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el mundo fragmentado

Esta tarde murió en Ginebra

Esta tarde murió en Ginebra

ADOLFO BIOY CASARES  

 - 1986. Viernes 14 de febrero. Ferrari me dice que está preocupado por la falta absoluta de noticias de Borges. [...] Al rato me confiesa que Fanny le contó que según el nuevo médico Borges está en una clínica, probablemente en Ginebra. Borges me dijo: "No estoy nada bien. No sé cómo me irá. Tanto da morir en una parte o en otra". A Fanny le habría dicho: "Ojalá que en este viaje me muera". (Sin embargo, últimamente Borges recordaba el proverbio chino que dice: "No hay hombre tan joven que no pueda morir mañana, ni hombre tan viejo que no pueda vivir un año". ¿No es que desea morir? Pienso que proclama eso porque es más fácil expresar el deseo de morir que el deseo de seguir viviendo. Además, el que desea la muerte es un filósofo valiente y el que desea seguir viviendo es un mentecato ofuscado y ególatra).

- Lunes 12 de mayo. Hoy hablé con Borges, que está en Ginebra. A eso de las nueve, cuando íbamos a tomar el desayuno, llamó al teléfono. Silvina atendió. Pronto comprendí que hablaba con María Kodama. Silvina le preguntó cuándo volvían: María no contestó a esa pregunta. Silvina habló también con Borges y volvió a preguntar: "¿Cuándo vuelven?". Me dio el teléfono y hablé con María. Le comuniqué noticias de poca importancia sobre derechos de autor (una cortesía, para no hablar de temas patéticos). Me dijo que Borges no estaba muy bien, que oía mal, y que le hablara en voz alta. Apareció la voz de Borges y le pregunté cómo estaba. "Regular, no más", respondió, "Estoy deseando verte", le dije. Con una voz extraña, me contestó: "No voy a volver nunca más". La comunicación se cortó. Silvina me dijo: "Estaba llorando". Creo que sí. Creo que llamó para despedirse.

- Sábado 14 de junio. Después de almorzar en La Biela, con Francis Korn, decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear. Un individuo joven, con cara de pájaro, me saludó y me dijo, como excusándose: "Hoy es un día muy especial". Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: "¿Por qué?". "Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra", fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino. Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: "Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez". Pensé: "Nuestra vida transcurre por corredores entre biombos. Estamos cerca unos de otros, pero incomunicados. Cuando Borges me dijo por teléfono desde Ginebra que no iba a volver y se le quebró la voz y cortó, ¿cómo no entendí que estaba pensando en su muerte? Nunca la creemos tan cercana. La verdad es que actuamos como si fuéramos inmortales. Quizá no pueda uno vivir de otra manera. Irse a morir a una ciudad lejana tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces deseé estar solo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quiere ocultar".

12 de octubre de 2006

12 de octubre de 2006

De azul he vestido mis horas

De azul junto a un grito.

Un grito azul que ha

llenado mi carne y dibujado

un rostro de locura

Manto de seda,

oculta travieso su mensaje

de gloria

* Te traigo un recuerdo

bajo un grito vestido de

azul entre las horas*

y ha llenado mi carne.

Penetró mi pie con su pie

y penetró mi cintura con su nieve

Penetró mi corazón diciendo:

*Sí, eso es*

De este modo el Cuerpo de la Soledad

fue cubierto por fuera,

y por dentro

El Cuerpo de la Soledad fue abrazado.

Ahora cada vez que trato de respirar,

le susurra a mi ahogo:

*Sí, amor mío, eso es, eso es*

11 de septiembre de 2006

Bono rechaza ser el candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid

El ex ministro de Defensa mantiene su decisión de permanecer alejado de la vida política

ELPAIS.es / AGENCIAS  -  Madrid

ELPAIS.es  -  España - 11-10-2006

José Bono no será el candidato de los socialistas a la alcaldía de Madrid, según han informado fuentes del PSOE. Ayer por la mañana, el político castellano-manchego reconocía que le "agradaba" el ofrecimiento porque "a nadie le amarga un dulce", lo que llevó a pensar que podía encabeza el cartel del PSOE. Finalmente, Bono mantiene su decisión de permanecer alejado de la vida política, que adoptó en abril pasado cuando dimitió como ministro de Defensa. Preguntado ayer por la mañana en Madrid por el ofrecimiento del PSOE para ser el rival del popular Alberto Ruiz Gallardón en las elecciones municipales de mayo, Bono dijo: "Debo decirle que es algo que, personalmente, me agrada. No me amargan los dulces. Me alegra que en mi partido se acuerden de mí para un puesto de esa importancia".

Y continuó: "La decisión sobre los candidatos electorales corresponde en primer lugar al partido y el partido sabe que yo quiero estar en una segunda línea, que soy militante del partido y que debe tomar las decisiones oportunas". Con esta y las siguientes declaraciones, Bono se ponía a disposición del partido. "Ahora el partido en Madrid, y el partido a nivel federal y el presidente del Gobierno tienen que tomar las decisiones que crean oportunas; yo no creo que deba adelantarlas, ni alimentar ningún tipo de especie que no he promovido".

 

A partir de estas consideraciones, el alborozo reinó en el PSOE, tanto en la dirección federal como en la ejecutiva de Madrid. En esos ámbitos pasaron por alto las primeras consideraciones de Bono respecto a que él había abandonado la primera línea de la política, voluntariamente, para dedicarse "más a su familia". Esta cierta disposición se produjo un día después de que Bono mantuviera una entrevista en La Moncloa con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Al anochecer del pasado lunes, después de una larga entrevista entre ambos, Zapatero despidió a Bono advirtiéndole de que no renunciaba a convencerle y que en la próxima reunión, sin fijar la fecha, daba por seguro que su ex ministro pronunciaría el sí, según han señalado fuentes gubernamentales a EL PAÍS.

 

El presidente del Gobierno, aún sin candidato para las elecciones de mayo en Madrid, ha estado presionando a Bono para que aceptara la candidatura. Cuando hace seis meses Bono se retiró del Gobierno, Zapatero anunció: "Si él quisiera, no se iría. Me encargaré personalmente de que su retirada de la política no sea definitiva". José Bono desveló en septiembre que Zapatero le había ofrecido ser candidato a la alcaldía de Madrid. "Ni soy de Madrid, ni vivo en Madrid. Nunca me han gustado los paracaidistas en política", replicó Bono, según su propia confesión.

 


 

11 de octubre de 2006

11 de octubre de 2006

Supongo que el PSOE presenta a BONO a la alcaldía de Madrid buscando el voto de las señoras de la calle de Serrano. De otra forma no lo entiendo. La derecha cutre madrileña ( la versión provincial es aquella que se hace llamar nacionalista) se la tiene jurada a don Alberto, un político al modo europeo tan escaso en nuestra tierra como el agua de la lluvia. Escaso en la derecha, digo ( y en bastante izquierda).

Bono es un cristiano socialista, o un socialista cristiano, según sus propias palabras. Pero Bono, por encima de todo, es un demagogo (igual es que la demagogia va implícita en los socialistas creyentes, pero no quiero ser malvado) que lleva todo su discurso a un populacho de charanga y pandereta donde las damas del comité nacional de salvación se dan de besos con los pobres de la tierra.

Siente a un pobre a la mesa estas navidades sería un buen lema para la campaña de BONO.

Con Izquierda Unida desaparecida en combate, el dilema BONO/GALLARDON es para mear y no echar ni gota, como dicen en mi pueblo.

También indica el nivel de deterioro de la izquierda española que ya sólo entiende su discurso a golpes de publicidad en televisión y encuestas.

¡Qué asco!

10 de octubre de 2006

10 de octubre de 2006

En la región autonómica de Madrid, un periodista de la autonómica televisión le hace una entrevista a la Presidenta regional :

Yanke: "Madrid se le queda pequeño y usted a quien quiere tener enfrente es al presidente del Gobierno".

Aguirre: "No me gusta que usted compre el discurso del Partido Socialista porque es absolutamente falso".

Yanke: "Compro el que me parece mejor. (...) ¿Cree usted..?"

Aguirre: "Creo que compra usted el discurso de nuestros adversarios". (...)

Yanke: "Ahora voy a intentar comprar el discurso de todos".

Aguirre: "No, no. Compre el del adversario. A mí lo que me gusta es debatir".

Yanke: "Le aseguro que no he comprado nada.En todo caso, me lo han regalado".

