
Ocupado
Le salvaron de aquel naufragio las largas horas pasadas en compañía de Mario Benedetti. Era reincidente en su fracaso, pero tenía en contra el peso de la edad. Esa edad en la que ya parece que no tienes derecho a merecer. Incluso discutió una tarde con su querido amigo Mario y tan sólo rescató de él su receta para no sucumbir a la tentación del precipicio: “La mejor solución para no sucumbir a la tentación del precipicio es el fornicio”. La llevó a rajatabla, cómo si de un régimen se tratase. Se fabricó su coraza afectiva evitando la corta distancia y se abandonó a no sentir. El amor era un invento necesario como tantos otros para poder seguir viviendo, patrimonio de los poetas para tener algo que decir. Enamorarse era un estado de enajenación mental transitorio necesario para mentes puritanas, incapaces de practicar el sexo por el sexo, un atributo asignado como tantos otros por conveniencia masculina a la esencia de la mujer. Se hizo una liposucción vital , nada de blanduras ni terneces. Dejar la más mínima huella estaba prohibido, ni siquiera se permitía olvidar un simple cepillo de dientes, ni qué decir que a la inversa sucedía lo mismo. Sus citas siempre eran a través del chat, resultaba más cómodo, era más fácil mentir sin mirar a los ojos y rápidamente se podía ir al grano .Durante dos años estuvo enganchada a los ligeros libertinajes sabáticos, asépticos, gimnásticos y orgásmicos. Su autoestima atravesaba uno de sus mejores momentos, jamás como ahora había sido una devoradora de hombres y jamás soltaba las riendas .Un mal día, cosas de la edad, se revolucionaron sus hormonas hasta tal punto que, tomando una copa por la noche en el pub donde se habían citado empezó a notar un tic en su ojo izquierdo en cuanto empezó a sonar la voz de Elton John, sintió una presión atroz en el pecho, comenzaron a temblarle las piernas y necesitó vomitar. Sentada en la taza del water mientras terminaba “Nikita” rompió a llorar. Al cabo de un buen rato tras recomponerse el maquillaje se disculpó por su indisposición y se marchó a su casa. Necesitaba compulsivamente oir una y otra vez esa canción. ¡Años sin escucharla, cuando antes no podía vivir sin ella! Se tomó un Orfidal, se tumbó en la cama y de nuevo compulsivamente necesitó patalear toda su rabia sobre el colchón. Cuando se sintió más tranquila decidió tomar un baño de sales relajantes, mientras llenaba la bañera encendió velas de agua, varillas de incienso, puso de nuevo aquella canción y su cuerpo comenzó a dejarse llevar por el ritmo de la música, abrazó fuertemente sus hombros, se miró en el espejo y reconoció una mirada diferente, más cálida. Fue por un gin tónic y metida en la bañera, con los ojos cerrados se acordó de él. Rescató del olvido las miradas, las caricias, los silencios de un ayer que sabía tanto a vida de un ahora que tan sólo eran recuerdos. La nostalgia derramó su perfume de cama compartida, de cena preparada ,de compac repetido, de calles paseadas. La pasión le devolvió una sonrisa para salvar del fuego ya apagado la belleza derrochada en loca prisa de un vivir a dos ilusionado. La ternura con paciencia le sedujo a entender a su razón con emociones a sentir su corazón con argumentos. Cubierta de espuma, saltó en busca de su amigo Benedetti y a la luz de las velas y el olor del incienso poco a poco, aunque no sin miedo, dejó salir a flote su sensualidad. En medio del baño al sonido de Don,t go breaking my heart comenzó a bailar, columpiando su pelvis, acariciando su vientre, contemplando sus patas de gallo, admirando sus tetas, ya habían dejado de estar ligeramente inclinadas hacia arriba, prometiéndose no más liposucciones, deseosa de nuevos libertinajes sabáticos, de juguetonas sonrisas verticales, de miradas profundas, de borrachera de olores, de susurros al oido, de ofrecer cavernas cariñosas.......... de no olvidar el porvenir de su pasado.
Mario Benedetti
Cuando el Papa nos habla de la *razón de Dios* frente a la *violencia* del islam el mundo no se detiene. Quiero decir, ni el mundo ni los semáforos. La *razón de Dios* es una buena forma de querer llegar a la meta cuando te faltan las fuerzas...y la razón.
"Si se pusiera en el platillo de la balanza el mal que los *puros* han derramado en el mundo y en el otro el mal proveniente de los hombres sin principios y sin escrúpulos, es el primer platillo el que inclinaría la balanza. En el espíritu que la propone, toda la fórmula de salvación erige una guillotina." (EM Cioran)
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Contaba Cándido su primer día de trabajo en ABC.
