroristas. Nuestra Constitución no permite la concesión de amnistías y cuando señala, en su artículo 62, que corresponde al Rey ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley, añade expresamente "que no podrá autorizar indultos generales". En consecuencia, está fuera de la realidad plantear esta posibilidad, pues para ello sería necesario modificar la Constitución. Ahora bien, también nuestra ley de leyes dice en su artículo 25.2 que "las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas a la reeducación y reinserción social". Es decir, el encarcelamiento del que delinque no tiene una finalidad vengativa sino que, sobre todo, busca que el penado abandone la actividad delictiva y se integre en la vida social como un ciudadano normal.

 

Por tanto, una vez desaparecida definitivamente la actividad violenta y la organización que la provoca, las leyes penales y penitenciarias de la democracia contienen los mecanismos para encauzar el problema, sin necesidad de "generosidades" forzadas y con respeto escrupuloso a la dignidad de las víctimas. Las leyes democráticas son siempre generosas, pero no más allá de lo que las propias leyes dicen y en los términos en que deben ser interpretadas en concordancia con el contexto en que se aplican. Por eso, la solución que se dé en el futuro a la situación de los presos por terrorismo no debería contemplarse como una concesión al cese de la violencia sino como la normal aplicación de las leyes y la consecuencia lógica del fin de esa violencia.

 

Igual acontece con la cuestión del lugar donde se cumple la condena. El objetivo de la medida que se tomó en su día no creo que fuese el alejamiento de los presos del lugar de residencia sino la dispersión, que es cosa bien distinta. Certificado el cese permanente de la violencia, dejaría de tener sentido tanto la dispersión como el alejamiento, pues habría desaparecido la causa que lo motivó.

 

En otro orden de cosas, se oyen voces solicitando ya la convocatoria de una mesa de partidos vascos, que sería la encargada de debatir los temas de naturaleza política. Aquí también se plantea el asunto de manera desenfocada. Supondría un disparate que los partidos democráticos se sentasen a discutir colectivamente con organizaciones declaradas fuera de la ley. E igual de grande sería el dislate si un gobierno democrático se pusiese a negociar cuestiones políticas con una entidad terrorista. Una mesa de partidos, en democracia, sólo puede formarse con organizaciones legales, tengan o no, en un momento determinado, presencia parlamentaria. Todo ello por un principio básico que debe presidir siempre un proceso de estas características y es el del respeto a la ley y a las formas que esa legalidad establece.

 

De esta suerte, una negociación política sobre el futuro institucional de Euskadi debe hacerse por los partidos políticos legales, sin exclusiones, en ausencia definitiva de toda violencia y en el respeto de los procedimientos constitucionales. Pretender, como insinúan o afirman algunos, iniciar un diálogo político sobre cuestiones sustantivas mientras subsista la posibilidad de un regreso a la violencia por parte de ETA, no me parece lo más recomendable.

 

Resultan, por el contrario, muy correctas las opiniones que han expresado que primero la "paz" y luego la "política", lo que no empece para que la política pueda ayudar a conseguir el fin de la violencia.

 

