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el mundo fragmentado

Rodrigo Rey Rosa

El Chef

(Ningún lugar sagrado)

Durante tres años vivió debajo del Manhattan Bridge, en una covacha al borde del terraplén sobre el río, y solía pasar buena parte de sus noches mirando por un ventanuco la telaraña de luces del vasto y ruidoso puente tendido sobre el East River, los faros de los automóviles que iban y venían. Cuando estaba decaído o perezoso, se alimentaba con los desperdicios de comida que encontraba en los basureros de los restaurantes de Chinatown y Little Italy, por donde deambulaba por las tardes y al amanecer. Cuando se sentía más emprendedor, atrapaba mirlos o una especie de codorniz que a veces, durante el invierno, venían a refugiarse en los parques de la ciudad. Los mirlos eran fáciles de atrapar, con cebo de miga y cuerda de pescar. También los cazaba con una cerbatana de aluminio, que él mismo fabricó con los restos de una vieja antena de televisión, armada de dardos hechos con agujas hipodérmicas, las que solía cargar con pequeñas dosis de veneno o sedantes obtenidos en los vertederos del Beth Israel o el Bellevue, los grandes hospitales. Las codornices requerían más paciencia e ingenio. Para ellas construía trampas con cajas de plástico, elásticos usados y varillas de madera o de metal. Sea como fuere, si tenía un poco de suerte, volvía a su covacha bajo el puente con sus presas y hacía una pequeña fogata para cocinar.

Le llamaban el Chef porque sabía preparar varias salsas, y era enormemente popular por los pequeños banquetes que celebraba. Entre sus visitantes se encontraban las chicas vagabundas más atractivas, y uno que otro chico, dispuestos a todo por un buen manjar.

Celoso porque su compañera iba a cenar con el Chef muy a menudo, un malhumorado vagabundo a quien llamaban Kentucky Matt, le partió el cráneo al Chef con un madero una mañana mientras dormía. (Dormía cobijado con cartones, porque era pleno invierno, y parece que, para ahogar los ruidos del tránsito del puente, se había acostado con su walkman y escuchaba, cuando fue muerto, una fuga de Bach.)

La chica denunció el crimen, pero Kentucky Matt no fue capturado. Huyó de la ciudad -dicen- como polizón en un vagón de ferrocarril.

Una nueva datación dobla la edad de los fósiles de la sima de los Huesos

Una nueva datación dobla la edad de los fósiles de la sima de los Huesos

El yacimiento de Atapuerca tendría al menos 500.000 años, según el especialista Jim Bischoff

MALEN RUIZ DE ELVIRA  -  Madrid

EL PAÍS  -  Sociedad - 02-05-2006

La treintena de individuos humanos cuyos restos están siendo hallados desde los años ochenta en la sima de los Huesos, en la sierra de Atapuerca, plantean continuamente nuevos desafíos. Una nueva datación técnica indica que estos antepasados (H. heidelbergensis) son casi el doble de antiguos de lo que se creía. La datación inicial estableció que vivieron hace unos 300.000 años y la actual, que no ha sido aún aceptada por la comunidad científica, señala una antigüedad máxima de 600.000 años. Mientras tanto, los paleontólogos, basándose en los rasgos morfológicos, se decantan por los 400.000 años. La nueva datación, cuyos resultados no se han publicado todavía debido a que se han solicitado nuevas pruebas, plantea problemas a los paleontólogos para explicar las etapas de la evolución humana en Europa en el último millón de años. Por eso, y porque la técnica utilizada es más refinada que la anterior y todavía se considera experimental, la nueva datación no puede ser tenida como definitiva, pero ya está suscitando el debate. Su autor, Jim Bischoff, un especialista estadounidense de gran prestigio, ya dató los fósiles de la sima de los Huesos, un pozo de muy difícil acceso, en los años noventa con la técnica de isótopos radiactivos uranio/torio y la edad que dio fue de unos 300.000 años.

Ahora Bischoff está utilizando una versión más refinada, que se basa en la espectrometría de masas y maneja una cantidad reducida de átomos. Con ella ha estudiado una colada recientemente descubierta. "Una colada es una clase de estalagmita sobre el suelo de la cueva que se forma por el goteo de aguas ricas en calcio que caen del techo de la cueva", según explica el propio Bischoff.

 

La colada tiene un grosor de unos 14 centímetros y en una capa inmediatamente inferior se encontraron más de 55 fósiles humanos, por lo que concluye Bischoff: "Evidentemente, la colada se formó después de la deposición de los huesos" y sirve para datarlos.

 

El director del yacimiento, Juan Luis Arsuaga, cree que, morfológicamente, los fósiles de la sima corresponden a unos 400.000 años de antigüedad, pero no puede ni quiere obviar los métodos técnicos de datación, aunque "al primero que tiene que convencer Bischoff es a mí", comentó con humor a este periódico. Ambos son autores de un artículo con la nueva datación (de 500.000 a 600.000 años de antigüedad) que han presentado a la revista especializada Journal of Archaeological Science y que no ha sido aceptado, a la espera de que el geocronólogo aporte nuevas pruebas. En el artículo se plantea que el modelo de evolución humana haya sido más complejo de lo que se suponía hasta ahora. Según esta hipótesis, unas poblaciones estarían más evolucionadas que otras en una misma época.

 

Las primeras dataciones por series de uranio daban unos 300.000 años, pero es que esa antigüedad "corresponde al límite del rango de la técnica", explica Arsuaga. Ahora, a Bischoff le salen unos 500.000 años, con un máximo de 600.000, por lo que la datación a Arsuaga y su equipo les resulta "un poco antigua". "Me parecen más arcaicos fósiles de esa época, como la mandíbula de Mauer o los de L’Arago", comenta el paleontólogo español.

 

Además de la comparación con estos fósiles históricos, la nueva datación aproximaría demasiado la edad de los fósiles de la sima de los Huesos a los correspondientes a una especie humana considerada nueva, el Homo antecessor, hallados en otro yacimiento de Atapuerca.

 

El Homo antecessor ha sido datado con mucha seguridad, ya que se encuentra inmediatamente debajo de un nivel en el cual se ha comprobado una inversión del campo magnético terrestre que tuvo lugar hace 780.000 años, por lo que, al menos, tienen esa antigüedad. Demasiado cerca en el tiempo de los de la sima de los Huesos para que los científicos se sientan cómodos.

ha sido datado con mucha seguridad, ya que se encuentra inmediatamente debajo de un nivel en el cual se ha comprobado una inversión del campo magnético terrestre que tuvo lugar hace 780.000 años, por lo que, al menos, tienen esa antigüedad. Demasiado cerca en el tiempo de los de la sima de los Huesos para que los científicos se sientan cómodos.

1 de Mayo de 2006 (Día del trabajo)

1 de Mayo de 2006  (Día del trabajo)

 

La LUCHA POR EL RENDIMIENTO DEL TRABAJO

 

El plan y la moneda

 

 Hemos tratado de poner a prueba al régimen soviético desde el punto de vista del Estado. Podemos hacer lo mismo desde el punto de vista de la circulación monetaria. Los dos problemas: el del Estado y de la moneda, tienen diversos aspectos comunes, porque se reducen ambos, al fin de cuentas, al problema de los problemas que es el del rendimiento del trabajo. La imposición estatal y la imposición monetaria pertenecen a la herencia de la sociedad dividida en clases que no puede determinar las relaciones entre los hombres sino con ayuda de fetiche religiosos o laicos, poniendo estos fetiches bajo la protección del más temible de ellos, el Estado, con un gran cuchillo entre los dientes. En la sociedad comunista, el Estado y el dinero habrán desaparecido. Su decrecimiento progresivo debe, pues, comenzar en el régimen socialista. No se podrá hablar de victoria real del socialismo sino a partir del momento histórico en que el Estado no será un Estado sino a medias y en que el dinero comenzará a perder su mágico poder. Esto significará que el socialismo, liberándose de los fetiches capitalistas, comenzará a establecer relaciones más limpias, más dignas y más libres entre los hombres.

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Riqueza y pobreza en la Rusia moderna

Vladimir Volkov

Julia Denenberg

Traducción: Javier Villate

Desde los primeros días de este año, las protestas han recorrido Rusia, principalmente por parte de los pensionistas, que se oponen a la transformación de los beneficios sociales en pagos en efectivo sustancialmente inferiores. (Véase Russia: wave of protests against welfare cuts”, 27–01–2005, y Russia: Putin lays siege to social benefits, 21–09–2004).

La propaganda del gobierno ha atribuido la amplitud de las protestas a problemas en la implementación de las nuevas leyes sobre la seguridad social, pero insiste en que estas leyes son necesarias e inevitables. Sin embargo, las protestas de los pensionistas son solo la punta del iceberg. La causa del creciente descontento es el enorme grado de desigualdad social que ha provocado la introducción del capitalismo en la ex Unión Soviética.

En su discurso de Año Nuevo, el presidente Vladimir Putin mantuvo que la situación social de la mayoría de los rusos había mejorado con respecto al año anterior. Tan solo unos pocos días después, el estallido de protestas indicaba lo que pensaban amplios sectores de la población sobre esa cuestión.

Un análisis superficial de la situación social en la Rusia moderna revela una sociedad profundamente dividida. Una serie de estadísticas muestra la existencia de dos mundos diferentes que apenas están en contacto entre sí. Uno —el mundo de la riqueza y el lujo— está habitado por una insignificante minoría. El otro —el mundo del declive social y de una ardua lucha por las necesidades vitales— está habitado por millones de personas.

Las cifras que muestran la distribución de la riqueza revelan la naturaleza de esta polarización social. Según los datos del gobierno, los ingresos de los más ricos de la sociedad rusa son 15 veces más que los de los más pobres, uno de los niveles de desigualdad social más altos que se pueden encontrar entre los países más avanzados del mundo. En Moscú, esa diferencia es de 53 veces.

Por debajo de la línea de pobreza

Según las estadísticas publicadas por el Banco Mundial a fines del año pasado, el 20 por ciento de la población rusa vive por debajo de la línea de pobreza, establecida en un ingreso mensual de 30 euros.

La gran mayoría de las familias rusas se sitúa, justamente, en esa línea. El Banco Mundial ha calculado que una disminución media de los ingresos del 10 por ciento produciría un incremento del 50 por ciento en el porcentaje de pobres. La mayoría de los pobres de Rusia pertenece a familias trabajadoras cuyos miembros adultos tienen una formación profesional técnica media y a familias con hijos.

La mayoría de los trabajadores pobres están empleados en el sector público y son maestros, médicos y funcionarios civiles de las categorías más bajas. Las ocupaciones con los ingresos más bajos —entre los que se cuentan aquellos que están empleados en los servicios de salud, tales como enfermeras y médicos— son de gran importancia social. Las bajas condiciones de vida de quienes están empleados en estos sectores contribuyen al declive de las estructuras en las que se basa el funcionamiento de la sociedad.

Las personas acomodadas reciben mayores privilegios y beneficios que los pobres o cuasi–pobres. El Bando Mundial sostiene que las ayudas sociales de nivel medio —con la excepción de las que son ayudas para la infancia— pagadas a los relativamente ricos superan a las que reciben los sectores sociales más pobres.

La Oficina Nacional de Estadística de Rusia ha censado oficialmente como pobres a un total de 31 millones de personas, un 22 por ciento de la población. Otros estudios, sin embargo, sitúan la tasa de pobreza en el 40 por ciento o más.

El Centro Panruso de Nivel de Vida ha publicado las siguientes cifras sobre los diferentes niveles de pobreza. A finales de 2003, el ingreso medio mensual era de 2.121 rublos (60 euros al mes); quienes están trabajando recibían 2.300 rublos (65 euros) y los pensionistas, 1.600 rublos (45 euros). Quienes tienen ingresos inferiores a los citados son considerados pobres. Una segunda categoría, entre los que tienen dificultades económicas, está constituida por aquellas familias cuyos ingresos per capita se sitúan entre los 2.121 y los 4.400 rublos (60–126 euros). Una parte importante de la población se encuentra en estas dos categorías.

El Centro de Nivel de Vida considera como “capas medias” a las familias con ingresos mensuales per capita que oscilan entre los 4.400 y los 15.000 rublos (126–430 euros). Para los estándares occidentales, este nivel de ingresos estaría incluido en el nivel de pobreza.

Los pensionistas y los jóvenes constituyen los sectores más pobres de la sociedad rusa. El Fondo Social de Opiniones ha encontrado que prácticamente ningún joven —tan solo el uno por ciento— está ahorrando para su vejez. Dos terceras partes de los jóvenes encuestados respondieron que no podían permitirse comprar nada. Los jóvenes que viven en el campo o en pequeñas ciudades tienen más probabilidades de ser pobres. Al contrario de lo que sucede en los países occidentales, donde la pobreza se concentra en las grandes ciudades, en Rusia es más fácil encontrar a los pobres en las aldeas y los pueblos.

Las familias con hijos se exponen a caer en la pobreza, sobre todo si tienen dos o más hijos. Los niños de las familias con bajos ingresos tienen muchas menos oportunidades de seguir estudiando después del instituto. Solo el 15 por ciento de los niños de las familias pobres continúan sus estudios en escuelas técnicas y universidades. Un nivel bajo de educación es un importante factor que contribuye a la pobreza persistente.

Los pobres enferman más frecuentemente y sucumben más fácilmente al alcohol. La incidencia de la tuberculosis en Rusia es diez veces más alta que en Europa.

Los científicos han calculado que, desde comienzos de los 90, unos ocho millones de rusos han muerto de forma prematura. La tasa de mortalidad ha crecido 1,5 veces en el mismo periodo. En 2003, alcanzó un pico, con 16,4 muertes por cada mil habitantes.

El hombre ruso promedio tiene actualmente una esperanza de vida de 58 años solamente. Eso significa que las mujeres casadas suelen quedar viudas durante 15 años. Esto se debe a que las mujeres viven más años que los hombres y se casan a una edad más temprana que estos.

A pesar de las adversidades de la vida diaria en la Unión Soviética, para la mayoría de la gente la situación social era sustancialmente mejor que la que existe en la Rusia actual. Hoy, el salario mínimo cubre solo el 27 por ciento de las necesidades de un adulto en edad de trabajar; las ayudas a la infancia solo cubren un 3 por ciento de los gastos necesarios para cuidar a un niño, y la pensión mínima únicamente alcanza para hacer frente al 46 por ciento de los gastos de un pensionista.