Sabedor el director de los deseos del joven periodista por llegar a ser escritor le puso a corregir las informaciones firmadas por los redactores. La primera que le llegó fue del área de sucesos :
- ...el muerto estaba al fondo del barranco, a siete metros de altura, había escrito el redactor.
Cándido tachó *altura* y puso *profundidad*.
Más tarde le preguntó al viejo redactor por qué había escrito *altura*.
- Joven, le respondió muy serio el veterano periodista, yo siempre escribo desde la perspectiva del muerto.
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La Luna alcanzará hoy la declinación al norte mayor del siglo XXI, y la mayor altura en el cielo en los últimos 37 años, lo que representa el punto más álgido al que ningún planeta llegará "jamás" en este siglo, ha informado el astrónomo Mario Tafalla, del Observatorio Astronómico Nacional. Al mirar la Luna hoy por la noche ésta se verá especialmente alta en el cielo, y el punto álgido será a eso de las 3.30 de la madrugada (hora peninsular), según las tablas de efemérides. Para Tafalla, se trata de un fenómeno parecido al que sucede al principio del verano con el Sol, que se encuentra en el punto más al norte.
Del hedor al perfume del público
VICENTE VERDÚ
¿El público da asco? Durante muchas décadas el artista tuvo a gala soslayar la contaminación del vulgo. Agradecía que sus obras triunfaran pero no habría admitido nunca que fueran concebidas sólo para gustar a los demás. Y menos a las masas.
Las masas atufaban por fuera y por dentro. Significaron, desde su misma rebelión, una miasma informe que tendía a acercarnos, absorbernos y convertirnos en papilla. De otro lado, la masa revelándose infantil no digería nada que no se les dispensara previamente masticado, servido en papilla.
Con este presupuesto venal, muy querido por los poetas, la creación debería abordarse sin mirar aquí o allá, ni al mercado ni al gentío, tan sólo al propio interior. Como consecuencia, las obras nacían pringadas de una intimidad supuestamente inalienable, tan abisal como original. El olor de lo original se convirtió así en el valor supremo. Algo valía tanto en cuanto no se había percibido nunca, independiente de que fuera difícil de soportar.
Las cosas han cambiado mucho respecto a este modelo y en favor de un planteamiento opuesto, de manifiesta condición empresarial. Frente al asco que el artista declaraba sentir por lo común, el empresario aspiró sin descanso a fabricar artículos que complacieran, y a cuantos más mejor. El sueño del empresario y su consecuente gloria no residía principalmente en su originalidad sino en su tino. Con el anhelo de perfeccionar los tinos fueron desarrollados los estudios de mercado y las ahora meticulosas listas sobre hábitos, creencias, necesidades, perversiones, oraciones y frustraciones del público consumidor. Un quehacer que, a continuación, se ha extendido a la predicación o a la política y que actualmente representa un instrumento central en el diseño de las producciones cinematográficas, los guiones de cine, de televisión, de los videojuegos o de la página web. El público ha emergido como el gran colaborador de la innovación. El supermotor de la más vasta imaginación productiva.
Pero ¿inventa el público? ¿imagina algo de suficiente interés? Nadie lo habría aceptado hace unos años pero hoy los departamentos de marketing, el sector más creativo de la nueva sociedad, reconocen el 50% de su fuerza a la interacción con el comprador.
Más aún, los más adelantados de estos departamentos consideran que el porvenir de gran parte del arte más visible e influyente depende de esa íntima relación.
El conflicto interior, los dolores del artista, su caudal de inspiración, sus periodos de sequía o fertilidad, desplazan la sede tradicional desde el aliento interior al ambiente del mercado. No al pestilente vaho de las muchedumbres ni al sucio olor del dinero sino a una transparencia copulativa entre productor y comprador.
En Tokio, en Londres o en Nueva York hay perfumerías que se caracterizan por la ausencia total de perfumes enfrascados y etiquetados. Los empleados atienden al cliente sin pregonar las cualidades de una u otra colección con firma. Su intervención consiste en averiguar algunos aspectos vitales del visitante, sus pequeños hábitos, sus colores preferidos, indicios de su situación profesional o emocional. Tras esta cata llegan las sugerencias. Sugerencias que no culminan en una esencia hasta que el comprador ve concentrados sus deseos (¿su personalidad? ¿su necesidad? ¿su creatividad?) en una esencia preparada exclusivamente para él.