Una última reflexión sobre el famoso "derecho a decidir" que por algunos se utiliza como sinónimo del derecho de autodeterminación. Parto de la base de que el actual ordenamiento constitucional y estatutario reconoce ese derecho a decidir, esto es, asume que la última palabra la tienen los vascos. Al igual que la tienen los catalanes y la van a manifestar el próximo 18 de junio. Lo que conviene recordar es que Euskadi no parte de un vacío legal e institucional. Su autonomía se sustenta en la Constitución de 1978 y en el Estatuto de Gernika, que han sido votados por la mayoría de los que ejercieron el sufragio. Luego cualquier modificación de ese marco estatutario debería contar con un acuerdo por lo menos tan amplio como el que tuvo entonces y plasmarse a través de los mecanismos que las propias normas establecen. De lo contrario, se estaría violentando la voluntad de los propios vascos. Porque como está sucediendo en las reformas estatutarias en curso, una vez acordado por los parlamentos vasco y español el texto de que se tratase -en el caso de que se desease abordar una reforma- éste debería ser sometido a la voluntad de la ciudadanía de Euskadi, que podría aprobarlo o rechazarlo. Por el contrario, lo que se propone desde los que interpretan el derecho a decidir -versión autodeterminación- es lo siguiente: la Constitución y el Estatuto no existen y los vascos y vascas, como le gusta decir al lehendakari, desde su soberanía -ergo ya independientes- deciden si desean o no seguir formando parte de España o cualquier otra fórmula. Esta opción, además de no ser legal, no es aceptable políticamente ni por la inmensa mayoría de los españoles, ni como mínimo por la mitad de los vascos y conduciría a resultados indeseables que cualquiera puede comprender. Otegi lo ha explicado muy bien, quizá sin darse cuenta, al preguntarse: ¿por qué los vascos no podemos decidir como en Montenegro? Quizá por la simple razón de que los vascos no quieren vivir como en Montenegro y, desde luego, España, ni Europa, desean terminar como Yugoslavia. Seamos sensatos.

 



 

25 de Mayo de 2006 (desde los 84 años)

25 de Mayo de 2006 (desde los 84 años)

"Tuve que decirle a mi padre que intentara suicidarse"


JUAN CRUZ  -  Madrid

EL PAÍS  -  Cultura - 25-05-2006

Cuando acabó la Guerra Civil lo metieron en la cárcel, un monasterio, y en seguida le dijeron que estaba condenado a muerte. Se llama Andrés Iniesta López, ahora tiene 84 años. Su delito, ser el hijo del alcalde socialista de Uclés, en Cuenca. Fusilaron a su padre, a quien capturaron el 28 de marzo de 1939; su madre murió, atosigada por los vencedores, unos meses después, y él vivió cada jornada en la prisión, en el monasterio de Uclés, sometido a la brutalidad indiscriminada de sus carceleros. Uno le dijo: "Angelico de mi alma, qué joven vas a morir". Trabajó como penado en el Valle de los Caídos, y cuando ya fue excarcelado recibió la orden de incorporarse a los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores Penados que la España de Franco tuvo en sus territorios africanos. En 1947 volvió a Madrid, pero sólo tuvo la libertad definitiva en 1958. Estimulado por el periodista Gilles Gasser, que preparaba en 2003 un documental sobre el Valle de los Caídos, convirtió en libro las notas sobre su vida, que había empezado a escribir cuando los socialistas -como su padre, él es "socialista hasta la muerte"- llegaron al poder, en 1982. Ese libro es El niño de la prisión, que acaba de publicar Siddharth Mehta Ediciones, con prólogo de Juan Luis Cebrián. El niño de la prisión, como le llamaban en prisión. Hablamos con él en la residencia donde vive, cerca de Madrid.

Pregunta. ¿Qué es lo que más duele de todo lo que pasó?

Respuesta. Todo. Pero hubo algunas cosas que fueron más graves. Murió mi madre, en septiembre de 1939. No la vi muerta, en la cárcel de Tarancón. Estaba a 16 kilómetros de mi pueblo, y no me dejaron verla. Y otra cosa: tuve que decirle a mi padre que intentara suicidarse.

P. ¿Se lo dijo?

R. Estaba acosado, muerto de hambre; daba pena verlo, lleno de piojos, igual que todos. Y le dije: "A ti te van matar los del pueblo, seguro, tú no te escapas". No se lo creía, "¿qué he hecho yo para que me maten?". Y le dije: "Lo suficiente para ser enemigo de los vencedores".

P. ¿Qué había hecho su padre?

R. Ser alcalde y haber sido fundador del Partido Socialista en mi pueblo. Había muy pocos alcaldes detenidos entre los que hubo en Cuenca. Pero el delito de haber sido alcalde socialista era delito de muerte.