En la Unión Soviética, el salario mínimo era 1,5 veces superior al consumo mínimo requerido. El salario mínimo de la Rusia actual tendría que haberse triplicado para cubrir ese nivel mínimo de consumo.

Es imposible luchar en serio contra la pobreza sin una reforma real del sistema educativo y de los servicios de salud. Ambos deberían ser accesibles para amplios sectores de la población. Sin embargo, la tendencia va en el sentido contrario.

Cada vez más rusos están convenciéndose de que las “reformas” capitalistas no mejorarán su situación.

Félix De Azúa

 LEY DE LA SELVA, PERO LEY


El destino ha querido que en los últimos meses viva yo paredaño con la residencia del primer ministro de Francia, Dominique de Villepin. Me lo cruzo casi cada día por la calle y a punto estoy de decirle algo así como: "¡Déjalo, tío, no tienes nada que hacer, te faltan tablas!", o cosa semejante, y si no se lo digo es porque el ministro habla español mejor que yo.
Viéndole tan ufano, caminando a grandes zancadas por la rue de Babylone (nada menos), protegido tan sólo por dos gorilillas de tamaño medio, nadie diría que ese individuo está bailando sobre terreno minado y que a cada paso puede saltar hecho pedazos, pero así es. La guerra contra Nicolas Sarkozy, el ministro de Interior y su rival en las próximas elecciones presidenciales, es despiadada y parecida a la de los chacales en celo.
Todos saben que Sarkozy está detrás del fracaso del juvenil contrato del primer empleo (CPE) que De Villepin ha tenido que tragarse mojado en alcohol sindical. Y todos saben que De Villepin está detrás de la acusación de corrupción contra Sarkozy, implicado en sucias maniobras financieras en una sociedad luxemburguesa. Hasta el momento, ni lo uno ni lo otro se ha podido probar. Así que no existe. Es la ley de la selva, pero es la ley.
En Francia, como en toda Europa, la democracia es una farsa actuada por grandes figuras de la escena. La política no es otra cosa que la lucha por el control de la mayor cantidad de dinero posible, legal o ilegal, con el aplauso de los votantes. Ciertamente, las leyes no están para proteger al ciudadano, sino para mortificar al contrincante político, pero se deben respetar. Si no se respetan, la farsa democrática se convierte en tragedia totalitaria, como en Rusia.
La ley de la selva democrática europea tiene su representación más primitiva en Italia. En Francia actúan con mayor decoro que en Italia, son más profesionales. Los ingleses superan a los franceses. El premio se lo llevan los nórdicos: la suya es una imitación de democracia muy convincente.
La palabra democracia exige que incluso los animales más fieros respeten sus propias leyes. De lo contrario, la democracia pone de manifiesto su carácter mafioso. Es lo que sucede en lugares como Kazajstán, Bielorrusia o similares. Allí ni siquiera se respeta la ley de la selva y en consecuencia deducimos que se trata de fincas explotadas por gánsteres.
Se entiende entonces que cause desolación la falta de respeto del Gobierno catalán por la ley de la selva. Cuando leí la noticia del nombramiento de Xavier Vendrell en la prensa, escribí a un amigo que mantiene muy estrechas relaciones con la gente de Esquerra para preguntarle por las razones de semejante disparate. Me contestó que, en efecto, Vendrell es uno de los elementos más fanáticos del grupo, pero que no era un hipócrita. Los que le critican, añadía, se llevan la financiación del partido en maletines llenos de billetes de 500 euros. Vendrell, por lo menos, lo hacía a las claras, sin hipocresía.

SEGURAMENTE es cierto, pero mi amigo reaccionaba a la defensiva porque no es una cuestión de hipocresía sino de acatamiento de la ley: incluso los responsables políticos del latrocinio deben respetar la ley de la selva y actuar verosímilmente, como si fueran demócratas, cuando se les descubre. El profesor pillado in fraganti cobrando a la puerta del colegio no puede ser nombrado director del centro.
En estos casos hay que ser valientes y decirle al interfecto: mala suerte, te han descubierto, ya sabías lo que te jugabas, te haremos embajador en el Vall d’Aran. Ascenderle a un ministerio tan poderoso como peligroso, en cambio, deja en cueros a la totalidad del Gobierno. Es el tripartito en pleno el que admite no estar en condiciones de respetar ni siquiera la ley de la selva.
Que todos los presidentes, consejeros primeros y segundos, que todos los altos cargos y dirigentes de partido tengan hermanos, cónyuges y otros selectos parientes trabajando a sueldo del contribuyente, que jamás se dijera una palabra sobre el 3%, que la Administración catalana esté infectada de nepotismo, que el capo del raketing republicano sea ascendido, toda esta acumulación de dislates acaba dando una imagen desastrosa de la presidencia de la Generalitat.

MUCHOS ciudadanos catalanes convencidos (¡todavía!) de que viven en la región más europea de España, van tragando uno tras otro los actos de endogamia, clientelismo, corrupción y enchufismo del Gobierno. Poco a poco, sin embargo, se percatan de que asisten a una representación teatral de muy baja calidad, peligrosamente próxima a la marbellí. Todos esperábamos un John Gielgud y nos están dando Martínez Soria. Y la causa de este fracaso es la incapacidad profunda de las élites catalanas, ¡tan caciquiles!, para respetar la ley de la selva.
Reconozcámoslo: el president no cuenta con buenos actores de plantilla, sólo con aficionados y caricatos de aldea. En el último cambio y tras una patética entrevista en El País donde parecía un político turco ("¡tenemos el mejor Estatuto de Europa!", decía), Pasqual Maragall ha situado en lugares estratégicos y junto al temible Vendrell a las escasas figuras de la compañía que aún no se han desprestigiado. Son divos que llevan gateando por el escenario desde la infancia. Uno les desea la mejor acogida por parte de este público que tanto les quiere, pero, atención, estamos quemando lo que nos queda de arte escénico democrático. Después de ellos, el diluvio.

Reynaldo Arenas

Reynaldo Arenas

Antes que anochezca (fragmento)

" Oh Luna! Siempre estuviste a mi lado, alumbrándome en los momentos más terribles; desde mi infancia fuiste el misterio que velaste por mi terror, fuiste el consuelo en las noches mas desesperadas, fuiste mi propia madre, bañándome en un calor que ella tal vez nunca supo brindarme; en medio del bosque, en los lugares más tenebrosos, en el mar; allí estabas tu acompañándome; eras mi consuelo, siempre fuiste la que me orientaste en los momentos más difíciles. Mi gran diosa, mi verdadera diosa, que me has protegido de tantas calamidades; hacia ti en medio del mar; hacia ti junto a la costa; hacia ti entre las costas de mi isla desolada. Elevaba la mirada y te miraba; siempre la misma; en tu rostro veía una expresión de dolor, de amargura, de compasión hacia mí; tu hijo. Y ahora, súbitamente, luna, estallas en pedazos delante de mi cama. Ya estoy solo. Es de noche. "

30 de Abril de 2006

30 de Abril de 2006

El diario Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, publica la información referente a la reunión del Comité del pasado 26 de Abril donde, entre otras cuestiones, dice:

"...La reunión examinó además un lamentable e inusual caso de incapacidad de un cuadro político para superar sus errores: el de Juan Carlos Robinson Agramonte. Criticado, advertido y exhortado más de una vez por la Dirección del PCC a superar sus faltas, simuló reconocerlas y ponerles fin. No resultó realmente así. Ello obligó a un nuevo y profundo análisis de su comportamiento, que determinó la decisión de separarlo como miembro del Buró Político y del Comité Central, así como de las filas del Partido.

Es de señalar que lejos de asimilar las críticas y advertencias mencionadas, se hicieron más visibles todavía ciertas manifestaciones de prepotencia y altanería, abuso de poder y ostentación del cargo, indiscreciones y reblandecimiento en sus principios éticos, que han puesto de manifiesto actitudes deshonestas incompatibles con la conducta de un comunista y menos aún de un cuadro del Partido.

Antes de tomar esta decisión, una comisión del Buró Político discutió profundamente con él todas estas cuestiones. Se investigan las consecuencias legales que puedan derivarse de su comportamiento".

Produce terror leer la reseña. En el breve comunicado encontramos: Una iglesia, muchos pecados, falta de penitencia, nulo propósito de la enmienda, carencia total de dolor de los pecados, ternura en la represión...condena a los infiernos eternos, si bien, mucho antes, los santos padres estudian la posibilidad de putearlo en vida, toda vez que existe legislación suficiente para hacerlo y si no la hubiere se crearía, como manda cualquier teología que se precie.

Habrá que seguir la pista (la vida) del tal Robinson, compañero.

Elfriede Jelinek

Elfriede Jelinek

Las amantes (fragmento)

" Así, en el transcurso de los años, se creó un círculo natural: nacer y empezar y casarse y salir y tener a la hija, la ama de casa o vendedora, generalmente ama de casa, la hija empieza, madre estira las patas, hija se casa, sale, se lanza del estribo, ella da a luz a la siguiente hija, la tienda de subsistencias populares es el centro del círculo natural de la naturaleza, en sus frutas y verduras se reflejan las estaciones del año, se refleja la vida humana en sus múltiples formas de expresión, en su único escaparate se reflejan las caras atentas de las vendedoras reunidas aquí para esperar el matrimonio y la vida. Pero el matrimonio siempre llega solo, sin la vida. Terrible, esta agonía lenta. Los hombres y las mujeres agonizan juntos, el hombre siquiera tiene un poco de diversión, vigila a su esposa como mastín desde fuera, la vigila en su agonía. La mujer vigila desde dentro al hombre, a las turistas en verano, a su hija y el dinero para el gasto, no dedicado a la borrachera. Y el hombre vigila desde fuera a su esposa, a los turistas, a la hija y el dinero para el gasto para apartar algo para emborracharse. Y así agonizan mutuamente. La hija ya no puede esperar poder agonizar también, y los padres hacen sus compras para la muerte de la hija: sábanas y toallas y trapos y un refrigerador usado, se conservará muerta pero fresca. "

Carlos Fuentes

Carlos Fuentes

APROXIMACIONES
Tributo a Salvador Elizondo


Salvador Elizondo

 
BABELIA - 29-04-2006

Hay escritores que requieren de toda una saga literaria para contar la historia de su sociedad (Balzac, Proust, Faulkner). Hay otros que en un número reducido de libros dicen lo que la historia olvidó (Kafka y hasta cierto punto Joyce). Hay escritores de obra reducida pero elocuente. Rulfo cierra con dos libros el ciclo de las "novelas de la Revolución"; ya no hay más que decir. A Salvador Elizondo le bastaron muy pocos libros para contar el combate universal entre el cuerpo y el lenguaje.

Tuvimos una vieja relación separada por tiempos y espacios dispares. Nuestras abuelas sinaloenses fueron muy amigas en Mazatlán, muy cercanas al poeta Enrique González Martínez y luego conservadoras memoriosas en el recinto final de las provincias perdidas, la ciudad de México. Las abuelas se contaban las travesuras de los nietos y por eso supe de la viva imaginación del niño Elizondo, su capacidad para poner en jaque las convenciones familiares, su apetito burlón para desconcertar la pompa y la circunstancia.

 

Vivió muy cerca de mi genera
ción universitaria y publicó sus primeras cosas en la revista Medio Siglo. Viajó a Italia y escribió cartas insólitas y perceptivas desde su ático en la Vía Marguta. Alquiló un quejumbroso piso en la calle de Tacuba, trasfondo de un viejo palacio colonial que me sirvió de ambiente para Aura. Allí, famosamente, celebramos la muerte de Stalin el 5 de marzo de 1953, con un "fiestón" de donde surgieron, unidas para siempre, numerosas parejas. El amor nace en la fiesta. El famoso titular de la muerte de Stalin constaba de una sílaba: "Ya".

 

Con Salvador recorrí los cabarets y teatros frívolos de los años cincuenta. A él le llamaba la atención que yo anotara vocablos insólitos en un cuaderno de notas. Elizondo, en cambio, pescaba una palabra popular al vuelo y la iba desgranando como perlas negras que esperaban la mano del escritor para escapar del fondo del mar verbal. Desguanzo, desguanzado, desguanzamiento, desguañangada, desguañangar: como en un rosario verbal Elizondo rescataba una palabra y la ponía a caminar fuera de sí misma, hasta sus extremos y más allá. Al mismo tiempo, observaba la vida marginal de la entonces segura ciudad de México y juntos caminábamos de Rosales a la Colonia Cuauhtémoc a las tres de la mañana sin temor a una violencia sometida, latente.

 

Compartíamos un enorme amor al cine (el padre de Elizondo fue un productor famoso) y sin programarlo, nos encontrábamos como los dos únicos espectadores de películas (Él de Buñuel, Beat the Devil de Huston) que sólo permanecían un par de días en las carteleras de los cines Mariscala o Real Cinema. Era un hombre ingenioso, inesperado, habitado por un diablo y tocado por un ángel. Sus respuestas veloces y burlonas eran proverbiales. En una ocasión, el infaltable necio le hizo una pregunta necia a Elizondo al término de una charla del escritor.

 

-Es usted un pendejo -le contestó Elizondo-.

 

-Señor Elizondo, no me insulte.

 

-No lo insulto. Lo defino.

 

Muchas cosas definió Elizondo para nuestra literatura. Destaco de su espléndida obra dos títulos. Elsinore es una página autobiográfica insólita sobre el paso de Salvador por una academia militar norteamericana donde su apellido era transformado de Elizondo en Elsinore. Digna metamorfosis nominativa de un nombre castellano al de un brumoso castillo danés habitado por la muerte y la duda -o la duda de la muerte, jamás la muerte de la duda-. Elsinore ocupa un lugar singular en una estantería parca: la de la autobiografía literaria mexicana.

