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el mundo fragmentado

El placer de vivir entre libros

Beatriz de Moura fundó en 1968 una editorial con el equivalente a 1.500 euros. 38 años después sigue al frente de Tusquets. Es, sin duda, una de las mejores editoras de Europa. Le acaban de conceder la Cruz de Sant Jordi

ÁNGEL S. HARGUINDEY

EL PAIS SEMANAL - 01-10-2006

“Salvo durante un breve periodo en la adolescencia en que estaba segura de que me convertiría en una gran estrella de cine, bailando, cantando y haciendo reír, tipo Ginger Rogers en las pelis de Fred Astaire, desde niña sentí que, cuando fuera mayor, quería vivir rodeada de libros. Tal vez por el placer que me producía estar en la biblioteca de mi padre. Más tarde, las circunstancias parecen haber conspirado para que, en cuanto dejara de ir de un lado para otro por el mundo, viviera, en efecto, rodeada de libros. Y aún más tarde, por carambola, me encontré casi a pesar mío fundando una editorial en la sala de estar de casa. En aquel entonces, si no planificaba mi propia vida, ¿cómo iba a prever que montaría un negocio tan complicado? Vivía al día; cuando mucho, al mes. Sin embargo, más de tres décadas después aquí estamos hablando tú y yo… Nadie daba dos duros por la continuidad de aquella editorial más bien artesanal. A lo mejor, como soy más terca que una mula, fue precisamente ese desdén, acompañado de palmaditas indulgentes en el hombro, lo que me fue calentando y sosteniéndome en mis trece”.

En 1968, con unos ocho años de experiencia adquirida en otras editoriales y el equivalente a unos 1.500 euros actuales, la entonces joven brasileña hija de diplomático, políglota, licenciada universitaria, afincada en Barcelona, decidió crear con su ex marido Óscar Tusquets una pequeña editorial: Tusquets Editores. Treinta y ocho años después, Beatriz de Moura la codirige con Antonio López Lamadrid (“sin él, la editorial no sólo no sería lo que es hoy, sino que mucho me temo que no sería…”) y, probablemente, es la directora literaria más importante de Europa. Ha publicado miles de libros, traducido algunos y es la responsable de un fondo editorial en el que se incluyen nombres como los de Milan Kundera, Italo Calvino, E. M. Cioran, Samuel Beckett, Ingmar Bergman, Albert Camus, Marguerite Duras, Albert Einstein, Ernst Jünger, Malcolm Lowry, Czeslaw Milosz, Arthur Miller, Alexandr Solzhenitsin, Henry Miller, John Irving, Thomas Pynchon, Nadime Gordimer, Andy Warhol o Woody Allen. En la relación de autores en lengua española figuran obras de, entre otros: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, Reynaldo Arenas, Severo Sarduy, Enrique Krauze, Juan José Arreola, Adolfo Bioy Casares, Gonzalo Celorio, Jorge Edwards, Ramiro Pinilla, Silvina Ocampo y Jorge Semprún. A todo ello habría que añadir que fue la primera editora o cuando menos la gran impulsora de escritores como Almudena Grandes, Luis Landero o Javier Cercas.

 

La editorial, como ya se dijo, empezó a gestarse en 1968, un año que se ha convertido ya en leyenda aunque en España tuvo unas características distintas al afamado swinging London o al desadoquinado París. Tiempos que la editora recuerda a la vez que señala algunas de las diferencias con la actualidad. “Ante todo, vivíamos en una dictadura. Nadie que haya nacido a partir de 1975 puede saber exactamente qué es una dictadura, y mejor que no lo sepa nunca. Luego, la noción de tiempo. La hora tenía realmente 60 minutos, y el minuto, 60 segundos. Era como si se dispusiera de más tiempo. Iba muy bien para leer y tomar decisiones editoriales meditadas. Además había –por lo menos en Barcelona, y en un grupúsculo paradójicamente muy heterogéneo– una especie de efervescente fraternidad, laboriosa y lúdica a la vez, que permitía lazos muy estrechos de trabajo y amistad entre editores, autores y colaboradores”.

 

El “grupúsculo paradójicamente muy heterogéneo” que había en Barcelona es lo que se vino en llamar gauche divine y que, se quiera o no, forma parte importante de lo que de legendario pudieron tener los finales años sesenta. Un grupo que, naturalmente, fue mitificado y masacrado con constancia en unos años en los que la incertidumbre, la duda o la simple diversión se consideraban sentimientos débiles. Beatriz de Moura vivió aquel tiempo y lugar desde dentro: “Lo que Joan de Segarra, no sin mala folla, tildó de gauche divine fue un grupo muy reducido de gente joven –en torno a los 30 años–, muy heterogénea, que empezaba su vida profesional en disciplinas y campos de lo más diversos y que, por un cúmulo de circunstancias favorables, sentían, creo que de un modo más intuitivo que razonado, que no iban a dejar que la dictadura les fastidiara como les había jodido a sus respectivos maestros. Por longevo que pareciera Franco, entonces ya se podía entrever su fin, aunque sólo fuera en una cama de hospital envuelto en heces en forma de melena… Ese cúmulo de circunstancias favorables –un grupúsculo de gente joven inquieta, con ganas de aprender, evolucionar, comunicarse con sus iguales en el extranjero, intercambiar ideas en experiencias diversas, distanciarse de modelos ideológicos avejentados y, a la vez, desprenderse de la mojigatería que imperaba al tiempo entre la izquierda más radical y la derecha– permitió que ese grupo de gente, del que yo tuve la suerte de formar parte (simplemente estaba ahí en el momento adecuado), viviera entre 1967 y 1970 tres años inolvidables de mucha actividad laboral e intelectual, y, lo que más envidia provocó, mucha diversión”.

 

“Vivimos momentos de enorme intensidad en nuestras profesiones y en nuestras vidas”, añade la editora, “y comprendo que, hacia el exterior, nos mostráramos arrogantes, provocadores, libertinos, lo cual ha contribuido hasta hoy a reforzar esa imagen de frivolidad con la que se sigue identificando esa cosa llamada gauche divine. No olvidemos que de aquel periodo y de aquellas vivencias salieron profesionales de primera fila, hoy plenamente reconocidos, como arquitectos, fotógrafos, periodistas, cineastas, actores, diseñadores, escritores, políticos, pintores e incluso editores… Tampoco hay que despreciar el hecho de que, contra Franco, no sólo éramos más jóvenes, sino que Barcelona era la ciudad más cosmopolita de España y, por tanto, no es de extrañar que aquí pudieran producirse modestas, pero festivas, muestras de insubordinación que en Madrid habrían sido impensables. En cuanto a mí en esta historia, te diré que sin la atmósfera que se creó en aquellos años en ese reducido ámbito de intrépidos no me habría atrevido a lanzarme a tumba abierta en la aventura de fundar Tusquets Editores en la sala de estar de un piso de 70 metros cuadrados, donde vivían cuatro personas, y a veces hasta ocho, según las noches o las circunstancias…”.

 

En un estupendo documental de David Furnish sobre su entonces novio, y en la actualidad marido, Elton John, éste explicaba a la cámara que necesitaba viajar con todos sus cientos de pares de gafas y camisas porque la habitación que las acogía en los diversos hoteles de sus giras era la única referencia que le resultaba familiar. Algo similar le pasaba a Beatriz de Moura: “La biblioteca de mi padre fue desde muy niña mi único y verdadero hogar, el único lugar de referencia, el lugar de la estabilidad, el único que apenas cambiaba en las muchísimas casas en las que la vida diplomática de mi padre me obligó a vivir. Creo que por eso, si hoy me obligaran a vivir en una casa sin mis libros, perdería la poca seguridad en mí misma que aún me queda. Además, ése era el lugar donde leía mi padre, y ver con qué gusto leía fue contagioso. Muchísimos años más tarde le pregunté si se había dado cuenta de que me había aficionado a la lectura gracias a él. Me contestó que no y que, en todo caso, nunca fue su intención inducirme a ese vicio. Dijo ‘vicio’, lo recuerdo perfectamente”.

 

Libros y viajes parecen ser las dos palabras esenciales de la infancia y juventud de la editora. “No tengo un buen recuerdo de mi juventud viajera. Como en todo y para todo, hubo aspectos que hoy agradezco, como aprender idiomas en la infancia, que es cuando ya no los olvidas; aprender a adaptarte cada dos años a costumbres radicalmente distintas, a nuevos colegios y compañeros, a seguir estudios en países de diferentes culturas, a ir adquiriendo la sensación de qué significa realmente –no ideológicamente– ser ciudadana del mundo. Pero todo esto tuvo un coste muy elevado: el desarraigo, el dolor de las pérdidas de afecto, la inseguridad, la ausencia de una familia con abuelos, tíos, primos, etcétera; la vergüenza de sentirme siempre diferente en cada nuevo lugar. Tal vez por eso me horroriza la palabra tolerancia. De hecho, he sido siempre tolerada, jamás me han hecho sentir integrada, parte de algo, en lugar alguno, ni en mi propio país, donde en realidad viví poquísimo, ni siquiera en Barcelona, ¡adonde llegué hace 50 años!”.

 

Quizá la tercera palabra clave en su vida sea la de Barcelona. “Aparte de que para mí ningún pasado fue mejor, la Barcelona de ahora es infinitamente más agradable para vivir y trabajar que la de finales de los sesenta. La ciudad ha cambiado muchísimo, y para bien. Además, desde que se abrió al mar gracias a los Juegos Olímpicos la disfruto muy especialmente. Pero algo importante se perdió en ese recorrido: contra Franco, Barcelona era cosmopolita, y ahora es turística. El espíritu cosmopolita es algo muy distinto. Es triste, pero Cataluña se ha vuelto muy casolana (muy de estar por casa), salvo, como siempre, para algunos notables ciudadanos recalcitrantes que por suerte siguen dando guerra… Y sí, hay libertad para crear. Pero, ya me dirás, sin espíritu cosmopolita, ¿cómo quieres que cualquier obra de creación se desarrolle, crezca y se expanda, por muy libre que sea? Queda a la medida del ámbito en que fermenta. Nace y muere sin salir de su habitáculo”.

 

“Si me apuras”, añade, “me atrevería a decir que un poco cateta es hoy día casi toda Europa, temerosa y como desconcertada ante el fenómeno de la globalización que la está minando por todas partes, económica, social, cultural y políticamente. Cada país se ha ensimismado en sus propios problemas y ha decidido defender su cultura superprotegiéndola. Creo que de ahí proviene la idea de que la cultura es cara y de que, en efecto, el Estado debe subvencionarla, olvidando lo que esta política cultural ha generado en el pasado: o bien grandes proyectos costosísimos, vistosísimos, pero vacíos de contenido, o bien mediocridad (cantidad primando sobre calidad). Recuerdo una visita de Arthur Miller a Jorge Semprún cuando éste era ministro de Cultura, allá por 1989-1990. Muy admirado e intrigado, recorrió con la mirada el inmenso despacho del ministro y le preguntó: ‘¿Y para qué sirve realmente un ministerio de Cultura?’. Recordemos que Estados Unidos no tiene ministerio de Cultura y durante décadas ha sido el centro neurálgico de todas las culturas occidentales. Si hoy la creación literaria norteamericana está en crisis, no es por falta de proteccionismo, sino, creo, por haberse ensimismado y cerrado a otros horizontes culturales. Por otra parte, nunca he sido partidaria de Estados-padrecitos; nunca dan nada sin pedir algo a cambio, generalmente el alma del protegido. En este aspecto, ¡la cultura sí es cara, demasiado cara en efecto!”.