Aguirre: ·Comprar entre comillas. No se pique, señor Yanke". (...)

Yanke: ·¿Lo ha pasado bien?·.

Aguirre: "Muy bien. Si a mí me encanta que compre el discurso del adversario".

Yanke: "Compro el discurso que en cada ocasión me parece más oportuno".

Aguirre: "Me parece fantástico".

Yanke: "Muchísimas gracias por haber estado aquí y hasta muy pronto".

Aguirre: "A usted. Hasta muy pronto".

 

El periodista, director del informativo estrella de la noche en Telemadrid, es obligado a marcharse de la casa pocos días después.

Germán Yanke es un periodista de derechas, es decir, en palabras de Aguirre, "uno de los nuestros". Si eso hacen con uno de los "suyos" no quiero ni pensar qué estarán haciendo con uno de los "no-suyos".

Pánico produce esta derecha. 

 

 

9 de octubre de 2006

Diferenciaba  Marsé entre literatura y *vida literaria*, entendiendo por esta última todo aquello que rodea a la literatura, incluído el chisme, que nada dice o aporta a la calidad de una obra. Si leemos los suplementos culturales, literarios, de muchos periódicos, vemos que están más atentos a esa *vida literaria* que al propio hecho literario, es decir, la literatura.

Porque también es *vida literaria* publicitar únicamente las novedades que saltan al mercado, convirtiéndose los periódicos en un escaparate del mercado como si de puestos de frutas o pollos se tratara. Muchas de las librerias de hoy día emplean su mayor tiempo en recepcionar y devolver libros sin tiempo  para que el lector pueda *contemplar* la mercancia que le llega desde los puertos de la creación. La literatura actual no tiene más vida que los alimentos o los propios periódicos y mucha menos que los coches, las casas o la pintura que compramos en aquel mercadillo. Es una literatura basura- aunque no sea una basura de literatura en todos los casos- a la que es imposible sobrevivir sometida a una velocidad de consumo que ni los Fernando Alonso de la lectura pueden soportar.

Pasarán los años y mucha de esta literatura habrá desaparecido y sólo quedará de ella el dato estadístico o un número en el ISBN. Esperemos que dentro de 100 años alguna editorial virtual, cargada de mucha generosidad,  recupere algo de lo que actualmente se está creando en la literatura, aunque sólo sea para saber que no tuvo tanta importancia la enorme pérdida. Así podremos dormir tranquilos con nuestra ansiedad de lectores.

La sonda espacial 'Opportunity' toma una espectacular fotografía de un cráter de Marte

La sonda espacial 'Opportunity' toma una espectacular fotografía de un cráter de Marte

El País.es

La nueva sonda Opportunity, de la agencia espacial estadounidense NASA tomó una espectacular fotografía del robot explorador Mars Reconnaissance Orbiter (MRO por sus siglas en inglés) posado sobre el borde de un cráter. El MRO llegó al planeta rojo en marzo, y ahora se encuentra en una posición adecuada para iniciar investigaciones científicas. Sus imágenes del cráter Victoria les permitirán a los científicos estadounidenses decidir a dónde hay que enviar al Opportunity para realizar un estudio de campo.

Visto desde una altura de 297 kilómetros, el robot de 2,3 metros de ancho parece un puntito. "Éste es un gran ejemplo de cómo nuestras misiones a Marte, tanto a su órbita como a su superficie están diseñadas para complementarse entre sí y aumentar nuestra habilidad de explorar y descubrir", afirmó Doug McCuistion, director del programa de exploración a Marte en Washington.

 

Vistas complementarias

 

Durante los últimos 21 meses terrestres, la sonda Opportunity ha estado acercándose al cráter Victoria. El cráter tiene paredes altas con capas de rocas expuestas que pueden dar a los científicos nueva y significativa información sobre el pasado geológico del planeta.

 

El robot ya ha encontrado evidencia de peso de que la región del planeta en la que se encuentra, el Meridiani Planum, estuvo cubierta por aguas poco profundas hace millones de años. Se espera que la investigación sobre las rocas en el cráter Victoria pueda aportar más datos para completar la historia.

 

El principal investigador del programa, Steve Squyres, ha declarado que el Opportunity llevaría a cabo una breve misión de reconocimiento del borde antes de que se tome la decisión de ingresar o no dentro del cráter. "La combinación de una vista aérea y una desde el suelo es mucho más poderosa que cualquiera de las dos solas", señaló Squyres. "Si uno fuese un geólogo conduciendo un todo terreno hasta el borde de un cráter, lo primero que haría sería mirar la foto aérea que uno tomó y usarla para entender lo que uno está mirando desde el suelo. Eso es exactamente lo que estamos haciendo aquí".

 

Antes de tomar una decisión, los científicos quieren determinar si las laderas que llevan al interior del cráter son lo suficientemente firmes como para que el Opportunity pueda salir, una vez que esté adentro.

 


 

8 de octubre de 2006

8 de octubre de 2006

Un restaurante de Madrid ha rehusado acoger el banquete de boda de una pareja homosexual por "política de empresa". Los contrayentes querían celebrar su boda en este local, La Favorita, situado en la calle Covarrubias, en el madrileño distrito de Chamberí, pero, tras consultar la disponibilidad del mismo, sus dueños les indicaron que no iba a ser posible. Un portavoz de la empresa ha explicado que no existe discriminación pero ha insistido en que hay que respetar las opiniones de todo el mundo. Desde el restaurante se asegura que su intención no ha sido molestar a nadie y que respeta las opiniones de esta pareja.(Efe)

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Artículo 14

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Es en esa imposibilidad casi metafísica de un sector de nuestra sociedad para entender ese artículo 14 de nuestra Constitución donde se encuentra el origen de todos estos actos de homofobia.

No es una cuestión de opinión, de "política empresarial", como dice en la noticia el restaurante, o de discrepancia de opiniones. Se trata del cumplimiento de la ley en lo referente a derechos y libertades de los ciudadanos. Derechos fundamentales de la persona. La ley.

 

A LA OTRA ORILLA.

A LA OTRA ORILLA.

 

Me desperté creyendo que estaba en La Habana y Olguita, la camarera del Hotel Plaza, golpeaba con sus nudillos la puerta, dispuesta a adornar mi cama con un cisne de felpa blanca. Pero no, no estaba en Cuba. Los amaneceres son muy diferentes a la otra orilla del Atlántico.

La hora del desayuno tocaba a su fín .El tiempo que podía invertir en utilizar el comedor resultaba incalculable .En este detalle sí me parecía estar en Cuba.

Llegué “just in time” al desayuno. Me esperaba una mesa libre.¡Augurio de un feliz día!

Café, leche, pan tostado y mermeladas varias sobre el mantel de cuadros, bordado a manchas. Apuré las últimas caladas del cigarrillo y me dispuse a emprender el rito iniciático que me había llevado allí: bajar a la playa.

El mar me esperaba a una distancia lo suficientemente larga para ir a pié. ¡Adiós  adorada sombra del parking! En los futuros días estaría condenada a achicharrarme bajo el sol abrasador y dentro de mi coche.

En apenas dos minutos que duró el trayecto, afloró esa nostalgia de las pequeñas cosas La silla de playa, alta, enjuta, de loneta a rayas decidió hacer rabona esa mañana y quedarse escondida tomando el fresco mañanero, al amparo del toldo  de la terraza de la habitación del hotel.

Miré mi reloj, las doce del mediodía . Abrazaba una tumbona conseguida a cambio de diez euros, protegida por un chamizo de cañas, toneladas de aceite bronceador y unas gafas de sol.

La felicidad no es un estado permanente, ni siquiera para los imbéciles. Es una sensación, un fantasmita, un soplo.

Llegaron mis vecinos de tumbona. El abuelo, la abuela, el padre, la madre y dos criaturas que me saludaron llenando de arena mi toalla y mi espalda. Los abuelos con una sabiduría esculpida en años nada más llegar se durmieron. El viejo roncaba. El padre , instalado en el único espacio libre entre la enorme nevera portátil  y el resto de la familia , intentaba leer. De cuando en cuando amenizaba su lectura entonando la nueva canción del verano ¡Niños estaos quietos, que a la próxima os caliento!.

Yo soñaba con que a esas criaturas les gustase el agua, jugar con las olas, corretear por la orilla, levantar húmedos castillitos de arena....Nada de eso .No se movieron de mi lado en todo el tiempo. Resultaron ser de secano .Dije adiós al mar y allí seguían.

