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el mundo fragmentado

24 de octubre de 2006

Me dice P. que debemos reorganizar nuestra biblioteca. Ya no caben los libros en la casa. Ha sido este domingo, también el sábado, aunque menos, cuando ha sacado el tema : la necesidad de un espacio propio. Una habitación propia. Creo haberle escuchado en algún momento el posesivo *mi* referido al término espacio, pero no podría jurarlo. Los sábados carezco de memoria suficiente para retener. Ahora, pasados unos días, veo que esa montaña de libros es una vida que comienza a ser amplia y no encuentra paredes donde situarla, donde *colocarla*. Necesitamos espacio, *su espacio*/*mi espacio*, ahora que hemos llenado la casa con el tiempo de una vida. De dos vidas.

Así que estamos buscando encajar una vida, dos vidas, o dos vidas vividas desde una  biblioteca, y aunque midamos y pensemos en futuro, nos faltan, hemos calculado, unos quince metros lineales de librería, que son pasado. En esos quince caben varios años de vida. También la vida se mide de alguna manera: tenemos los mismos años y es normal que nos falten los mismos metros de estanterías. También nos sobran los mismos libros.

Buscamos, desde siempre,  los mismos libros que ya no sabremos nunca dónde situar. Serán como lágrimas en la lluvia :

 

23 de octubre de 2006

Ya hace 40 años de Blow Up, una película que marcó mi mirada del mundo.  

“La mayor dificultad con la que me he encontrado ha sido la de representar la violencia de la realidad. Los colores embellecidos y edulcorados son a menudo los que parecen más duros y agresivos. En BLOW UP, el erotismo ocupa un lugar de máxima importancia, pero, a menudo, se pone el acento en una sensualidad fría, calculada. Los rasgos de exhibicionismo y de vouyerismo están especialmente subrayados: la joven mujer del parque se desnuda y ofrece su cuerpo al fotógrafo a cambio de los negativos que tanto desea recuperar.” (Corriere della Sera, 12 de febrero de 1982)

Adaptación del relato “Las babas del diablo” de Julio Cortázar , que cuenta la historia de Roberto Michel, un traductor chileno que vive en París. Aficionado a la fotografía un domingo fotografía a una mujer que besa a un adolescente. La mujer le pide el carrete enfadada,al momento un hombre de sombrero gris se una a la mujer en la petición. Michel se alegra de que el chico haya logrado abandonar el lugar. Pero, cuando amplía las fotografías en casa, imagina que las imágenes cobran movimiento y que el chico no ha logrado escapar. El fotografo acaba mirando al cielo con impotencia a través de un “rectángulo clavado con chinchetas en la pared de su habitación” .

“[...] su héroe favorito es el que mira. Es peligroso, ya que al observar, al mirar más tiempo del necesario[...], se desequilibra el orden establecido, en tanto que, normalmente, el tiempo exacto de una mirada es algo que dicta la sociedad”. (Roland Barthes)

Cuando se utilizan ampliadoras [...] pueden verse cosas que probablemente el ojo desnudo no sería capaz de captar [...]. El fotógrafo de BLOW UP, que no es un filósofo, quiere ver las cosas más de cerca. Pero lo que sucede es que, al ampliarlas demasiado, el objeto se desintegra y desaparece. por lo tanto, hay un momento en que asimos la realidad, pero ese momento pasa. Este es en parte el significado de BLOW UP” (Michelangelo Antonioni)

 

La secuencia final de BLOW UP es fundamental para el curso del film y su temática. Es una de las más celebres y seguramente una de la que más fuerza guarda: de vuelta al parque en que la intriga comienza cuando dispara indiscretamente a la pareja, el fotógrafo asiste a un partido de tenis protagonizado por un grupo de hippies mimos de caras pintadas de blanco. Jugadoras y publico asistente siguen atentamente las idas y venidas de una pelota invisible entre uno y otro lado del campo de tenis. La secuencia es larga, se fija en los gestos de los jugadores y en el ritmo de los movimientos de cabeza de los espectadores. Cuando la vista de todos se dirige fuera del campo, indicando que la pelota ha caido fuera de su alcance, el fotografo la recoge y se la devuelve para que el juego prosiga. La puesta en escena es perfecta, la escena es muda a excepción del ruido de la pelota, una pelota invisible. Varios segundos después el fotografo desaparece, se hace invisible, es un objeto que se desintegra como si hubiese sido expuesto a una ampliación sobre otra ampliación hasta desaparecer y desasirse de la realidad.

El juego entre la verdad y la fantasía, lo que fue y lo que pudo haber sido, lo que sucedió de verdad o lo que tal vez no sucedió nunca; ese extraño camino por el que deambula el protagonista durante 24 horas, de un amanecer a otro, enmarcado en la fantasmagórica presencia de un grupo de extrañas gentes de rostros pintados de blanco, será uno de los mensajes más profundos que el cine nos haya dado. Ese juego final donde el protagonista acaba por intervenir para, después, disolverse y dejarnos la amargura de no saber si realmente hemos llegado a conocer o ha sido tan sólo un espejismo.

Soy Cuba

 


" Y sin música, quiero decir sin orquesta, sin acompañante, comenzó a cantar una canción desconocida, nueva, que salía de su pecho, de sus dos enormes tetas, de su barriga de barril, de aquel cuerpo monstruoso, y apenas me dejó acordarme del cuento de la ballena que cantó en la ópera, porque ponía algo más que el falso, azucarado, sentimental fingido sentimiento de la canción, nada de la bobería amelcochada, del sentimiento comercialmente fabricado del feeling, sino verdadero sentimiento y su voz salía suave, pastosa, líquida, con aceite ahora, una voz coloidal que fluía de todo su cuerpo como el plasma de su voz y de pronto me estremecí. "

Guillermo Cabrera Infante
Ella cantaba Boleros (fragmento)

21 de octubre de 2006

21 de octubre de 2006

R. Sánchez Ferlosio :

"Bastante repugnantemente tendían ya los españoles a complacerse narcisísticamente en la propia imagen [...] ha sido una catástrofe y una infamia emponzoñar y contaminar al país entero despachando con receta legal y hasta recomendada y propagandísticamente impuesta el miserable culto que ya era morbo endémico en las sórdidas entrañas del alma española […] Si ahora las regiones [insisten] en este repliegue sobre la propia imagen o imaginería, que nunca es otra cosa que la propia miseria, el ya paupérrimo estado espiritual, moral y cultural del país, la ya disminuida inteligencia de los españoles se verá precipitada hacia una imbecilidad de las de baba y sonrisilla.
[…] A la moral de la identidad acaso el nombre científico que mejor le cuadre sea el de 'moral del pedo' [por tener éste la rara condición] de que nos complacemos en el aroma de los propios tanto como nos causa repulsión el hedor de los ajenos. […] El olfato parece además el órgano sensorial mejor preparado para fundamentar la moral de identidad o la identidad como criterio moral. [Al contrario de la vista donde cabe una interpretación semántica de lo que vemos, una distinción entre cualidad y valor, para] el olfato no hay más que hedor y aroma. [De ahí que] los racistas se sientan impulsados a acudir a las diferenciaciones olfativas, como las únicas que combinan de un modo tan inmediato e inapelable como unívoco la distinción entre lo propio y lo extraño con la admisión y el rechazo, respectivamente" ( En 'Discurso de Gerona', 1984).