 

Farabeuf, la obra más conocida de Elizondo, tendría el vago antecedente en México de los dibujos de Julio Ruelas y en las letras francesas, las obras de Sade y Georges Bataille. Hasta ahí las comparaciones. Elizondo crea un mundo singular, originalísimo, en torno a la imaginación del dolor. Farabeuf no expresa dolor, lo imagina. Ése es su poder. Si como dice un personaje de La montaña mágica, de Mann, no hay literatura que no trate del dolor, Farabeuf no sólo confirma la regla, la extiende, la modifica y la mortifica a un grado insólito: el dolor, en principio, no admite palabras, las suprime, es puro grito. La hazaña de Farabeuf consiste en darle voz a lo inexpresable. Una voz cruel, serena, en oposición directa al sufrimiento y su grito inarticulado.

 

Decía Virginia Woolf que la len
gua puede darle palabras a la duda en Hamlet pero no a un simple dolor de cabeza. Y Nietzsche le dio un nombre a su dolor. Lo llamó "Perro" por ser fiel, desvergonzado, entretenido e inteligente. Elizondo logró darle voz al dolor inexpresable y encaminarlo, en sus siguientes libros, a la fidelidad, inteligencia y desvergüenza de las palabras, compañeras enemigas, enigmas cotidianos, desafíos al silencio del dolor y al dolor del silencio.

 

A veces, durante los atroces años recientes en los que la tortura emigró de Auschwitz a las comisarías de Pinochet y Videla, a la prisión de Abu Ghraib, releo a Elizondo y le devuelvo su sentido a la realidad disfrazada. Hoy no se habla de "tortura", ni lo permita Dios. Hoy, torturar es "recabar información", es parte de la inteligencia política. Singular paradoja: torturar para obtener información mediante la privación del lenguaje. Cuando te cortes un dedo, ponle vendaje a tu cuchillo.

 

Salvador Elizondo pasó sus años finales con una compañera admirable, Paulina Lavista, mujer de mirada inteligente, humor sagaz y compañía amorosa. Quizás fue ella quien, al cerrar los ojos de Salvador Elizondo, pudo decirle que nadie tiene más máscara que su propio rostro.

 


 

Venecia, escaparate del arte contemporáneo

Venecia, escaparate del arte contemporáneo

Venecia, escaparate del arte contemporáneo
El Palazzo Grassi exhibe la colección Pinault

El museo veneciano acoge 200 obras del impresionante fondo perteneciente al magnate francés

OCTAVI MARTÍ  -  París

EL PAÍS  -  Cultura - 28-04-2006

François Pinault, el propietario de la FNAC, de Printemps, de Gucci, Yves Saint-Laurent, de los viñedos de Château-Latour, de la casa de subastas Christie’s, del semanario Le Point, del equipo de fútbol de Rennes, del teatro Marigny en París, ha decidido hacer pública su pasión secreta: el coleccionismo de arte contemporáneo. Y lo hace en el veneciano Palazzo Grassi, del que es propietario de un 80% desde mayo de 2005. El edificio, que entre 1983 y 2005 perteneció a la Fiat, fue el escaparate del mecenazgo del industrial Gianni Agnelli. A éste le sucede, signo de los tiempos, el financiero Pinault, que, como los Grassi, que en el año 1748 ordenaron la construcción del palacio, hizo fortuna en el comercio de madera. Son muy pocas las personas que han visto la colección particular de arte contemporáneo de Pinault que, según parece, consta de más de 2.500 obras, todas ellas realizadas entre 1945 y hoy mismo. El punto de partida fue una tela de un nabi, Paul Sérusier, "un posimpresionista japonizante que compré porque era de la misma región que yo", la Bretaña, "pero también porque me pareció una obra muy bella. La guardo para mostrar de dónde partí y cómo mi mirada ha evolucionado", dice Pinault.

Entre el 30 de abril y el 1 de octubre, podrán verse en el Palazzo Grassi casi 200 obras de la colección, pertenecientes a 49 artistas. La muestra lleva como título Where are we going? (¿Adónde vamos?), un interrogante al que parece responder una composición de Piotr Uklanski que no es otra cosa que la calavera termografiada del propio Pinault subrayada por dos tibias cruzadas, como una bandera pirata. "Es una buena respuesta a la pregunta de la exposición", afirma un sonriente Pinault, satisfecho de ser el protagonista de esta vanitas contemporánea.

 

La tradición quiere que los millonarios ennoblezcan su dinero devolviendo parte de lo ganado a la sociedad en forma de mecenazgo social o artístico. Pinault se embarcó en la aventura del arte contemporáneo en 1990, cuando un mondrian de 1925 le hizo perder la cabeza y desembolsar 6,5 millones de euros. Luego ha reorientado sus preferencias, compaginando la atracción por el minimalismo con la exuberancia pop. "Sin duda hay que relacionar mi entusiasmo por el minimalismo de Donald Judd o Carl André con una búsqueda espiritual. Rothko creó una pintura de recogimiento interior, de meditación. La idea es que deberíamos guardar sólo lo esencial. Pero la vida es también otra cosa y yo soy demasiado curioso para encerrarme en una sola escuela". Y ahí están los warhol, rauschenberg o koons para abrir juego.

 

Nadie sabe lo que valen -monetaria y artísticamente hablando- las obras acumuladas por Pinault. Él, como propietario de la casa de subastas Christie’s, debería saber algo sobre la cuestión pero prefiere dejar caer: "No sé nada de cuál puede ser el valor de esas obras dentro de un tiempo y soy indiferente al tema". Es difícil creer que gente como Koons o Haring puedan mantener una cota que aparece artificialmente hinchada pero eso no impide reconocer el gran nivel de exigencia del conjunto reunido por un hombre que establece un puente entre la compra de arte y la de empresas: "Hay que saber estar al acecho".

 

De entre los 49 artistas presentes, un solo español, el catalán Antoni Tàpies, de quien se exponen dos obras, de 1957 y 1962, junto a las de los italianos Manzini y Fontana o el francés Soulages. "La nacionalidad no es un criterio en arte", dice Pinault, que sólo presenta a tres compatriotas: el ya citado Pierre Soulages, Bernard Frize y Pierre Huyghe. Su colección incluye otros grandes nombres francófonos, de Martial Raysse a Christian Boltanski pero ésos esperan su turno para ser presentados a la vera del Gran Canal, lejos, muy lejos, de la isla Séguin, en la francesa localidad de Billancourt, que debería haber sido el primer destino de la colección si la burocracia gala no hubiese fatigado a Pinault. La burocracia o el fisco, avanzan las malas lenguas. En cualquier caso, para calmar las críticas que le pueden llegar desde su país, Pinault se dispone a abrir en Lille un local dedicado permanentemente a la creación videográfica.

 

La programación del Palazzo Grassi, rehabilitado por Tadeo Ando, no se limitará a satisfacer la vanitas de su propietario sino que también atenderá a otros intereses. En noviembre de este año se presentará Picasso, la alegría de vivir 1945-48, y para la primavera de 2007, una revisión de las utopías enterradas por la triunfante economía de mercado: Europa 1967 o el arte contra la división en bloques enfrentados, el capitalista contra el comunista. Luego vendrán Arte povera -Pinault posee una muy buena colección de dicho movimiento- y Roma y los bárbaros para la primavera de 2008. Esta última, que pondrá en relación el arte del bajo imperio romano con los flujos migratorios, conectará de manera clara con parte de la actividad seguida durante la época Fiat, cuando etruscos, mayas o celtas compartieron protagonismo con movimientos como el futurismo o personalidades como Salvador Dalí.De entre los 49 artistas presentes, sólo hay un español, Antoni Tàpies, de quien se exponen dos obras de 1957 y 1962

28 de abril de 2006

El mago de la tribu dice que el tiempo va a cambiar: mejores temperaturas durante el puente y algo de viento procedente del Norte. A esta hora temprana el sol ya entra por la ventana y duele. ¿Qué será de nosotros cuando llegue el verano? Ahora recuerdo aquel primer post de este blog con la nieve como paisaje. Ya volverá, esperemos.

Los puentes de Madrid son enormes. Uno se imagina que todos tienen sólo dos pilares. En este caso, el primer pilar que lo sostiene está situado en un viernes y el segundo pilar, de igual tamaño, en la tarde de un martes. El resto del trazado es una carretera que cuelga sobre miles de personajes en busca de no se sabe qué lugar mítico. Al llegar a Madrid me llamó la atención que muchos compañeros de trabajo llevaban el coche los viernes, usuarios del transporte público el resto de la semana: es que nos vamos a la playa. El madrileño se va a la playa siempre, aunque nieve, en esos BMW que lo definen.

Teoría: madrileños somos todos los que vivimos en Madrid. El madrileño se hace, no nace. Al madrileño le gusta hablar de sus raices como de "el pueblo", aquel lugar lejano que sigue creciendo "y que ya no es el que era" y al que se va mayormente a enterrar a los muertos cercanos. El madrileño es un ser que vive en perpetua queja, aunque nadie como él sabe acomodarse a la dificultad. Soporta el atasco con resignación y corre como un gamo cuando tiene seis metros libres de coches. Es una especie de roedor adaptado al mundo urbano. Y es buena persona, estadísticamente hablando.

El sol ha llegado a profanar la habitación. Ahora saldré a la calle, compraré el periódico, tomaré un café de bar y me dirigiré por las calles de Madrid en busca del cometa. 

27 de abril de 2006

La primavera ha vuelto a traicionarnos y su capa de tiempo y espera cambia en pocas horas del frío mañana al calor tarde. Ahora escribo desde el calor, aunque el loco ordenador prestado ponga una hora imposible en ningún lugar del mundo y muestre una mañana que ya es historia.

Siguen las cuestiones básicas como las dejamos. Parece que todo tenga que cambiar para que nada cambie en lo fundamental y el paisaje siga siendo el mismo cada día. Esta mañana, sentado en una parada de autobus, concretamente la de la línea 53, recordaba que el ayuntamiento de Madrid ha puesto un dispositivo telefónico que informa cuánto tardará el bus en llegar a tu parada. Pones un sms a un número y te contestan a vuelta de facturación. De facturación, claro. Porque el fin de ese supuesto servicio público no es informarte cuando el tiempo te apremia, sino sacarte unos céntimos de euros en la mejor estela de esos programas y anuncios que te regalan el futuro y la vida con una simple llamada. Debe ser que el capitalismo se ha vuelto samaritano desde los móviles. De igual manera, la prensa anuncia que las nuevas líneas de metro en construcción, y que unirán el norte de Madrid, serán privatizadas por primera vez en la historia de España. Ya se ha puesto en práctica en la líena que lleva al aeropuerto de Madrid desde Nuevos Ministerios. El metro, como tantos bienes públicos que forman parte del patrimonio colectivo, se pone en manos de ese grupo selecto de constructores que han convertido esta Comunidad en un solar en venta. La gran diferencia entre las fuerzas que se presenten a las elecciones dentro de poco será si apuestan por la subasta de los bienes públicos en manos privadas o mantienen el patrimonio colectivo. Madrid S.A.

Una auditoría revela que la Complutense realizó pagos opacos a través de una "caja b", entre ellos, al guardaespaldas de Tamayo, tránsfuga del PSOE que entregó con su voto la Comunidad de Madrid a la derecha de doña Esperanza. El gerente en aquellos tiempos era un hombre de confianza del PP. Aunque ya nadie hable de ello, aquel acontecimiento en el Parlamento regional fue el segundo golpe de estado en España tras el 23F, para vergüenza de todos los ciudadanos. Y ese golpe se dió y preparó en el mismo momento que el candidato del PSOE a la Comunidad, Rafael Simancas, dijo que paralizaría las obras y recalificaciones en más de 50 ayuntamientos de Madrid. La trama del ladrillo es la auténtica asignatura pendiente de este país, el único de la Unión donde los billetes de 500 euros se ven en las notarias.

 

 

Sobre el Manifiesto de Euston (1)

MANIFIESTO DE EUSTON

 

Por una renovación de la política progresista



A. Preámbulo

 

Somos demócratas y progresistas [¿Por la gracia de Dios?], y proponemos un nuevo alineamiento político [ se irá viendo que no es nuevo, conforme se lea, poco a poco, sin prisas]. Muchos pertenecemos a la izquierda, pero los principios que propugnamos no provienen exclusivamente de este ámbito [¿La izquierda es un ámbito?]. De hecho, abarcamos desde la izquierda socialista hasta los liberales igualitarios [¿Qué carajo es un liberal igualitario?] y otros comprometidos de manera clara con la democracia. En realidad, la reconfiguración [Dice el D.R.A.E. que *reconfigurar* no existe: mal empezamos] del pensamiento progresista a la que aspiramos implica el trazado de una frontera [¿otra frontera más?] entre las fuerzas de izquierdas que permanecen fieles a sus valores auténticos [estos tipos han estudiado en un seminario, como Stalin] y otras corrientes que últimamente han manifestado una excesiva flexibilidad respecto de esos valores [pobre juventud perdida]. Supone hacer frente común con los demócratas de verdad [pues sí, era por la gracia de Dios: *demócratas de verdad*], sean o no socialistas [indiferente sin son *reconfigurados* a la diestra del Padre].


Nuestra iniciativa hunde sus raíces en Internet, especialmente en la “blogosfera”, a través del cual ha hallado su base de simpatizantes. Somos conscientes, sin embargo, de que esta base política está infrarrepresentada en otros ámbitos, como los medios de comunicación y otros foros de la vida política contemporánea.[ Rogativa en tiempos de sequía: las raices han quedado demasiado hundidas para dar sus frutos]


A continuación exponemos nuestra declaración de intenciones, [no sólo de intenciones vive el hombre, aunque lo que vale es la intención y sin son varias, valen más] resumida en principios básicos [eso dicen todos] que suscribimos [¡acabáramos!]. Con ella inauguramos un nuevo sitio en la Web que brindará apoyo a la corriente de opinión que aspiramos a representar y que acogerá diversos blogs fundacionales y otros sitios en la Web que se asocian a este llamamiento por una nueva configuración progresista. [...y el libro "salvad el progresismo" que podrán comprar a la salida del teatro al módico precio de...]

 

(seguirá)

26 de Abril de 2006

Copio el Manifiesto en mis anotaciones con el firme propósito de ir dando mi opinión poco a poco.