Llegué ilesa al coche .Cientos de peregrinos iniciaban el camino de vuelta en dirección al parking.

A las dos y media crucé de nuevo el umbral del comedor .Sólo era cuestión de abrirse paso entre aquella multitud hambrienta, que cambiaba la sopa boba por un vaso de gazpacho, y conseguir una mesa libre.

A las tres y media, tras competir denodadamente en el buffet libre, logré poner a buen recaudo de aquellas alimañas una ensalada alemana, una ternera en su jugo, lo del jugo era metafórico y unas natillas. Tuve que compartir mesa con otro solitario, tras llegar a un pacto culinario para ocupar conjuntamente mesa y así evitar las enfurecidas críticas de la mayoría decididamente partidaria de que ocupar en soledad una mesa constituía un crimen. Numeroso comentarios” si viajan solos, se coman un bocadillo en la tumbona”. Mi partenaire era alemán. Apenas cruzamos las necesarias frases en inglés para devorar rápidamente aquellas viandas, pues todavía había gente esperando mesa.

Era la primera vez y la última que elegía aquel sitio, aquel hotel y aquella forma de pasar mis vacaciones Un pack “todo incluido”: piscina, clases de Aerobic, hora feliz, orquesta nocturna, cercano a la playa, al campo de golf y con privilegiadas vistas. Es cierto que en la lejanía se divisaban gaviotas y que en el plano figuraba cercano un protegido parque natural.

Si terminas de comer a semejantes horas y defiendes la buena costumbre de la siesta, descarta disfrutar de la playa por la tarde, a no ser que con preclara inteligencia, optes por  aterrizar por la orilla a la hora de la puesta de sol. La fisonomía del paisaje cambia por completo. Cada centímetro de arena perfectamente delimitado en pequeños compartimentos, a modo de estadios de fútbol donde poder jugar al fútbol-playa, al voleiball, mientras audiciones de música a toda pastilla provenientes de modernos compactos amenizaban los inicios de la botellona.

El único hueco, donde poder ponerse a salvo de aquella marabunta, eran las rocas. Salpicaba de vez en cuando la marea , al golpear contra ellas, pero siempre resultaba lo menos molesto .Disponías de unos segundos de intimidad y cierto aislamiento.

Cuando la marea subió lo suficiente para obligarme a remangar mis pantalones a la altura de las rodillas, poner a salvo mis sandalias y mi bolsa, decidí retornar a la gran manzana: un pueblecito costero que mutaba sus escasos mil habitantes de invierno por cientos de miles en los meses de canícula.

Opté por caminar en dirección al hotel .Fue tan sólo divisar el edificio del comedor para que mi mente levantase una imaginaria pancarta con el lema” no más hambre” .Me dirigí al bar del hotel y consumí una cerveza y una bolsa de pistachos.

Las habitaciones eran confortables. Me senté en la terraza dispuesta a saborear una buen libro. Esa sería mi única cena.

Mis vecinos de habitación tuvieron la misma idea Un matrimonio de mediana edad a los que tan sólo en un día llegué a conocer como en toda una vida .Desde el baño, la cama y ahora desde la terraza, daban móvil en mano el parte de cuanto les ocurría a sus hijos, familiares y amigos. En esta ocasión ella hablaba con la suegra:”Sí, sí, todo estupendo. La comida abundante, el servicio atento, la playita cerca .Qué falta nos hacía descansar. ”Llegué a dudar si compartíamos el mismo hotel, si habíamos elegido el mismo lugar de vacaciones, si no habrían sido abducidos durante el día a algún esotérico lugar.

Naturalmente no lograba concentrarme en la lectura y además tenía el estómago vacío .Escasa recompensa a cambio para vestirme de nuevo y bajar al bar por una bolsa de pistachos.

Imaginé mi próximo día de vacaciones, al tiempo que contemplaba fíjamente la sillita de playa, aunque sin intención de comérmela. Me entró tal llantina, debía ser el hambre, que tuve que refugiarme en el interior de la habitación para evitar preguntas escabrosas por parte de mis vecinos. No se mantendrían al margen .Ellos seguro preguntarían.

Sin darme cuenta mientras emitía gemidos y devoraba lágrimas , en apenas diez minutos había recogido todo mi equipaje. Abandoné aquella habitación, me dirigía al parking y dispuse en perfecto orden mi maletero.

Sentada al volante en compañía de Vivaldi, con el aire acondicionado a tope, me detuve en la gasolinera y llené el deposito. Me esperaba un largo viaje de placer.

Otro pack, “todo incluido”:ciudad despoblada, reducción de atascos, facilidad para acceder a espectáculos, nada de ruidos, tranquilas visitas al supermercado sin necesidad de prisas, ausencia de continuas llamadas telefónicas, uso alternativo del ordenador, cervezas solitarias en el bar de la esquina. De nuevo mis ojos se llenaron de lágrimas y no precisamente por perderle el cariño a setecientos euros. Un mal día lo tiene cualquiera. El que elegí semejante forma de pasar las vacaciones no fue afortunado. Pero todos alguna vez en nuestras vidas sucumbimos ante “ella”, la dichosa frase, “No hacer nada y que me pongan todo por delante”.

Mereció la pena conducir quinientos kilómetros en busca de la otra orilla .Mi privilegiada, exclusiva, personal e intransferible Marina Dors, ciudad de vacaciones me esperaba con los semáforos abiertos.

Nada mejor al regresar de un largo viaje que devorar una buena lata de Melva en aceite de oliva, regada con una cerveza fría, desparramada sobre el sillón de casa, imaginando olas, rocas, gaviotas y golfistas a cientos de kilómetros, solitaria en el bloque, con los ascensores siempre libres a mi completa disposición, contemplando un excelente reportaje de” la dos” sobre el lince ibérico de aquel protegido parque natural.

7 de octubre de 2006

7 de octubre de 2006

El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, describió ayer en un acto en el seminario de Barcelona los pasos que, en su opinión, debe seguir el proceso de paz en el País Vasco para lograr "una sociedad sin violencia donde coexistan los sentimientos de identidad nacional hasta ahora contrapuestos, y donde se respeten los derechos humanos y colectivos". Uriarte explicó que la Iglesia vasca jugará un papel relevante durante el proceso, ya que "el cristianismo lleva en su código genético la vocación de conciliar a grupos confrontados", precisó. "Los cristianos tienen que preparar la reconciliación, curar las heridas", sentenció Uriarte.

El proceso de paz vive actualmente un momento de "parálisis" tras "una primavera de esperanza", aseguró el obispo, que atribuyó este bloqueo a las "posiciones maximalistas" de todas las partes. "La izquierda abertzale pone como condición necesaria para el diálogo el acercamiento de los presos, y el Gobierno central sigue manteniendo la ley de partidos", dos hechos que, según el obispo, no contribuyen a una aproximación de posiciones. "Hay que sentarse en una mesa, encontrar espacios donde la palabra y la reunión refresquen las esperanzas", concluyó. (El País.es)

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Si nos fijamos detenidamente, el obispo Uriarte no se define sobre qué hacer en el proceso de paz. Mantiene ese tono equidistante que llevan en la sangre estos curitas, genético, pero nada nos dice sobre su postura : si es o no partidario del acercamiento de presos vascos, de la derogación de la ley de partidos, o de santificar esas verdes montañas que desea salvar Otegi de internet.

Su música parece sonar a un rotundo sí, incluso estamos seguros de haberle escuchado decir sí, aunque no sepamos muy bien a qué ha dicho sí, pero la letra nos deja con un palmo de narices a las puertas de saber su opción real.

Las dos partes (A=B), nos dice, se mantienen en sus posturas y así es imposible.

Y es esa sabiduría para saltar por encima de  los charcos, sin que le toque una gota, lo que siempre he admirado de esta iglesia católica tan nuestra.

También su fariseismo para acercarse a los problemas bajo el paraguas de un A=B.