Ejemplo práctico de "moral del pedo" :

 

(El País) El candidato de CiU a la Generalitat, Artur Mas, ha anunciado que, si gobierna, impulsará una ley que establecerá un sistema de puntos para los inmigrantes, a quienes se ofrecerán "estímulos" a su integración en Cataluña, en forma de facilidades para su acceso a permisos de residencia y servicios. El candidato a la presidencia autonómica también se plantea la creación de una consellería específica para inmigración. El "sistema de créditos", según lo ha llamado el propio Mas, implica que "a medida que el inmigrante va obteniendo puntos por su integración, va obteniendo también estímulos". Aunque no se ha extendido en la manera de obtener los puntos, el candidato de CiU ha apuntado que se premiará la voluntad de toda personas venida de fuera que asuma los "derechos protegidos por el Estatuto y la Constitución"; también se premiará su voluntad de conocer la lengua y la cultura catalanas, así como el hecho de que haya llegado a Cataluña de forma legal, a través de un contrato en su país de origen. CiU llevará al Parlament una ley marco que establezca un contrato de derechos y deberes de los inmigrantes, de carácter voluntario, que ofrecerá "ventajas" a quien lo firme. Según ha explicado Mas, su partido planteará "estímulos, de forma que determinados permisos de residencia más permanente sean más fáciles de obtener y, también, otros estímulos en forma de servicios, que no sean básicos, del Estado del Bienestar", siempre "a cambio de una integración real".

 

Dos ejemplos

Dos ejemplos

¿Quién dijo que la literatura norteamericana carecía de grandes escritores? Aquí traigo a dos: un vivo y un muerto.

Del muerto admiro todo y me alegra coincidir con Vila Matas en la comparación que hace de Carver con Faulkner, Mac Cullers y Flannery O'Connor, ahí es nada. Ahí es todo. Carver es un escritor que atrapa en el microespacio de unas horas todo un mundo, su mundo, que es el nuestro.

Auster, premio Príncipe de Asturias de las letras, nos ha descrito como ninguno la música del azar. La casualidad como detonante de historias que se hacen vida gracias a otras casualidades. Y con una escritura muy caveriana.

Auster y Carver, dos buenos compañeros de viaje.

(En la foto mi amada Mac Cullers )

Como Agua del Cielo de Carver

Como Agua del Cielo de Carver

En 1988, cuando Raymond Carver se había convertido en el mejor cuentista vivo del mundo, se murió. Estaba en su mejor momento porque había dejado de beber, tenía una estimulante relación amorosa con la poeta Tess Gallagher, y hasta le condecoraban las universidades que en otros días le habrían escupido a la cara por borracho y desdichado. Le llegó la muerte cuando todo por fin le iba bien, quizá demasiado bien. Sus numerosos admiradores creyeron que era el punto final, que todo había ya terminado, que no habría ya nunca más cuentos del genio. En uno de los relatos de Tres rosas amarillas, su volumen de cuentos póstumo, podía leerse: "Se ha ido y nunca volverá. Punto final. Nunca jamás". El narrador de este cuento hablaba de esta forma porque había perdido a su mujer las rupturas de matrimonio eran uno de los platos favoritos de Carver , pero yo me acuerdo de haber leído esas líneas como si fueran la crónica de su muerte, anunciada por él mismo. Este tipo de lecturas trágicas de Carver era muy habitual, por aquellos días, entre sus desolados admiradores. "Se ha ido y nunca volverá. Punto final". Nadie parecía acordarse de que las viudas siempre encuentran carpetas.

Cuando se cumplían 10 años de su muerte aparecieron en unas carpetas "como agua caída directamente del cielo", nos dice Tess Gallagher cinco relatos inéditos, tres en la casa de Port Angeles, en Washington, donde Carver vivía y murió, y dos entre los papeles de la colección William Charvart de la biblioteca de la Universidad de Ohio. Los relatos hallados en la carpeta casera fueron publicados en la revista Esquire por Jay Woodruff, que había colaborado en el descubrimiento de los manuscritos. Y uno de los relatos encontrados en Ohio fue publicado en la revista Granta. Los cinco aparecen ahora en un solo volumen con el título genérico del quinto y último de los relatos, Si me necesitas, llámame.

Los cinco cuentos tienen el mismo gran nivel literario de otros relatos del autor, de modo que no son en ningún caso los restos de un festín. De hecho, el libro contiene más de una obra maestra, pienso en el primero y el quinto relatos. Es, por otra parte, un volumen algo distinto a los otros libros de cuentos de Carver, ya que contiene ciertos detalles novedosos, como por ejemplo la inédita hasta ahora carga autobiográfica de alguno de los cuentos, muy especialmente en Leña, que a pesar del tema tratado el drama de una sequía literaria carece de la habitual angustia carveriana, que es un matiz también visible en el resto de los cuentos, otra de las novedades de este volumen.

En Leña, el protagonista parte un camión de leña con la esperanza de que le ayude a superar el alcoholismo, la ruptura de su matrimonio y su sequía creadora como escritor, ya que no pasa nunca de la primera fase de su novela, una frase que le parece una solemne estupidez: "El vacío es el principio de todas las cosas".

¿Qué queréis ver? y Si me necesitas, llámame, los relatos encontrados en Ohio, tratan de rupturas de matrimonios y en ambos se repiten, casi literalmente, situaciones ya tratadas en anteriores cuentos del autor en Conservación y en Caballos en la niebla, respectivamente , lo que explicaría que, por su condición de borradores, estuvieran en Ohio, aunque es de aplaudir que hayan sido publicados, sobre todo porque Si me necesitas, llámame es una obra maestra, infinitamente superior a Caballos en la niebla, en mi opinión un relato imperfecto por su trazo cursi.

En Vándalos encontramos un desenlace sorprendente y genial y muy distinto de los habituales finales del escritor. En este cuento, Carver parece haber operado con un procedimiento narrativo inverso al que acostumbraba a utilizar. Es la profunda carga psicológica la que nos traslada a la realidad pura y dura, y no al revés, como en tantos otros cuentos suyos. Hay en él, por otra parte, una búsqueda de una mayor complejidad narrativa, lo que nos permite especular con la posibilidad de que se hubiera hartado de que se comparara su estilo seco y lacónico con el de Hemingway y hubiera decidido mandar a paseo la "dignidad de los icebergs" para acercarse a su más profunda y verdadera familia literaria: la de las baladas de los cazadores solitarios de Faulkner, Mac Cullers y Flannery O'Connor, las voces de la escuela del Sur.

Enrique Vila-Matas

Nunca he querido trabajar en otra cosa.

Nunca he querido trabajar en otra cosa.

PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS

Discurso de Paul Auster

No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.

Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.

La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.

De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.

Nunca he querido trabajar en otra cosa.



 

20 de octubre de 2006

20 de octubre de 2006

Detesto a Bigas Luna. También detesto su cine.