MANIFIESTO DE EUSTON

 

Por una renovación de la política progresista



A. Preámbulo

 

Somos demócratas y progresistas, y proponemos un nuevo alineamiento político. Muchos pertenecemos a la izquierda, pero los principios que propugnamos no provienen exclusivamente de este ámbito. De hecho, abarcamos desde la izquierda socialista hasta los liberales igualitarios y otros comprometidos de manera clara con la democracia. En realidad, la reconfiguración del pensamiento progresista a la que aspiramos implica el trazado de una frontera entre las fuerzas de izquierdas que permanecen fieles a sus valores auténticos y otras corrientes que últimamente han manifestado una excesiva flexibilidad respecto de esos valores. Supone hacer frente común con los demócratas de verdad, sean o no socialistas.


Nuestra iniciativa hunde sus raíces en Internet, especialmente en la “blogosfera”, a través del cual ha hallado su base de simpatizantes. Somos conscientes, sin embargo, de que esta base política está infrarrepresentada en otros ámbitos, como los medios de comunicación y otros foros de la vida política contemporánea.


A continuación exponemos nuestra declaración de intenciones, resumida en principios básicos que suscribimos. Con ella inauguramos un nuevo sitio en la Web que brindará apoyo a la corriente de opinión que aspiramos a representar y que acogerá diversos blogs fundacionales y otros sitios en la Web que se asocian a este llamamiento por una nueva configuración progresista.

 

 

B. Declaración de principios

 

1.      Por la democracia

Manifestamos nuestro compromiso con las normas democráticas, sus procedimientos e instituciones, entre las que destacamos la libertad de opinión y reunión, los comicios libres, la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial y la del Estado y la religión. Apreciamos las tradiciones e instituciones y el legado de buen gobierno de aquellos países en los que ha arraigado la democracia pluralista y liberal.

 

2. Contra la apología de la tiranía

Nos negamos a justificar o a manifestar nuestra indulgente “comprensión” de los regímenes y movimientos reaccionarios para los cuales la democracia es un enemigo detestado; unos regímenes que oprimen a sus propios pueblos y unos movimientos que aspiran a poder hacerlo. Trazamos con mano firme una frontera entre nosotros y quienes desde posturas progresistas de izquierdas se apresuran actualmente a brindar razones exculpatorias a estas fuerzas políticas.

 

3. Derechos humanos para todos

Consideramos que los derechos humanos fundamentales inscritos en la Declaración Universal son precisamente universales y que son obligatorios para todos los Estados y movimientos políticos y, de hecho, para todos los seres humanos. Las violaciones de estos derechos deben ser condenadas, con independencia de quiénes sean sus responsables y de cuál sea su contexto cultural. Rechazamos el doble rasero que actualmente aplica buena parte de la autoproclamada opinión progresista, para la que las violaciones de los derechos humanos más benignas (aunque desgraciadamente existentes) cometidas cerca de casa o a manos de gobiernos desfavorecidos son siempre más denunciables que otras violaciones flagrantemente más graves. Rechazamos asimismo el relativismo cultural en virtud del cual es posible sostener que estos derechos humanos básicos no son aplicables a determinadas naciones o pueblos.

 

4. Igualdad

Abrazamos los principios de una política igualitaria universal. Aspiramos al progreso en las relaciones entre los sexos (hasta lograr la igualdad de género plena), entre diferentes comunidades étnicas, entre los seguidores de las diversas religiones y quienes no tienen afiliación religiosa y entre personas de distintas orientaciones sexuales, así como a la igualdad social y económica más amplia en todos los ámbitos. Por manifestarse entre nosotros diferencias de apreciación al respecto, dejamos abierta la definición de las mejores formas económicas de lograr esta igualdad generalizada, pero apoyamos los intereses de los trabajadores en todo lugar y su derecho a organizarse para defenderlos. Los sindicatos democráticos son las organizaciones de base en la defensa de los intereses de los trabajadores y una de las más importantes fuentes de los derechos humanos, la promoción de la democracia y el internacionalismo igualitario. Los derechos laborales son derechos humanos. Consideramos una prioridad la adopción universal de las Convenciones Internacionales de Regulación del Trabajo, en la actualidad sistemáticamente ignoradas por los gobiernos de todo el planeta. Estamos comprometidos en la defensa de los derechos de la infancia y en la protección de las personas contra la esclavitud sexual y cualquier forma de malos tratos institucionalizados.

 

5. Desarrollo para la libertad

Defendemos el desarrollo económico global para la libertad y contra la opresión económica estructural y la degradación del medio ambiente. La expansión actual de los mercados globales y la libertad de comercio no deben servir los limitados intereses de una pequeña elite corporativa del mundo desarrollado y sus asociados en los países en desarrollo. Los beneficios del desarrollo a gran escala a través de la expansión del comercio global deben distribuirse los más ampliamente posible a fin de servir los intereses económicos y sociales de los trabajadores, agricultores y consumidores de todos los países. La globalización debe aspirar a una integración social global y al compromiso con la justicia social. Apoyamos una reforma radical de las principales instituciones encargadas del gobierno global de la economía (Organización Internacional de Comercio, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) para que lleven a cabo estas políticas, y apoyamos asimismo el comercio justo, el incremento de las ayudas, la cancelación de la deuda y la campaña “Make Poverty History”. El desarrollo puede garantizar el incremento de la esperanza de vida y la mejora de su disfrute, mediante la atenuación de los trabajos más pesados y la disminución de la jornada laboral. También puede aportar una mayor libertad a los jóvenes, posibilidades de nuevas actividades para los adultos y seguridad para los ancianos. Incrementa las perspectivas y oportunidades de viajar y contribuye a que los extraños se hagan amigos. El desarrollo global debe implementarse de manera que garantice un crecimiento sostenible para el medio ambiente.

 

6. Oposición al antiamericanismo

Rechazamos con la mayor firmeza el antiamericanismo que actualmente infecta una parte importante del pensamiento progresista de izquierdas y parte del conservador. No se trata de postular a EE.UU. como modelo de sociedad, de cuyos problemas y defectos somos conscientes. Pero éstos forman parte también, en mayor o menor medida, de todo el mundo desarrollado. Estados Unidos de América es un gran país y una gran nación, que alberga una democracia consolidada con una noble tradición a sus espaldas y logros sociales y constitucionales duraderos alcanzados en su nombre. Sus gentes han producido una cultura llena de vida que procura placer, conocimiento y envidia a millones de personas. El hecho de que la política exterior de EE.UU. con frecuencia haya luchado contra gobiernos y movimientos progresistas y apoyado a algunos que son autoritarios y regresivos no puede justificar un prejuicio generalizado contra ese país y sus gentes.

 

7. Por la solución de los dos estados

Reconocemos el derecho tanto del pueblo israelí como del palestino a la autodeterminación, en el marco de dos estados distintos. La subordinación o eliminación de los legítimos derechos e intereses de una de las dos partes del conflicto no puede constituir una solución razonable del mismo.

 

8. Contra el racismo

Para los progresistas y la izquierda el antirracismo es un axioma de base. Nos oponemos a cualquier forma de prejuicios y comportamientos racistas, trátese del racismo antiinmigrantes de la extrema derecha; del racismo interétnico y tribal; del racismo contra personas originarias de países musulmanes y sus descendientes, especialmente en el marco de la Guerra contra el Terrorismo. La reciente reaparición de otra forma ancestral de racismo, el antisemitismo, no ha sido aún convenientemente reconocida en ambientes progresistas y de izquierda. Algunos explotan los legítimos agravios del pueblo palestino sometido a la ocupación israelí para enmascarar sus prejuicios contra el pueblo judío detrás del eslogan del “antisionismo”. De más está decir que también nos oponemos a este tipo de racismo.

 

9. Unidos contra el terror

Nos oponemos a todas las formas de terrorismo. El asesinato deliberado de civiles es un crimen reconocido por las leyes internacionales y todos los códigos de conducta bélica, y no puede ser justificado con el argumento de que se realiza en nombre de una causa justa. El terrorismo de inspiración islamista es hoy una realidad generalizada. Constituye una amenaza a los valores democráticos y la libertad de las personas en numerosos países. Ello no debe servir de justificación para los prejuicios contra los musulmanes, que son sus principales víctimas y entre los que se encuentran algunos de sus más valientes opositores. Pero como todo terrorismo, éste constituye una amenaza que ha de ser combatida y no justificada.

 

10. Un nuevo internacionalismo

Apoyamos una política internacionalista y la reforma de las leyes internacionales en pro de la democratización y el desarrollo globales. Las intervenciones humanitarias, cuando son necesarias, no son un desprecio de la soberanía sino su conveniente aplicación a la “vida en común” de las personas. Sólo los Estados que protegen mínimamente la vida en común de sus gentes (porque no torturan, asesinan o masacran a sus propios civiles y cubren sus necesidades vitales básicas) merecen que su soberanía sea respetada. Pero si el mismo Estado viola la vida en común de manera flagrante, su derecho a la soberanía queda revocado, y la comunidad internacional tiene la obligación de intervenir humanitariamente. Cada vez que se traspasa el límite de la inhumanidad, se impone la “responsabilidad de proteger”.

 

11. Apertura crítica

Basándonos en la desastrosa experiencia de las justificaciones de los crímenes del estalinismo y el maoísmo avaladas por la izquierda, así como en más recientes ejemplos de esta conducta (algunas reacciones a los crímenes del 11-S, la búsqueda de excusas para el terrorismo suicida, la reciente y vergonzosa colaboración entre el movimiento del “no a la guerra” y los teócratas dogmáticos), rechazamos la idea de que no puede haber enemigos en la izquierda. Del mismo modo, rechazamos la idea de que no pueden tenderse puentes a ideas y personas situadas a nuestra derecha. Los izquierdistas que hacen causa común con. o hallan excusas para, las fuerzas antidemocráticas deben ser criticados de la manera más clara y contundente. A la inversa, prestamos atención a voces e ideas liberales y conservadoras que contribuyen al fortalecimiento de las normas y prácticas democráticas y a la lucha por el progreso de la humanidad.

 

12. La verdad histórica

En sintonía con los presupuestos humanistas de base del movimiento a favor del progreso de la humanidad, manifestamos enfáticamente el deber de los genuinos demócratas de respetar la verdad histórica. No sólo los fascistas, los negacionistas y otros de esta especie han intentado borrar las huellas de la historia. Una de las tragedias de la izquierda es que su misma reputación se vio masivamente comprometida por el movimiento comunista internacional, y algunos de sus miembros aún no han aprendido la lección que se impone. La honradez política y la franqueza son para nosotros una obligación fundamental.

 

13. Libertad de pensamiento

Defendemos la tradicional libertad de pensamiento liberal. Más que nunca, hoy es necesario afirmar que, con las normales limitaciones contra la difamación, el insulto y la incitación a la violencia, se debe defender el derecho a criticar ideas (incluso sistemas de ideas) suscritas por otros. Esto incluye la libertad de criticar las religiones, tanto los credos específicos como la religión en general. El respecto debido a los otros no supone el silenciar las propias creencias cuando se constata que están siendo relegadas.

 

14. Código abierto

En el marco del libre intercambio de ideas, y con el fin de fomentar las iniciativas intelectuales conjuntas, apoyamos el desarrollo sin trabas del software y otras herramientas creativas y nos oponemos al registro de genes, algoritmos y fenómenos de la naturaleza. Nos oponemos a la aplicación retroactiva de las leyes de propiedad intelectual en beneficio de los intereses corporativos de los propietarios de derechos de autor. El modelo “open source” (código abierto) es colectivo y competitivo, colaborativo y meritocrático. No es un ideal teórico sino una realidad comprobada que ha generado un conjunto de bienes comunes cuya solidez y fortaleza se ha consolidado durante décadas. De hecho, la colaboración en el marco del código abierto se desprende de los ideales colegiados de la comunidad de investigadores científicos, que han sido la fuente del progreso del hombre a lo largo de los siglos.

 

15. Una herencia que hay que proteger

Rechazamos el miedo a la modernidad, el miedo a la libertad, el irracionalismo, la subordinación de las mujeres. Y reafirmamos las ideas que inspiraron los grandes llamamientos colectivos de las revoluciones democráticas del siglo XVIII: libertad, igualdad y solidaridad, derechos humanos, búsqueda de la felicidad. Estas ideas seminales se convirtieron en nuestra herencia gracias a las transformaciones socialdemócratas, igualitarias, feministas y anticolonialistas de los siglos XIX y XX, que aspiraron a la búsqueda de la justicia social, el estado del bienestar, la hermandad y sororidad de todos los hombres y mujeres. Nadie puede verse excluido, nadie debe quedar marginado. Somos partidarios de estos valores. Pero no somos fanáticos, y por ello abrazamos igualmente los valores del libre cuestionamiento, el diálogo abierto y la duda creativa, del juicio ponderado y la conciencia de los límites impuestos por la realidad. Nos oponemos con el mayor vigor a la imposición de una verdad total, incuestionable y acrítica.

 

 

C. Elaboraciones

 

Defendemos las democracias pluralistas y liberales contra quienes ignoran las diferencias entre ellas y los totalitarismos y otros regímenes tiránicos. Pero las democracias tienen sus propios defectos y limitaciones. La lucha por el desarrollo de instituciones y actuaciones más democráticas, y a favor del acceso al poder de quienes carecen de influencia, voz o recursos políticos, es un aspecto vigente para cualquier programa de izquierdas.

Las bases económicas y sociales en las que las democracias liberales se asientan están marcadas por profundas desigualdades de riqueza y salarios y por la pervivencia de privilegios inmerecidos. A su vez, las desigualdades globales son objeto de escándalo para la conciencia moral de la humanidad. Millones de seres humanos viven en la más terrible pobreza. Cada semana, decenas de miles de personas (sobre todo niños) mueren de enfermedades curables. La desigual fortuna, entre individuos y entre países, reparte arbitrariamente entre los hombres la posibilidad de sobrevivir.

Este estado de cosas es un reproche permanente a la comunidad internacional. Nosotros, personas de izquierdas, respetando nuestras tradiciones, luchamos por la justicia y una vida digna para todos. En nombre de esas mismas tradiciones, también hemos de luchar contra las poderosas fuerzas de tiranías de corte totalitario que han vuelto a ponerse de manifiesto. Tenemos que librar estas dos batallas simultáneamente. No es posible sacrificar ninguna.