El epistolario del joven poeta

El epistolario del joven poeta

Se publican 400 cartas de Juan Ramón Jiménez, muchas inéditas, en el 50º aniversario del Nobel

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Madrid, primera quincena

de mayo de 1915]

Queridísima mamá:

verdaderamente, no sé qué tiempo hace que no encuentro un rato largo de tranquilidad para poder escribiros despacio como yo quisiera siempre. Se pasan los días, uno tras otro, y siempre corriendo. No sé las cosas que se me han acumulado últimamente y que me tienen sin reposo. También estaba esperando para poder mandar a usted el dinero de estos 3 meses, marzo, abril y mayo. Hasta fin de este mes, en que me pagarán una traducción, no me será posible. He tenido que hacerme ropa blanca, pues desde que me vine, hace dos años y medio, no me había hecho nada y aquí se destroza horriblemente todo. Me he tenido que comprar camisas, calzoncillos y calcetines, y, ahora, hacerme el traje de verano, y el sombrero ¡y qué sé yo! Y como no es posible dejar de hacerlo así... Luego, no es posible moverse sin gastar. Sólo en tranvía se me van 2 pesetas diarias. Esto no es una disculpa. Pero ya le digo a usted que estaba esperando poder avisarle que le enviaba el dinero. Ya le digo a usted que será a fin de este mes. La medallita de Juanito Ramón está lista, pero también estoy esperando cobrar lo que digo, que son 50 duros, para recogerla y pagarla. No me gusta pedir prestado porque aquí no me conviene hacerlo. Al momento se sabe todo, y ya digo que no me conviene. Desde el viaje de diciembre, vengo apurado, y no quiero que aquí se sepa. A ver si en octubre, como espero, me aumentan mi sueldo aquí, y entonces será otra cosa. Yo no quería contarle a usted nada y por eso no le escribía, pero como prefiero contárselo a que crea usted que la olvido, lo hago. Dios querrá que todo venga a bien.

Me pregunta usted por Zenobia. Seguimos como siempre, muy bien; yo, un poco triste porque no puedo casarme ya, como quisiera. Hay que esperar a que todo mejore un poco. Ella es muy buena y me ayuda mucho, en las traducciones del inglés que estoy haciendo. Ahora vamos a dar tres libros, por cuenta nuestra, y espero que ganaremos bastante, pero antes hemos tenido que comprar papel y pagar imprenta, derechos de traducción, etc.; yo, con algo que me prestó Ignacia. Lo que yo gano ahora, apenas si llega a cubrir mis gastos necesarios. Pero para octubre creo que tendré lo suficiente.

A Ignacia, esperando darle noticias, no le he escrito tampoco. Todos los días le pregunto, por teléfono, al procurador, y siempre me responde que no hay nada nuevo. Parece que están rehaciendo los autos. Hormaechea tampoco sabe nada.

Pepe está bien, estudiando bastante. Me dice que esta noche escribirá a su madre. Yo voy a irme a la otra casa, pues como esto está en el campo, para ir y venir hace un calor grandísimo. Ellos no lo sienten, porque sólo salen a las horas en que refresca, y aquí dentro se está muy bien.

A Eustaquio, que he preguntado cien veces lo que quiere, pero nadie me da noticias concretas. Últimamente le he escrito a un ingeniero amigo mío, Orueta, que me dicen que podrá informarme. Aún no me ha contestado. Le escribiré a Eustaquio mañana. Léale usted lo que le digo de la medalla; que no es olvido, sino que estoy apurado y no puedo recogerla hasta dentro de unos días.

Abrazos y besos, y para usted todo el cariño de su hijo que no la olvida un momento,

J. R.

[Madrid, finales de octubre de 1915]

Queridísima mamá:

por su carta vi con gusto que seguíais bien. Nosotros también lo estamos. Me habla usted de su preocupación con motivo de mi nuevo cargo. No tengo la menor intención de dejar la Residencia. Lo probable es que la Casa Calleja y la Residencia se unan en el asunto editorial. Estoy aquí por la mañana y en la Resid por la tarde. Por el momento es bastante trabajo, pero todo se arreglará en cuanto se normalice la marcha de cada cosa. A primero de año sale una revista, La Revista Española, al frente de la cual estoy como redactor jefe. Es de esta misma casa. Será lo mejor que se ha hecho en España en este tipo de cosas. Es mensual y en ella colabora lo más escogido de los hombres ilustres de España y del extranjero. Ya la recibirán ustedes. Y otras muchas cosas.

Volvió Zenobia, muy bien de salud. Y creo que nos casaremos para esta primavera. Dios dirá. A fin de mes le mandaré a usted sus 15 duros. Y cuando pueda más, también.

Recuerdos, abrazos y besos a todos. Para usted el mejor cariño de su hijo que no la olvida nunca

J. R.

El Papa cierra las puertas del limbo

El Papa cierra las puertas del limbo

Las puertas del limbo se cerraron ayer de forma definitiva. En adelante, los niños que mueran sin bautizar quedarán en manos de "la misericordia de Dios" e irán quizá al paraíso. La clausura del limbo comenzó con el catecismo publicado en 1992 por Juan Pablo II, un texto en el que no se citaba el misterioso lugar de frontera donde los niños "no gozan de Dios pero tampoco sufren", en palabras del catecismo de san Pío X. Y ayer se hizo oficial, con la presentación de conclusiones de una Comisión Teólogica Internacional reunida en el Vaticano durante las pasadas semanas.

Benedicto XVI ya había dicho en 1984, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que el limbo era solamente "una hipótesis teológica" utilizada para resolver un dilema que siempre había inquietado a la Iglesia católica: ¿qué pasaba con los niños sin bautizar y con los millones de personas que, nacidas antes de Jesús, habían muerto cuando aún no había sido instituido el bautismo?

El limbo no era una verdad de fe. La "hipótesis teológica" se había introducido en la tradición y había adquirido solidez hasta llegar a las páginas del catecismo, pero su existencia no era "oficial". Para dejarlo de lado no hizo falta, por tanto, ninguna acción papal más allá de la recepción, en una ceremonia litúrgica, de las conclusiones de una comisión de teólogos. Fue un final discreto con una amplia zona oscura, porque la comisión teológica tomó decisiones sobre los neonatos no bautizados, pero no sobre la humanidad anterior a Jesús. El destino de esas personas quedó en manos de futuras comisiones y, eventualmente, de Dios.

Tras el cierre del limbo podría quedar comprometida la viabilidad del purgatorio, otro concepto teológico sin raíces en los evangelios. La idea de un lugar intermedio, muy desagradable pero no eterno, se estableció gradualmente en la Edad Media para suavizar la tajante escatología evangélica: fin del mundo, resurrección de los muertos, juicio final, cielo o infierno.

Incluso sobre el infierno se discute. La doctrina católica establece que el infierno existe, pero Juan Pablo II ya hizo saber que no se trata de "un lugar". La tesis hoy mayoritaria entre los teólogos dice que el infierno no es un lugar de llamas y suplicio eterno, sino un estado de ánimo: dolor por el alejamiento definitivo de Dios. Algunos teólogos, como el cardenal suizo Hans Urs von Balthazar, fallecido en 1998, consideran que la misericordia divina podría hacer que nadie llegara a sufrir nunca la pena infernal.

Enric González

(El País)

 

No quiero mantener obispos

No quiero mantener obispos

No pasa de ser una broma de mal gusto la pretensión de que el reciente acuerdo alcanzado entre la vicepresidenta del Gobierno y los jerarcas de la Conferencia Episcopal Española en relación a la financiación de la Iglesia Católica a través del IRPF abre el camino hacia su autofinanciación.

Para empezar, tiene bemoles que se hable de «abrir el camino» de la autofinanciación de la Iglesia Católica española en 2006, cuando la Santa Sede se comprometió en 1979 (¡en 1979!) a lograr ese objetivo en el más breve plazo. ¡27 años para dar el primer paso!

Pero es que, además, ese paso es ridículo. El Estado no pagará a la Iglesia Católica a partir de 2007 el llamado «complemento presupuestario» (asignación directa), pero a cambio aumentará en un 34% el porcentaje de lo que le asigna a través del IRPF.

Conviene no olvidar que es impropio llamar «impuesto religioso» al 0,7% (o al actual 0,5239%) del IRPF que el declarante puede destinar a la Iglesia de Roma. El contribuyente católico no pone ni un céntimo de su bolsillo para el mantenimiento de su Iglesia; es el Estado el que renuncia a quedarse con el 100% de lo tributado. Con lo que, indirectamente, seguimos siendo todos los contribuyentes los que corremos con el gasto.