 

La conversación vuelve al mundo literario, y más concretamente al mundo literario de Beatriz de Moura. Al fin y al cabo, nosotros elegimos los libros y ellos nos eligen a nosotros, y en ese ir y venir de afinidades o emociones se construye una biografía tan intensa y auténtica como la del vivir. “Por increíble que parezca, muy pronto, quizá entre los siete y los nueve años, leí en serio de la biblioteca paterna dos libros a los que vaya una a saber por qué sigo recordando como importantes para mí: La vida de Jesús, de J.-E. Renan, y La vida de las hormigas, de Maurice Maeterlinck, libros que, según mi padre, estaban en el índice de los prohibidos por la Iglesia. Del primero permanece en mí, supongo que por desconocida entonces, una nítida sensación de pecaminosa sensualidad; y del segundo, algo así como la justificación de una curiosidad por casi todo, de la que antes de esa lectura siempre me había sentido culpable, no sé muy bien por qué, y a partir de entonces, nunca más”.

 

Pasamos por alto, por evidentes y universalmente compartidos, los Salgari, Verne, Defoe o Mark Twain, y proseguimos el recorrido. “Hacia los 12 años, no sé si con muy buen tino, en el liceo francés de Roma, por ejemplo, ya empezaban a hacerte leer para analizarlos a autores franceses confrontados, por ejemplo: Racine, Corneille y Molière; Voltaire y Rousseau; Victor Hugo (poeta) y Baudelaire; Balzac y Georges Sand; Flaubert y Stendhal… Por encima de todos los tiempos y de todos ellos, para mí estuvo siempre Stendhal y La cartuja de Parma. Con este libro viví una experiencia que recomiendo a cualquiera que tenga curiosidad por conocerse mejor. De joven, el personaje de Fabricio del Dongo me fascinó, en el fondo quería ser como él, sentir como él. Releí esta maravillosa novela ya con más de 60 años y me di cuenta de que Fabricio no era en realidad más que la representación de un –con perdón– gilipollas; tuve la casi seguridad de que Stendhal hacía con su personaje una caricatura grotesca del romanticismo mal entendido. En cambio, se me apareció el conde Mosca como uno de los personajes más fuertemente cargados de ‘razón de ser’ de la literatura universal. Ya de adulta, el autor que más me ha marcado –y de por vida– es Albert Camus. Dicen que hay libros que cambian una vida. Para mí fueron El mito de Sísifo y, casi seguido, El hombre rebelde, que leí en un momento especialmente difícil, en esa edad abominable de los 20 años”.

 

“A partir de entonces, mi voracidad de lecturas fue casi enfermiza. Quería leerlo todo, de modo que leí de la manera más caótica que pueda imaginarse, ficción de preferencia. Podía pasar con una naturalidad pasmosa de un ensayo sesudo a una novelita de Corín Tellado. Y, cuando ya trabajaba en editoriales, descubrí deslumbrada, casi a la vez, la literatura norteamericana e hispanoamericana. Sin embargo, a partir del momento en que empecé a leer por obligación, o sea, desde que tuve que leer, primero como lectora para otras editoriales y luego como editora yo misma, la naturaleza misma del placer de la lectura cambió radicalmente. Ya no leí sólo para complacerme a mí o instruirme yo, sino también para complacer e instruir a un lector hipotético que, por encima de mi hombro, empezó a compartir conmigo la lectura del mismo libro. Al principio me costó hacerme a esa presencia fantasmal a mis espaldas, pero hace ya mucho tiempo que me he acostumbrado a ella; tanto, que a veces hasta decide por mí…”.

 

Así es como la lectora se hizo editora, para el disfrute de otros muchos lectores. En su catálogo son muchos los nombres consagrados, populares o minoritarios, pero quizá la mayor satisfacción de un editor sea la de descubrir nuevos talentos. “Para publicar el libro de un autor desconocido, éste tiene que entusiasmarme o emocionarme o intrigarme o perturbarme o apasionarme o revelarme algo o sorprenderme o hacerme pensar… no sé. Depende de cada manuscrito. ¡Las lecturas son tan arbitrarias! Nadie hace la misma lectura de un libro. Esto es lo que me fascina de los libros: cada lectura es única y hace único a su lector. ¡Es magnífico! Quién sabe si es por eso por lo que mis criterios de lectura son, por un lado, tan poco intelectuales, y por otro, tan escasamente comerciales. Milan Kundera me sopló hace ya muchos años otro criterio, bastante más racional que los míos: en principio, descartar los libros difíciles de leer y fáciles de comprender, y, en cambio, prestarles especial atención a los libros fáciles de leer y algo más difíciles de comprender”.

 


 

30 de septiembre de 2006

30 de septiembre de 2006

La chica de la foto se llama Sharon Stone, tiene 48 años y es actriz. Hubiera querido relacionar de forma muy literaria todas y cada una de las razones por las que esas dos fotos me parecen magníficas, y no sólo las fotos, pero no es necesario inventariar lo evidente. La Sharon tiene razones que la razón desconoce. Y una foto vale más que mil razones.

Después de alguna enfermedad muy grave, esta mujer, a la que nunca consideré grande entre las grandes actrices, como todas las grandes actrices, sigue en plena forma. Ahí está presentando una gala contra el sida, que es como en EEUU se limpian de sentimiento de culpa  los ricos y los lisiados de espíritu colaboran con los negritos. Pero yo a la Sharon se lo perdono todo. Que haga lo que quiera.  

Vean el gesto de desplante torero por la cara A y por la cara B de su cuerpo, como si de un nuevo planeta se tratara a las puertas del universo y, lo mejor,  la caída libre de algunos continentes a su espalda: el llamado calentamiento global. Toda una metáfora con piel de loba para incondicionales.

Fue en la adaptación última de Gloria, maravilloso original de John Cassavetes, donde conseguió que me parase un rato a mirarla. Y ahí sigo.

Ustedes dirán qué les apetece tomar.

 

 

29 de septiembre de 2006

29 de septiembre de 2006

Me gustó aquello que dijo Vila Matas sobre *la espera*. La espera, eterna o no, que uno *no* desea romper con la llegada de algo, pues ese algo será siempre menor en deseo que la propia espera. En la espera no existe un camino, real o imaginario, si bien Vila Matas habla de su literatura como un viaje mental, literario, meta-literario, porque la espera es lo más parecido al vacío, al soñado vacío, es decir, a la lectura de un libro o al sueño vacío.

En la espera está también el deseo walseriano de la desaparición. Espera y desaparición definen perfectamente la literatura que me atrae, es decir, la vida que me atrae, es decir, la no-vida que uno desearía no-vivir mientras contempla esa otra vida que vive como una espera eterna. Yo espero en la espera que la vida nunca pase.

En la mirada de esos viejos sentados en el parque...

Lo siento muchísimo

Félix De Azúa // Escritor



Es desolador polemizar en público con un amigo, por lo cual avanzo que, a pesar de lo que ustedes van a leer, me sigo sintiendo amigo personal de Pasqual Maragall, si él me lo permite. Sin embargo, su escrito del 21 de septiembre en defensa de Montilla es demasiado interesante como para dejarlo pasar.


La nota, escrita sin duda con muy buena voluntad y contra lo peor del nacionalismo catalán, es un certificado de pureza de sangre ("Pepe, eres más catalán que muchos que se creen catalanes de pura cepa") expedido por alguien capacitado para ello. El bautizo está guiado por la mejor intención, pero es inaceptable. En un país libre nadie debe demostrar nada sobre su nacionalidad. El argumento no puede ser: "Tú no eres judío, Pepe, sino alemán, a pesar de lo que dicen quienes creen ser alemanes de pura sangre". El argumento tendría que haber sido: "Aquellos que separan a los judíos de los alemanes son fascistas". Solo durante el peronismo tenían los argentinos que demostrar que eran (buenos) argentinos.


El mayor peligro de la partitocracia catalana es que su nacionalismo la ha ido empujando hacia posiciones cada vez más derechistas, como a todos los partidos nacionalistas europeos. No es un consuelo, ni mucho menos una justificación, decir que también el PP se inclina hacia la extrema derecha. Es muy peligroso que los socialistas usen argumentos nacionalistas, porque dejan a una inmensa parte de la población catalana fuera del Parlament. Por eso no llegaron ni al 50% en la votación del Estatut. Y veremos si logran recuperar algo en las próximas elecciones.


La definición que aparece en la nota de Maragall ("Tienes el carácter catalán") pertenece a la antropología romántica, cuando había gente que creía en "el carácter inglés" o "el carácter eslavo". Muchas veces he dicho que el nacionalismo catalán y el vasco no son sino adaptaciones del discurso español sobre "el carácter ibérico". He aquí un ejemplo. Dice Maragall que Montilla tiene "carácter catalán" por lo siguiente: "No hablas por hablar, no usas palabras innecesarias, no hablas a tontas y a locas". De lo cual parece desprenderse que los no-catalanes son unos charlatanes tontilocos. Como rasgo de carácter es un invento, y lo comprobará cualquiera que mire de vez en cuando TV-3 o que en el bar caiga cerca de una mesa de culés. Pero como creencia es delirante.

LA SEGUNDA parte de la definición es curiosa: "Eres riguroso, eres serio, eres auténtico". Viene a ser lo que Maeztu decía de los extremeños y pertenece al mito del catalán como viajante de comercio del que te puedes fiar. Esa época ya pasó y hoy no se puede uno fiar ni de internet. En este momento lo único serio, riguroso y auténtico que queda en Catalunya es Sancho Dávila.
La tercera parte empieza a ser inquietante: "No escondes la verdad, no haces pactos extraños, no buscas la foto, buscas resultados". Esto es seguramente cierto de Montilla, pero resulta inaplicable a los dirigentes de CiU y ERC, con lo que uno sospecha que la intención de Maragall es negar que Mas, Puig o Carod son catalanes, lo que me alegraría muchísimo; y por ahí habría que empezar, por hacerles ver a quienes se creen catalanes cuánto se parecen a los nacionalistas maños y maragatos.


Pero en la conclusión regresamos a Terra Mítica: "Eres catalán por convicción. Te has ganado el serlo". He aquí la raíz misma del nacionalismo, su inconfundible origen religioso. Uno no es catalán si vive y trabaja en Catalunya, sino que tiene que ganárselo. Y para eso están los curas, para decirle a cada cual si se ha ganado o no el paraíso, lo que viene a ser un puesto de trabajo. Como decía José Antonio: "Ser catalán es una de las cosas más serias que se pueden ser en este mundo". La nefasta influencia del conservadurismo bávaro de Pujol ha penetrado en el alma socialista y han germinado flores del mal.


Porque este retrato del carácter catalán es incompatible con el socialismo y más perverso que el modelo convergente, el cual solo es la continuación del catolicismo y los negocios del franquismo, dirigido por un grupo de presión muy conservador y algo provinciano, perfectamente adecuado para mandar en una región acomodaticia.
Y este es el drama: en la definición de Maragall no hay ningún rasgo atractivo. No se dice que los catalanes sean abiertos, educados, cosmopolitas, emprendedores, simpáticos, audaces, acogedores, sin complejos de inferioridad, instruidos, divertidos, viajeros, prácticos, investigadores, curiosos, yo qué sé, algo que pertenezca al presente. En esa definición nacional, los catalanes aparecen como pequeños comerciantes, sobrios y trabajadores, modelo 1962. El ideal de la Ferrusola, de Heribert Barrera, del empresario franquista catalanista, de Laín Entralgo, del Avui...