Repudiamos el modo de pensamiento según el cual los sucesos del 11 de septiembre de 2001 fueron la moneda justamente devuelta a Estados Unidos, y que son “comprensibles” a la luz de los legítimos agravios generados por la política exterior de este país. Ese día se perpetró un asesinato masivo, inspirado por odiosas creencias fundamentalistas, que nada puede redimir. Ninguna formulación evasiva es capaz de ocultar este hecho.

Los impulsores fundacionales de este manifiesto adoptaron posturas diferentes ante la intervención militar en Irak, unos a favor y otros en contra. Reconocemos que era posible disentir razonablemente de las justificaciones de dicha intervención, la manera en que fue llevada a cabo, la planificación (o falta de planificación) del período posterior y las posibilidades reales de una implementación exitosa del cambio democrático en ese país. No obstante, todos coincidimos en la valoración del carácter reaccionario, semifascista y asesino del régimen baasista iraquí, y reconocemos en su derrocamiento la liberación del pueblo iraquí. También nos reúne la opinión de que, desde ese día, la primordial preocupación de los auténticos progresistas e izquierdistas debió de ser la lucha por lograr la implantación en Irak de un orden político democrático y la reconstrucción de las infraestructuras del país, así como la creación, después de décadas de la más brutal opresión, de un marco de vida para los iraquíes condigno con el que quienes viven en países democráticos dan por supuesto, en lugar de escarbar entre las ruinas de Irak en busca de argumentos sobre la intervención.

Esta actitud nos opone no solamente a quienes en la izquierda se han manifestado abiertamente a favor de las bandas de criminales djihadistas y baasistas de la mal llamada resistencia iraquí, sino también a quienes han buscado la manera de situarse entre estas fuerzas y los grupos que luchan por instaurar en ese país nuevas formas de vida democrática. Tampoco somos de la cuerda de quienes con la boca pequeña se declaran a favor de estos fines, mientras dedican la mayor parte de sus energías a criticar a sus adversarios políticos en casa (supuestamente responsables de todas las dificultades encontradas en Irak) y mantienen un silencio táctico casi total sobre las impresentables fuerzas de la “insurgencia” iraquí. Los numerosos opositores de izquierdas a un cambio de régimen en Irak que han sido incapaces de comprender los motivos que han conducido a otros miembros de la izquierda a apoyar ese proceso y que se dedican a decretar su anatema y excomunión, llegando recientemente a exigirles que hagan acto de contrición y se arrepientan, delatan con claridad meridiana los valores democráticos en los que creen. Las agresiones vandálicas contra sinagogas y cementerios judíos y los ataques a las personas judías están incrementándose en toda Europa. El “antisionismo” ha crecido hasta el punto de que supuestas organizaciones de izquierdas aplauden y apoyan a oradores abiertamente antisemitas y forman alianzas con grupos antisemitas. Entre personas cultas y acaudaladas se hallan individuos que no tienen empacho en afirmar que la guerra de Irak se hizo para defender intereses judíos o que elaboran otras sutiles y “educadas” insinuaciones acerca de la influencia de los judíos en la política nacional e internacional; unas insinuaciones que durante más de cincuenta años, y a consecuencia del Holocausto, nadie se hubiese atrevido a hacer públicamente sin correr el riesgo de deshonrarse. Nos oponemos firmemente a cualquier manifestación de este tipo de intolerancia.

La violación de derechos humanos básicos en Abu Graib y en Guantánamo y la práctica de la “rendición” deben ser vigorosamente condenadas por lo que son: una desviación de los principios universales de cuya histórica adopción los mismos países democráticos, y principalmente Estados Unidos, son mayoritariamente responsables. Pero rechazamos el doble rasero que hoy permite a la mayor parte de la izquierda calificar de máximas violaciones de los derechos humanos las perpetradas por las democracias, mientras silencian o callan infracciones que las superan con creces. Esta tendencia ha alcanzado un grado tal que miembros oficiales de Amnistía Internacional, una organización que se ha ganado un enorme respeto en todo el mundo por su invalorable labor de décadas, puede ahora permitirse elaborar grotescas comparaciones entre Guantánamo y el Gulag, y afirmar que las leyes adoptadas por EE.UU. y otras democracias liberales en su Guerra contra el Terrorismo constituyen el mayor ataque contra los principios de los derechos humanos de los últimos 50 años, mientras voces progresistas y de izquierdas los aplauden por ello.

 

 

D. Conclusión

 

Es de vital importancia para el futuro de las políticas progresistas que las personas de sensibilidad liberal, igualitaria e internacionalista alcen hoy su voz con claridad. Debemos definirnos en contra de todos aquellos para quienes las políticas democráticas y progresistas han quedado subordinadas a un simplista y elemental “antiimperialismo” y/o a la hostilidad hacia la actual administración estadounidense. Los valores y objetivos que realmente constituyen esas políticas –los valores de la democracia, los derechos humanos, la batalla permanente contra el poder y los privilegios injustificados, la solidaridad con los pueblos que luchan contra la tiranía y la opresión– son los que más duraderamente definen los contornos de cualquier izquierda a la que valga la pena pertenecer.

25 de Abril de 2006

25 de Abril de 2006

Esos putos negritos que no entienden el mensaje...

 

Hallado muerto en un hotel el subsecretario episcopal venezolano

El sacerdote falleció por asfixia y su cabeza presentaba hematomas

CLODOVALDO HERNÁNDEZ  -  Caracas
ELPAIS.es  -  Internacional - 25-04-2006

El subsecretario de la Conferencia Episcopal Venezolana, el presbítero Jorge Piñango, fue hallado muerto ayer en un hotel en el centro de Caracas. Al final de la tarde de ayer, la autopsia determinó que Piñango falleció por asfixia mecánica, probablemente por sofocación, según informó el subdirector de la Policía Científica, Vicente Álamo. También presentaba algunos hematomas en varias partes de la cabeza. La policía cuentan con varias pistas, incluyendo huellas halladas en la habitación y la descripción del sospechoso, realizada por los trabajadores del Hotel Bruno, en el céntrico barrio de Sabana Grande.

El religioso había sido declarado como desaparecido el domingo por sus familiares y compañeros de la Conferencia. Piñango, de 47 años, fue visto por última vez por sus allegados el viernes por la noche, cuando participó en una celebración familiar. Según lo que dijo al abandonar la fiesta, se dirigiría a la sede de la Conferencia Episcopal, en Montalbán, suroeste de Caracas, donde residía.

 

De acuerdo a los testimonios del personal del hotel, el presbítero llegó al lugar en la madrugada del sábado, acompañado por un hombre de aproximadamente 26 años, quien se identificó con el nombre de Antonio Rodríguez, aunque según verificaciones realizadas por el registro civil todo indica que la identidad era falsa. El acompañante abandonó el hotel el sábado por la tarde conduciendo la camioneta de Piñango, propiedad del organismo eclesiástico.

 

Ayer, al comprobar que el otro huésped no había salido, tras tocar insistentemente a la puerta de la habitación, situada en el octavo piso, optaron por abrirla y encontraron el cadáver del sacerdote.

 

El suceso sorprendió a los caraqueños, ya que el Bruno forma parte de una hilera de hoteles destinados principalmente a encuentros sexuales, en una zona concurrida zona de vida nocturna de la capital venezolana y venida a menos en los últimos años.

 

La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) emitió un comunicado manifestando su pesar por lo ocurrido y declarando su deseo de que “las autoridades esclarezcan debidamente la muerte acaecida en extrañas circunstancias”. El secretario de la Conferencia Episcopal, Ramón Viloria, leyó un breve comunicado en el que se advierte de que la CEV estará vigilante sobre el desarrollo de la investigación “en aras de la verdad y la justicia”. El cardenal Jorge Urosa también expresó su dolor por el fallecimiento de Piñango e informó de que los restos del presbítero serán llevados a Barquisimeto, capital del Estado centro-occidental de Lara, de donde era oriundo y donde aún residen sus padres.

Antonio Muñoz Molina

EL PAÍS, 24 de abril de 2006

Notas escépticas de un republicano

ANTONIO MUÑOZ MOLINA

En España, país desmemoriado, se ha puesto de moda la memoria. Es una memoria singularmente selectiva: borra o desfigura la parte del pasado más cercana al presente y se remonta a una lejanía hasta hace poco no muy frecuentada, salvo por los aficionados a la historia y los historiadores profesionales, y por algunos novelistas que educamos nuestra imaginación en los relatos cautelosos sobre la República y la guerra que escuchamos de nuestros mayores en la infancia. La historia es un saber difícil que requiere largas investigaciones, ofrece muchas incertidumbres y da a veces amargas noticias. La memoria no se investiga, sólo se recupera, sin exigir mucha disciplina, incluso, muchas veces, con un propósito de afirmación personal o colectiva que nadie está autorizado a discutir, ya que la memoria, por definición, le pertenece al que la posee. La memoria, si no es vigilada por la razón, tiende a ser consoladora y terapéutica. Modificar los recuerdos personales para que se ajusten a los deseos del presente es una tarea legítima, aunque con frecuencia tóxica, a la que casi todos nosotros somos proclives.

Cuando la memoria se convierte en un simulacro colectivo su efecto empieza a ser más alarmante. Su primacía desaloja a la historia del debate público, porque la historia es mucho menos maleable, y con frecuencia puede desmentir las buenas noticias sobre el pasado que a todos nos gusta regalarnos. Al filtrarse a través del recuerdo, y también del olvido, el pasado se convierte en ficción y en materia novelesca. Pero a la novela no le exigimos fidelidad a los hechos privados o públicos que puedan haberla inspirado. La responsabilidad de la novela es estética y moral: la de los discursos públicos, casi como la de la ciencia, debería estar sujeta a las exigencias más severas del conocimiento.

Como novelista y como ciudadano, la negligencia o el silencio que durante muchos años envolvieron el recuerdo de la Segunda República, de la Guerra Civil y de la resistencia antifranquista me parecieron desoladores. La falta de conexión entre el presente iniciado en la transición y las tradiciones progresistas españolas que fueron interrumpidas por la guerra y sepultadas por el franquismo ha sido una de las debilidades mayores de nuestro sistema democrático: ha alimentado nuestro raquitismo cívico y nuestra profunda penuria cultural, así como una contumaz injusticia hacia quienes lucharon contra la dictadura o fueron víctimas de lo que Paul Preston ha llamado la "política de la venganza". Quienes ya éramos adultos a principios de los años ochenta sabemos que la razón de tanto olvido público no era el chantaje de una derecha franquista que siguiera vigilando desde la sombra. Desde 1982 el Partido Socialista gobernaba con mayoría absoluta, y sus dirigentes, empeñados en la tarea necesaria de modernizar plenamente el país, optaron por ocuparse más del futuro que del pasado, con un entusiasmo en el que había una parte de arrojo verdadero y otra de frivolidad y cosmética. De pronto la épica de la resistencia se había quedado antigua, tan obsoleta como las barbas y como las chaquetas de pana. Cambios verdaderos y profundos sucedían mientras tanto, pero muchos nos sentimos agraviados en aquellos años por la amnesia atolondrada de los que mandaban, por la falta de escrúpulos y una propensión al favoritismo y al descuido de la moral pública que habrían de acabar en los escándalos de corrupción de los primeros años noventa.

La historia proscrita por el franquismo fue una historia simplemente abandonada por la democracia. Abandonada por el Estado central y sustituida por mitologías más o menos lunáticas en los sistemas educativos de los gobiernos autónomos, consagrado cada uno a la tarea de inventar pasados gloriosos que fatalmente acabarían malogrados por una pérfida invasión española. La mezcla de la pedagogía posmoderna y del nacionalismo identitario pueden conducir a resultados pintorescos o alarmantes, a una confusa aleación de ignorancia y adoctrinamiento muy peligrosa para la vida civil pero muy útil para la demagogia política.

A algunos nos parecía que el estudio atento de la República y de la Guerra Civil era a la vez una reparación parcial de las injusticias del olvido y una búsqueda de esos valores sustantivos cuya debilidad resultaba tan dañina para nuestro sistema democrático. Al leer obsesivamente libros sobre entonces -los diarios de Azaña, las memorias de Barea, las novelas de Max Aub, los estudios de Hugh Thomas o de Jackson, la sobrecogedora historia oral de Ronald Fraser- revivíamos una y otra vez un drama que no nos apasionaba ni nos hacía sufrir menos porque conociéramos de sobra su triste final. Nos indignaba el escándalo de la indiferencia de las democracias hacia la suerte de la República española, el modo en que aceptaron sacrificarla queriendo apaciguar a Hitler. Pero también nos producía un íntimo dolor, semejante a una derrota personal, la incapacidad de las fuerzas políticas del bando leal para unirse eficazmente contra el enemigo común. Al cobrar conciencia política en los últimos años de la dictadura, sentíamos una nostalgia doble del porvenir y del pasado, del mañana en el que podríamos respirar y vivir en libertad y del lejano ayer en el que la libertad existió brevemente. Igual que saltábamos sobre la cultura del pasado inmediato para vincularnos a una tradición de heroica modernidad literaria y estética que interrumpió la guerra y dispersó el exilio, queríamos buscar nuestra legitimidad política en aquella República que era el reverso exacto del régimen siniestro en el que habíamos

crecido. Por eso había un fondo de desconsuelo al ver que la democracia restaurada no se esforzaba demasiado en honrar a los perseguidos, a los silenciados, a los encarcelados y asesinados por el franquismo, a los que salieron de España al final de la guerra y continuaron combatiendo al nazismo en Europa, a los cautivos y supervivientes de los campos alemanes. Hubiéramos querido que se les hiciera justicia mientras estaban vivos, y también que los valores que ellos defendieron tuviesen más presencia en la política española: un sentido de la austeridad y la decencia, de la ciudadanía solidaria y responsable, una vocación franca de justicia social, un amor exigente por la instrucción pública, un verdadero laicismo, un respeto a la ley entendida como expresión de la soberanía popular.