P. Usted vio cómo lo apresaban.

R. El día que entraron las fuerzas nacionales en Madrid. Días después don Francisco hizo la declaración final de la guerra. Mi madre ya estaba enferma y mi casa se convirtió en un revoltijo. Cuando me cogieron a mí, ella me dijo: "Andrés, ven pronto, que tenemos que ir a ver a tu padre en Tarancón".

P. Y lo iban a fusilar.

R. Lo condenaron a muerte en un consejo de guerra que hubo en Ocaña el 7 de julio de 1943. Lo fusilaron el 15 de diciembre. Conmutaron la pena de algunos de los condenados, pero a mi padre lo fusilaron.

P. ¿Cómo era?

R. Como alcalde, el mejor del pueblo. Generoso. En casa teníamos una tienda de ultramarinos; no había ni día ni noche en que mi madre o él no regalaran comida a los que la necesitaran... Durante la guerra hubo un cambio de alcalde; le sustituyó otro republicano, nuestro pueblo siempre fue republicano. Y cuando acabó la guerra le vinieron a buscar. Gente que él conocía.

P. Usted cuenta en su libro que los falangistas y los franquistas del pueblo fueron muy crueles.

R. Lo fueron. Yo casi no me acuerdo de cómo me sentí entonces, pero imagínese: después de llevarse a mi padre, cuando me vinieron a detener, les pregunté si podía despedirme de mi madre, y me dijeron: "No, tu madre vendrá dentro de poco a buscar tu cadáver".

P. ¿Cómo se sintió?

R. Yo me quedé tan tranquilo... A otros les dijeron que no fueran cobardes, que esto de la muerte era un instante, que no se iban a enterar... En los campos de prisioneros se decían esas cosas... Lo que se dice que pasó en el Holocausto de Hitler se queda pálido ante lo que yo vi. Aquello no lo viví, pero esto lo vi directamente. Los guardias pegaban palos como si fuéramos ovejas; e iban llamando a gente que ya no volvíamos a ver, escuchábamos las torturas...

P. ¿Cómo siente ahora todo eso?

R. Cuando estaba allí casi no me daba cuenta de esas cosas; ahora me acuerdo más que entonces; que aquello no debe ocurrir otra vez, sería el final del mundo. No siento rencor, y pido perdón si en mi libro ofendo a alguien.

P. Les decían en la cárcel: "Os vamos a machacar, para que la mala hierba no crezca más". ¿Cómo sería su actitud si se encontrara con sus carceleros?

R. Ya ha pasado. Me encontré con uno; huía de mí, y yo quería tener una conversación con él...

P. Un chico del pueblo se negó a cavar fosas...

R. Sí, cuando se produjeron los primeros fusilamientos. Se enfrentó a quienes se lo ordenaban, el comandante de la plaza y los falangistas del pueblo, después de haber fusilado a los primeros cinco prisioneros. El chico le dijo al que le mandaba: "Tú tienes mucho que ocultar". Había sido teniente de la República, y no fue capaz de replicarle al chico.

P. Dice usted que en la cárcel estaba tranquilo, porque tenía salud...

R. La salud era importante para aguantar aquello. Por el hambre. Yo sacaba comida de donde había cáscaras, sangre y pus; lo limpiaba con el agua del aljibe, que además estaba lleno de piojos, por la ropa que allí lavaban... Me comía 400 gramos de cáscaras de naranja, alguna patata podrida, calabaza... Llegué a pesar 35 kilos.

P. Y seguía siendo el niño de la prisión...

R. Así me llamaban. Los compañeros, los carceleros. Un día me dijo uno: "Andrés, me van a fusilar; me despediré de ti cuando lo vayan a hacer, lo verás". Lo vi. Había una sala con una ventana desde la que se veía a los que iban a matar. Y le vi, se llamaba Zoilo Santiago Guijarro, y cuando lo iban a fusilar me gritó: "¡Andrés, niño de la prisión, que tengas más suerte que yo! Un abrazo que no te puedo dar, porque voy atado". Eso me dijo el fusilado aquel día. No se me olvida nunca el nombre.