Esta visión raquítica del "carácter catalán" es la que ha hundido la posibilidad de un cambio real en la política catalana, su auténtica modernización, la aceptación de su población real, el fin de los ideólogos, la denuncia del clientelismo y la omertà mediterránea. El fracaso del tripartito no parece haberles enseñado nada, y queda poco para el 1-N. Como no espabilen...

Los soprano

Proyectos y realidades

La arquitectura como reflejo de una nueva imagen de España

 

 



 

Del 22 de septiembre de 2006 al 14 de enero de 2007, en el Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid

Comisario: Terence Riley, Comisario Jefe de Arquitectura y Diseño del Museum of Modern Art,MOMA

Obras: 53 proyectos de edificación actualmente en construcción o recientemente construidos

La visión de la arquitectura actual realizada en España se concentra en la muestra que estos días se presenta en Madrid, recién llegada desde su primera sede expositiva, en el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York, donde recibió más de un millón de visitantes entre los meses de febrero y mayo de 2006. Son 53 proyectos de arquitectos españoles y de otros países de Europa, Asia y América, que en los últimos ocho años se han realizado o están en proceso de realización en las diferentes ciudades de nuestra geografía. La muestra plantea cómo, a partir del desarrollo económico y social alcanzado en España con la llegada de la Democracia, el fenómeno de la arquitectura y las obras públicas cobra un singular protagonismo que, hoy en día, ha convertido nuestra producción en una de las más ricas y singulares del momento. Por su experimentación y excelencia, son muchos los proyectos que evidencian ese avance en diseño y tecnología a la hora de realizar nuevas edificaciones. La entrada de España en la Unión Europea en 1986 supuso también un fuerte progreso, motivado por una importante fuente de ingresos destinada a la construcción de autopistas, puentes, estaciones e infraestructuras civiles.

Viviendas, hoteles, aeropuertos, centros de ocio y salud, escuelas, hospitales, mercados, museos y edificios de oficinas han dibujado a lo largo de los últimos años un espectacular paisaje arquitectónico, variado y cada vez más sofisticado. La muestra presenta también dos proyectos españoles que han sido galardonados con el Europan (concurso iniciado en 1989 para arquitectos europeos menores de 40 años). Se trata de las Viviendas Sociales Junto a la SE-30, obra de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano y el Estadio de Fútbol de Eduardo Arroyo a las afueras de Bilbao.

Qué España es diferente ha sido el lema de muchas campañas publicitarias y durante largo tiempo ha sido algo que caracterizaba -con mayor o menor acierto- la particular forma de entender la vida y la riqueza de nuestro país. Sin embargo, hoy en día parece que la tendencia es que todo y todos, a lo largo y ancho del mundo occidental y avanzado, seamos más iguales. La llamada globalización, que también afecta a la arquitectura, lleva a los grandes empresarios y a las instituciones a desear que el edificio que es la imagen de su empresa sea obra de tal o cual arquitecto de prestigio. Eso no es malo, a todos nos gusta vivir y trabajar en edificios buenos y bien diseñados, pero en el fondo existe el riesgo de ser catalogados por el dime quién te construye y te diré cómo eres, o del todo vale si la obra lleva una firma determinada, olvidándose en muchos casos las necesidades reales de una determinada construcción. Es una hazaña y un orgullo que nuestros mejores arquitectos, algunos de ellos aún jóvenes, sean objeto de exposiciones en museos como el MOMA, pero todavía queda camino por recorrer para que nuestras máquinas de habitar o de trabajar, y nuestras ciudades en general, encuentren un ansiado equilibrio.


Galería de imágenes

 

Proyectos en fase de realización:

1. Torres Bioclimáticas. Vitoria-Gastéiz
Iñaki Ábalos, Juan Herreros, y Renata Sentkiewicz | Abalos&Herreros

2. Centro de Arte. La Coruña
Victoria Acebo y Ángel Alonso | Acebo X Alonso Arquitectos

3. Estadio de Atletismo. Santa Cruz de Tenerife
Felipe Artengo Rufino, Fernyo Martín Menis, José M. Rodríguez-Pastrana Malagón, y
Mariola Merino Martín | AMP Arquitectos

4. Centro de Talasoterapia. Gijón
Francisco Leiva Ivorra y grupo aranea

5. Parador Alcalá de Henares, Madrid
Maria José Aranguren López y José González Gallegos | Aranguren&Gallegos

6. Casa Levene San Lorenzo de El Escorial, Madrid
Eduardo Arroyo | NO.MAD Arquitectos

7. Museo de Andalucía. Granada
Alberto Campo Baeza | Estudio Arquitectura Campo Baeza

8. Fachada del Ayuntamiento. Manresa, Barcelona
manuel bailo + rosa rull

9. Centro de Artes Escénicas. Vitoria-Gastéiz
Juan Navarro Baldeweg

10. Casa en un huerto de cerezos. Granada
Juan Domingo Santos

11. Ciudad de Cultura de Galicia. Santiago de Compostela
Peter Eisenman | Eisenman Architects

12. Teatro Municipal y Auditorio. Torrevieja, Alicante
Alejyro Zaera-Polo y Farshid Moussavi | Foreign Office Architects (FOA)

13. Hotel en la Bodega de Marqués de Riscal. Elciego, La Rioja
Frank Gehry y Edwin Chan | Gehry Partners

14. Sharing Tower. Valencia
Vicente Guallart | Guallart Architects

15. Oficinas centrales de Euskotren. Durango, Vizcaya
Zaha Hadid con Patrik Schumacher | Zaha Hadid Architects

16. La Ciudad del Flamenco. Jerez de la Frontera, Cádiz
Jacques Herzog y Pierre de Meuron | Herzog & de Meuron

17. Campus de la Universidad de Vigo. Vigo
Jesús Irisarri Castro y Guadalupe Piñera Manso | irisarri + piñera

18. Parque de relajación. Torrevieja, Alicante
Toyo Ito | Toyo Ito & Associates, Architects

19. Parasol Metropol. Sevilla
Jürgen Mayer H. | J.MAYER H.

20. Museo de Cantabria. Santander
Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla | Mansilla+Tuñón, Arquitectos

21. Housing Tower. Valencia
Josep Lluís Mateo – MAP Arquitectos

22. Vivienda. Carabanchel, Madrid
Thom Mayne con Begoña Diaz-Urgorri | Morphosis con B+ DU Estudio de Arquitectura

23. Biblioteca. Jerez de la Frontera, Cádiz
José Morales y Sara Giles | MGM Morales+Giles+Mariscal

24. Oficinas centrals de Gas Natural. Barcelona
Enric Miralles y Benedetta Tagliabue | EMBT Miralles Tagliabue Arquitectes Associats

25. Teatro y Auditorio. La Vila Joiosa, Alicante
José Maria Torres Nadal + Antonio Marquerie

26. Centro de Congresos. Córdoba
Rem Koolhaas y Ellen van Loon | Office for Metropolitan Architecture (OMA)

27. Centro de Tennis. Madrid
Dominique Perrault | Dominique Perrault Architecture

28. Plaza y espacios de usos mixtos. Barakaldo, Vizcaya
Javier Fresneda, Javier Sanjuan, y Javier Peña | MTM arquitectos y XPIRAL

29. Palacio de Congresos y Exposiciones. Ávila
Francisco Mangado | Mangado y Asociados

30. Casa Rural. Girona
Rafael Arya, Carme Pigem, y Ramón Vilalta | RCR Arquitectes

31. Hotel Habitat. L'Hospitalet de Llobregat, Barcelona
Enric Ruiz-Geli | Cloud 9 con Acconci Studio y Ruy Ohtake

32. Ampliación del IVAM. Valencia
Kazuyo Seijima + Ryue Nishizawa / SANAA

33. Centro de Congresos. Badajoz
José Selgas y Lucía Cano | selgascano

34. Edificio Zaida. Granada
Álvaro Siza | Álvaro Siza 2 Arquitecto

35. Museo Nacional de Arqueología Marina. Cartagena, Murcia
Guillermo Vázquez Consuegra

Proyectos concluidos:

1. Complejo Woermann. Las Palmas de Gran Canaria, 005
Iñaki Ábalos, Juan Herreros, Renata Sentkiewicz, Joaquin Casariego, y Elsa Guerra |Abalos&Herreros con CASARIEGO/GUERRA, arquitectos

2. Estadio de Fútbol. Barakaldo, Vizcaya, 2003
Eduardo Arroyo | NO.MAD Arquitectos

3. Acceso al Paseo del Ovalo. Teruel, 2004
David Chipperfield Architects y b720 Arquitectos

4. Centro de salud. Santa Eulalia, Ibiza, 2003
Mario Corea y Lluís Morán | Corea & Morán Arquitectura

5. Aeropuerto Norte de Tenerife. La Laguna, Tenerife, 2002
Antonio Corona, Arsenio P. Amaral, y Eustaquio Martinez | N.Tres

6. Centro de Servicios Sociales. Barcelona, 2003
Carlos Ferrater y Lucia Ferrater | Carlos Ferrater Partnership

7. Escuela de Arte Escénicas. Santa Cruz de Tenerife, 2003
Juan Antonio González y Urbano Yanes Tuña | GPY arquitectos

8. Museo de Arte Contemporanio. León, 2005
Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla | Mansilla+Tuñón, Arquitectos

9. Mercado de Santa Caterina. Barcelona, 2005
Enric Miralles y Benedetta Tagliabue | EMBT Miralles Tagliabue Arquitectes Associats

10. Ampliación del Ayuntamiento. Murcia, 1998
Rafael Moneo

11. Edificio Mirador. Sanchinarro, Madrid, 2005
Winy Maas, Jacob van Rijs y Nathalie de Vries con Blanca Lleó | MVRDV con Blanca
Lleó Estudio de Arquitectura

12. Viviendas Sociales SE-30. Sevilla, 2002
Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano | Nieto Sobejano Arquitectos

13. Ampliación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid, 2005
Jean Nouvel | Ateliers Jean Nouvel con Alberto Medem

14. Torre Agbar. Barcelona, 2005
Jean Nouvel | Ateliers Jean Nouvel con b720 Arquitectos

15. Centro de Congresos y Auditorio BaluArte. Pamplona, 2003
Francisco Mangado | Mangado y Asociados

16. Terminal del Aeropuerto de Barajas. Madrid, 2006
Richard Rogers Partnership y Estudio Lamela

17. Capilla Valleaceron. Almadenejos, Ciudad Real, 2000
Sol Madridejos y J. C. Sancho Osinaga | SANCHO-MADRIDEJOS ARCHITECTURE OFFICE

18. Escaleras de La Granja. Toledo, 2000
José Antonio Martinez Lapeña y Elías Torres Tur | Martínez Lapeña – Torres, Arquitectos


27 de septiembre de 2006

27 de septiembre de 2006

( Parte del ejército popular vasco que desfiló en el Día del Soldado Vasco. Se trata, en este caso, de la caballería de alta montaña. La foto es del blog de Santiago González, tomada al paso ligero de los bravos soldados montados en su elegantes caballos)

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Ya en el sur, leo algo sobre el Día del Soldado Vasco (Gudari Eguna). Si las patrias pútridas siempre han necesitado lenguas que las incomuniquen y las definan junto al enemigo,( que no falte el enemigo ), han sido los ejércitos, reales o ficticios, los que han puesto la música de fondo a esa nana que acompaña en forma de adjetivo todo cuanto toca. Sumados Soldado y Vasco nos proporciona la medida perfecta del vacío.