No menos capciosa es la pretensión de la Conferencia Episcopal de que «renuncia a la exención del pago del IVA en la adquisición de bienes e inmuebles». ¡A la fuerza ahorcan! La UE había conminado al Estado español a suprimir ese privilegio, amenazando con sancionarlo si no lo hacía en el plazo de dos meses. Y los dos meses ya habían transcurrido en el momento en el que se alcanzó el acuerdo (que todavía no es firme, por lo que la sanción podría llegar a materializarse).

En cualquier caso, todo esto no pasa de ser el chocolate del loro. Porque el Estado español, en sus diferentes niveles (central, autonómicos, provinciales, locales) y divisiones de actividad (Educación, Cultura, Defensa, Sanidad, Trabajo y Asuntos Sociales, principalmente), concede al año a la Iglesia Católica, según los cálculos más fiables, una cantidad superior a los 5.000 millones de euros. El grueso de esa caudal se va en subvenciones a centros educativos de propiedad eclesial (3.200 millones), gasto al que deben vincularse también los salarios de los profesores de religión (517 millones). Arguye la jerarquía católica que, si su Iglesia no se encargara de esa parte de la labor educativa, lo mismo que de no pocas tareas asistenciales, hospitalarias y caritativas, tendría que asumirlas el Estado, probablemente con un coste superior. ¿Y? Siempre me he opuesto a que el Estado delegue en organizaciones no oficiales (ONG, por ejemplo) responsabilidades que le corresponden de manera directa. El caso de la Iglesia Católica es doblemente inaceptable, porque la dejación que hace el Estado de algunas de sus obligaciones permite a una confesión religiosa concreta difundir su ideario a costa del dinero de todos, incluidos los que profesan otras creencias y los que no tenemos de eso.

Eso sin contar con que hay partidas presupuestarias –sufragadas, por tanto, a costa del erario– cómodamente instaladas en el surrealismo. ¿Cómo puede ser que un Estado que se dice «aconfesional» se gaste 30 millones de euros en subvencionar el mantenimiento y las actividades del millar largo de capellanes que realizan funciones exclusivamente religiosas en hospitales, cárceles y cuarteles (estos últimos comandados por un arzobispo que ostenta el grado de general de División, para acabar de rematar el disparate)?

La comparación entre el trato que asigna el Estado a la Iglesia Católica y el que otorga a las otras tres confesiones oficialmente consideradas como «de notorio arraigo» (islamismo, protestantismo, judaísmo) retrata un panorama escandaloso. Esas tres iglesias reciben 3 millones de euros, que son repartidos entre ellas por un organismo formado por la propia Administración del Estado. Ni un céntimo de ese dinero puede destinarse ni al culto ni al abono de salarios; sólo a obras de interés social. Y tienen que rendir cuentas de lo gastado hasta el último céntimo. Además, esas Iglesias no gozan de ninguno de los privilegios fiscales que disfruta la Iglesia Católica.

La cuenta final es clara: cada año que pasa, el Estado español –es decir, el conjunto de los que alimentamos sus arcas– paga más dinero a la Iglesia Católica. Es decir, se aleja más de la anunciada perspectiva de autofinanciación.

Álvaro Cuesta, secretario de Libertades de la Ejecutiva del PSOE, ha dejado entrever que en su partido, que no ha sido consultado sobre este acuerdo, hay un considerable malestar por los términos pactados con la Conferencia Episcopal. Para mí no ofrece la menor duda de que Zapatero está tratando de neutralizar la enemistad de la Iglesia Católica, a la que teme. En esa línea interpreto también el apoyo que concedió hace unos días a las palabras de Benedicto XVI sobre el Islam. Se ve que es otro más de los que creen que para que las fieras no ataquen hay que darles carnaza sin parar. En vez de meterlas en una jaula bien resistente.

Javier Ortiz

5 de octubre de 2006

5 de octubre de 2006

Esa parrafada de Suso de Toro en su artículo de ayer en El País :

"Pero no ha habido en España un solo caso de autocrítica verdadera. Ni de arrepentimiento. Y, si aceptamos que el golpe militar y el franquismo fueron un error histórico terrible, deberíamos esperar algún gesto como el de Grass. Pero ningún franquista se ha arrepentido, no. Ni siquiera Dionisio Ridruejo fue capaz de asumir la culpa, indudable en su caso. Hay muchas formas de orgullo, tantas como personas, y el de los egoístas es un orgullo que no sabe pedir perdón. Con todo, no es Ridruejo el peor maestro. No supo darnos esa lección de grandeza moral, reconocer la culpa, pero se atrevió a evolucionar en su pensamiento y, en la medida en que pudo, ofreció a la sociedad una invitación a la tolerancia".

Hace 30 años a mi padre le regalaron un libro: Casi unas memorias. Si bien no eran unas memorias en su sentido literal,  el libro,  editado por Planeta en la colección Espejo de España que dirigía Borrás, reunía artículos inéditos y comentarios sobre la vida y obra de Ridruejo en primera persona, que hacían mucho honor al título. Podríamos decir, sin equivocarnos , que esas *casi* memorias hubieran sido las memorias *definitivas* si Ridruejo no hubiera fallecido el 1.974, curiosamente un año antes que el Dictador, sin que llegara a ver nunca la democracia por la que tanto luchó.

Recuerdo cómo leyó aquel libro mi padre : casi como una fiera hambrienta que destripara su caza.

En 1976 yo sabía poco y mal de Ridruejo, así que ese libro me ayudó, dos años después, a conocer y respetar al personaje histórico y al intelectual, poeta, escritor, traductor, articulista, ensayista...que fue Ridruejo. El mismo Ridruejo, traductor de Pla, que me llevó  a gozar para siempre del escritor del ampurdán.

Ridruejo retrata, es toda una metáfora de aquellos años, a otros muchos españoles. Españoles que en algún momento, desde una u otra orilla, defendieron a algunas de las ideologías más violentas en la historia de la humanidad.  Y que, creyéndose vencedores de *su* guerra, el tiempo les hizo reconocer que eran tan perdedores como los derrotados del conflicto. Ridruejo entre ellos.

Así pude entender aquella lectura feroz de mi padre. Siempre que hablan de Ridruejo  me gusta recordarlo. Mi padre se estaba mirando en el espejo de Ridruejo.

Suso de Toro escribe un artículo lamentable. Habla de perdón, cuando lo necesario, lo único necesario, es la justicia, es decir, hacer honor a la verdad de los hechos. Además, el escritor gallego miente:  Ridruejo sí pidió perdón, y más de una vez.

A los pocos años de *su* victoria, Ridruejo le remitió una carta pública a Franco diciéndole *ahí te quedas*, que le costaría cárcel, destierro, marginación y mucha miseria económica. Notabilísimo intelectual , no tuvo inconveniente en alinearse junto a comunistas como Pradera o Semprún para ir contra Franco. Es curioso que esos dos *ex*comunistas notables hablen hoy día maravillas de Ridruejo  y otros, menos guerreros contra la dictadura, le nieguen el pan y la sal.

Así que he sentido rabia cuando he leído ese artículo de Suso de Toro.

Desgraciadamente nos faltan muchos Ridruejo en esta España kafkiana de última generación.

Desgraciadamente también nos sobran muchos Suso de Toro.