Leo que ha dicho que es en la periferia de las ciudades donde está la creación artística. Una frase que encaja con la idea que tengo de este tipo: un burguesito catalán que se acerca a la *periferia* de la ciudad y la filma igual que un niño contempla  los monos del zoo. A los burgueses, y si son catalanes mucho más (Mas), les encanta darse una vuelta de vez en cuando por los arrabales, oir las canciones flamencas de la tribu y copiarlas en sus pelis como una muestra de su talante progresista. Una vez hecho el trabajo se vuelven a sus lujos residenciales, sus patrias culturales, sus lenguas pútridas y, como si fueran forenses de su propio pensamiento, contemplan la cacería levantando con dos deditos para no mancharse la miserioa que cubre el cadáver.

Bigas jamás entenderá que en la *Mujer Barbuda* o el *Hombre Elefante* existe una dignidad y una ternura que sólo se puede mamar, respetar y admirar, pero nunca copiar como un escriba falsificador. Estos tipos detestables de la burguesía han leído a Marsé, tan cerca que lo tienen, pero ni lo han entendido ni lo quieren entender. Sólo les interesas echarle plátanos al monito en la jaula y que el monito no salpique.

Para acabar con la filosofía

 

Mi filosofía

La evolución de mi filosofía se dio de la siguiente manera: mi mujer, al invitarme a probar el primer soufflé que había hecho, dejó caer por accidente una cucharadita del mismo sobre mi pie fracturándome varios pequeños huesos. Acudieron los médicos, hicieron y examinaron radiografías y me ordenaron un mes de cama. Durante la convalecencia, me concentré en la obra de algunos de los pensadores más eximios de Occidente —una pila de libros que yo había seleccionado para eventualidades como ésta. No presté atención al orden cronológico y empecé por Kierkegaard y Sartre, luego pasé rápidamente a Spinoza, Hume, Kafka y Camus. No me aburrí como me había temido; en cambio, me fascinó la energía con la que esas grandes mentes atacaban resueltamente la moral, el arte, la ética, la vida y la muerte. Recuerdo mi reacción a una observación típicamente luminosa de Kierkegaard: «Semejante relación, que se relaciona con su propio ser (es decir, un ser), debe haberse constituido a sí misma, o ha sido constituida por otra». El concepto me arrancó lágrimas de los ojos. ¡Dios santo, pensé, ser tan inteligente! (Soy un hombre con dificultades para escribir dos frases coherentes sobre «Un día en el zoo»..) La verdad es que el pasaje me resultó totalmente incomprensible, pero ¿qué más da si Kierkegaard se lo había pasado bien? Súbitamente me convencí de que la metafísica era lo que siempre había querido hacer: tomé mi bolígrafo y empecé en el acto a garabatear la primera de mis propias fantasías. La obra avanzó aprisa y en sólo dos tardes (con tiempo para echarme una siesta), completé la obra filosófica que espero no será descubierta hasta después de mi muerte o hasta el año 3000 (lo que ocurra primero) y que modestamente creo me asegurará un lugar privilegiado entre los pensadores de más peso en la historia. Aquí presento un breve ejemplo del cuerpo principal de tesoros intelectuales que lego a la posteridad, o hasta que llegue la mujer de la limpieza.
I. Crítica de la sinrazón pura
Al formular cualquier filosofía, la primera consideración siem¬pre debe ser: ¿Qué podemos saber? Es decir, qué podemos estar seguros de saber, o seguros de que sabemos que sabíamos, si realmente es de algún modo «cognoscible». ¿O lo habremos ol¬vidado todo y tenemos demasiada vergüenza de decir algo? Des¬cartes insinuó el problema cuando escribió: «Mi mente jamás puede conocer mi cuerpo, aunque se ha hecho bastante amiga de mis piernas». Por «cognoscible», dicho sea de paso, no quiero decir aquello que puede ser conocido por medio de la percepción de los sentidos o que puede ser comprendido por la mente, sino más bien aquello que puede decirse que es Conocido o que posee un Cono¬cimiento o una Conocibilidad, o por lo menos algo que puedas mencionar a un amigo.
¿Podemos en realidad «conocer» el universo? Dios santo, no perderse en Chinatown ya es bastante difícil. Sin embargo, el asunto es el siguiente: ¿Habrá algo allá fuera? ¿Y por qué? ¿Por qué tendrán que hacer tanto ruido? Por último, no cabe duda de que la característica de la «realidad» es que carece de esencia. Esto no quiere decir que no tenga esencia, sino simplemente que carece de ella. (La realidad a la que me refiero es la misma que describió Hobbes, pero un poco más pequeña.) Por lo tanto, el dictum cartesiano, «Pienso, luego existo», podría expresarse mejor por «¡Eh, allí va Edna con el saxofón!». Así pues, para conocer una sustancia o una idea, debemos dudar de ella y así, al dudar, llegamos a percibir las cualidades que posee en su estado finito, que están en, o son realmente «la misma cosa», o «de la cosa misma», o de algo, o de nada. Si esto está claro, podemos dejar por el momento la epistemología.
II. La dialéctica escatológica como medio de lucha contra el zona
Podemos decir que el universo consiste en una sustancia y que a esta sustancia la llamamos «átomo», o también «mónada». Demócrito la denominó átomo. Leibnitz la llamó mónada. Por fortuna, los dos hombres jamás se conocieron, de lo contrario se hubiera armado una discusión muy aburrida. Estas «partículas» fueron puestas en movimiento por alguna causa o principio fun¬damental, o quizás algo se cayó en algún lugar. El asunto es que ahora ya es demasiado tarde para remediarlo, salvo quizá comer mucho pescado crudo. Por supuesto, esto no explica por qué el alma es inmortal. Tampoco dice nada sobre una vida ultraterrena ni aclara la sensación que siente mi tío Sender de que le persiguen los albanos. La relación causal entre el primer principio (es de¬cir, Dios o viento fuerte) y cualquier concepción teológica del ser (Ser), según Pascal, es «tan ridícula que ni siquiera es graciosa (Graciosa)». Schopenhauer llamó a esto «voluntad», pero su médico la diagnosticó como fiebre del heno. En sus últimos años, se amargó por eso o, más aún, por la creciente sospecha de que él no era Mozart.
III. El cosmos por cinco dólares al día
¿Qué es, entonces, lo «bello»? ¿La fusión de la armonía con lo justo, o la fusión de la armonía con algo que sólo se parece a «lo justo»? Quizá la armonía se haya fundido con «la costra terrestre» y eso es lo que nos ha estado dando tantos problemas. La verdad, podemos estar seguros, es la belleza —o «lo necesario». Es decir, lo que es bueno, o que posee las cualidades de «lo bueno», da como resultado «la verdad». Si no lo da, siempre puedes apostar a que la cosa no es bella, aunque aún puede que sea impermeable. Estoy empezando a pensar que tenía razón antes y que todo tendría que fusionarse con la costra. Ah, bueno.
Dos parábolas
Un hombre se acerca a un palacio. La única entrada está guardada por unos fieros hunos que sólo dejan pasar a hombres llamados Julius. El hombre trata de sobornar a los guardias ofre¬ciéndoles por un año las mejores partes del pollo. Ellos ni se burlan de su oferta ni la aceptan, sino que simplemente lo cogen por la nariz y se la tuercen hasta que parezca un tornillo. El hombre dice que tiene que entrar a la fuerza en el palacio porque le trae al emperador una muda de calzoncillos. Al ver que los guardias siguen negándose, el hombre empieza a bailar el charleston. Ellos parecen divertirse con su baile, pero pronto se ponen tristes por el trato que el gobierno federal otorga a los navajos. Sin aliento, el hombre se derrumba. Muere sin haber visto al emperador y dejando una deuda de sesenta dólares a los de la Steinway por un piano que les había alquilado en agosto.
Me entregan un mensaje para un general. Cabalgo y cabalgo, pero el cuartel general del general parece distanciarse siempre más. Por último, se arroja sobre mí una gigantesca pantera negra que me devora la mente y el corazón. Me paso la tarde terriblemente angustiado. Por más que lo intente, no puedo llegar al general a quien veo corriendo a lo lejos en shorts y musitando la palabra «nuez moscada» a sus enemigos.