Por mucho que procuro ver otras variables, el resultado siempre es el mismo : miseria intelectual. Eso sí, sobre las verdes praderas, ese paisaje prestado para que el decorado de la patria parezca real, unos mil quinientos han gritado que la sangre está lista para escribir un nuevo capítulo de la impostura.

Lo dicho, miseria intelectual, como único patrimonio patrio.

¡Felicitaciones, señor Aznar!

¡Felicitaciones, señor Aznar!

Si la lección magistral de Benedicto XVI en Ratisbona se ha prestado a críticas, menos doctrinales que en razón de su oportunidad, la del ex presidente del Gobierno en el Instituto Hudson de Washington merece sin duda un aplauso cerrado. ¡Pocas veces una percepción de la historia tan honda como la suya ha sido expuesta con tanta brillantez conceptual! Si el mundo islámico reclama que el Pontífice pida perdón por sus palabras, ¿cómo explicar que ningún musulmán le haya pedido perdón a él "por conquistar España y estar allí ocho siglos"?

En estos tiempos de recuperación de la memoria histórica, habrá que remontarse así mucho más atrás y exigir cuentas a quienes acabaron con el reino visigodo de don Rodrigo: crear asociaciones destinadas a establecer el número de víctimas de los precursores de Al Qaeda entre 711 y 1492. Tarea ingente, desde luego, pero que no debería desalentarnos: desenterrar fosas, calcular daños, establecer cifras fiables de damnificados y de sumas de vidas. Sin olvidar la demanda fundamental del perdón. Perdón por sus victorias, derrotas y ocupación ilegal de la Península, ya que no por boca de Tarik y Muza y de sus mandatarios Omeyas, sino por la de Marruecos y, mejor aún, de la Liga Árabe y de la Conferencia Islámica. Un acto de desagravio colectivo al señor Aznar y, a través de él, a la España violentada y sometida durante 800 años.

Lo malo de tan bien trabado razonamiento es que la culpa retrospectiva no puede extinguirse en una fecha precisa. Puesto que España existía antes de la llegada de la morisma, habría que exigir cuentas a quienes la invadieron antes: suevos, vándalos, alanos, visigodos. También ellos ocuparon nuestra patria y cometieron toda suerte de tropelías.

No se me ocultan las dificultades a las que se enfrentaría una comisión encargada de fijar pérdidas, atender reclamaciones, componer una relación de las víctimas, pero no podemos admitir a estas alturas del razonamiento del anterior jefe de Gobierno un plazo límite de prescripción. Porque los romanos conquistaron asimismo la España eterna, siguiendo el ejemplo de cartagineses, fenicios, griegos y tartesios. ¡Cuántas y cuántas afrentas impunes que exigen, si no reparación de pérdidas materiales, al menos una procesión penitencial de los sucesivos ocupantes frente a los despachos del señor Aznar!

La convicción del presidente de la FAES de que nos hallamos en guerra y "de que para combatirla es indispensable creer en vencerla" justifica sus sonadas declaraciones de hace unas semanas en la BBC. Según el héroe de Perejil y de las Azores, la OTAN debería bombardear Líbano, e Israel entrar en el Pacto Atlántico. Las muertes y destrozos ocasionados por la guerra de 33 días en el país de los cedros no bastaban, puesto que "Occidente no atacó al Islam, sino que nos atacaron ellos". Todos recordamos en efecto las venturas y desventuras del colonialismo argelino en Francia, el egipcio e iraquí en Reino Unido, el rifeño en Andalucía. La solidez de estos argumentos avala su sabia combinación de historiador escrupuloso y de político dotado, como su amigo Bush, de visión y de previsión.

"Necesitamos atlantistas y reconstruir Occidente", dice Aznar y, como ejemplo a seguir, cita a los Reyes Católicos, unificadores de España y descubridores de América. Pero su admiración por ellos, ¿se extiende igualmente a la creación del Santo Oficio y la expulsión de los judíos, como algunos de los oyentes de su lección magistral en el Instituto Hudson debieron preguntarse? Teniendo en cuenta que el islam, y no Al Qaeda constituye una amenaza que "está en todas partes y bajo la cual estamos todos", no es el momento adecuado no obstante para pararse en minucias.

Los españoles nos sentimos huérfanos desde que un oscuro compló etarro-islamista desalojó del poder al partido liderado por el señor Aznar.

JUAN GOYTISOLO


 

26 de septiembre de 2006

26 de septiembre de 2006

Aquel relato de Carver titulado Vecinos lo he vuelto a leer en el tren, camino de Sevilla. El conjunto de relatos Short Cuts, vidas cruzadas, editado por Campactos Anagrama, es una delicia. Cuando lo terminé de leer recordé la primera vez , hace más de 2o años. Entonces ya me pareció un relato terrorífico, pero hoy me lo ha parecido mucho más. Será la edad.

Vecinos

Bill y Arlene Miller eran una pareja feliz. Pero de vez en cuando se sentían que solamente ellos, en su círculo, habían sido pasados por alto, de alguna manera, dejando que Bill se ocupara de sus obligaciones de contador y Arlene ocupada con sus faenas de secretaria. Charlaban de eso a veces, principalmente en comparación con las vidas de sus vecinos Harriet y Jim Stone. Les parecía a los Miller que los Stone tenían una vida más completa y brillante. Los Stone estaban siempre yendo a cenar fuera, o dando fiestas en su casa, o viajando por el país a cualquier lado en algo relacionado con el trabajo de Jim.
Los Stone vivían enfrente del vestíbulo de los Miller. Jim era vendedor de una compañía de recambios de maquinaria, y frecuentemente se las arreglaba para combinar sus  negocios con viajes de placer, y en esta ocasión los Stone estarían de vacaciones diez días, primero en Cheyenne, y luego en Saint Louis para visitar a sus parientes. En su ausencia, los Millers cuidarían del apartamento de los Stone, darían de comer a Kitty, y regarían las plantas.
Bill y Jim se dieron la mano junto al coche. Harriet y Arlene se agarraron por los codos y se besaron ligeramente en los labios.
- ¡Divertíos! – dijo Bill a Harriet.
- Desde luego – respondió Harriet – Divertíos   también.
Arlene asintió con la cabeza.
 
Jim le guiñó un ojo.
- Adiós Arlene.  ¡Cuida mucho a tu maridito!
- Así lo haré – respondió Arlene.
- ¡Divertíos! dijo Bill.
- Por supuesto – dijo Jim sujetando ligeramente a Bill del brazo – Y gracias de nuevo.
Los Stone dijeron adiós con la mano al alejarse en su coche, y los Miller les dijeron adiós con la mano también.
- Bueno, me gustaría que fuéramos nosotros – dijo Bill.
- Bien sabe Dios lo que nos gustaría irnos de vacaciones – dijo Arlene. Le cogió del brazo y se lo puso alrededor de su cintura mientras subían las escaleras a su apartamento.
Después de cenar Arlene dijo:
- No te olvides. Hay que darle a Kitty sabor de hígado la primera noche – Estaba de pie en la entrada a la cocina doblando el mantel hecho a mano que Harriet le había comprado el año pasado en Santa Fe.

Bill respiró profundamente al entrar en el apartamento de los Stone. El aire ya estaba denso y era vagamente dulce. El reloj en forma de sol sobre la televisión indicaba las ocho y media. Recordó cuando Harriet había  vuelto a casa con el reloj; cómo había venido a su casa para mostrárselo a Arlene meciendo la caja de latón en sus brazos y hablándole a través del papel del envoltorio como si se tratase de un bebé.
Kitty se restregó la cara con sus zapatillas y después rodó en su costado pero saltó rápidamente al moverse Bill a  la cocina y seleccionar del reluciente escurridero una de las latas colocadas.  Dejando a la gata que escogiera su comida, se dirigió al baño. Se miró en el espejo y a continuación cerró los ojos y volvió a mirarse. Abrió el armarito de las medicinas. Encontró un frasco con pastillas y leyó la etiqueta: Harriet Stone. Una al día según las instrucciones – y se la metió en el bolsillo. Regresó a la cocina, sacó una jarra de agua y volvió al salón. Terminó de regar, puso la jarra en la alfombra y abrió el aparador donde guardaban el licor. Del fondo sacó la botella de Chivas Regal. Bebió dos veces de la botella, se limpió los labios con la manga y volvió a ponerla en el aparador.
Kitty estaba en el sofá durmiendo. Apagó las luces, cerrando lentamente y asegurándose que la puerta estaba cerrada. Tenía la sensación que se había dejado algo.
- ¿Qué te ha retenido? – dijo Arlene. Estaba sentada con las piernas cruzadas, mirando televisión.
- Nada. Jugando con Kitty – dijo él, y se  acercó a donde estaba ella y le tocó los senos.
- Vámonos a la cama, cariño – dijo él.

Al día siguiente Bill se tomó solamente diez minutos de los veinte y cinco permitidos en su descanso de por la tarde y salió a las cinco menos cuarto. Estacionó el coche en el estacionamiento en el mismo momento que Arlene  bajaba del autobús. Esperó hasta que ella entró en el edificio, entonces subió las escaleras para alcanzarla al descender del ascensor.
- ¡Bill! Dios mío, me has asustado. Llegas temprano – dijo ella.
Se encogió de hombros. No había nada que hacer en el trabajo -dijo él. Le dejo que usará su llave para abrir la puerta. Miró a la puerta al otro lado del vestíbulo antes de seguirla dentro.
- Vámonos a la cama – dijo él.
- ¿Ahora?  - rió ella – ¿Qué te pasa?
- Nada. Quítate el vestido – La agarró toscamente, y ella le dijo:
- ¡Dios mío! Bill
Él se quitó el cinturón. Más tarde pidieron comida china, y cuando llegó la comieron con apetito, sin hablarse, y escuchando  discos.
- No nos olvidemos de dar de comer a Kitty – dijo ella.
- Estaba en este momento pensando en eso – dijo él – Iré ahora mismo.
Escogió una lata de sabor de pescado, después llenó la jarra y fue a regar. Cuando regresó a la cocina, la gata estaba arañando su caja. Le miró fijamente antes de volver a su caja-dormitorio. Abrió todos los gabinetes y examinó las comidas enlatadas, los cereales, las comidas empaquetadas, los vasos de vino y de cocktail, las tazas y los platos, las cacerolas y las sartenes. Abrió el refrigerador. Olió el apio, dio dos mordiscos al queso, y masticó una manzana mientras caminaba al dormitorio. La cama parecía enorme, con una colcha blanca de pelusa que cubría hasta el suelo. Abrió el cajón de una mesilla de noche, encontró un paquete medio vació de cigarrillos, y se los metió en el bolsillo. A continuación se acercó al armario y estaba abriéndolo cuando llamaron a la puerta. Se paró en el baño y tiró de la cadena  al ir  a abrir la puerta.
- ¿Qué te  ha  retenido  tanto? – dijo Arlene – Llevas  más  de una hora aquí.
- ¿De verdad? – respondió él.
- Sí, de verdad – dijo ella.
- Tuve que ir al baño – dijo él.
- Tienes tu propio baño – dijo ella.
- No me pude aguantar – dijo él.
Aquella noche volvieron a hacer el amor.