No es eso lo que hemos visto tanto como habría sido necesario, y si no lo hemos visto no ha sido por la presión de una derecha torva y de vocación autoritaria o por la existencia de un rey. Pero a pesar de esas deficiencias -de las cuales los únicos responsables son la clase política y la ciudadanía, cada uno en su escala de acción- en 30 años España ha cambiado tan prodigiosamente que ni siquiera los que hemos vivido este tránsito somos capaces de comprender su magnitud y su calado. Nos hace falta el testimonio deslumbrado de quienes nos han visto desde fuera, y no hemos sido capaces de hacer conscientes a nuestros hijos de la novedad y la fragilidad de lo que nosotros no tuvimos y ellos dan casi desganada o despectivamente por supuesto. Hemos pasado de la dictadura a la democracia, del centralismo al federalismo, del tercer mundo al primer mundo, del aislamiento internacional a la plena ciudadanía europea. Nos hemos dado un sistema educativo y sanitario públicos que con todas sus deficiencias sólo puede valorar quien ha viajado algo por el mundo y sabe lo que significa que la salud y la escuela sólo sean accesibles a quien puede pagarlas. Y sin embargo nadie o casi nadie siente lealtad hacia el sistema constitucional que ha hecho posibles tales cambios, y en lugar de compartir una concordia basada en la evidencia de lo que hemos podido construir entre todos nos entregamos a una furia política en la que cada cuál parece guiado por un propósito de máxima confrontación.

En una pelea de baja ley cualquier objeto puede convertirse en un arma arrojadiza: la más reciente, en España, es la memoria, la República olvidada que de pronto regresa a las primeras páginas, la Guerra Civil que se usurpa a los historiadores y al recuerdo doloroso de quienes la sufrieron para desfigurarla a la medida de los intereses políticos de unos y otros y a la voluntad de cizaña de los enemigos más descarados de la democracia. Para quienes hemos pasado muchos años no queriendo aceptar la obligación del olvido es alentadora la idea de que de pronto tantas personas coincidan en el recuerdo de un tiempo decisivo de la historia de España: pero no deja de ser llamativo que el recuerdo llegue tan tarde, y que coincida tan oportunamente con una nueva amnesia -ahora, sobre la transición- y con diversos proyectos de desmantelar el sistema político fundado por la Constitución de 1978.

Cada uno tiene sus lealtades íntimas y sus nostalgias personales, y para muchos de nosotros el 14 de abril y la bandera tricolor, el coraje republicano de Antonio Machado, el patriotismo cívico y sereno de los diarios de Manuel Azaña, mantienen un resplandor indeleble, vinculado a nuestros sueños juveniles de libertad y a nuestros más firmes ideales del presente. Pero la lealtad sentimental no debería cegarnos, precisamente porque entre los valores republicanos más altos está la primacía de la racionalidad sobre el delirio romántico. Y hace falta mucho cinismo intelectual, mucha malevolencia, para empujar al campo de los añorantes del franquismo a quienes no se dejan llevar por esta oleada entre dulzona e interesada de memoria nostálgica y prefieren no olvidar lo que han aprendido en los libros de Historia y en los testimonios de quienes vivieron de cerca aquel tiempo. En los diarios del tiempo de la guerra, en esa desolada obra maestra de la literatura en español que es La velada en Benicarló, Manuel Azaña cuenta su amargura ante el sectarismo, la incompetencia y la deslealtad a la República de muchos de los que deberían haberla defendido. En el desmoronamiento del Estado que sobrevino tras la intentona militar del 18 de julio, cada fuerza política o sindical, cada gobierno autónomo se entregó con ceguera suicida a la persecución de sus propios intereses, como si la guerra, más que una crisis terrible que los amenazara a todos por igual, fuese una oportunidad de oro para alcanzar fines -la independencia, la revolución, el comunismo libertario, etcétera- que nada tenían que ver con la legalidad republicana. Leyendo a los historiadores y a los memorialistas más eminentes, uno tiene la sensación de que la República, en un cierto momento de la guerra, no tenía más defensores sinceros que Manuel Azaña, Juan Negrín, el general Vicente Rojo y Max Aub.

No creo que sea de ese sectarismo insensato del que se tiene nostalgia, ni que en aquella tentativa breve y maltratada de democracia hubiese algo de lo que no disfrutemos ahora. Ni una sola de las libertades que afirmaba la Constitución de 1931 está ausente de la de 1978, del mismo modo que las valerosas iniciativas de justicia social, educación e igualdad de aquel régimen no pueden compararse, por la enorme diferencia de los tiempos históricos, con los progresos del Estado de bienestar que disfrutamos ahora. ¿Fueron entonces más iguales las mujeres y los hombres? ¿Hubo mejor protección para los parados, recibieron mejor atención pública los enfermos? ¿Estuvieron más respetadas las minorías? ¿Fue más autónoma Cataluña con el estatuto de 1932 que con el de 1980? ¿Podemos excluir de nuestra genealogía democrática a Adolfo Suárez o al general Gutiérrez Mellado, que tan gallardamente se mantuvieron en pie frente a la zafia agresión de los golpistas del 23 de febrero de 1981?

Parecen preguntas idiotas, pero es necesario formularlas, al menos para deslindar el reconocimiento histórico de las mejores iniciativas de entonces de esa nostalgia gaseosa que se va volviendo más densa cada día y no nos deja ver los secos perfiles de lo que ocurre ahora mismo, las señales de alarma que deberían empezar a inquietarnos. Algo distingue -o distinguía al menos hasta hace poco- a la mayor parte de los discursos políticos surgidos del 78 sobre los del 31: la idea de que el adversario no es necesariamente el enemigo, y de que por encima de las discrepancias más radicales está la fidelidad a unos cuantos principios comunes que son el entramado básico de la democracia. En 1931 España era un país de terribles diferencias sociales, en una Europa desgarrada por la crisis económica y los fanatismos políticos. En una época en la que tan rara era la templanza, puede ser comprensible -aunque no deje de ser lamentable- que con tanta frecuencia los discursos políticos derivaran hacia un pavoroso extremismo. Pero si estos tiempos son tan visiblemente otros, ¿de dónde nace la furia verbal que uno observa ahora en España, y que lo golpea a uno como un puñetazo al conectar la radio o mirar los titulares de un periódico, la voluntad desatada y al parecer casi unánime de eliminar cada uno de los espacios de concordia en los que se han basado estos treinta años de democracia y progreso? ¿Tenemos que seguir eligiendo entre lamentar el asesinato del teniente Castillo o el de José Calvo Sotelo, entre callar la matanza de la plaza de toros de Badajoz o la de la Cárcel Modelo de Madrid?

Manuel Azaña imaginó un patriotismo basado "en las zonas templadas del espíritu". Una manera de conmemorar ese deseo es vindicar los modestos ideales que lo hacen posible: defender la instrucción pública y no la ignorancia, el respeto a la ley frente a los mangoneos de los sinvergüenzas y los abusos de los criminales, el acuerdo cívico y el pluralismo democrático por encima de los lazos de la sangre o la tribu, la soberanía y la responsabilidad personal y no la sumisión al grupo o la impunidad de los que se fortifican en él. Estos son mis ideales republicanos: espero que se me permita no incluir entre ellos la insensata voluntad de expulsar al adversario de la comunidad democrática ni el viejo y renovado hábito de repetir consignas en vez de manejar razones y acusar de traición a quien se atreve a disentir de la ortodoxia establecida, o a no seguir la moda ideológica del momento.

24 de Abril de 2006

Recibo este emilio de una amiga que me produce una gran carcajada.

Si un hombre llama a tu puerta, le dice a tu mujer que está haciendo una encuesta y le pide que le chupe la polla…

¡Que no se la chupe!

¡Es un timo!

¡Lo único que pretende es una mamada gratis!

Reenviad la cadena: hay que evitar que la gente se aproveche de la buena fe de nuestras mujeres.

 

Y también, la cachonda MTV.

 

Si tienes un hijo en edad de ser espectador de la MTV, permanece alerta. Siguiendo estas sencillas pautas te será más fácil llevarle por el buen camino.

EL DECÁLOGO DEL BUEN PADRE

1.- La televisión mal utilizada actúa en la mente juvenil como el agua en los gremlins. NUNCA le dejes ver MTV solo, y mucho menos a partir
de las 9 de la noche.

2.- Internet es un peligro, hay sencillos programas “asesores de contenidos”
que puedes instalar para vetar la web de la MTV y similares.

3.- Llena las paredes de su habitación de fotos familiares,
eso reforzará su sentimiento de familiaridad.

4.- Sorpréndele entrando en su cuarto cuando menos se lo espere. Entenderá que
en casa no hay nada que ocultar y que la clave de la convivencia es la confianza.

5.- Su vestuario forma parte de su forma de ser. Con mocasines y jersey
de canalé de cuello vuelto marcará tendencia entre los chicos de su edad.

6.- Si tienes más de un hijo de la misma edad, les gustará ir vestidos iguales.
¡Sus amigos les recocerán nada más verlos!

7.- Media hora al día de música sacra calmará sus hormonas adolescentes
y armonizará su espíritu.

8.- Fomenta los valores familiares: cuanto más tiempo pase escuchando
las historias del abuelo más valorará sus raíces.

9.- En su cumpleaños, hazle sentir especial, invita a todos sus amigos a tortitas
en casa. ¡Te los meterás en el bolsillo!

10.- Dedica un par de días de la semana a tomarle la lección, te será muy útil
para inculcarle hábitos de estudio, sobre todo en la universidad.
Si estudia fuera, hazlo por teléfono.

 

Sigue estos sencillos consejos y verás como tus hijos se convierten en personas completas. Algún día te lo agradecerán

Félix de Azúa

Sobre la inconveniencia de pensar

El pensamiento es inseparable de una indestructible y profunda melancolía. Eso decía Schelling, y a su sombra, el patriarca George Steiner propone diez razones para justificar tan temible tristeza del entendimiento en uno de sus últimos trabajos.

1. Nuestro pensamiento (thought) es tan ilimitado como incompleto. La tierra fue científicamente plana durante miles de años. Nada puede asegurarnos de que no persistimos en similares chifladuras.

2. Nuestro pensamiento es necesariamente disperso ya que un exceso de concentración inutiliza la esfera neurológica e impide la vida. Se aguanta en punto muerto.

3. No puede haber novedad en los contenidos del pensamiento. Todo ha sido pensado millones de veces por millones de humanos, la esfera del pensamiento es limitada. Sólo las formas cambian.

4. El lenguaje natural es soberano y no se somete a la matematización. Todo él es metafórico. Cualquier constructo del pensamiento es lingüístico y metafórico. No podemos escapar de la metáfora.

5. El pensamiento se desperdicia en todo momento, no es “economizable”. Einstein confesaba haber tenido dos ideas en toda su vida. Heidegger, una. Los demás, ninguna o media.

6. Entre el pensamiento y el acto hay tantas interposiciones que ningún pensamiento puede coincidir con ningún acto. La inversa también es cierta y aún más triste.

7. No hay “realidad” ninguna accesible al pensamiento, sólo reflejos (reflections) del propio pensamiento. Aunque el pensamiento no fuera un espejo y fuera una ventana, los cristales estarían igualmente sucios.

8. Aquellas personas a las que más amamos son absolutamente opacas para nuestro pensamiento, el cual sólo conoce la soledad.

9. No hay pedagogía capaz de formar un pensamiento con garantías de no estar creando un idiota. Sobre todo, en nuestro modelo social.

10. Nuestro pensamiento nos hace extraños a nosotros mismos. Asunto muy bien visto por Sófocles.

Algunos dirán que, como Schelling, también Steiner al final de su vida confiesa no haberse enterado de nada y la rabia que le provoca irse como llegó, como un tonto. La tristeza de los viejos, etcétera, etcétera.

Yo opino que estos diez motivos de tristeza mental demuestran que Steiner, como casi todos los viejos, conserva un perfecto sentido del humor.

El gran Kapuscinski

El gran Kapuscinski

ENTREVISTA
"El sentido de la vida es cruzar fronteras"


RAMÓN LOBO

DOMINGO - 23-04-2006

Ryszard Kapuscinski tiene casi 74 años, una cadera dañada y unas inmensas ganas de viajar y de contar historias. Por las mañanas sube las escaleras que van de su casa del primer piso del número 11 de la calle Prokuratorska -en el apacible barrio de Sródmiescie

de Varsovia donde vive con su mujer Alicja- al ático del piso superior en el que escribe y recibe a sus visitantes rodeado de miles de libros, papeles, libretas de notas y recuerdos. Se trata de un espacio amplio y luminoso decorado desde un elegante desorden: cientos de ejemplares en varios idiomas apilados en el suelo y decenas de post it y otros recordatorios pegados en las vigas de madera que sostienen un techo altísimo, casi catedralicio, (entre ellos el esquema a mano y en media cuartilla de Viajes con Heródoto, su última obra, que en España publicará en breve la editorial Anagrama). En este lugar, en el que todo parece guardar un equilibrio mágico, uno se siente conectado a un cable de alta tensión, que no es otro que la pasión por la vida a través de la mirada lúcida de Kapuscinski.

 

La entrevista con el autor de El emperador -su primer éxito literario: una detallada descripción de la desmesura del poder absoluto en la corte de Haile Selassie en Etiopía- arranca con un accidente menor: la grabadora de última generación del entrevistador no funciona. Kapuscinski aprovecha la comicidad del desconcierto de su interlocutor para airear su aversión a los móviles, a Internet y al correo electrónico. "Me robarían mi tiempo", exclama. Después, tras preparar café, añade: "Un amigo americano tuvo el mismo problema en una entrevista con Gorbachov cuando era quien mandaba en la Unión Soviética. Desde entonces lleva tres aparatos y los utiliza simultáneamente".

 

A Kapuscinski le desagradan los magnetófonos porque, a su juicio, alteran el discurso, sea el del político, el del escritor o el de una persona cualquiera en África. "Mi experiencia es que en cuanto sacas la grabadora, el lenguaje se burocratiza, se transforma y surge el idioma oficial. Es como si el cerebro del entrevistado buscara la frase adecuada para ser inmortalizada en la cinta".

 

Uno de los grandes viajeros del último medio siglo, comenzó su carrera con ambiciones más bien modestas: sólo quería cruzar una frontera; cruzar y regresar en seguida; cruzar para saber qué se sentía al hacerlo. Nacido polaco en Pinsk (hoy Bielorrusia), Ryszard es un producto, una víctima más, del diabólico juego de fronteras del final de la Segunda Guerra Mundial. Al poco tiempo de emplearse como reportero en el diario polaco Sztandar Mlodych, en 1955, le dijo a Irena Tarlowska, su redactora jefa: "Quiero cruzar la frontera". Se refería a la de Checoslovaquia, pero un año después ella le envió a India regalándole para ese viaje el libro Historia de Heródoto. Desde entonces, Kapuscinski se mueve por el mundo acompañado del griego de Halicarnaso, con un ejemplar manoseado, subrayado y repleto de anotaciones, en busca del Otro, su gran obsesión, el motor de su vida y de su trabajo.

