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el mundo fragmentado

22 de abril de 2006

22 de abril de 2006

"El Laberinto Español", el  programa  de  TV2  dirigido  por  Jorge Martínez Reverte, trata esta semana y la próxima, en dos capítulos, la batalla del Ebro. Previo al debate se proyecta un documental dirigido por el propio Jorge Martínez Reverte, autor de un estupendo  libro sobre el tema, como también es autor de otro estudio anterior sobre la batalla  de  Madrid,  donde  se  analiza  la  importancia  de esta batalla en el desarrollo de la guerra civil española y el final de la *idea* de República entre los dirigentes del Frente Popular.

Tras Documenta2, que volverá en otoño, este programa, y algún otro más, certifican la necesidad de una televisión pública como fuente de  información y  formación  al  gran  público.  El  resto  del  panorama  televisivo español, salvo  algunas  series  norteamericanas ,  es desolador. Aquella pluralidad que reclamaban algunos como fuente  de  calidad  se ha  quedado  en  una   gran  mentira. Luchar  por  la existencia de una televisión pública, a la que se pretende eliminar para otorgar  el pastel publicitario a otros empresarios del gremio, es tan importante como exigir una sanidad o educación para todos, máxime cuando lo privado, como  sinónimo  de pluralidad, es un cuento de la lechera que el simple recuento de los beneficiarios, siempre los mismos, niega hasta el asco.

 Garantizar la pluralidad y libertad de esa televisión pública no debe ser tan complicado cuando los ingleses, por ejemplo, la llevan poniendo en práctica desde hace decenios, también en la radio pública. Negar la libertad para la TVE es el reconocimiento claro de que el negocio está en otras parcelas, Antena o Tele 5, cuyos niveles de calidad y libertad son sólo comparables a la mafiosa italia del eterno Padrino. (no es casualidad que los dos máximos dirigentes ejecutivos de las dos televisiones privadas españolas de mayor audiencia sean discípulos y antiguos empleados de D. Silvio).

Claro que para eso también debe servir que la izquierda esté en el poder ¿verdad D. José Luis?

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