Por la mañana hizo que Arlene llamara por él. Se dio una ducha, se vistió, y preparó un desayuno ligero. Trató de empezar a leer un libro. Salió a dar un paseo y se sintió mejor. Pero después de un rato, con las manos todavía en los bolsillos, regresó al apartamento. Se paró delante de la puerta de los Stone por si podía oír a la gata moviéndose. A continuación abrió su propia puerta y fue a la cocina a por la llave.
En su interior parecía más fresco que en su apartamento, y más oscuro también. Se preguntó si las plantas tenían algo que ver con la temperatura del aire. Miró por la ventana, y después se movió lentamente por cada una  de  las  habitaciones  considerando todo lo que se le venía a la vista, cuidadosamente, un objeto a la vez. Vio ceniceros, artículos de mobiliario, utensilios de cocina, el reloj. Vio todo. Finalmente entró en el dormitorio, y la gata apareció a sus pies. La acarició una vez, la llevó al baño, y cerró la puerta.
Se tumbó en la cama y miró al techo. Se quedó un rato con los ojos cerrados, y después movió la mano por debajo de su cinturón. Trató de acordarse qué día era. Trató de recordar cuando regresaban los Stone, y se preguntó si regresarían algún día. No podía acordarse de sus caras o la manera cómo hablaban y vestían. Suspiró y con esfuerzo se dio la vuelta en la cama para inclinarse sobre la cómoda y mirarse en el espejo.
Abrió el armario y escogió una camisa hawaiana. Miró hasta encontrar unos pantalones cortos, perfectamente planchados y colgados sobre un par de pantalones de tela marrón. Se mudó de ropa y se puso los pantalones cortos y la camisa. Se miró en el espejo de nuevo. Fue a la sala y se puso una bebida y comenzó a beberla de vuelta al dormitorio. Se puso una camisa azul, un traje oscuro, una corbata blanca y azul, zapatos negros de punta. El vaso estaba vacío  y se fue para servirse otra bebida.
En el dormitorio de nuevo, se sentó en una silla, cruzó las piernas, y sonrió observándose a sí mismo en el espejo. El teléfono sonó dos veces y se volvió a quedar en silencio. Terminó la bebida y se quitó el traje. Rebuscó en el cajón superior hasta que encontró un par de medias y un sostén. Se puso las medias y se sujetó el sostén, después buscó por el armario para encontrar un vestido. Se puso una falda blanca y negra a cuadros e intentó subirse la cremallera. Se puso una blusa de color vino tinto que se abotonaba por delante. Consideró los zapatos de ella, pero comprendió que no le entrarían. Durante un buen rato miró por la ventana del salón detrás de la cortina. A continuación volvió al dormitorio y puso todo en su sitio.

No tenía hambre. Ella no comió mucho tampoco. Se miraron tímidamente y sonrieron. Ella se levantó de la mesa y comprobó que la llave estaba en la estantería y a continuación se llevó los platos rápidamente. Él se puso de pie en el pasillo de la cocina y fumó un cigarrillo y la miró recogiendo la llave.
- Ponte cómodo mientras voy  a su casa – dijo ella – Lee el periódico o haz algo – Cerró los dedos sobre la llave. Parecía, dijo ella, algo cansado.
Trató de concentrarse en  las  noticias. Leyó el  periódico y encendió la televisión. Finalmente, fue al otro lado del vestíbulo. La puerta estaba cerrada.
- Soy yo. ¿Estás todavía ahí, cariño? – llamó él.
Después de un rato la cerradura se abrió y Arlene salió y cerró la puerta.
- ¿Estuve mucho tiempo aquí? – dijo ella.
- Bueno, sí estuviste – dijo él.
- ¿De verdad? – dijo  ella –  Supongo que  he  debido  estar jugando con Kitty.
La estudió, y ella desvió la mirada, su mano estaba apoyada en el pomo de la puerta.
- Es divertido – dijo ella – Sabes, ir a la casa de alguien más así. - Asintió con la cabeza, tomó su mano del pomo y la guió a su propia puerta. Abrió la puerta de su propio apartamento.
- Es divertido – dijo él.
Notó hilachas blancas pegadas a la espalda del suéter y el color subido de sus mejillas. Comenzó a besarla en el cuello y el cabello y ella se dio la vuelta y le besó también.
- ¡Jolines! – dijo ella – Jooliines – cantó  ella  con voz de niña pequeña aplaudiendo con las manos – Me acabo de acordar que me olvidé real y verdaderamente de lo que había ido a hacer allí. No di de comer a Kitty ni regué las plantas. Le miró -¿No es eso tonto? - No  lo  creo –  dijo  él – Espera  un  momento. Recogeré  mis cigarrillos e iré contigo.
Ella esperó hasta que él había cerrado con llave su puerta, y entonces se cogió de su brazo en su músculo y dijo:
- Me imagino que te lo debería decir. Encontré  unas  fotografías.
Él se paró en medio del vestíbulo.
- ¿Qué clase de fotografías?
- Ya las verás tú mismo – dijo ella y le miró con atención.
- No estarás bromeando – sonrió él - ¿Dónde?
- En un cajón – dijo ella.
- No bromeas – dijo él.
Y entonces ella dijo:
- Tal vez no regresarán -  e inmediatamente se sorprendió de sus palabras.
- Pudiera suceder – dijo él – Todo pudiera suceder.
- O tal vez regresarán y … - pero no terminó.
Se cogieron  de  la  mano durante el corto camino  por el vestíbulo, y cuando él habló casi no se podía oír su voz.
- La llave – dijo él – Dámela.
- ¿Qué?  - dijo ella – Miró fijamente a la puerta.
- La llave – dijo él – Tú tienes la llave.
- ¡Dios mío! – dijo ella – Dejé la llave dentro.
- Él  probó el pomo. Estaba cerrado con llave. A continuación  intentó mover el pomo. No se movía. Sus labios estaban apartados, y su respiración era dificultosa. Él abrió sus brazos y ella se le echó en ellos.
- No te preocupes – le dijo al oído – Por Dios, no te preocupes.
Se quedaron allí. Se abrazaron. Se inclinaron sobre la puerta como si fuera  contra el viento, y se prepararon.

Raymond Carver

(© Versión castellana de Luis Larios Vendrell, para ZERKALO.
Título original: “Neighbors”. Publicado en la revista Esquire en 1971, siendo Gordon Lish editor)

El Mundial ‘sin hogar’

Otro fútbol es posible. El próximo fin de semana comienza en Suráfrica la cuarta edición del Mundial de los ‘homeless’, los ‘sin hogar’, una iniciativa que trata de insuflarles autoestima. Jugarán selecciones de 48 países. Hemos estado con el equipo español

JOSÉ MARCOS

EL PAIS SEMANAL - 17-09-2006

Han bebido vino peleón a mansalva, han bajado a los infiernos en busca del destello, momentáneo pero intenso, de la heroína o la cocaína, han vendido sus cuerpos por un puñado de parné, por supuesto han robado al despiste o por las bravas… Y defienden con orgullo la zamarra de España. Manuel, Kike, Alfredo, José Ignacio, Paco, Luis Antonio, Jesús y Giusseppe, para algunos, parásitos, gandules, yonquis, con un deterioro físico notable y la autoestima en baja forma, vestirán la roja a partir del próximo fin de semana y durante 10 días en la cuarta edición de la Homeless World Cup de Suráfrica, el Mundial de los desamparados.

“Todo lo que sé con certeza sobre moral es gracias al fútbol”. El memorando, de Albert Camus, cobra sentido cuando se observa a los ocho expedicionarios sin hogar que han acudido a Ciudad del Cabo –que también albergará el Mundial oficioso de 2010– dejándose el alma en los entrenamientos. Se saben afortunados. Más de 50 moradores de las aceras de todas las razas y edades pasan cada año por el proyecto iniciado hace cuatro por la Red de Apoyo a la Integración Social (RAIS) y el Centro de Acogida de San Isidro de Madrid, en respuesta a la llamada de la Red Internacional de Periódicos Europeos de Calle, promotora de tan peculiar torneo. “Es un premio, un reconocimiento a su esfuerzo por salir del pozo. Aunque no necesariamente van los mejores deportistas. La finalidad no es traerse un trofeo, sino que se reincorporen a la sociedad”, puntualiza Saúl Rodríguez, el responsable del grupo. ¿Palabrería barata? No cuando presenta a Jesús Baeza, un hombre de 62 años al que el vicio por el garrafón no se lo ha llevado al otro barrio de milagro. Entre los 16 y 24 años se dedicó a atracar bancos. “Pero sin violencia, no me va eso”, puntualiza. Nunca corrió la sangre. Bastaba con enseñar la recortada. Ahora se convierte en otro cuando le da al balón. “El deporte tiene el poder de transformar a las personas”, apunta Saúl.

Como ya pasó hace tres años en la ciudad austriaca de Graz y a continuación en Gotemburgo (Suecia) y Edimburgo (Escocia), el street soccer ofrece la emoción de una versión del deporte rey donde dos equipos de cuatro jugadores, da igual el sexo, disputan 14 minutos de fútbol extremo repartidos en dos tiempos. Sin defensas, centrocampistas ni atacantes. Sin tener que haber nacido en el país que visten: la patria es la calle, fue el mensaje de los ocho africanos que ganaron para Austria el primer campeonato. “El fútbol sala es lo más parecido, aunque esto es un correcalles, que si todos p’atrás que si todos p’alante; no hay distinciones entre puntas ni interiores”, observa Paco Calixto, de Andújar (Jaén). Tiene 56 años, dice que jamás ha birlado un centavo, y cuenta que hace 15 años lió un hatillo y se fue de casa, harto de las broncas con su señora. “Robar es tentador. Es lo fácil. Yo me gano la vida decentemente, vendiendo abanicos, rebuscando en la basura… Siempre queda un trocito de carne por ahí, en las patas de los jamones”. ¿Qué es lo que más cuesta? “Que te vea el vecino, aunque, por supuesto, siempre se hará el despistado”. El caso de Paco es quizá el más aterrador: nada de bingos, nada de drogas, nada de vivir la noche. Nada de nada, sólo una relación sentimental fallida. “La noche es dura, como la ola de frío de hace un par de años; seis grados bajo cero… Eso es frío”.

El prototipo de las personas sin hogar –un mendigo es aquel que pide limosna; un vagabundo, el que va de una ciudad a otra, y un indigente, el que carece de comida y de ropa– es el de un varón de entre 41 y 65 años, soltero, alcohólico, con problemas de salud y poca formación cultural. Poco a poco, el perfil cambia, conforme al ritmo de la sociedad. “La gente no es consciente de lo fácil que resulta terminar en la calle”, explica José Manuel Caballol, secretario general de la RAIS. “Si tienes un empleo inestable, de poca capacidad económica, temporal, y las relaciones sociales empiezan a resquebrajarse, te sitúas en la línea divisoria. El 90% de los casos se guía por estos patrones”. Puede que la advertencia suene exagerada. ¿O no?