 

"Nunca ha sido sencillo cruzar una frontera", asegura sentado en una silla, donde su cadera se queja menos que hundida en el sofá. "A menudo cruzarla resulta peligroso, es algo que puede costar la vida; es la barrera entre la vida y la muerte. En Berlín hay un cementerio con la gente que no lo logró. Las fronteras se guardan con armas y en ellas se exigen documentos para pasar al otro lado. En la guerra fría, a las nuestras las llamaban telón de acero y más que países separaban mundos opuestos. El Mediterráneo es ahora una gran frontera en la que muchos mueren ahogados al intentar pasar de África a Europa. También sucede con los latinoamericanos entre México y EE UU. Personas que están dispuestas a morir en el mar o en el desierto porque buscan algo".

 

Kapuscinski sostiene que éstas no son las únicas fronteras (o murallas, como apunta en Viajes con Heródoto al describir China). Hay otras barreras que también es necesario saltar: la de la cultura, la de la familia, la del idioma, la del amor... "Mi vida ha sido un cruzar constante de fronteras, tanto físicas como metafísicas. Ése es para mí el verdadero sentido de la vida". Defiende el abandono del cubículo de la seguridad, del terruño, del árbol que da sombra, para ir en busca de las respuestas, del Quién, como hizo Heródoto hace 2.500 años. Hay que aventurarse en lo desconocido, dejarse guiar por "la magia de viajar" que "actúa como una droga" y en la que el "camino es el tesoro", escribe el reportero polaco en Viajes.

 

La primera vez
En su caso, la primera vez que cruzó una frontera lo hizo del Este al Oeste, la más brutal, en la que el mero hecho de pasar de un lado a otro representaba una gran emoción, un desafío. En este libro escrito de la mano de Heródoto, Ryszard cuenta que al llegar a Roma en los años cincuenta, de camino a India, unos amigos le ayudaron a comprar un traje italiano para que pudiera desembarazarse de su anticuada indumentaria del telón de acero. Pese a la nueva máscara, Kapuscinski notó que nada había cambiado: todos le miraban como a un extraño porque su otredad estaba en su forma de caminar, de mover las manos, de mirar. "Recuerdo que en 1994, más de cuatro años después de la caída del muro de Berlín, vi a unos alemanes del Este pasear por las calles del Oeste. Se sabía de dónde venían por su inseguridad. Parecían turistas en su propia ciudad".

 

Permanente búsqueda
La obra periodística y literaria de Kapuscinski, su vida, son la permanente búsqueda del Otro para la mejor divulgación entre los suyos, entre sus lectores, de sus costumbres y pensamientos, porque es en el desconocimiento donde se cultivan los virus del odio y de la guerra. El gran descubrimiento del hombre, asegura a menudo Kapuscinski, no fue la rueda si no ese Otro, cuando la primera tribu-familia de 150 miembros que vivía entre los dos ríos en Mesopotamia se topó con otra tribu-familia y ambos se dieron cuenta de que no estaban solos. ¿Qué hacer ante ese hallazgo?, se pregunta. Tres reacciones son la constante en la historia: ignorarlo, entablar contacto (comercio) o guerrear.

 

"El problema no es el miedo", dice, "sino la creación de ese miedo a lo desconocido, que es anterior. Cuando un niño se cruza con un desconocido puede reaccionar con temor, si ha sido inducido a ello, y correr a esconderse detrás de la falda de su madre. Pero también puede acercarse despreocupado al desconocido porque ve en él una oportunidad de juego. Se trata de la respuesta natural. Es la educación y la cultura las que nos van separando".

 

En Viajes, Kapuscinski explica el origen de la hospitalidad, una de las improntas de la civilización griega -acoger al desconocido, darle cobijo y alimento-. Una tradición que se conserva en muchos lugares de África en los que el que nada tiene comparte todo con el extranjero. "Esta costumbre se basa en la creencia griega de que el visitante podía ser un hombre o un dios disfrazado. Esa acogida llevaba pareja una responsabilidad: la seguridad del invitado. Ya nadie conoce de dónde procede esta costumbre ancestral que entiende el encuentro con otra persona como un acontecimiento, como una oportunidad y una fiesta. Nunca como un problema".

 

Esto no se da en la cultura occidental del siglo XXI, que no padece la escasez, las pandemias y enfermedades, ni el hambre del Tercer Mundo. En esta cultura opulenta todo está basado en el individualismo, en un egocentrismo radical en el que el yo es más importante que el grupo. Es una sociedad en la que el Otro ha dejado de interesar: sólo existo Yo y mis problemas. "Cuando había pocos seres humanos en el planeta, los peligros eran numerosos y las herramientas escasas para hacer frente a los animales salvajes y a la naturaleza, primaba la tribu, el grupo, porque fuera de él era imposible la supervivencia", dice Kapuscinski. "Al desarrollarse la tecnología para luchar contra esos peligros, con la llegada del progreso, surge el individuo. Ya no es necesaria la pertenencia al grupo para sobrevivir, para garantizar la continuidad de la especie. La noción del individuo que está por encima de la tribu es muy reciente".

 

Kapuscinski se levanta de nuevo. Esta vez para abrir las ventanas. Dentro hace un calor asfixiante; afuera, la temperatura es agradable: 10 grados centígrados tras cinco meses de duro invierno y grandes nevadas.

 

El maestro, como lo llamó Gabriel García Márquez, se queja de que los medios de comunicación actuales estén inundados de noticias aisladas, casi suspendidas, sin explicación alguna, y que el reportaje esté siendo expulsado de los principales periódicos. "Heródoto era un hombre curioso que se hacía muchas preguntas, y por eso viajó por el mundo de su época en busca de respuestas. Siempre creí que los reporteros éramos los buscadores de contextos, de las causas que explican lo que sucede. Quizá por eso los periódicos son ahora más aburridos y están perdiendo ventas en todo el mundo. Ninguno de los 20 finalistas de la última edición del Lettre-Ulysses del arte del reportaje [premio que se otorga en Berlín], y del que soy miembro del jurado, trabaja en medios de comunicación. Todos tuvieron que dejar sus empleos para dedicarse al gran reportaje. Este género se está trasladando a los libros porque ya no cabe en los periódicos, tan interesados en las pequeñas noticias sin contexto".

 

"Cuando vemos imágenes de las pateras, con 20 o 40 personas en su interior, empezamos a hablar de inmigración, y los políticos proponen medidas para combatirla o regularla. Un día leemos una noticia sobre la llegada a Italia de un barco con kurdos; otro, el hallazgo de asiáticos encerrados en un camión en Inglaterra; otro, de africanos saltando la valla de Melilla... Pero se trata de pequeñas noticias separadas que no explican nada. Se nos presentan fuera de contexto porque el verdadero contexto es la miseria".

 

"Cuando existía el telón de acero estábamos aislados. Apenas conocíamos algo del otro lado. Todo nos llegaba distorsionado. No sabíamos siquiera si vivíamos bien o mal porque no había nada distinto con lo que nos pudiéramos comparar. La diferencia hoy es que la televisión por satélite ha llevado las imágenes de nuestra vida a los rincones de África, y esas imágenes son las que han permitido a los africanos tomar conciencia de su verdadera situación, de su pobreza extrema. Cuando se declararon las independencias de India y Pakistán -y después las de la mayoría de los países africanos-, se produjo una gran euforia, una esperanza de que la misma independencia era la solución a los problemas. Se creó el Movimiento de los No Alineados para confrontar a Occidente, pero 20 años después, en 1972, tuvieron que admitir su fracaso, que el mundo desarrollado no estaba dispuesto a atender sus aspiraciones. Ahora, la táctica es otra. Ya no se trata de buscar la confrontación, esta vez el objetivo es intentar la penetración. No es una acción organizada, sólo el débil que busca la igualdad cruzando el mar y los desiertos, jugándose la existencia, para saltar la nueva frontera que separa la muerte segura de la posibilidad de vida. Y los periodistas no estamos informando del contexto, de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Occidente ha creado unas condiciones de desigualdad tales que la única salida de los pobres es jugarse todo para alcanzar ese mundo donde están acumulados los bienes y el bienestar, y es muy hipócrita decirles que ahora ya no pueden cruzar. Es un problema que tiene una solución muy difícil".

 

En Viajes con Heródoto, Kapuscinski describe cómo hace 2.500 años ya existía una lucha entre Occidente y Oriente, los dos grandes modelos de la época, la democrática Grecia frente a la dictadura persa, y que la primacía de la primera, de Europa, durante los siglos siguientes se libró en las Termópilas y en las aguas de Salamina, con la derrota de Jerjes, el rey de reyes persa. El reportero polaco, el maestro para García Márquez, se niega a aceptar que exista hoy una reedición de esa vieja confrontación con la guerra contra el terrorismo internacional que libra el presidente de EE UU, Bush. "Oriente no es sólo el mundo islámico. Oriente es, sobre todo, China y es India también.

 

Oriente es el confucionismo, el budismo, el taoísmo... El islam sería el tercer elemento. Centrar toda la atención en ese mundo islámico, intentar crear un problema con él, es un grave error y una manipulación". En el libro, Kapuscinski cuenta que cuando estuvo en Argelia, en la época del golpe de Estado contra Ahmed Ben Bella, le explicaron que había dos islam, el del río, como denominaban al costero -más permeable a las influencias como toda frontera y, por lo tanto, moderado y afable con el Otro-, y el del desierto: severo e impenetrable. "No se puede hablar de una religión monolítica, de un todo homogéneo, pues nada tienen que ver, por ejemplo, el islam bantú africano, en el que no existe el concepto del terrorismo, con el que se profesa en Oriente Próximo. El islam se ha ido enriqueciendo, y de alguna manera modificando, durante su expansión al entrar en contacto con una gran variedad de culturas autóctonas". A mano y a máquina
Kapuscinski se incorpora lentamente de la silla, estira las piernas, cierra la ventana y busca el ejemplar de Historia que le acompañó en sus viajes durante más de 50 años ("Tengo más de otras ediciones", confiesa). Tras mostrarlo a su interlocutor se sienta detrás de la gran mesa de su despacho. Allí, en el lugar donde escribe sus historias, siempre a mano aunque después las pasa a máquina (nunca al ordenador), vuelve a hablar del trabajo de toda su vida y asegura que el gran periodismo es capaz de salvar vidas y de modificar el curso de los acontecimientos, y recuerda para ello lo ocurrido en Somalia antes de la retirada estadounidense. Unas imágenes de televisión de varios soldados norteamericanos muertos y arrastrados por las calles de Mogadiscio crearon en EE UU una opinión pública instantánea en favor de la salida. Kapuscinski juguetea con varios de sus bolígrafos. "Los colecciono. Tengo de la mayoría de los lugares en los que he estado. Son más de 700", asegura desde una sonrisa, "pero muchos no funcionan". Preguntado sobre si conocía algún periodista a quien su primer jefe le hubiera regalado un libro como Historia, responde que la cuestión nos obligaría a sostener otra entrevista de dos horas, a la que parece muy dispuesto.

 

¿Recomendaría que se estudie a Heródoto, el primer reportero, el primer gran buscador de contextos, en las facultades de periodismo?, pregunta el visitante. Kapuscinski vuelve sonreír: "¿Para qué? Si nadie me va a hacer caso".

 





Heródoto como guía

 

 

EL LIBRO que ahora publica Ryszard Kapuscinski en España es un juego con la historia de la mano de su fundador, Heródoto de Halicarnaso. Se mueve con él por el mundo antiguo y por el moderno. Por India y China, sus primeros viajes como reportero en los años cincuenta. Y por África. En ellos, el joven periodista polaco que era entonces Kapuscinski descubre las limitaciones del idioma hablado y las extraordinarias posibilidades del corporal, de ese conjunto de signos, gestos y olores que los británicos llaman química. En Etiopía recorrió miles de kilómetros junto a su chófer, un hombre prudente que sólo conocía dos palabras en inglés, problem y no problem, sin que esa limitación generara incomunicación alguna entre ellos.

El hallazgo de este vocabulario paralelo y mudo, a menudo invisible para el que no sabe mirar o carece de tiempo para ver, es uno de los elementos fundamentales que determinan su estilo como reportero.

Fue en la agencia de noticias polaca, gracias a la estrechez de sus presupuestos, donde Kapuscinski se topó con el segundo pilar de su forma especialísima de trabajar y de contar historias. Explica en Viajes con Heródoto que sus colegas de las agencias occidentales disponían de dinero abundante para contratar intérpretes y adquirir las potentes radios Zenith Trans-Oceanic, con las que sintonizaban cualquier emisora del mundo. Al no disponer de tales herramientas, Kapuscinski tuvo que pisar las calles y mancharse los zapatos del polvo. "No queda más remedio que andar, preguntar, escuchar, acopiar, atesorar y enhebrar las informaciones, las opiniones y las historias", escribe en Viajes. "No me quejo, porque gracias a esto conozco a muchas personas y me entero de cosas que no aparecen en la prensa y en la radio".

La curiosidad periodística, la necesidad de interrogar al Otro, de interesarse por él, se ha convertido en una parte inseparable de su carácter. De su forma de ser. Terminada la entrevista, sentados en un taxi en dirección al restaurante Quianti, uno de sus favoritos en Varsovia, Kapuscinski se acomoda en el asiento delantero y desde él pregunta al conductor, provocándole una conversación. Agnieszka Flisek, una de sus ayudantes que lleva cuatro años con él, asegura que siempre es así: "Cuando me conoció se interesó por mi vida. Pensé que era sólo un gesto de educación del gran hombre, pero después comprendí que no era una excepción. Es su forma de estar en la vida".