Aforismos

Es imposible vivir la propia muerte con objetividad y, además, cantar una canción.
* * *
El universo no es más que una idea transitoria en la mente de Dios. Es un hermoso pensamiento, aunque bastante incómodo, sobre todo si acabas de pagar el anticipo de una casa.
* * *
La nada eterna está muy bien si vas vestido para la ocasión.
* * *
¡Ojalá viviera Dionisos! ¿Dónde comería?
* * *
No sólo no hay Dios, sino que ¡intenta conseguir un electricista en un fin de semana!

19 de octubre de 2006

19 de octubre de 2006

Está muy bien recordar historias pasadas, según parece.

Veamos la de Iñaki Bilbao,un caso especialmente significativo, condenado a 52 años de prisión, que quedaron reducidos a 30 por efecto de la acumulación de penas, y de los que efectivamente cumplió 17.

Iñaki Bilbao salió de la cárcel el 28 de septiembre de 2000, siendo Angel Acebes ministro de Justicia y Mariano Rajoy ministro del Interior.

El 21 de marzo de 2002, Bilbao asesinó al concejal socialista de la localidad de Orio Juan Priede.

No sabemos, ni nada se nos dice, sobre qué se avanzaba en aquellos días del final de la tregua de 1998 después de tanto movimiento de presos [para algo que, según Aznar, nunca existió] pero a nadie decente se le ocurrió relacionar la pasividad de los ministros y su fiscal general con el asesinato del concejal socialista.

Ayer, un tipo miserable llamado Pio Garcia Escudero, portavoz del Pp en el Senado, le tiró un cadáver socialista al presidente del gobierno de España como único argumento.

Quedará anotada en la historia universal de la infamia ese nuevo acto de la derecha española y el silencio cómplice de sus palmeros. De sus muchos y numerosos palmeros. También, aquellos que nunca han tocado palmas con sus miserables palabras.

18 de octubre de 2006

18 de octubre de 2006

 El Aleph, el maravilloso cuento de Borges que comienza con estas maravillosas palabras:

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios.

Un espíritu demoníaco me dictó la idea de someter ese texto a la acción de uno de los tantos traductores automáticos que pululan en Internet. Primero lo hice traducir del español al inglés:

The burning morning of February in that Beatríz Viterbo died, after an imperious agony that was not lowered a single instant neither to the sentimentality neither the fear, I noticed that the billboards of iron of the Square Constitution had renovated I don't know what warning of blond cigarettes.

Luego, (con su misteriosa y ya inextinguible tilde en Beatríz) del inglés al alemán:

Der brennende Morgen von Februar in diesem Beatríz Viterbo starb, nach einer anmaßenden Qual merkte, die keinen einzelnen Augenblick weder weder zur Gefühlsseligkeit die Angst heruntergelassen wurde, ich, daß die Reklametafeln von Eisen der Quadratischen Verfassung renoviert hatten, weiß ich das nicht was das Warnen von blonden Zigaretten.

Del alemán pasó al francés:

Le matin brûlant du février dans ce Beatríz Viterbo est mort, après un supplice prétentieux, qui n'a pas ni ni été baissé un instant seul au sentimentalisme la peur, j'ai retenu, que les panneaux publicitaires de fer de la constitution carrée avaient restauré, je ne le sais pas à ce le fait d'avertir de cigarettes blondes.

Del francés al italiano:

La mattina cocente del febbraio in questa Beatríz Viterbo è morta, dopo un supplizio pretenzioso che non ha né né avuto calato un istante solo al sentimentalismo la paura, ho trattenuto, che i cartelli pubblicitari di ferro della costituzione quadrata avevano restaurato, non lo so a questo il fa di avvertire di sigarette bionde.

Y, por último, del italiano al español:

La mañana ardiente del febrero en este Beatríz Viterbo ha muerto, después de un suplicio pretencioso que no tiene ni ni ha bajado un instante solo a la sensiblería el miedo, he retenido, que los carteles publicitarios de hierro de la constitución cuadrada restauraron, no lo sé a este el hace de advertir de cigarrillos rubios.

Las lenguas, sin los cuerpos que las acaricien, son naturalezas muertas.

 

17 de octubre de 2006

17 de octubre de 2006

Declaraciones del candidato Arturo Mas a la presidencia del gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña :

“Si para que funcione la economía y el Estado de bienestar se tiene que importar gente de fuera, como está pasando, uno puede acabar teniendo problemas de convivencia, de cohesión social y de reforzamiento de la personalidad del país. En este caso, en lugar de atraer gente de fuera, es mejor que la gente de aquí tenga más hijos.”

Grandes momentos del pensamiento nacionalista:

funcione la economía

importar gente de fuera

problemas de convivencia

cohesión social

reforzamiento de la personalidad de país

es mejor que la gente de aquí tenga más hijos.

 

(A esta hora todavía no se le ha caído la cara de vergüenza)

EL OLVIDO

EL OLVIDO

El único síntoma era un envolvente sudor frío acompañado siempre de una profunda sensación de vértigo. No recordaba la primera vez que debió echar mano de tal recurso ante la necesidad de dar respuesta a una pregunta inoportuna, ante una secreta confesión al oído de una complicidad no buscada, ante un arranque de sinceridad ajena no demandada. Hubiera preferido volar. No carecía de alas.