“Sigue imperando la idea de que son unos locos o que están así porque se lo han buscado. Que han optado por una vida romántica, que han nacido en una familia muy pobre. No necesariamente. Es una pobreza muy especial, relacionada con los malos tratos, con el abandono familiar”, explica Manuel Muñoz, psicólogo de la Universidad Complutense y autor del estudio Los límites de la exclusión. Sus conclusiones corroboran la magnitud del problema: el 25% es menor de 20 años, el 15% ha estudiado una carrera, la mitad entra en la categoría de inmigrantes económicos… Se calcula que hay entre 50.000 y 200.000 personas sin hogar en España –no existen datos fiables–; de ellas, unas 15.000 duermen al raso a diario. Las cifras se triplican si se considera a quienes duermen en la calle esporádicamente. “El 90% de estas personas solventa sus problemas en menos de un año. Se levantan después de caerse. Pero hay un 10% reincidente, que por sí solos no pueden”, dicen en la RAIS. “Lo único que deseas es no volver a despertarte”, responden automáticamente quienes lo han pasado. La calle les ha convertido en clones.

La terapia futbolera tiene su ironía. La vida les ha tratado a patadas, y es precisamente así, dando golpes a una pelota, como pretenden rescatarles de los días al raso. Funciona. Más que profundizar en el arte del regate, o de emular a Beckham en los libres directos, el objetivo es que los futbolistas vuelvan a cumplir con unos horarios, que recuerden lo que era el trabajo en equipo. El espíritu olímpico del barón de Coubertain en estado puro. “Vamos, que esto debería servirnos de trampolín, motivarnos para adquirir hábitos, responsabilidades… El fútbol es la herramienta para que te sientas útil, para que te vuelvan las ganas de luchar en la vida”, confirma Luis Antonio Ramírez, el Araña, que ya estuvo en la cita escocesa. “Siempre hay un veterano que hace de guía, que le explica al resto lo que se siente cuando el avión se eleva, cómo es la convivencia con las otras selecciones… Por eso uno repite curso”, esgrime Miguel Buzeta, uno de los entrenadores.

No es fácil meter a ocho tipos acostumbrados a deambular por ahí en un transporte cerrado, a 10.000 metros de altura, sin fumar ni beber, durante 11 horas. Esta vez le ha tocado hacer de embajador al Araña. “Dicen que lo paro casi todo, que tengo 20 brazos”. El año pasado le incluyeron entre los tres mejores porteros del Mundial. “¡Quién me lo iba a decir! Al principio no quería entrenarme; me decía: ‘¡si son unos manguis!’. Y mira”, sonríe.

Un gesto que dice mucho de su recuperación, de lo atrás que queda su erre que erre con la heroína. “Ojalá no le vuelva a ver por aquí, salvo para tomar un café de vez en cuando, como colegas. Eso significaría que ha rehecho su vida”, asiente un voluntario. Manuel Gil, en cambio, acude todos los días al centro de ayuda a la drogadicción detrás de su dosis diaria de metadona. La heroína es la droga que más secuelas físicas deja. Marca a sus consumidores. José Ignacio Aparicio le saca 10 años a Manuel, pero los dos parecen de la misma quinta. “Cuando entré en el mundillo de la droga no había la información que hay ahora. No sabía qué consumía. Ni siquiera las consecuencias”, cuenta. Jamás olvidará su primer chute. “Estábamos en el barrio, llevábamos un rollo muy sano, pero vinieron los mayores y nos ofrecieron heroína para esnifarla. Me puse malísimo, en parte me sentó mal pero me sentó bien, de alguna manera me llamó la atención. Pero esa persona que me la ofreció no me dijo ‘ten cuidado, que si la consumes tres días seguidos vas a tener dependencia’. Y así pasó”. Uno de los principales problemas a que se enfrenta la organización del Mundial es que muchos de sus participantes no pueden pasarse un día sin metadona ni antirretrovirales. “Tenemos que llevarlos encima, en el equipaje de mano. Esperemos que no haya problemas”, explica Saúl.

“Si mantenemos la fe, por pequeña que sea, algún día transformaremos nuestras vidas”, es la misiva que Luis Figo transmite a los participantes. Modesto, que hasta hace poco sobrevivía en la madrileña plaza de Quevedo, es uno de los modelos. Rehabilitado, se gana el jornal como pintor y por 20 euros diarios convive en una pensión con su esposa. Dicharachero en cuanto se habla de fútbol, advierte del “altísimo” nivel de los contrincantes. “En Suecia, los ingleses iban y venían en sus autobuses, con entrenadores del Manchester que grababan en vídeo los partidos de sus rivales”, cuenta. No exagera. Una treintena de futbolistas callejeros han firmado un contrato con algún club o se iniciaron como entrenadores. “Si la Administración se involucra, se notan las diferencias”, apostilla Buzeta. Caso de Portugal, donde el seleccionador, Luiz Felipe Scolari, presentó ante una avalancha de medios a sus ocho representantes.

Pasan las ediciones y el torneo gana adeptos –de 18 equipos en la primera edición a 48– y mecenas como la UEFA, aunque el año pasado a punto estuvo de no celebrarse. “Lo iba a albergar Nueva York, pero si las trabas burocráticas casi impiden entrar a cualquier viajero sin antecedentes, ¡imagínate a 400 personas marginales de 32 países!”, señalan los seleccionados españoles. El cofundador del evento, el escocés Mel Young, movió sus hilos y la competición se terminó disputando en Edimburgo. No logró, sin embargo, sortear los problemas con las autoridades; le acechó la sombra del 7-J, del jueves que unos terroristas musulmanes coordinados segaron 50 vidas en Londres. “A Camerún no le dejaron entrar en el Reino Unido. Argumentaban que no tenían el dinero suficiente para estar, pero era por los atentados. ¿Por qué se relaciona la violencia con estas personas? Los estudios dicen que el 80% son víctimas de ella”, se queja Caballol. Las estadísticas también sugieren que, al contrario de la tesis de Bujadín Boskov, el fútbol es algo más que un deporte-espectáculo. De los más de 200 participantes en Escocia, 80 encontraron un trabajo estable, 95 se reconciliaron con sus familias, 60 comenzaron a estudiar y 62 de 91, aquellos que libraban un combate cotidiano con la bebida y los estupefacientes, han triunfado. Paco va por el mismo camino. “Antes sólo quería pasarme todo el día pedo, pimplando vino”, suspira.

Si el Araña ejerce de gran capitán, Saúl lo es todo para los integrantes del equipo. Tan pronto suelta una regañina al que ve –otra vez– tentado por el cartón de vino como le reconforta con un abrazo. Y se desvive por unas equipaciones dignas, vista la apatía de la federación española; el año pasado aportó varias camisetas y pantalones a la causa una semana después del Mundial de Edimburgo. Eso después de la mediación del Consejo Superior de Deportes. Vodafone y Coca Cola llevan el peso fuerte del patrocinio. El Real Madrid, a través de su fundación, también arrima el hombro, ya sea con ropa deportiva, visitas a su sala de trofeos, encuentros con futbolistas de otra galaxia o entradas para los días de partido. “¡Se les ponen unas caras! Es como si vivieran un sueño”, sostiene Paulino García, de la institución madridista. “¿El Bernabéu? Precioso”, cuenta José Ignacio, el más futbolero de los ocho. Con diferencia. “El Madrid podría haber prescindido de Van Nistelrooy, soy más partidario de la cantera. De Soldado, por ejemplo, cedido a Osasuna. Se saldrá en Navarra”, barrunta. Cuesta creer que haya pasado por la cárcel. “Pero lo hice. Me junté con unos carteristas, y como no cumplía los arrestos domiciliarios porque no tenía casa…”, prosigue desmenuzando el pasado.

Más que la pobreza, los expertos alegan que la mejor explicación a la presencia de más y más personas sin hogar está en lo que denominan “sucesos vitales estresantes”. Todos tenemos alguno: separación, maltrato, pérdida del trabajo, muerte de un familiar cercano… La media de estos sucesos en una persona normal es de tres; la de los sin hogar es de casi ocho. “Con la particularidad de que además están muy agrupadas en el tiempo. No es lo mismo que los vivas a lo largo de la vida que en uno o dos años. No es lo mismo que se te muera el padre o la madre a que el otro te abandone o te maltrate, y que entonces no puedas con la casa y te echen de ella por motivos legales, porque unos meses antes no te han renovado en el trabajo… Vas sumando. Hay que tener mucha fortaleza para afrontar eso”, sostiene Muñoz.

Las historias de seleccionados y reservas darían para muchas telenovelas venezolanas. Jesús enseña sus antebrazos, repletos de cicatrices. Cada una vale por un intento de suicidio. “Me las hice con cristales rotos. Es que echo de menos a mi madre”. “Hay casos por ahí que ¡buff!…”, responde el último entrenador que le dio la Copa de Europa al Madrid, Vicente del Bosque, que ha participado en varias campañas de sensibilización. La mayoría de la población pierde a sus padres en torno a los 40 años. Manuel los vio irse de sopetón. “Mi padre palmó cuando tenía 11 años, y mi madre, con 15 cumplidos”, recuerda con un café de por medio. Era el mayor de tres hermanos y no pudo con la presión. “Era pinche de cocina y tenía mi chica hasta que llegó a casa un colega enganchado y me quise tomar unas vacaciones… Todavía no las he terminado”, añade con ironía.

A Alfredo Momomete, ecuatoguineano de 25 años, le cuesta hablar; si lo hace, es con la cabeza gacha, sin mirar a los ojos. “A ver si salimos adelante”, se dice. Aunque no destaca por sus dotes de orador, ya no es el tipo solitario que se refugiaba en el whisky. O en el vodka. O en el ron. Terminó yéndose de casa. Como Paco y Kike. Como tantos.

A sus 39 años, Kike es la víctima de la cocaína, la droga de moda. “Llevo dos meses sin probarla”, narra. Se nota que cuenta los días, horas y minutos, pero no se resigna a abandonarse de nuevo. El problema le vino por triunfar con 22 años. “Era relaciones públicas, me levantaba 3.000 euros al mes… Me creía el amo del mundo. El puto amo”. Cuando se rehabilite, igual vuelve por sus fueros, a sus tiempos como monitor de piragüismo, esquí acuático o manejo de veleros. El Araña no se corta: “Hay millones de personas que le dan al vicio los fines de semana. Ese gramo de cocaína les puede llevar en un par de años a comprarlo todos los días. No consiento que luego me vengan a dar sermones, ni que me miren como a un yonqui”.

Hay miradas que lo dicen todo. “Parece increíble, pero en Escocia, con simples miradas y con cuatro señas, te entendías con los chinos, rusos, noruegos… Éramos similares, con vivencias muy parecidas. Cuesta menos que hablar con tu vecino”, continúa la charla.

Gane o pierda España, el Mundial es la estación anterior de otra meta: montar una liga nacional para los sin hogar, como las que proliferan en los países nórdicos. “Me han contado que sueltas a llorar cuando escuchas el himno. Igual o más sentimiento tiene una persona de la calle que Fernando Torres, Raúl o Casillas”, concluye Manuel. Se levanta y se va a por su metadona, mezclada con Tang de naranja. “Nos ahogamos en un vaso de agua”, se despide. “Soy como soy, no puedo cambiar”, añade Jesús resignado. “La gente debe de pensar: ‘Vaya cristo se ha montado en Líbano y a éstos les pagan una semanita en Suráfrica”, apostilla el Araña. “Estamos con ellos, juntos vamos a meter un gol a la exclusión”, es el mensaje grabado en vídeo de Michel Salgado. Con ellos, el fútbol regresa a sus orígenes. Al lugar donde nació. A las calles.