La manifestación de Sevilla

Por FERNANDO IWASAKI
Como miles de sevillanos, el domingo 1 de octubre acudí a la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, porque no deseo que la negociación con ETA termine en una rendición del Estado de Derecho. Sin embargo, para mí fue una sorpresa que los organizadores también convirtieran esa manifestación en una estrepitosa demanda de explicaciones sobre lo ocurrido el infausto 11 de marzo de 2004. Creo que ese cambio de guión debilita la legítima defensa de las víctimas y no quiero dejar de expresar mi estupor.
Hace más de tres años acudí a una manifestación contra la guerra de Irak, a sabiendas de que encubría un ataque contra el gobierno del Partido Popular. Yo no estaba contra el gobierno, pero sí contra la guerra de Irak. ¿Cuántos votantes o militantes socialistas habrán ido a la manifestación del domingo pasado después de hacer el mismo razonamiento? Estoy seguro que hubo muchos como Gotzone Mora, concejala del PSE en Getxo. Sin embargo, una cosa era protestar contra el llamado «proceso de paz» y otra muy distinta utilizar la manifestación para acusar al gobierno de ocultar la verdad sobre la autoría de los atentados del 11-M. El segundo punto no estaba en la convocatoria y me consta que tomó por sorpresa a numerosos manifestantes como yo.
Si el Partido Popular desea ganar las próximas elecciones generales tendrá que atraer votantes del PSOE o por lo menos recuperar los votos que fueron hacia el PSOE el 14-M de 2004. ¿Qué les hace creer que lo van a conseguir avivando la fogata del 11-M? Yo no me imagino a Rosa Díez, Nicolás Redondo Terreros o Maite Pagaza votando por el PP, aunque sí tengan el coraje y la honestidad de manifestarse junto al PP cada vez que las víctimas del terrorismo lo requieran. ¿Es que no se dan cuenta de que están haciendo con el 11-M lo mismo que cierto sector del PSOE hace con la guerra civil y la memoria histórica?
Hay una facción del PP empeñada en crispar la vida política nacional utilizando de manera irresponsable los claroscuros del 11-M, en lugar de atraer nuevos votantes con argumentos más sólidos e irrefutables. Por ejemplo, que durante el gobierno de Felipe González los intereses de las hipotecas estuvieron al 13% y que durante el gobierno de Aznar bajaron a menos del 2%. No es casualidad que los intereses hipotecarios vuelvan a subir bajo el gobierno de Zapatero, pero nadie en el PP ha reparado en que a los votantes españoles podría interesarles más el futuro de sus hipotecas que la teoría de la conspiración en torno a los atentados del 11-M.
Tengo mi propia opinión de la gestión gubernamental del presidente Rodríguez Zapatero, pero también tengo clarísimo que mis verdaderos enemigos son los delincuentes terroristas de ETA, su entorno político-mediático-económico y sus aliados del nacionalismo radical. Y como me consta que dentro del PSOE también hay líderes y militantes que rechazan las negociaciones con ETA «a cualquier precio», considero que manifestaciones como la del domingo pasado deberían servir para atraerlos y no para espantarlos. Mi enemigo es Iñaki de Juana Chaos y no el presidente Manuel Chaves. Mi enemigo es «Txapote» y en ningún caso el alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín. No son iguales y no es justo equipararlos.
La ideología y la educación son dos cosas muy distintas. Un energúmeno siempre será un energúmeno aunque defienda una causa justa y correcta, de la misma manera que siempre será más llevadero discutir con una persona educada aunque defienda las causas más desatinadas y rocambolescas. ¿Quiénes son los más civilizados dentro del PSOE y del PP? ¿Quiénes son los más razonables dentro de los medios de comunicación? ¿Quiénes son los más sensatos dentro de las instituciones y asociaciones que representan a nuestra sociedad civil?
Urge que esas personas se encuentren, a pesar de las mutuas descalificaciones públicas. Las víctimas del terrorismo se merecen tanto el esfuerzo como la renuncia.

EL ARPA DE BOCA

EL ARPA DE BOCA

Bajó las escaleras de ese antiguo edificio, casi en ruinas, con la intención de no regresar jamás, como tantas otras veces. Nada  más salir a la calle, el tiempo suficiente para percibir la humedad del otoño en su ciudad, le asaltaba la certeza de que regresaría al menos una vez al mes. A ella le embargaba la misma sensación con cada último beso de despedida definitiva, no en vano compartían semejante ritual desde hacía veinte años. Ninguno de los dos vivía pensando que llegara ese momento puntual, lo habían incorporado a sus vidas como ver un rato la televisión, disfrutar de una buena lectura o contemplar un aguacero. La cita variaba en función de cuándo se produjera la llamada de él, no por eso nadie vivía a remolque, simplemente él siempre había llevado la iniciativa desde el principio y así las cosas habían funcionado. Cada cual continuaba su vida, familia, trabajo, amistades, hobbys. No aspiraron jamás a dilatar esas horas dedicadas en exclusividad el uno al otro. La necesidad de despedidas definitivas afianzó con el tiempo aún más aquella relación, autoconvencidos de que con sólo pronunciar el definitivo adiós convertirían sus encuentros en algo extraordinario, en una promesa implícita de la imposibilidad de fallarse el uno al otro. Se conocieron un día de lluvia, de los muchos que les regalaba la ciudad donde ambos vivían. Al salir de la tienda él la cobijó bajo su paraguas el tiempo suficiente hasta llegar a la estación. Tomaron el mismo metro, bajaron en la misma parada. Fue ella quien primero sacó su arpa de boca de la pequeña funda y comenzó a tocar. Sin pensárselo él tomó a continuación la suya y la siguió durante todo el trayecto. Al abandonar el vagón un tierno beso de despedida. Un par de horas resultaban suficientes. Sobraban ensayos y partituras .En veinte años no pronunciaron palabra. Hubieran roto la magia de la improvisación, la armonía de sus composiciones. Se trataba de un regalo, no había monedas a cambio por parte de los viajeros. Descubrieron juntos el placer de alimentar sonidos .Así se fueron conociendo, descubriendo sus estados de ánimo, el progreso de sus destrezas, el paso del tiempo en sus vidas. Nada concertado de antemano, tan sólo un día y una hora aproximada para sus citas, el amor por el mismo instrumento, la necesidad de componer libremente un rato y no hacerlo en soledad, la afición por otra forma de diálogo consigo mismo y con los demás. Al final un tierno beso de despedida  cada vez más dulce, más añejo, más sabio, encubridor de tantas horas disfrutadas, al amparo de una desesperada despedida definitiva.

El otro muerto

El otro muerto

Una tarde de invierno de hará dos años fui a casa de Manuel Huerga, el director de Salvador. Una película emocionante, valiente, con mucho cine dentro. Aquella tarde llovía muchísimo, como entonces. Me recibieron él y su guionista, Lluís Arcarazo. Estaban preparando el guión y querían que les hablase de Francisco Anguas Barragán. Es probable que a ustedes ese nombre no les diga nada, porque apenas ha existido durante los últimos 30 años. Francisco Anguas es el que muere al principio.

En la página web de Salvador, Lluís Arcarazo recuerda así aquel encuentro: "Charlamos con Marcos Ordóñez, que nos habló con ambigüedad del policía Francisco Anguas". Una frase un tanto sorprendente, porque no creo que hubiera ambigüedad alguna por mi parte.

Debo de ser una de las pocas personas que conoció a Salvador Puig Antich y a Francisco Anguas Barragán. "Conocer" es un verbo exagerado. Digamos que, por un extraño azar, coincidí con ambos en el espacio y el tiempo. El espacio era Barcelona, y el tiempo, los primeros años setenta.

Les conté a Huerga y Arcarazo que Paquito Anguas era un policía atípico. Es decir, que escapaba del cliché habitual del poli franquista. No era gordo, ni sudoroso, ni envuelto en humo de Celtas, ni tenía bigote recortado, ni gritaba 20 maldiciones por minuto. Anguas era flaco, pequeñito, pelirrojo, con la cara sembrada de pecas. Parecía el hermano menor de los Hollister. Tenía entonces 23 años, aunque aparentaba menos. Le apasionaban las mismas cosas que a mí: el cine y los libros, sobre todo.

Me sorprendió muchísimo, en nuestro primer encuentro, que reparase en el libro que yo llevaba, Le Cinéma selon Hitchcock, la larga entrevista de Truffaut, una de mis biblias de entonces, comprada en el mercado de ocasión de Sant Antoni. Comenzamos a hablar de Hitchcock y de Truffaut mientras yo me preguntaba qué demonios hacía aquel tipo en la policía. Muchos años después, leyendo Cuenta atrás, el libro de Francesc Escribano en que se basa el guión de Salvador, supe que Anguas era sevillano, hijo de un guardia civil. Había hecho la mili en la Brigada Antidroga y entró en la policía en 1970.

Aquel primer encuentro tuvo lugar en la comisaría de Sants, de la que mi padre era comisario jefe. Mi padre era otro policía atípico, aunque yo no lo veía así entonces. Comenzábamos a no entendernos en absoluto, a hablarnos lo indispensable. Yo no era, ni muchísimo menos, lo que entonces se entendía por un chaval "politizado", pero sabía de sobra que mi padre era franquista hasta el tuétano.