Rafael Sánchez Ferlosio

Rafael Sánchez Ferlosio

Juan Pablo II


RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO

 

EL PAÍS  -  Opinión - 22-04-2006

El certero y hoy ya casi olvidado hallazgo de Mac Luhan de que "El mensaje es el medio" se ha venido cumpliendo en un grado y hasta en unas formas que nadie, tal vez ni el propio autor, se habría atrevido en su tiempo a imaginar. La generalidad y la extensión mundial del uso, sin comparación posible con las de otro medio alguno, han hecho de la televisión el lugar máximo del experimento y de las transformaciones. Parto, pues, de este medio, al que hemos visto en plena actividad y hemos podido observar cómo ha venido -y casi no es hipérbole- "comiéndose el mundo"; el mundo, con su papa.

La transformación principal del medio televisivo ha sido, por así decirlo, apropiarse de sí mismo, ensimismarse, aunque parezca paradójico, frente a toda exterioridad hacia la que pudiese estar abierto y orientado, porque por muchas y diversas cosas que se le confíen, o más bien se le echen, su boca viene a ser como la tolva de una hormigonera, que ya está girando aún en vacío, y engulle sin dar muestra, sin detenerse un instante a diversificar los alimentos, pasando directamente a digerirlos y metabolizarlos. Como una ameba, el medio tiene ya fagocitado anticipadamente todo contenido, para encarnar él mismo su propio mensaje.

 

Josep María Terricabras, en El Periódico (de Catalunya) del 4-IV-05, decía lo siguiente: "En estos días, los medios de comunicación de todo el mundo no se cansan de decir y repetir que nunca un Papa había tenido tanto eco mediático. En realidad, son ellos los que se lo dan [...] Al fin y al cabo, son los medios de comunicación los que han experimentado una expansión enorme, tanto tecnológica como económica, desde 1978 hasta hoy". Los viajes, en tanto que "argumentos especiales", reclamaban un "seguimiento" más continuo y aumentaban enormemente la "cobertura" de los medios, sobre todo de la televisión. Se emprendían y organizaban como campañas de lanzamiento multitudinario de lo que hoy suele designarse como "mensaje de la Fe"; visitaba cada vez una nación, pero, con el inmenso poder amplificador y difusor del medio, el efecto no podía ser sino el de que en cada país que visitaba estaba virtualmente visitando el mundo (mejor dicho: si "virtualmente" o "realmente" lo dejo a los sentimientos del lector). Sin el medio televisivo habrían podido ser 1.000, 5.000, 10.000 las personas que le hubiesen visto besar la tierra, no decenas o cientos de millones. Jamás ha habido, ciertamente, hombre público en el mundo tan mostrado, tan multiplicado, tan publicitado, pero con una diferencia que importa mucho subrayar: la de que ello haya sido, de una manera totalmente predominante, en su aspecto de mera presencia visual.

 

Pero la cualidad y el poder de lo que hoy llamamos "medios" (cualidad de "mensaje" y poder sobre el "mensaje", por supuesto) estaban ya prefigurados, aunque no fuese más que a escala urbana, en las grandes invenciones edilicias. No creo que haya ninguna comparable, a los efectos que aquí nos interesan, como la que, en el primer siglo de la Edad Moderna, a partir de los primeros sillares de Bramante hasta la elipse porticada de Bernini, se levantó en San Pedro Vaticano, aunque fue Miguelángel el que con más consciente deliberación le cargó el ademán autoritario. Ningún papa, ningún santo, ha hecho tanto por mantener a flote la nave de la Iglesia -y a través de aquellos trances procelosos de la Reforma y la Contrarreforma- como aquella aplastante montaña autoritaria, auténtica "mole mediática", en la medida en que la autoridad del "mensaje" la aportaba el "medio". Luego vendrían los estadios y las megafonías.

 

Pero aún antes de San Pedro, ya en el siglo XIV -en el que no imaginamos grandes aglomeraciones como las de hoy en día-, se reconocía cómo el efecto de contagio y de sinergia de las muchedumbres propiciaba la unanimidad y la sumisión ante el sonido de una única voz: "Cuando los hombres son muchos ayuntados, ligeramente son de engañar". No trato aquí de insinuar, con respecto a Juan Pablo II, ninguna clase de "engaño" en un sentido lógico, ni cosa intencionada por su parte -aunque el abuso del medio acabase por infiltrar en sus decires algún sesgo torticero-; el fraude se perpetraba en el orden afectivo: sus apariciones, más que sus palabras, fueron incoando y aceptando cada vez más poder sugestivo para despertar en las masas, en la comunidad cristiana, un sentimiento de protección que no era más que un placebo, una nana, una canción de cuna. Afuera, mientras tanto,la tempestad no iba a amainar un punto; ni un árbol, ni una rama, ni una hoja, dejaría de azotar el horizonte como un látigo del viento.

 

Ejerció un protagonismo exclusivo y omnímodo, concentrando sobre su figura -más que sobre su persona- toda la participación empatética de los creyentes. Por eso fueron especialmente los viajes, en los que se le abrían de par en par las grandes explanadas, los estadios, las megafonías, lo que parecía preferir. De su corte, los fue apartando a todos con los brazos, a una y otra parte, como quien se abre sitio, hasta quedarse él solo con la escena, con el espacio todo para sí, al igual que un novillero enrabietado, que manda a toda la cuadrilla al callejón (una cuadrilla que por cierto, en este caso, se componía de cardenales y arzobispos). Traía ya dotes de vanidad y de histrionismo, para dejarse arrebatar por la espectacularidad y la megafonía. De ahí tal vez que a despecho de la incuestionable sinceridad de su afán por dinfundir la Fe, no quiso detenerse a ponderar la confianza que pudiera merecerle la desmesurada potencia de los "medios", y no se resistió a la tentación de reencarnarse en su representación mediática, para acabar transfigurándose en su propia alegoría publicitaria.

 

Pero no todo fue deformación funcional debida al medio; alguna vez también reacomodó los contenidos según la condición del auditorio. Así fue en el estadio deportivo de la ciudad de Puebla -que pude ver por la pantalla "en vivo y en directo" y comenté en su día-, ante un público de obreros expresamente convocado por él mismo. Allí levantó de pronto una gran voz y dijo: "El trabajo ¡no es una maldisióoon!", y aquí tras una breve pausa enfáticamente suspensiva, elevó todavía una octava más el diapasón: "¡Es una béeendisióoon!". Huelga decir que el clamor del auditorio, dada la predisposición incondicional de un pueblo tan católico como el mejicano, fue atronador. Y, sin embargo, Juan Pablo II, pensando solamente en el halago -un paradójico y aun fraudulento halago, tal como se verá-, había arrojado su renovación de la maldición genesíaca sin consideración alguna hacia la condición del auditorio al que se dirigía: un auditorio para el que la idea de "trabajo" no se opone al "ocio", sino al "paro". Dejando aparte la tradición de los Estados cristianos por reprimir "la ociosidad" -con leyes nunca severas y sólo raras veces efímeramente eficaces-, la apología positiva del "tabajo" en sí mismo y por sí mismo surgió con el capitalismo y su necesidad de mano de obra, y fue enseguida recogida sin rechistar por el marxismo; la exaltación del trabajo -sin determinación de contenido- como virtud moral se desarrolló como la más perversa pedagogía para obreros. Y así Juan Pablo II se sumaba a la indecente ideología laboralista -y al fin productivista- del capitalismo y el marxismo, de tal suerte que mientras los obreros de Puebla lo aclamaban estruendosamente con su inocente gratitud hacia un papa que les había hecho el honor de recibirlos, los que con más conocimiento y más de corazón se lo debían de estar agradeciendo, desde el silencio de sus grandes despachos, eran los empresarios mejicanos, que veían cómo el papa se tomaba el cuidado de mantenerles bien domesticado el ejército de reserva, ya fuese en situación de empleo, ya fuese en la de paro.

 

En su visita a Santiago de Chile, en tiempos, tadavía, de Pinochet -según cuenta Ariel Dorfman-, también hizo una gran convocatoria para un auditorio específico; esta vez fueron los jóvenes y adolescentes. En un momento de la alocución, el papa, elevando el nivel de decibelios, les hizo tres preguntas. La primera: "¿Renunciais a los demonios de la avaricia?", era perfectamente vana, porque él tenía que saber sobradamente que aquellos jóvenes y adolescentes estaban todavía tan alejados, por la edad, de la tentación y aun de la mera posibilidad de enriquecerse, que la avaricia les era cosa totalmente ajena e indiferente. Algo más clamoroso fue el a la segunda pregunta: "¿Renunciais a los demonios de la violencia?", porque con ser, respecto de ellos, casi igualmente ociosa y prescindible, tenía un sentido más cercano y más pregnante. Pero Juan Pablo II, anticipando esas dos preguntas tan gratuitas, sin interés para él ni para el auditorio, por la obligada y previsible obviedad de la respuesta, se había estado preparando mediante la secuencia de dos síes garantizados, una especie de pendiente o tobogán que hiciese precipitar, como un automatismo, el que realmente le importaba: "¿Renunciais a los demonios del sexo?", preguntó, pero he aquí que de pronto la escopeta le hizo chapi; sorprendentemente, los muchachos tuvieron la rapidez de reflejos suficiente para no dejarse coger desprevenidos por la innoble trampa que les había tendido el papa, y en lugar del tercer sí, que venía ya rondando cuesta abajo acelerado por la inercia de los dos primeros, contestaron, "sin la menor vacilación" -dice Ariel Dorfman-, "¡Nooo!". Esto fue en abril de 1987, en el Estadio Nacional de Santiago, donde había juntado un auditorio de cien mil muchachos.

 

En los ultimos años de su vida, las apariciones públicas de Juan Pablo II se fueron pareciendo cada vez a la práctica litúrgica que conocemos como "exposición del Santísimo": una forma consagrada se metía en un expositor, detrás de un cristalito, para que quedase a la vista de los fieles, en el altar mayor, en donde recibía su adoración. El expositor, o sea "la custodia", era una mayor o menor aureola circular, elaborada con labores de fina orfebrería y más o menos valiosas gemas engastadas, que remataba en rayos de oro como imitando el sol, de tal modo que un ignorante del asunto no habría sabido decir si lo que hacían los fieles que allí permanecía arrobados, de rodillas, merecía llamarse "adoración del Santísimo" o contemplación de la custodia. Las custodias, que son seguramente las piezas más valisosas de la joyería litúrgica -algunas especialmente famosas por su lujo, su arte y su tamaño, como la de Toledo-, podrían también incluirse entre los "medios", por su capacidad de subsumir el "mensaje" -en este caso, la hostia consagrada- y erigirse ellas mismas en el mensaje principal. Las apariciones de Juan Pablo II, tanto por su actitud como por la de los fieles, se fueron concentrando en el carácter de pura "exposición" (en el sentido especial arriba dicho); la presencia del emisor prevalecía sobre lo emitido, lo anulaba, lo hacía indiferente. La emisión consistía ya toda ella en la sola aparición del emisor: él, su presencia visible -en la que era esencial su incofundible y excluyente vestidura blanca- se hizo objeto de culto.

 

Las muchedumbres cristianas -y algunas no cristianas- que acudían a Roma no iban ya en busca de Dios, de Jesucristo o de la Fe; iban tan sólo a rendir culto a Juan Pablo II. Sin conexión alguna, por puro azar, su pontificado ha venido a coincidir con la importación y mercantilización en Europa del último subproducto del anti-intelectualismo populista norteamericano: esa especie de canon para la licuefacción cerebral metódica llamado "inteligencia emocional". Ya digo que la coincidencia con el pontificado es sin duda totalmente fortuita, pero, aun así, podría haber coadyuvado a la creciente labilidad y ductilidad emocional de las masas que se dejaban seducir y conmover, sin prevención ni resistencia alguna, ante el obscenso exhibicionismo del pontífice, que, cayéndose a pedazos, seguía paseando coram populo, hasta los últimos días, su sufrimiento.

 

Acaso lo más sórdido y más inmoral del cristianismo sea el culto y el cultivo del dolor por el dolor como valioso en sí mismo y por sí mismo, tan vinculado a la impura noción de "capital moral". El 2 de marzo de este año, en este mismo diario, apareció el que hasta hoy ha sido tal vez el mejor chiste de El Roto (y pido excusas por la ausencia del dibujo, que también importaba): Había uno que decía: "Entonces, ¿el sufrimiento también es una inversión?"; y el otro contestaba: "¡Pues claro!".

 


22 de abril de 2006

22 de abril de 2006

"El Laberinto Español", el  programa  de  TV2  dirigido  por  Jorge Martínez Reverte, trata esta semana y la próxima, en dos capítulos, la batalla del Ebro. Previo al debate se proyecta un documental dirigido por el propio Jorge Martínez Reverte, autor de un estupendo  libro sobre el tema, como también es autor de otro estudio anterior sobre la batalla  de  Madrid,  donde  se  analiza  la  importancia  de esta batalla en el desarrollo de la guerra civil española y el final de la *idea* de República entre los dirigentes del Frente Popular.

Tras Documenta2, que volverá en otoño, este programa, y algún otro más, certifican la necesidad de una televisión pública como fuente de  información y  formación  al  gran  público.  El  resto  del  panorama  televisivo español, salvo  algunas  series  norteamericanas ,  es desolador. Aquella pluralidad que reclamaban algunos como fuente  de  calidad  se ha  quedado  en  una   gran  mentira. Luchar  por  la existencia de una televisión pública, a la que se pretende eliminar para otorgar  el pastel publicitario a otros empresarios del gremio, es tan importante como exigir una sanidad o educación para todos, máxime cuando lo privado, como  sinónimo  de pluralidad, es un cuento de la lechera que el simple recuento de los beneficiarios, siempre los mismos, niega hasta el asco.

 Garantizar la pluralidad y libertad de esa televisión pública no debe ser tan complicado cuando los ingleses, por ejemplo, la llevan poniendo en práctica desde hace decenios, también en la radio pública. Negar la libertad para la TVE es el reconocimiento claro de que el negocio está en otras parcelas, Antena o Tele 5, cuyos niveles de calidad y libertad son sólo comparables a la mafiosa italia del eterno Padrino. (no es casualidad que los dos máximos dirigentes ejecutivos de las dos televisiones privadas españolas de mayor audiencia sean discípulos y antiguos empleados de D. Silvio).

Claro que para eso también debe servir que la izquierda esté en el poder ¿verdad D. José Luis?