El viajero que ocupaba el asiento contiguo se limitó a musitar, “he olvidado en qué parada debo bajarme”. El libro comenzó a temblarle entre sus manos, un sabor amargo acompañado de una intensa salivación inundó su boca, ya notaba la espalda empapada adherida al asiento, los goterones se expandían lentamente atravesando los surcos de su cara enrojecida. Los asideros para los peatones de a pie iniciaron una danza macabra como en una ceremonia de budú.Levantó la vista, observó a aquel tipo y lo encontró mirando relajadamente por la ventana sin el menor atisbo de preocupación. Decidió no moverse en tanto no lo hiciera su acompañante. La voz irónica del conductor resonó en todo el vehículo como emitida desde un megáfono. ”Señores, final de trayecto”. Aquel tipo se incorporó y con extremada lentitud se dirigió a la puerta de bajada. Una vez en la calle con paso decidido, como quien sabe perfectamente a donde va, dobló la esquina y a los pocos metros se detuvo ante un ciber-café, cuyo único anfitrión era un joven latinoamericano con cara de pocos amigos y acumuladas horas de cansancio. El desconocido, como en un ritual que a todas luces le resultaba familiar, escribió en el buscador avanzado del Google “lugares perdidos”. En la pantalla asomó una nota. “No se encontró dicha página. Pruebe a introducir todos los datos”. El desconocido escribió “casas perdidas”. De nuevo la misma respuesta. ”Tal vez quiso decir cosas perdidas” Tras darle a intro una larga lista inundó la pantalla. Casi al final leyó: www.desempolvarmemoria.com. Pulsó el ratón. Tras permanecer ensimismado un buen rato, se levantó, pagó la consulta y el agua mineral, se caló el sombrero y musitó “hasta luego”.La curiosidad ante semejante espectáculo había mitigado por completo sus síntomas. Aquel tipo simplemente musitó. No le había demandado ayuda, incluso tenía que estarle agradecido. No recordaba ningún acontecimiento que hubiera suscitado de semejante forma su interés desde hacía tiempo.De nuevo en la calle con paso firme el desconocido cruzó el semáforo y tomó la dirección del parque que se divisaba en la manzana próxima. En el interior, se detuvo ante el estanque, contempló un buen rato los cisnes y enfiló una pequeña calle que le condujo a una glorieta, donde en animado silencio varias personas disfrutaban de la lectura proporcionada por ejemplares dispuestos sobre unos anaqueles de cerámica. Cuando tuvo entre sus manos “El laberinto en la otra esquina”tomó asiento al amparo de un magnolio.El también sacó su libro del bolso de mano y recuperó la página interrumpida. No lograba concentrarse. Era la primera vez que pisaba aquel barrio y aquel parque .El autobús jamás tenía otro destino que la parada más próxima a su casa .Había olvidado por completo lo que significaba dejarse llevar por un buen paseo.Al cabo de una hora el desconocido depositó el laberinto sobre el estante, contempló a modo de despedida el árbol que le había dado cobijo, tomó prestado un jazmín, de cuyo olor fue disfrutando hasta toparse con la salida del parque. En la esquina le esperaba de nuevo otro autobús.Atónito observó que tomaba el mismo número que la vez anterior, aunque en sentido inverso. Volvió a parapetarse en su libro tras volver a sentarse en el asiento contiguo al desconocido. A la siguiente parada éste de nuevo musitó: sería bueno que regresara algún otro día al parque. “Regresara”. ¿Hablaba el desconocido consigo mismo o se refería a él?. Aquello poco importaba en ese momento. Toda su atención se concentraba en contemplar el final de aquella historia. A mitad de trayecto el desconocido se dispuso a salir. En la parada preguntó a una joven ¿Queda lejos la calle sabiduría? Es la paralela a ésta, pero es larga, depende de la altura a la que Usted vaya. De nuevo musitó  “he olvidado la altura a la que voy, ya se verá”.Desde lejos lo divisó entrar en un portal tras llamar al portero electrónico.Se sorprendió a sí mismo musitando “he olvidado por completo que tenía cita en el ambulatorio. Mejor haber conocido aquel parque”.Tras inundar de objetos el perchero de entrada, el ritual parsimonioso de lavado de manos a fondo con el antibactericida de la cocina. Calentó en el microondas las verduras preparadas la noche anterior. Junto al vaso de agua medio lleno,  la fila de grageas convenidas para el almuerzo. Esa tarde en compañía del programa de la radio añoró a su vecino. Había olvidado lo que significaba “echar de menos”. 

El padre

El padre

El bebé estaba en una canasta al lado de la cama, y llevaba puesto un pelele y un gorro blanco. La canasta de mimbre estaba recién pintada, acolchada con pequeños edredones azules y sujeta con cintas de color azul claro. Las tres hermanitas y la madre, que se acababa de levantar de la cama y aún no se había despertado del todo, y la abuela rodeaban todas al bebé y observaban cómo miraba con fijeza y de cuando en cuando se llevaba el puño a la boca. No sonreía ni reía, pero a veces parpadeaba y movía la lengua entre los labios cuando una de las niñas le pasaba la mano por la barbilla.
El padre estaba en la cocina y les oía jugar con el bebé.
-¿A quién quieres tú pequeñín? - dijo Phyllis-, y le hizo cosquillas en la barbilla.
-Nos quiere a todos - dijo Phyllis-, pero al que quiere de veras es a papá, ¡porque papá también es chico!
La abuela se sentó en el borde de la cama y dijo:
-¡Mirad su bracito! Tan gordo. ¡Y esos deditos! Igualitos que los de su madre.
-¿No es una preciosidad? -dijo la madre-. Tan sano, mi niñito. -Se inclinó sobre la cuna, besó al bebé en la frente y tocó la colcha que le tapaba el brazo-. Nosotros también le queremos.
-¿Pero a quién se parece, a quién se parece? -exclamó Alice, y todas ellas se acercaron a la canasta para ver a quién se parecía.
-Tiene los ojos bonitos -dijo Carol.
-Todos los bebés tienen los ojos bonitos -dijo Phyllis.
-Tiene los labios del abuelo -dijo la abuela-. Fijaos en esos labios.
-No sé...-dijo la madre-. No sabría decir.
-¡La nariz! ¡La nariz! -gritó Alice.
-¿Qué pasa con su nariz? -preguntó la madre.
-En la nariz se parece a alguien -dijo la niña.
-No, no sé... -dijo la madre-. No creo.
-Esos labios...- dijo entre dientes la abuela-. Esos deditos... - dijo, destapando la mano del bebé y extendiéndole los menudos dedos.
-¿A quién se parece este niño?
-No se parece a nadie -dijo Phyllis. Y todas se acercaron aún más a la canasta.
-¡Ya sé! ¡Ya sé! - dijo Carol-. ¡Se parece a papá! -Todas miraron al bebé de muy cerca.
-¿Pero a quién se parece su papá? - preguntó Phyllis.
-¿A quién se parece papá?- repitió Alice, y entonces todas ellas miraron a la vez hacia la cocina, donde el padre estaba en la mesa, de espaldas a ellas.
-¡Vaya, a nadie! -dijo Phyllis, y se puso a lloriquear un poco.
-Calla -dijo la abuela, apartando la mirada. Luego volvió a mirar al bebé.
-¡Papá no se parece a nadie! -dijo Alice.
-Pero tendrá que parecerse a alguien -dijo Phyllis, secándose los ojos con una de las cintas. Y todas salvo la abuela miraron al padre, que seguía sentado en la cocina.
Se había dado la vuelta en su silla y tenía la cara pálida y sin expresión.

Raymond Carver

Un vídeo único

15 de octubre de 2006

15 de octubre de 2006

Es un precioso cuento taoísta que nos transporta a un mundo de iconografía oriental, en el que las puertas aisladas en el vacío, el agua en todas sus formas, los árboles y los animales enmarcan la historia de un aprendizaje que se desarrolla en las cuatro estaciones de la vida y cuyo mensaje es muy claro: el deseo de posesión lleva en sí mismo la destrucción de lo que más quieres.