Supongo que yo ya había renunciado a preguntarme por qué entró en la policía. En 1933 estudiaba Filosofía y Letras en Madrid. Y Periodismo, en la escuela de El Debate. Quería ser escritor, y escribió muchísimo: libros, guiones, canciones, artículos. Según mi madre, entró en la policía porque en su casa no había dinero y él se sabía el temario: había ayudado a su hermano mayor a preparar las oposiciones al Cuerpo. Parecía un trabajo fijo, bien remunerado. Hasta cierto punto: el régimen pagaba muy mal a sus hombres. Cuando yo nací, mi padre tuvo que buscar un segundo empleo. Vigilante nocturno, en los almacenes Gerplex. Tampoco era gordo, sudoroso, con bigotito, etcétera. Daba igual: entonces, en mi rabiosa e intolerante adolescencia, todo aquello quedaba muy atrás y yo era incapaz de separar al hombre de lo que representaba. En cambio, podía acercarme sin demasiados problemas a otros polis igualmente atípicos, como mi tío Tomás Salvador, novelista y editor, que cuando yo tenía 12 años me abrió las puertas de su inmensa biblioteca y me descubrió a Ana María Matute, a Aldecoa, a Jules Renard.

"Has de leer Poil de carotte". Qué extraño, un poli diciendo esas cosas. Tan extraño, tan atípico como Paquito Anguas hablándome de Truffaut y de Hitchcock.

Truffaut era su dios. Godard también, pero sobre todo Truffaut. Yo no había visto todavía Los cuatrocientos golpes. "¿No la has visto? No me lo puedo creer..." Anguas fue el primero en hablarme de un director que yo no tenía inventariado: Jean-Pierre Melville. Quizás, pienso ahora, se hubiera metido en la poli, además de por la impronta familiar y para ganarse la vida, por alguna película de Melville, quizás Círculo rojo, quizás Hasta el último aliento. Melville hubiera sido el cineasta ideal para contar su historia, y la de Salvador Puig Antich.

Mi segundo encuentro con Anguas tuvo lugar en un cine de la quinta puñeta. Un cine de barrio, en Horta. Anguas me llamó a casa. Estaba muy excitado. Había que ir a aquel cine, imperativamente, porque daban una obra maestra, largo tiempo fuera de circulación: Viento en las velas, de Alexander Mackendrick, una de sus películas favoritas. Fuimos juntos. Era, realmente, una obra maestra.

Me trajo dos libros. El ensayo de Francisco Aranda sobre Buñuel, al que Anguas idolatraba, repleto de notas y subrayados. Y Huracán en Jamaica, la novela de Richard Hughes en la que se basaba la película de Mackendrick. No pude devolvérselos. No hubo tiempo.

La siguiente vez que vuelvo a verle ya está muerto. Veo su rostro impreso en un periódico, que mi padre agita, furioso, ante mis narices. Quizás la Soli o La Prensa, porque en casa sólo "entraban" los diarios del Movimiento. Hay otra foto a su lado. Mi padre grita: "Este hijo de puta ha matado a Paquito Anguas". Leo que el asesino era un atracador. Llevaba encima un cuchillo y dos pistolas, una Kommer de 6,35 milímetros y un Astra del nueve largo, con la que disparó sobre Anguas.

Vuelvo a mirar la foto. Podía ser un lila para muchas cosas, pero a mí no se me despintaba una cara.

Reconozco al asesino. Reconozco aquellos ojos y no puedo creérmelo.

Mi recuerdo de Salvador Puig Antich es todavía más impreciso que el de los encuentros con Anguas, pero mucho más intenso. No crucé ni una palabra con él. Ni creo que él se fijara en mí, por descontado.

Salvador ("Esta tarde vendrá Salva") era amigo de los amigos del hermano mayor de un ni siquiera amigo mío, un compañero de La Salle. Una de esas fiestas a las que vas de rebote, en las que apenas conoces a nadie. Tampoco podría situar el piso. Zona alta, de eso sí me acuerdo. Una fiesta doble: a un lado, nosotros, los granujientos. Al otro, los hermanos mayores y su música. El hermano mayor de mi ni siquiera amigo tenía muchos discos. Música de la época. ¿Locomotive Breath, como en la película? Podría ser, vendría bien como banda sonora para la aparición de Salva. Pero diría que aquella tarde fue "antes" de Jethro Tull. Quizás sonaba algo de soul. O de los Creedence, recuerdo sobre todo un disco de los Creedence. Así les llamaban ellos: yo había leído, casi deletreando, Cree-den-ce-Cle-ar-wa-ter-Re-vi-val.

Debía de ser casi verano, porque recuerdo el petardeo de una moto a través de la ventana abierta. Alguien palmotea, varios se asoman. "Ahí está Salva". Entra, riendo. Todo él reía. ¿Cómo explicar una irradiación? Los ojos negros, la cazadora de cuero. Parecía un loubard, el prota de una peli de Truffaut. Sí, parecía francés. Un tipo condenadamente guapo. Uno de esos que hunden en la miseria a los granujientos. También llevaba tejanos. Desteñidos. Yo hubiera dado cualquier cosa por una cazadora y unos tejanos como aquellos. Y por la moto, si hubiera tenido los huevos de conducirla. El tal Salva entró y le bastó cruzar la sala para iluminarla. Se puso a bailar casi en seguida. Por suerte no había tías en la fiesta.

Años después escuché una canción, gran canción, de Albert Pla: El hombre que nos roba las novias. Pensé, en el acto, en Salvador Puig Antich. El muchacho de la cazadora de cuero y la risa abierta y los ojos radiantes, bailando como si el mundo entero fuera suyo.

Me comí entonces esa historia, la doble historia. Se me quedó dentro.

A mi viejo no podía decirle, ni de coña, que había conocido a Puig y que no parecía otra cosa que un tío majísimo. Mi viejo era capaz de brearme a preguntas sobre los asistentes a aquella fiesta desvanecida, de la que sólo quedaban unos ojos, una música, una irradiación.

A mis amigos de entonces tampoco podía hablarles de Paquito Anguas: hubiera significado mi inmediata excomunión. Bastante tenía con lo que tenía en casa.

Salvador Puig era un jodido rojo de mierda asesino de polis.

Paquito Anguas era un jodido poli de mierda al servicio del fascismo.

Suele decirse del franquismo que era una época gris.

No. Era una época en maldito blanco y negro, sin matices posibles.

Luego vino la farsa del juicio. Y la ejecución, el lento e inmundo crujido. La santa izquierda apenas se movió. Respetuosas peticiones de clemencia, las que quieras. Y algunas manifestaciones estudiantiles. Se movieron, hasta la extenuación, los abogados, con Oriol Arau a la cabeza. Pero no hubo ningún movimiento "coordinado" por quienes podían coordinar. Una huelga general revolucionaria, por ejemplo. A lo mejor no se daban las "condiciones objetivas". A lo mejor resultaba que Puig era un perro loco, perdido y sin collar, es decir, sin partido.

Carrero vuela por los aires y a Puig le toca la china. Dos a uno, debió pensar el enano al firmar el enterado. Porque también "estaba" Chez.

No me creo la teoría de La torna. Entonces sí, por supuesto. Entonces nos la creímos todos. El loco Heinz Chez, agarrotado también para contrapesar la ejecución de Puig, el mismo día, a la misma hora. Conceptualmente era perfecta, pero no se tiene. A Franco no le hacían falta tornas para cargarse a quien hiciera falta. ¿Quién iba a impedírselo? Peor: ¿Quién se lo impidió?

Luego vino la oleada de protestas, en media Europa. Nadie protestó, sin embargo, cuando poco más tarde, los gendarmes de la democratiquísima Francia tendieron una emboscada en la place Vendôme a Jacques Mesrine, el enemigo público número uno, y vaciaron sobre él toda la artillería. No se me olvida la imagen de aquellos gendarmes, tal vez hijos o hermanos pequeños de los que montaron la Ratonnade del 61, abrazándose y saltando, como en una final de liga, Mesrine no fue agarrotado pero quedó hecho trizas: nada igual desde la muerte de Bonnie Parker y Clyde Barrow.

Todos ellos, como Puig, habían cruzado la línea.

Pasan los años. Poco a poco, la imagen de Paquito Anguas comienza a desdibujarse. Los artículos de homenaje a Salvador Puig Antich tienden a obviar, curiosamente, el nombre del poli muerto. Como si nunca hubiera muerto, es decir, como si nunca hubiera existido. A fin de cuentas, parece leerse entre líneas, no era más que un poli franquista. La torna, por cierto, instituye ese modelo de disolución en la figura del guardia civil asesinado. Recuerdo muy bien la escena de esa muerte en La torna. Es decir, no la recuerdo: está arteramente disuelta por la farsa. Es un guardia civil de chiste, un títere de cachiporra. Comprendo que darle una mínima entidad humana hubiera fastidiado el retrato del Woyceck de Tarragona.