22 de septiembre de 2006

22 de septiembre de 2006

El concepto de Baudrillard de “ hiperrealidad” es aplicable a la impostura que la preeminencia de la imagen comporta en nuestra vida cotidiana. La imagen , que supuestamente no nos ve, sin embargo, nos mira. Nos mira de tal modo que deambulamos como mudas estatuas de sal, hipnotizados, captados por eso que se nos da a ver, y que nos resulta ineludible.

Ciutadans

Ciutadans

Helmut Newton

Helmut Newton

Un gángster con los calzoncillos de un cardenal

Un gángster con los calzoncillos de un cardenal

Todos en el fondo somos sospechosos de un crimen. Unos, porque lo cometieron; el resto, porque estamos a la espera de dar con nuestra víctima. Muchos hombres se libran de ir a la cárcel porque les da pereza pasar por la armería. O porque no concurren en su vida las circunstancias que le cambiarían de camino los pies.


Se dice que la educación y la cultura frenan mucho la violencia.Yo creo que en realidad sólo la refinan y que un tipo culto y educado tiene sobre el asesino soez la ventaja de que no le importaría darle las buenas noches a sus cadáveres. Pero sometidos a las mismas circunstancias, todos los hombres seríamos igualmente perversos. Se dan en las alturas financieras horrendos crímenes de una delicada bestialidad. Los ricos urden sus asesinatos en la frialdad del despacho, rodeados de una corte de abogados y en contacto telefónico con el matón de la cloaca, un tipo cuya conciencia funciona a discreción, como un servicio público, como un taxi. El asesino a sueldo no le tiene rencor a su víctima. Simplemente hace su trabajo y procura hacerlo bien, sin dejar huellas y ni un cabo suelto que le una a quien alquiló su pistola. Antiguamente la gente se mataba por algo personal, por una deuda largo tiempo aplazada, por el amor de una mujer sudada o por el desigual reparto de un botín. Mientras los ricos fundaban empresas, los pobres ampliaban los cementerios con los cadáveres de los suyos. A un rico, otro rico no necesitaba asesinarlo. En la alta sociedad bastaba con retirar el saludo o modificar el testamento en el notario. La saña que el marginal ponía en la matanza, el rico la empleaba solo en el papeleo.


Todavía se conservan en las páginas de los periódicos rudimentarios crímenes cometidos por el insostenible peso de la pasión, urdidos en el lodo del vicio, causados por una mala tarde al póker o por el estrés de una retención de tráfico. Pero empiezan a ser una anécdota al lado de los nuevos formatos de una delincuencia perfectamente planificada en cuya estructura la improvisación cede ante la jerarquía. El crimen se ha convertido en algo frío, pulcro y ético como una iglesia o como un dispensario. Y todo empezó hace ochenta años, cuando un tal Capone creó aquella implacable maquinaria en cuyo funcionamiento la crueldad se destilaba con sutiles dosis de cortesía, de modo que el crimen organizado se revistió de la sana apariencia de la familia, como una rama noctámbula de los jesuitas. Capone ordenaba sus crímenes con una mezcla de odio y pudor, cuidándose de no ofender al mismo tiempo al Cielo y al FBI, con esa extraña deontología de alguien que se siente a salvo de la ira de Dios por haber ido de putas con los calzoncillos de un cardenal .

José Luis Alvite

Garrote vil

Garrote vil

En sus inicios, el "garrote vil" no era otra cosa que la ejecución de alguien mediante un garrotazo en la cabeza o en la nuca. El adjetivo "vil" deriva del sistema de leyes estamentales en el medioevo. Por una cuestión simbólica la decapitación con espada se consideraba pena reservada a los integrantes de la nobleza. En cambio, para los villanos (habitantes de las villas o integrantes de la "plebe"), se mantenía la ejecución con un "vulgar" garrotazo.

Más adelante, el garrote fue perversamente refinado, para pasar a consistir en un collar de hierro que, por medio de un tornillo, retrocedía hasta matar al acusado por asfixia. La variante denominada catalana incluía un punzón de hierro que penetraba por la parte posterior destruyendo las vértebras cervicales del condenado. El garrote, con sus refinamientos, fue instituido porque el ahorcamiento se consideraba excesivamente cruel, ya que el lapso de tiempo hasta la muerte era mucho más largo.

Fernando VII abolió, en 1828, la pena de muerte en horca y dispuso que, a partir de entonces, se ejecutase a todos los condenados a muerte con el garrote:

«en garrote ordinario los reos pertenecientes al estado llano, en garrote vil los castigados por delitos infamantes y en garrote noble los hijodalgo» —Real Cédula de 28 de abril de 1828

Cada tipo de ejecución llevaba aparejada una escenificación distinta, diferenciándose cada una principalmente por el modo de conducir al condenado hasta el garrote: los condenados a garrote noble iban en caballo ensillado, los de garrote ordinario iban en mula o caballo y los de garrote vil en burro o arrastrados. Es la denominación garrote vil la que ha prevalecido y hoy en día se suele usar este nombre para designar tanto al instrumento como a la pena de muerte que lo utiliza.

La ejecución se anunciaba con unos tambores con el parche flojo, no tirante, que se llamaban "cajas destempladas", de donde ha quedado la expresión.

Los últimos condenados por este sistema en España (el anarquista catalán Salvador Puig Antich, en la Cárcel Modelo de Barcelona, y el delincuente común de origen pretendidamente polaco Heinz Ches, en la de Tarragona) fueron ajusticiados el 2 de marzo de 1974.

19 de septiembre de 2006

19 de septiembre de 2006

En los diarios españoles de la época la noticia del ajusticiamiento de Salvador Puig Antich salió en un texto a columna de 25 líneas, similar al que usted está leyendo. Y salió en dos partes. La primera, el mismo día de su ejecución, daba cuenta del ´enterado´ dado la víspera por el Consejo de Ministros presidido por el general Franco para que se ejecutara la sentencia a muerte contra dos condenados a muerte: el anarquista Salvador Puig Antich y el preso común Heinz Chez, en cárceles y ciudades distintas.

Al día siguiente, otro texto de similar tamaño daba cuenta de que las ejecuciones a garrote vil se habían cumplido. Se indicaba que Puig Antich confió durante toda la noche en que sería indultado.

Del Informe de Amnistía Internacional 

"(...) la represión franquista (...) se materializó en violaciones graves a los derechos humanos y las libertades, principalmente las represalias y el exterminio contra la población civil, así como de las leyes y costumbres de la guerra en el trato dispensado a los prisioneros de guerra
(...)Por consiguiente, cualquiera de los siguientes actos propios de la represión franquista, que fueron perpetrados sistemáticamente y a gran escala contra la población civil, durante y después de la guerra, constituyen crímenes contra la humanidad: exterminio, asesinato, tortura,persecución,(...) Los crímenes de la represión franquista tuvieron un carácter sistemático y a gran escala, lo que los convierte en violaciones graves a los derechos humanos no sujetas a la prescripción, esto es, el delito continúa y es susceptible de enjuiciamiento, o lo que es lo mismo, existe impunidad. "

Salvador

Salvador

Ayer tarde, mientras se disputaba el derby,Sevilla-Betis, fui al cine a ver la película de Manuel Huerga. El 2 de Marzo de 1974 ( yo tenía 21 años), el joven militante del Movimiento Ibérico de Liberación,Salvador Puig Antich, se convirtió en el último preso político ejecutado en España mediante “garrote vil”. La película narra su historia y la de los intentos desesperados de su familia, compañeros y abogados por evitar su ejecución.

Hacía tiempo que una película no me producía tal llantina. Reviví mi memoria histórica: la manifestación a la que asistí en contra de su ejecución, los escarceos sexuales con mi primer novio en un lavadero de una azotea de un inmueble, alquilado con unos amigos para poder tener algo de intimidad, al amparo de la voz de Leonard Cohen, que sonaba bien pese a salir de un antiquísimo pick up; las sonoras broncas con mi padre, que al igual que tantos de aquella generación, incluido el padre de Salvador convivieron siempre presos de la palabra “miedo”; mi identificación con el personaje porque mi ideología y colaboración política, jamás fui militante, servían de vehículo para mi espíritu rebelde, para mi sentido de la justicia. Treinta y dos años después afortunadamente han cambiado bastantes cosas en nuestro país, aunque siguen totalmente vigentes en una parte de “nuestra aldea global”.

Se da la paradoja de que con mi actual edad, aunque con diferentes matices, también siento miedo, como mi padre entonces. En el camino se quedó gran parte de mi rebeldía, pero no se ha modificado sustancialmente mi sentido de la justicia .Los valores que entonces defendía han cambiado de destinatarios, pero continúan estando plenamente vigentes, porque las ideas contra las que me rebelaba con la fuerza de los veintiún años desgraciadamente me las vomitan a la cara diariamente en este mundo globalizado, en esta Europa y en esta España. Estoy de acuerdo con Zapatero que la actual derecha “democrática” me recuerda demasiado a la vieja extrema derecha; Me dan miedo los Azebes y Zaplana y sus clónicos; Me dan miedo “ los demócratas de izquierda desde hace dos días y también los de toda la vida “ instalados al precio que sea, incluido el de la corrupción y la pérdida de identidad , en el poder. Me da miedo la indiferencia ante la verdadera génesis, quedándonos siempre en lo anedótico, de problemas tales como la licitud de matar en nombre de dios, de la patria, de un sistema.

Estoy radicalmente en contra de la pena de muerte y estoy radicalmente en contra de que un ser humano se inmole y muera “revolucionariamente” por defender sus ideas. No creo en un dios que me de la vida y por ello no tenga derecho a quitármela y a quitarla, simplemente sigo creyendo como Celaya en el poder de la palabra. Sostengo como Máximo que “El hombre es un hombre para el hombre y con eso ya tiene bastante” .No nos llevaremos más que el haber sido “hombres” para con nosotros mismos y para con los otros hombres .Al igual que Saramago escribió magníficamente sobre “el factor dios” , yo y otros muchos nos esforzamos diariamente por construir vitalmente “nuestro factor hombre”. Con la experiencia vital hemos aprendido que ser de izquierdas, progresistas y hasta revolucionarios consiste la mayoría de las veces en resistir como en una barricada ante tanta imposición mediática sobre lo conveniente, convenido, razonable y razonado, haciéndonos olvidar que es un privilegio ejercitar el propio cerebro, sostenido por los propios valores y las personales e intransferibles neuronas. Vds perdonen pero no necesito para tener claras mis ideas de un Benedicto XVI, de un Fidel Castro, de un Buch, de un Zapatero, de un Rajoy, de un periódico en concreto se llame EL PAIS O EL ABC, no soy de marcas, ni de etiquetas, en treinta y dos años he podido comprobar cómo muchas se desteñían y proliferaban estupendas imitaciones. Sólo se que el pasado sábado Silvio Rodríguez llenó el Auditorio de Sevilla y me dio alegría, que en la película Salvador también había mucha gente joven, que en mi ciudad ya es normal homenajear a Cernuda, a Francisco Ayala, que pese a que suponga un desastrillo de los ya establecidos objetivos transversales, se defienda una asignatura como Educación para la Convivencia , ya que  nos olvidamos de La Etica, que cada día haya más gente que consideremos que defender nuestra ciudad es algo más que tener que ser semanasantera o feriante, que ahí sigue Leonard Cohen, que para echar un buen rato no haya que alquilar lavaderos casi clandestinos, que teñir canas no significa en absoluto que cualquiera tiempo pasado fue mejor, que cada vez más se difunde la costumbre de abandonar un libro en algún lugar para que otro lo lea.