Borges viene a cenar

Una tarde de 1931, uno de los escritores jóvenes de mayor renombre en Argentina conoció a un muchacho envenenado de literatura. Hablaron de libros y se volvieron inseparables. El joven, de 32 años, se llamaba Jorge Luis Borges. El muchacho, de 17, Adolfo Bioy Casares. No había pasado un lustro cuando concibieron su primera obra a cuatro manos, un extravagante folleto comercial sobre las virtudes de "un alimento más o menos búlgaro": la cuajada. Lejos de toda frivolidad, aquel legendario cuadernillo tuvo para Bioy un carácter iniciático: "Después de su redacción yo era otro escritor. Toda colaboración con Borges equivalía a años de trabajo". Aquella primera tentativa de literatura láctea desembocó en el nacimiento de Bustos Domecq, el nombre con el que los dos amigos firmaron varias colecciones de cuentos policiales en los que, según Borges, él ponía los argumentos y Bioy, "las frases".

Lo mismo cabría decir de las notas que el propio Bioy Casares dedicó en sus diarios al autor de El Aleph. En efecto, aquél puso los argumentos y éste, las palabras a lo largo de centenares de encuentros consignados la mayoría de las veces con el mismo encabezamiento: "Come en casa Borges". De las 20.000 páginas de cuadernos íntimos que Bioy escribió a lo largo de su vida, su relación con Borges ocupa 1.700. Son las que antes de morir, en 1999, preparó para su publicación con la ayuda de Daniel Martino, su albacea. El resultado es un vibrante adoquín lleno de nombres pero sin índice onomástico que, con el escueto título de Borges, la editorial Destino publicará en todo el mundo de habla hispana el próximo día 19. Aunque el libro se extiende entre 1931 y 1989, la verdad es que Bioy resume los 15 primeros años en una decena de páginas. Eso sí, brillantes. Son los tiempos del primer encuentro, de la cuajada, la fundación de revistas y editoriales efímeras y de la boda, en 1940, entre Adolfo Bioy Casares y la también escritora Silvina Ocampo. El padrino fue, por supuesto, Borges.

Como era de esperar, los diarios borgianos de Bioy están llenos de literatura. Cena tras cena, los dos escritores van alimentando lo que en una entrevista el propio Borges admitió como una profunda amistad "sin intimidad" cuya piedra angular eran los libros. Así, si Georgie se consideraba irónicamente "un viejo discípulo" de Adolfito, éste reconoce nada más abrir sus anotaciones que su amigo le hizo comprender la inutilidad de la libertad total, "la libertad idiota" que había defendido literariamente hasta entonces. Por supuesto, donde hay literatura hay literatos. Así, por aquella mesa pasó también la admiración por los clásicos "queribles" -Stevenson, Kafka, Cervantes, Montaigne- y el desdén por contemporáneos como Ortega, Baroja, Juan Ramón Jiménez -los suecos del Nobel "son mejores para inventar la dinamita que para dar premios"-, Alberti -Marinero en tierra "es una porquería"-, Sábato -"su conversación es anecdótica, sin pensamiento"- o Augusto Roa Bastos -"un subalterno"-.

Con todo, en casi 2.000 páginas cabe mucha literatura pero también mucha vida. Caben los temores de Borges a no ser reconocido por los porteros de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires cuando fue nombrado director en 1955 y caben los crecientes problemas de retina que terminarían en ceguera. Y cabe, con cuentagotas, la política, más la internacional que la doméstica pese al peronismo y al golpe militar de 1976. Así, durante la guerra de los Seis Días, el autor de El libro de arena arremete contra los que defienden la causa árabe frente a Israel: "Los fascina la bajeza [...] Si hubiera una guerra entre suizos y lapones todos serían partidarios de los lapones [...] Los árabes de hoy no son los que levantaron la Alhambra", decía Borges.

Reconocido seductor, Bioy relata menos sus propias aventuras que las tormentosas relaciones de su amigo, que en 1967 se casa con Elsa Astete. "Pongo mi destino en manos de una desconocida", recuerda que dijo Borges. Una desconocida a la que Bioy encuentra ignorante pero respetuosa, "en actitud de sierva enamorada". Cuando llega el turno de María Kodama -con la que Borges, divorciado de Astete, se casó en Ginebra poco antes de morir en 1986-, el tono de las anotaciones no ahorra acritud. Al principio Bioy evita azuzar las inquinas desatadas contra Kodama, a la que algunos consideraban responsable de que el escritor muriera lejos de sus amigos argentinos: "Borges me dijo que para morir da lo mismo un sitio que otro. Y qué lujo: tener un amor, y aun mal de amores a los ochenta y tantos". Pasado el tiempo, cambian las formas: "María es una mujer de idiosincrasia extraña; acusaba a Borges por cualquier motivo; lo castigaba con silencios (recuérdese que estaba ciego); lo celaba (se ponía furiosa ante la devoción de los admiradores). Junto a ella vivía temiendo enojarla". El diario se cierra con un último recuerdo. Antes de morir, alguien grabó a Borges cantando tangos. Y Bioy apunta: "Dicen que en esa grabación Borges ríe con la risa de siempre".

J. RODRÍGUEZ MARCOS  -  Madrid

El País.es

No me lo puedo creer

FÉLIX DE AZÚA

De esto hace ya cinco años, pero la semana pasada lo recordé y he podido reconstruirlo con un poco de paciencia. En diciembre de 2001, Raymond Tallis lanzaba una sorprendente acusación contra Michel Foucault, con la excusa de comentar un libro que exponía una posible historia de la falsedad. El artículo venía anunciado en la portada del Times Literary Supplement, lo que le daba un carácter marcadamente solemne.

El argumento de Tallis era un clásico: a su entender, Foucault nunca creyó seriamente en su propia formulación teórica de que las "verdades objetivas" no eran sino manifestaciones del poder dominante y por lo tanto tan relativas y efímeras como el poder mismo. Sin embargo, luego añadía un contraargumento. Basándose en la biografía de Foucault escrita por David Macey, afirmaba que cuando en 1980 el filósofo fue advertido por sus colegas americanos sobre una peligrosa enfermedad que afectaba sobre todo a los homosexuales, éste reaccionó como si de verdad creyera en sus propias teorías: no hizo el menor caso, lo consideró una intoxicación homofóbica, la típica "verdad" creada por los media al servicio de un poder represivo, un cuento de terror para impedir la libre circulación sexual, etcétera. Era entonces profesor invitado en Berkeley y pasaba una de sus etapas más eufóricas y de mayor promiscuidad sexual.

Todo lo cual sería materia de confesionario o basura para la prensa del chisme, de no ser porque una vez infectado por el virus siguió sin admitir la existencia del sida y consecuentemente no avisó a ninguno de sus colegas sadomasoquistas, ni siquiera en el año de su muerte, en 1983. Convertido en mártir de sus propias convicciones relativistas, el problema era que había creado, de paso, un buen número de mártires involuntarios que quizás se hubieran salvado de haber sido diagnosticados a tiempo. El relativismo de Foucault le había costado bastante caro a un montón de gente a la que supuestamente apreciaba.

Como era de esperar, uno de sus amigos, Richard Sennett, replicó que todo era un montón de mentiras y que Foucault estaba demasiado ocupado trabajando como para convertirse en una fiera predadora. Muy al contrario, decía Sennett, el filósofo se encontraba tan delicado de salud en sus últimos tres años que no podría haber mantenido relaciones sexuales ni aun queriendo. Aunque, eso sí, le encantaba alardear como si las tuviera. De un modo impecable, la respuesta al puritano Sennett vino del departamento de sociología de la universidad de Brighton. Confirmaban que Foucault jamás se había apeado de sus convicciones relativistas, no había admitido la existencia del sida, pero que era imposible conocer su comportamiento sexual de los últimos años como no fuera mediante testigos directos, así que si Sennett sabía algo (algún fact) tenía la obligación de comunicarlo.