P. Escuchar los fusilamientos.

R. Era algo terrible. Un silencio sepulcral. No se escuchaba ni una mosca. Y los disparos.

P. ¿Qué se decían entre ustedes?

R. A veces teníamos que consolar a algún padre o a algún hijo. Fusilaban a un padre o a un hijo. Los padres se daban contra la ventana, querían morir. Fusilaban en nombre de Franco. De la justicia de Franco.

P. Fue cruel.

R. Muy cruel. Franco fue muy cruel. ¡Pinochet ha matado a cuatro en comparación con él! Mató a miles. El pueblo español sufrió las consecuencias de que aquel señor sacara el Ejército a la calle contra el Gobierno de la República, que había sido legalmente constituido en unas elecciones libres y democráticas el 16 de febrero de 1936.

P. Se rompió aquel país.

R. Lo masacraron. Si aquella intentona fascista no se produce en España no pasa nada. Pero, claro, estaban el clero, el capitalismo, el Ejército. Todos en contra del Gobierno de aquella época.

P. ¿Y ahora está recompuesto el país?

R. Para mí, no; no veo que la derecha tenga intención. Mire lo que hacen con lo de ETA. Están intentando, erre que erre, que no salga lo que quiere Zapatero. A un Gobierno que quiere pacificar se le ayuda.

P. Se salvó de la cárcel, pero le llevaron de soldado a un penal militar de Marruecos...

R. Aquello era un escándalo. Igual que Uclés. Sólo que allí gozabas del aire, y en Uclés no. En Uclés padecimos los piojos, las chinches, las matanzas...

P. ¿Y qué España vio al volver?

R. Igual que cuando me fui: no podías hablar, escuchábamos la radio (la Pirenaica) a escondidas; y tenía que ir cada día a presentarme a las autoridades... Volví al pueblo; no se acordaban de mí, cómo si yo no me diera cuenta de por qué no se acordaban de mí. Y me vine a Madrid; me dio trabajo la compañía Euskalduna, de reconstrucción y reparación de buques; daba trabajo a los que habían sido presos; aquí reparábamos y construíamos material ferroviario. Estuve 34 años. Hasta que me jubilé. Me casé pronto, después de volver de Marruecos, con Eulalia, murió el año pasado. Lo peor que me ha ocurrido. Peor que la guerra.

P. Hay un proceso de reconstrucción de la memoria históri-ca...

R. Trabajan en mi pueblo. El año pasado sacaron 55 cuerpos de fusilados, enterrados en las fosas comunes, y este año, el 18 de julio, empiezan otra vez. No sé por qué tienen que trabajar sólo en verano. No lo sé. Y me parece muy bien que se reconstruya el pasado: a aquella gente la mataron sin más, no habían hecho nada. Miles y miles de españoles no saben qué pasó.

P. ¿Cómo le marcó su tiempo en el episodio del Valle de los Caídos?

R. Teníamos que picar piedras gordas hasta hacerlas pequeñitas; y picabas con un mazo gordo; picaban ingenieros, médicos, químicos, maestros de escuela...

P. ¿Sintió en algún momento que no iba a perdonar nunca?

R. Nunca lo dije. A pesar de lo de mi padre. A pesar de lo de mi madre. Y ahora publico este libro para que la gente sepa de lo que ocurrió en la posguerra con los vencidos; yo soy un vencido; lo que me hicieron, a mi edad, es imperdonable, pero lo perdono todo, pero lo llevo aquí siempre, no puedo olvidar. El olvido nunca.

P. Le hará gracia que ahora la gente le asocie con ese futbolista del Barça.

R. ¡Iniesta! Me gustaría escribirle, y me gustaría que fuera un héroe del Mundial, con ese nombre que es el mío: Andrés Iniesta.