Hoy prefiero pasar por alto lo negativo. Ya me deprimí bastante cuando me enteré que El Betis había perdido con el Sevilla después de ir ganando. Con la edad se aprende que a diferencia de entonces que “el fútbol era el opio del pueblo” seguir animando al Betis puede convertirse en un acto absolutamente progre, teniendo en cuenta que servidora es absolutamente contraria al sistema Lopera.

18 de septiembre de 2006

18 de septiembre de 2006

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Tú más

Tú más

Félix de Azúa. 

Benedicto XVI, un Papa que ama los nombres largos, signo inequívoco de intelectual, cita a un olvidado emperador bizantino, el cual hace quinientos años se quejaba de que habían hecho aparición unos individuos brutales los cuales extendían la religión de Mahoma a golpe de cimitarra (como si los cristianos hubieran actuado de modo distinto, por cierto), y de inmediato se alzan en armas unos seres barbudos, aullantes y desesperados de dolor que queman iglesias, matan monjas italianas, amenazan de muerte a todo bicho viviente y se quejan amargamente de haber sido insultados.

La primera vez que asistí a uno de estos asombrosos espectáculos de inocentes enfurecidos fue en San Sebastián, en cuya universidad daba yo clases allá por el año 1982. La noche anterior había saltado por los aires un sujeto a quien le había estallado en plena cara la bomba que estaba a punto de activar. Algunos alumnos comenzaron de buena mañana a llamar a la huelga y a manifestarse por la ciudad “contra la violencia y por la paz”. Como no podía creer que aquellos pájaros estuvieran del lado gubernamental, les pregunté la razón de su protesta.

“¡Anda pues! ¡Que no hay derecho a que la gente tenga que ir por ahí poniendo bombas y corriendo peligro y jugándose la vida!”. La que así chillaba era una muchacha de unos veinte años, gordita, simpática, buena mujer, lo que por allí suele llamarse “gente maja”, la estoy viendo rediviva, si es que vive. Para aquella descerebrada, los que se jugaban la vida eran los terroristas.
Muchísima gente de las provincias vascas sigue pensando (¿pensando?) del mismo modo. Para estos fanáticos, los “otros” no existen, sólo existen los “nosotros”. En realidad los otros no son asesinados, simplemente se esfuman en el aire y dejan de molestar.

Exactamente igual que aquellos energúmenos que pillé un día en Gerona lanzando ladrillos, testeros y hasta una farola a unos pobres policías que estaban a la puerta del ayuntamiento, protegiéndose con sus escudos de las malas bestias nacionales. Los atacantes gritaban: “¡Fachas! ¡Nazis! ¡Asesinos!”, cada vez que les lanzaban un pedrusco con intención evidente de partirles el cráneo. Las autoridades habían dado orden a la policía de que no respondiera al ataque. Vieja tradición española, el poder protege a la banda de la porra.

Así ahora, cada vez que alguien se queja de la violencia, la irracionalidad y la vesania de los islamistas, recibe una amenaza de muerte “por manchar el honor del Islam”, o lo que todavía es más gracioso “por calumniar a la religión”. Da un poco de miedo, tanta gente religiosa y pacífica.

No es muy distinto de lo que le ha sucedido al mentecato de Rubianes que suelta las más atroces barbaridades sobre la puta España y reza para que les exploten los cojones a los españoles (su estilo es el hombre) buscando el aplauso de unos empleados de la Generalitat, y luego se empeña en estrenar… en el Teatro Español de Madrid. Hay que ser idiota. De inmediato salen los inenarrables opinadores de sacristía en defensa de la libertad de expresión. ¿Es una opinión decir que te ciscas en la puta Francia? ¿O que los franceses son unos maricones? Altísimo nivel intelectual, el de los defensores de esta opinión.

Ya sólo falta que Farruquito demande por atentar contra su honor a los familiares del señor al que aplastó con su cochazo. ¡Como si fuera fácil manejar uno de esos tanques sin tener ni zorra idea de conducir! ¡Anda que no corrió peligro ni nada el fino artista!

La trágica tiranía del poeta laureado

La trágica tiranía del poeta laureado

La gran poetisa estadounidense Sylvia Plath, su marido, el también gran poeta británico Ted Hughes, y la amante de éste, Assia Wevill, compusieron un triángulo de muerte. La sombra de Sylvia Plath, que se suicidó en febrero de 1963, dos años después de que Hughes la abandonara por Assia, nubló la íntima relación de ésta con el poeta. Y la tragedia volvió a repetirse la noche del 25 de marzo de 1969, cuando la amante de Hughes dejó abierta la llave del gas de su piso de Londres y murió, llevándose también la vida de la hija de ambos, Shura. Una reciente biografía desempolva detalles de la tormentosa trayectoria de ambos y revela el tiránico régimen de convivencia que le exigió el controvertido poeta laureado británico.

Los vértices de un triángulo maldito se unieron en 1961, año en que se conocieron las dos parejas, la compuesta por Ted Hughes y Sylvia Plath y la que formaban David Wevill, también poeta, y su mujer Assia. Ésta tenía 34 años y una larga experiencia en cuestiones de amor y de supervivencia. Había huido con su familia de la Alemania nazi para instalarse en Tel Aviv, donde conoció a su primer marido, el sargento británico John Steel. Se casaron en 1946.

 

De una belleza "salvaje", Assia era una mujer independiente y con fama de salirse siempre con la suya. Licenciada en Literatura por la Universidad de Vancouver, escribía poemas y trabajaba en una agencia de publicidad. En una travesía desde Canadá, en 1960, conoció a David Wevill y rehízo con él su vida en Londres. Hasta tropezar con Hughes.

 

"Voy a seducir a Ted", anunció a su jefa publicista la víspera de visitar a Hughes y Plath en su caserío de Devon. Fue el principio de la cuesta abajo que detallan con precisión los periodistas israelitas Yehuda Koren y Eilat Negev en A lover of unreason: the life and tragic death of Assia Wevill (Un amante de la sinrazón: la vida y trágica muerte de Assia Wevill). Para construir la biografía, los coautores entrevistaron a 70 amigos, conocidos y familiares de Assia. También hablaron con Hughes un año antes de que muriera de cáncer en 1998. Tuvieron además acceso a los diarios, cartas personales y una nota de suicidio que escribió a su padre, el médico Lonya Gutman.

 

Wevill se sintió atormentada con el suicidio en Londres de Sylvia Plath. Creía que los íntimos de la poetisa le culpaban de destrozar su matrimonio con Hughes. "La hostilidad y el afilado desprecio de los amigos de Ted son a veces insoportables", confesó a su hermana Celia Chaikin. La sombra de Plath se entrometió en la relación. La poetisa había dejado sin concluir una colección de poemas, el aclamado volumen Ariel, que reordenó su viudo. Hughes, en cambio, destruyó el diario personal para evitar que lo leyeran sus dos hijos, Frieda y Nicholas. También "perdió o hizo desaparecer", según se afirma en la biografía, el manuscrito de una segunda novela que preparaba Plath en 1963. Koren y Negev aseguran que Assia leyó ambos manuscritos y que enfureció al verse retratada entre líneas como "mujer gélida y árida".

 

"Sylvia está creciendo en Ted, enorme y espléndidamente. Yo me encojo día a día, mordisqueada por ambos. Me comen", escribió en su diario. "Llevamos cinco días viviendo en paz", añadió en junio de 1963, "el periodo más largo desde que murió Sylvia". La desaparecida poetisa anulaba la autoestima de Assia y le arrastraba hacia el abismo. Y, como antes había experimentado Plath, también a ella le comían los celos. Una de las amantes de Hughes, la asistenta social Brendan Hedden, confirma su fama de mujeriego y sus infidelidades: "Nos mantenía a una agradable distancia: Assia, en Londres, Carol Orchard [su futura segunda esposa] en North Tawton, y yo en Welcome.... Éramos las gallinas en el corral compitiendo por los favores del gallo". Mientras, la relación entre Wevill y Hughes estaba a punto de explotar. Para restaurar la armonía, el poeta propuso un código de conducta, englobado en un "borrador de constitución", que parece un manual de tiranía doméstica. De acuerdo con la biografía, Hughes exigió a su amante y madre de su hija Shura que jugara con Frieda y Nicholas, fruto de su matrimonio con Plath, que vivían con la pareja, al menos una vez al día. También debía enseñarles alemán dos o tres horas a la semana. Y cocinar una nueva receta cada semana e introducir a Frieda en el arte culinario. "Él estaba exento de cocinar", señalan los coautores.

 

Además, Assia debía levantarse a las ocho de la mañana y no podía andar en bata por la casa. Tenía prohibido echarse siesta por la tarde. También debía mejorar su comportamiento, mostrarse agradable con los amigos del patrón y proyectar su herencia alemana e israelí, olvidándose de cualquier sofisticación británica. "Una exigencia extraordinaria para quien llevaba 20 años viviendo en Inglaterra", observan los coautores.

 

Poco se sabe de la reacción de Wevill a la constitución de su amante. Pero la distancia, física y sentimental, se agrandaba día a día. "Quiero estar contigo. No lo retrases mucho, querido, porque no me será posible retornar a ti. Me habré convertido en una estatua de sal", amenazó la desesperada mujer. Y a su familia le confesó: "Me siento suicida". No era la primera vez que la depresión y desilusión bloqueaban su espíritu. El propio Hughes trató de explicar la situación en una carta: "Nuestra vida se complicó tanto con los viejos fantasmas... Me ponía a prueba repetidamente, diciendo que debíamos separarnos... Era una mala costumbre, parte de nuestras viejas dificultades, y cuando me lo repitió por teléfono ese último día, no me resultó nada nuevo".

 

Hughes y Wevill riñeron la mañana del 25 de marzo de 1969. Al anochecer, Assia llevó una cama a la cocina. Acostó en ella a Shura, de cuatro años. Preparó un combinado de alcohol y pastillas de dormir. Encendió el gas del horno. Y se tumbó en el colchón junto a la pequeña. La au pair descubrió horas después sus cadáveres. En una mesa encontró dos cartas dirigidas al padre y al amante de la suicida.

 

Seis años antes, Sylvia Plath se había suicidado en circunstancias similares. Pero no se llevó a sus hijos, que dormían en la misma casa. Les dejó leche y galletas por si tenían hambre al despertar.

 

"La muerte de mi primera mujer fue complicada e inevitable. Llevaba en esa pista la mayoría de su vida. Pero la de Assia pudo evitarse. Su muerte estaba totalmente bajo su control, y fue el resultado de su reacción a la acción de Sylvia", señaló Hughes a los coautores. A Assia y Shura Wevill les dedicó su libro Cuervo, de 1971, además de otra docena de poemas. Aquejado de cáncer, fue desnudando el tormento interior acumulado desde el suicido de Plath en Cartas de cumpleaños, su impactante colección de versos publicada en 1998.

Lourdes Gómez (El País.es)