La verdad es que el problema no es fácil de formular y tiende a deslizarse por la vía del chismorreo, pero es un buen ejemplo de la responsabilidad del intelectual, esa criatura habitualmente irresponsable. ¿Deben los teóricos respetar sus propias teorías? ¿Las invalida un comportamiento contrario a las mismas? ¿Por qué es muy grave que un congresista americano defensor del menor resulte un pederasta, pero no lo es que Brecht, paladín de los explotados, explotara a sus amantes, las hiciera trabajar como mulas, y no les pagara un duro?

El caso es retorcido porque un relativista moral como Foucault mantiene que la doblez moral no sólo no invalida la teoría sino que la confirma, de modo que la inmoralidad de algún moralista como Brecht no es sino la prueba del nueve del relativismo moral. Por eso daba tanta risa la intervención de otro defensor del fallecido, Hill Luckin (18 enero), el cual afirmaba que Foucault no había sido "un relativista absoluto" y que no había que exagerar. En efecto, a todos nos gustaría saber qué es un "relativista relativo".

La cuestión quedó más ordenada y elegante gracias a John Hargreaves, el cual escribió que si alguien cree seriamente "que el conocimiento científico, como todo conocimiento, es un constructor lingüístico y por tanto sólo es una justificación del poder", entonces la destrucción de vidas humanas que podrían salvarse es algo inevitable. No se está hablando, en consecuencia, de un episodio privado con algunas perso

-nas muertas "por una infección sociolingüística", sino de las muchas que morirían si se aceptara el relativismo seriamente, políticamente. Si el relativismo penetrara en la estructura administrativa de la sociedad, la destrucción sería inevitable. Y quizás es lo que está sucediendo. El islamismo ha llegado en el momento adecuado.

Una semana más tarde Ian James trataba aún de salvar a Foucault tirando por elevación. Según decía, el relativismo arrancaba de la fenomenología de Husserl y llegaba hasta su desenlace en Heidegger. La mención de los padres desviaba la culpa del hijo y ponía al relativismo en un área prohibida para los empiristas, idealistas, positivistas y en fin para todos aquellos que no fueran relativistas. La consecuencia era que la verdad de Foucault sólo es verdadera para los foucaultianos lo cual, sin duda, confirma el relativismo de Foucault.

El círculo me parecía ya excesivamente vicioso. Cuando dos números más tarde regresó Raymond Tallis para pulverizar a Sennett y a Wright, abandoné la querella. Quizás ha tenido alguna continuación interesante. En todo caso, y a la vista del intercambio, parece evidente que, en resumidas cuentas, los partidarios de la verdad objetiva pueden ser informados de sus errores mediante razonamientos verdaderos (en los cuales creen), en tanto que un relativista no puede ser convencido de absolutamente nada porque cualquier razonamiento que debilite su posición entrará a formar parte de los "discursos de confirmación del poder". Incluido el suyo.

He recordado esta bella batalla, digna de una novela, pensando en aquellas otras batallas entre comunistas y demócratas en tiempos de Foucault, cuando ambas palabras designaban a individuos reales. Cualquier argumento o dato (fact) que debilitara la utopía comunista, por ejemplo la barbarie estalinista o el totalitarismo de Castro tan similar al franquista, era inmediatamente considerado un argumento pro yanqui y descartado con una risita de superioridad. Lo mismo sucede, en la actualidad, con los ideólogos del nacionalismo: es inútil razonar con ellos si no es para coincidir de inmediato y en todo lo que exponen. Cualquier dato, hecho, argumento o razonamiento que debilite su creencia es inmediatamente interpretado como infección sociolingüística del nacionalismo enemigo.

Por una pelmaza deriva de los astros, veinte años después de muerto Foucault la totalidad de la vida política española se ha hecho de un relativista que deja a Foucault como un teócrata. Tiene mucha gracia que se enfrenten dos posiciones de las que no hay una que defienda la razón o la verdad o algo similar y otra que la relativice, sino que ambas defienden la inexistencia de verdad, razón o algo similar en el terreno moral. Ambas saben que sus discursos sobre la justicia, el derecho, la patria o la libertad son una mera defensa del poder que administran y que la "verdad" se construye relativamente al discurso enemigo. Si el enemigo habla a favor del filete de buey, nosotros nos haremos furibundos vegetarianos. Y si, aunque sea contradictorio, aboga por los derechos de los animales, nosotros seremos humanistas a rajatabla.

Y no es cinismo, como en tiempos de Maura, sino auténtico y fundado relativismo. Por decirlo de un modo educado, es un cinismo con estudios de secundaria. Confiemos en que no provoque muchas víctimas. Sobre todo entre sus propios partidarios.


 

14 de octubre de 2006

14 de octubre de 2006

José María Calleja es un periodista que vive con escolta y lejos de su tierra. Su terrible delito no es otro que una honestidad personal grande y una valentía casi imprudente frente a los violentos. José María Calleja es uno de los fundadores de Basta YA, junto a Savater, y una de las primeras personas que desde la mismísima ETB se enfrentó al nacionalismo  gobernante en su tierra( lo que le costó salir de aquella televisión y de su ciudad).

Profesor universitario en Madrid, redactor jefe de CNN+ y tertuliano en radios y televisiones donde sus opiniones suelen levantar ronchas, además de articulista en diversos periódicos, Calleja se ha convertido en un símbolo de la situación que vivimos: ha pasado a ser un traidor para esa derecha rancia que entiende como única posibilidad decir amén a todo cuanto señalan y ordenan. La razón única es su apoyo al proceso de paz.

Ahora Calleja está amenazado por todos los violentos que en España campan por sus calles. Algunos de estos desalmados salen en televisión sonrientes o escriben en periódicos. Uno de ellos es ese ultra que junta palabras en El País y que se llama Herman Tertsch, personaje siniestro y cobarde que suele hacer del insulto su único argumento. Cercano a posiciones de la derecha extrema, se ha dedicado últimamente a ir contra Calleja por su *traición a la causa*. Así ha conseguido terminar con el blog de Calleja en Basta YA ( continúa el de Rosa Díez, evidentemente, a salvo por los *suyos*) por el método de la llegada masiva de multitud de mensajes filofascistas que han terminado por hacer imposible la participación en el mismo. Lo mismo hicieron con anterioridad con el blog de Eduardo Madina, diputado del PSOE, víctima de ETA, a quien un ataque masivo de niñatos a su blog le obligó a cerrarlo durante varios días. ¿Quién puede decir que en España no hay extrema derecha?

Puedo discrepar en algunas opiniones de Calleja pero siempre estaré a su lado cuando de lo que se trata es de defender- y defenderse- de estos nuevos fascistas que pretenden devolvernos a la España más negra y mísera.