Los hechos: la tarde del 20 de diciembre de 1973, Heinz Chez toma un café en un bar. Entra un guardia civil a comprar tabaco. Chez monta la escopeta que lleva bajo el abrigo y le descerraja dos tiros sin mediar palabra. Así lo narra Escribano en Cuenta atrás, pero, detalle significativo, ni siquiera menciona el nombre del guardia civil.

Era un guardia civil muerto, a secas. Por algo les llaman "números".

Leyendo Cuenta atrás, sin embargo, encuentro dos imágenes de Paquito Anguas que desconocía.

La primera es un testimonio de Marian Mateos, novia de Josep Lluís Pons Llobet, miembro del MIL y compañero de Puig. Marian Mateos tenía entonces 17 años. Fue detenida y conducida a Jefatura, en Via Layetana, donde permaneció tres días y tres noches en el calabozo, con visitas constantes para interrogarla. No la torturaron, cuenta Escribano, pero ordenaron que no le dieran de comer ni beber ni la dejasen dormir durante aquellos tres días. "La única persona que se portó bien conmigo", cuenta Marian Mateos, "fue un inspector joven que me daba agua y trozos de sus bocadillos y me apagaba la luz para que pudiera descansar".

Aquel inspector, señala Escribano, "no era como los otros. Había entrado en la policía por tradición familiar, pero sus inquietudes le separaban del resto de sus colegas. Tenía 24 años y estaba a punto de casarse. Se llamaba Francisco Anguas Barragán".

Cuenta también que, a los pocos días del asesinato de Anguas, apareció en el lugar de su muerte -el rellano de Girona 70- un ramo de flores con una nota escrita a mano que decía "Te quiero, gusanito. María Luisa".

Última noticia antes del desvanecimiento.

Han pasado casi 30 años. Una historia empieza a dibujarse en mi cabeza, una historia que tal vez escriba algún día. En la primera parte, contaré la historia del poli. Un poli joven, parecido al de La mejor juventud, de Marco Tulio Giordana. Su vida diaria, en una familia de clase baja. El cine de los sábados, con su novia. Van a casarse cuando le asciendan a inspector y puedan, al fin, pagarse un piso. Quiere estudiar Filosofía y Letras, pero el trabajo aprieta. Las horas extras, las guardias nocturnas, la pesada rutina rota, de repente, por un atraco. Una serie de atracos. Van tras la pista de la banda, que se les escapa una y otra vez. Los polis preparan una emboscada. Cae uno de los atracadores. Mientras le golpean vacía el cargador sobre el poli joven. "Nosotros" estamos, a esas alturas, con el poli joven. Los malos son los otros.

De repente, gira el eje. Segunda parte. Han condenado a muerte al malo que le ha matado. El malo resulta ser un chaval de su misma edad. Flashback. Conocemos, desde la cárcel, su vida anterior. Sus ilusiones, sus amores. Su decisión de atracar bancos "para acabar con el sistema". La primera vez que toma un arma en sus manos. Seguimos el juicio, la cárcel, la espera. La última noche. Cuando llega la escena de la última noche, estamos con él. También estamos con él. ¿Cómo no hacerlo?

La historia, si la escribo, se llamará Dos muertos. No, mejor: El otro muerto, porque uno de los dos siempre será el otro para alguien.

Para mí, ni uno está en el infierno ni el otro en el santoral.

Dos muertos. Dos asesinatos.

Salvador Puig Antich tenía 25 años cuando murió. Paquito Anguas tenía 24. Me enteré, por el relato de Escribano, que el cine también era la gran pasión de Salvador. Problemas del Nuevo Cine era uno de los libros que tenía en la celda, que le acompañaron en sus últimas horas.

Pudieron haberse conocido, por el mismo azar que hizo que ambos se cruzaran, brevemente, en mi camino. Pudieron haberse entendido. Cosas más raras se veían entonces. Pero tomaron caminos contrarios, como en una película de Jean-Pierre Melville.

Abro la vieja novela de Richard Hughes. Vuelvo a ver los rostros de Puig y de Anguas, tan extrañamente muertos como Zac y Juan Chávez, llevados por un viento salvaje, irracional, incomprensible. Sopla el viento sobre Jamaica, sobre las velas henchidas de una juventud condenada, sobre el ramo de rosas de Girona 70, sobre las rosas disolviéndose bajo la lluvia a la entrada del cementerio de Monjuic, sobre aquella época asquerosa en la que no deja de llover.

Marcos Ordóñez ( El País)

2 de octubre de 2006

2 de octubre de 2006

"Antes los nacionalistas y ahora también los socialistas acusan al PP de instrumentalizar a las víctimas de ETA. La imputación es nauseabundamente injusta y apunta a una cuestión que habría que analizar: el papel de las víctimas en la sociedad. Yo creo que nosotros necesitamos a las víctimas del terrorismo tanto o más de lo que ellas nos necesitan a nosotros. Las necesitamos como baluarte, como dique ético frente a la tentación, terriblemente humana y siempre equivocada, de hacer concesiones morales y enjuagues políticos para liberarse del chantaje. Las víctimas son la tronante voz de la conciencia de una España próspera y pancista. Por eso hay que pedirles que hablen. Por eso hay que escucharles. Por eso las quieren silenciar metafórica y ahora también literalmente en el Paseo de las Delicias de Sevilla" (Cayetana Alvarez de Toledo, periodista, responsable de comunicación de Angel Acebes)

El párrafo fue escrito por la periodista Cayetana Álvarez de Toledo. Publicado en el diario El Mundo, pertenece a una serie dominical donde la periodista mantiene un diálogo escrito con el *académico* Luis María Ansón. Cayetana, joven ella, guapa e inteligente, mantiene su responsabilidad de directora de opinión de El Mundo, según leo,  a pesar de haber sido nombrada recientemente responsable de comunicación e imagen de Angel Acebes, secretario general del Partido Popular.

Es difícil encontrar un mayor reconocimiento de culpa sobre la utilización de las víctimas que el párrafo de la joven Cayetana. Todo él es una autoinculpación difícil de borrar con el paso del tiempo y ahí quedará para los restos. Pero hay algo donde una vez más se vuelve a insultar a las víctimas de forma lamentable (bien es verdad que con el visto bueno de la propia AVT que está encantada con el trato).

En la medida que sigamos tratando a ese grupo de personas por su condición de víctimas ,y no como ciudadanos ,estaremos dándoles el mismo trato que la sociedad otorga a los niños, a los tontos o a los deficientes. Y porque les negamos que tienen todo el derecho a hablar en cuanto ciudadanos, y no por ser víctimas, se estará no sólo utilizándolos, cual Pp,  sino negándonos al resto de los ciudadanos nuestro derecho a discreprar de ellos cuando lo consideremos oportuno.

Así las cosas, el ciudadano Alcaraz tiene todo el derecho del mundo a decir las tonterías que crea oportunas, y a las que tan aficionado es, pero la víctima Alcaraz merece toda nuestra solidaridad.

 

1 de octubre de 2006

1 de octubre de 2006

A veces, sólo a veces, busco un libro en mi librería, seguro de encontrarlo, pero no. Podría jurar ante todos los dioses que ese libro lo tengo, lo he leído y hasta me he acercado a ese lugar concreto de la estantería porque no tengo ninguna duda que siempre ha estado allí, donde lo coloqué el primer día de su compra. Pero el libro no aparece.

Por ejemplo, anoche buscaba Catedral de Carver, editado en Anagrama. ¿No lo compré en aquella librería de Sevilla? Me pregunto dónde van a parar esos libros perdidos en nuestros espacios físicos pero atrapados eternamente en nuestra mente. Incluso Carver, seguro, habrá escrito un maravilloso relato sobre esas pérdidas, tan cotidianas.

También es verdad que a veces, sólo a veces, algunos de esos libros perdidos, o huidos, vuelven y, sin mayor esfuerzo, una tarde o una mañana, aunque en mi caso será una madrugada, aparecen ante nuestros ojos. ¡Malditos! ¿Dónde os habíais metido? Ni respuesta.

Así me veo muchas veces como el padre de familia que espera la llegada del hijo después de una noche de fiesta. Sentado junto a la librería, mirando el reloj cada poco y diciéndome que esta vez me va a oir en cuanto llegue.

Y es que a esta literatura no hay quien la entienda.