Torturas en la comisaría del distrito de Groznenski

Torturas en la comisaría del distrito de Groznenski

"La mayoría de los jóvenes chechenos han sido condenados por terrorismo en causas amañadas o sin pruebas"
Anna Politkóvskaya  

Cada día tengo ante mí decenas de carpetas. Son las copias de los expedientes de las causas penales de personas encarceladas o que se encuentran bajo investigación por "terrorismo". ¿Por qué la palabra "terrorismo" entre comillas? Porque la mayoría de esas personas han sido designadas terroristas. Y esta práctica de "designar terroristas" no sólo desplazó en 2006 la verdadera lucha antiterrorista, sino que comenzó a multiplicar a los deseosos de venganza, a potenciales terroristas. Cuando la fiscalía y los tribunales trabajan no en aras de la ley ni para castigar a los culpables, sino por encargo político y para rendir cuenta antiterrorista al Kremlin, las causas penales se fabrican como tortillas.

La cadena de montaje para "conseguir confesiones" garantiza de manera magnífica buenos indicadores de "lucha contra el terrorismo" en el Cáucaso del Norte. He aquí lo que me escribieron las madres de un grupo de jóvenes chechenos condenados: "Las prisiones reformatorias se han convertido en campos de concentración para los jóvenes chechenos que han sido condenados. Son discriminados por motivos étnicos".

"No les permiten salir de las celdas ni de los calabozos de castigo. La mayoría o casi todos los jóvenes han sido condenados en causas amañadas, sin pruebas. En condiciones de extrema crueldad, sometidos a humillaciones de su dignidad humana, ellos comienzan a odiar. Y es todo un ejército de hombres que volverán adonde nosotros con sus vidas y sus mentes destrozadas...".

Honestamente, temo su odio. Temo, porque rebasará los márgenes. Tarde o temprano. Y no serán los investigadores que los torturaron quienes pagarán los platos rotos. Las causas de los "terroristas designados" es el campo en el que chocan frontalmente dos posturas ideológicas sobre lo que ocurre en la zona de la "operación antiterrorista en el Cáucaso Norte": ¿combatimos la ilegalidad con la ley? ¿o golpeamos con nuestra ilegalidad la de ellos? Estos dos enfoques chocan y sacan chispas hoy y también lo harán en el futuro. Como resultado de la "designación de terroristas" aumenta el número de aquellos que no quieren conformarse con ello.

Hace poco, Ucrania extraditó a petición rusa a Beslán Gadáyev, detenido a comienzos de agosto durante una verificación de documentos en Crimea, donde vivía en condición de desplazado forzoso. He aquí unas líneas de una carta suya fechada el 29 de agosto: "... Después de que me extraditaron de Ucrania a Grozni me llevaron a un despacho y me preguntaron inmediatamente si yo había matado a la gente de la familia Salíjov, a Anzor y a su amigo, un camionero ruso. Juré que no había matado a nadie y que no había derramado la sangre de nadie, ni del checheno ni del ruso. Me dijeron: 'No, tú los mataste'. Volví a negarlo. Después de que por segunda vez dije que no había matado a nadie comenzaron a golpearme. Primero, me dieron dos puñetazos en la zona del ojo derecho. Cuando recuperé el sentido despúes de esos golpes me torcieron los brazos y me esposaron con las manos por delante, y entre las piernas, por el costado, introdujeron un tubo para que yo no pudiera mover los brazos aunque ya estaba esposado. Luego me cogieron, mejor dicho cogieron el tubo por el extremo al que yo estaba enganchado y me colgaron entre dos cajoneras, a una altura de cerca de un metro.

"Inmediamente después de que me colgaron me fijaron unos cables en los meñiques de las manos. Un par de segundos después comenzaron a darme golpes de corriente eléctrica y a golpearme con porras de goma por todas partes. Sin poder soportar el dolor, empecé a gritar y a invocar el nombre del Todopoderoso. Como respuesta, para no oír mis gritos me pusieron una bolsa negra en la cabeza. No recuerdo cuánto tiempo duró aquello, empecé a perder el conocimiento del dolor. Al ver que perdía el sentido me quitaron la bolsa de la cabeza y me preguntaron si iba a hablar. Les dije que sí, aunque no sabía de qué iba a hablar. Les contesté así para librarme del suplicio aunque sea por un momento".

"Me descolgaron y me arrojaron al piso. Me dijeron: 'Habla'. Les respondí que no tenía nada que decir. En respuesta a mis palabras me golpearon con el tubo en el que me habían colgado también en la zona del ojo derecho. A causa de los golpes caí sobre un costado y, ya casi inconsciente, sentí cómo seguían dándome golpes por doquier... Otra vez me colgaron y todo volvió a repetirse. No recuerdo cuanto se prolongó. Me arrojaron agua varias veces"

"Al día siguiente me bañaron, me embadurnaron la cara y el cuerpo con algo. A la hora de almuerzo vino a verme un policía de civil y me dijo que habían venido unos periodistas y que yo tenía asumir la autoría de tres asesinatos y un asalto. En caso de que no lo hiciera me amenazó con que abusarían sexualmente de mí. Acepté. Después de la entrevista con los periodistas, me obligaron a firmar una declaración en que se decía que todos los golpes los había recibido durante un intento de fuga..."

El abogado Zaúr Zakríyev, que defendió a Beslán Gadáyev, declaró a los colaboradores de (la organización de derechos humanos) Memorial que en la comisaría del distrito de Groznenski su defendido fue sometido a abusos físicos y psicológicos. Como se desprende de la declaración del letrado, su defendido se declaró culpable de un asalto en 2004 contra efectivos policiales. Sin embargo, los agentes del Departamento Distrital del Ministerio de Interior decidieron que se declarara culpable de una serie de delitos en la aldea Stárie Ataguí (distrito de Groznenski) que él no había cometido.

Según el abogado, el cuerpo de su defendido presenta lesiones causadas por los crueles malos tratos a los que fue sometido. En la enfermería del centro de detención preventiva Nº1 de Grozni, donde actualmente se encuentra Gadáyev (acusado de bandidismo, artículo 209 del Código Penal de Rusia), se levantó un acta médica en la que se dejó constancia de multiples lesiones, cicatrices, magulladuras, hematomas, costillas rotas y visceras comprometidas.

Por todas estas violaciones flagrantes el abogado Z. Zakriev presentó una queja ante la Fiscalía de la republica de Chechenia...

PS. Aquí termina el artículo de Politkóvskaya. Quedó inconcluso. La Redacción de

Nóvaya Gazata intenta esclarecer qué episodios quedaron fuera del texto.

 

Nota de la Redacción de 'Nóvaya Gazata

Todos nos preguntan si el asesinato de Anna Politkóvskaya está relacionado con la preparación de su artículo sobre las torturas, que anunció durante su entrevista a radio Libertad el 5 de octubre, un día antes de su muerte. Hoy en esta página publicamos fragmentos del material que nuestra comentarista dejó inconcluso. Se trata del testimonio directo del uso de las torturas, confirmado por los exámenes médicos. Además, Politkóvskaya recibió un vídeo en el que se ve a supuestos miembros de los servicios secretos chechenos torturando a dos jóvenes. Del cuello de uno sobresale un cuchillo y sangra abundantemente; el otro yace en el suelo malherido. Pedimos a la persona que le envió el vídeo que contacte con nosostros. La filmación la hicieron los mismos verdugos.