La reciente época de customización de los productos ha sido una fase intermedia en la que el fabricante ha conservado todavía el control del muestrario. La nueva y actual etapa de personalización creadora trata, sin embargo, de transformar al cliente en productor y conseguir su complicidad mediante un bucle en los roles. De esta estrategia se deriva que las marcas abandonen su anterior posición de dominio y se conviertan en ofertas de poder con nuestro nombre. El cliente se convierte así en autor. Y el marketing fue su profeta.
"En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado. Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas". (E.M. Cioran ."Breviario de Podredumbre")
Contesto a su carta en la que me comunica que se me otorga el premio “Boira” (Niebla) debido a mi posicionamiento político y a mi crítica del nacionalismo catalán. La forma y el contenido de la carta es el testimonio perfecto de la obscena impunidad política que asola este territorio y la confirmación visible de los motivos por los que el ayuntamiento de Bellpuig me lanza la infamia en forma de premio. Tal y como declaré, queda aún más patente que nacionalismo y democracia se muestran incompatibles.
Debido a la información que me había llegado del periódico Segre, deduje que los premios “Estel i Boira” (estrella y niebla) eran responsabilidad de las entidades privadas de Bellpuig. En éste sentido, tenía la disposición de contestar el menosprecio con un texto humorístico. Pero su carta me revela que el auténtico inductor y creador de tales salivazos al adversario es usted como alcalde de Bellpuig, expresidente de la Diputación de Lleida y diputado del Parlament de Catalunya. Por tanto, dejo de lado el humor porque es una forma de expresión que en última instancia, demuestra una consideración sobre el grado mental y moral del otro.
Usted no merece esta consideración. Ostentando cargos de gobierno y de representación parlamentaria, utiliza el cobijo de unos premios para denigrar públicamente a cualquier disidente de sus manías. En este caso, un consistorio municipal promueve la degradación democrática, dedicándose a organizar un acto para desacreditar la libre opinión de un ciudadano. En vez de participar al fomento de la tolerancia y la pluralidad de criterios, como es su obligación por los cargos que tiene asignados, se sirve de ellos para incitar a la censura cívica de un artista del país.
Con su eclesiástico invento de “l’estel i la boira”, compruebo que utiliza el tiempo (y también mis impuestos) para dividir a los catalanes entre buenos y malos, o señalar enemigos externos. Usted se erige impúdicamente en juez moral de Catalunya, y a través de sus veredictos, induce el odio a instituciones o personas no afines al régimen. Sigue una tradición muy cultivada por los totalitarismos, entre ellos, el que sufrimos los españoles hace treinta años, un régimen nacionalista obsesionado también en este tipo de infecciones sociales. Hoy, afortunadamente, exceptuando su caso, no hallaríamos en España un nivel semejante de vileza institucionalizada y promovida por dirigentes públicos.
Resulta curioso que este tipo de vocacionales de la inquisición, siempre conviven con un trasfondo personal bastante menos escrupuloso que sus filantrópicas exhibiciones. Compruebo que usted tampoco es una excepción sobre la regla. No muestra la misma sensibilidad patriótica a la hora de cargar una cuantiosa deuda a sus conciudadanos españoles a través de la Seguridad Social. Deuda provocada por la empresa Aigües Rocafort de la cual era administrador y accionista. Ni tampoco le tiembla el pulso cuando deja de pagar a los empleados -que se ven obligados a reclamar por el juzgado social- o a la Caixa de Catalunya, la cual también tiene que proceder judicialmente para reclamarle 33.656.256 Pts.
No se inquiete, su comportamiento tampoco trasluce anomalía alguna en el clima actual de Catalunya, incluso es natural. Forma parte de la impostura patriótico-sentimental que en los últimos tiempos impera entre los gobernantes de este territorio.
Sin embargo, ¿quién le ha dado a usted las atribuciones para infamar en público a un ciudadano que cumple escrupulosamente con sus deberes? Desde hace 45 años, dirijo una empresa de 25 trabajadores dedicados al arte. Nunca he dejado de pagar puntualmente a la hacienda pública ni a ningún colaborador. Esta es la principal contribución que en cualquier país puede hacer un ciudadano, sea catalán o sueco. Las otras contribuciones, las del libre pensamiento o las creencias, sólo son materias de escarnio, censura, y persecución institucional en las dictaduras. En este sentido, la única “boira” incívica que constato, es la que pone usted por delante, a fin de disimular su falta de decencia... eso sí, ¡Catalana!
Por tanto, como despedida, quiero decirle sin hostilidad ni ironía, pero con serenidad y también con una íntima satisfacción: váyase concretamente a la mierda, usted, sus premios y la Catalunya que nos pretende imponer.
Albert Boadella
PS. Esta carta es mi respuesta a su “Premio” y espero que sea leída (entera) en el acto de entrega.
Ultima fotografía de Salvador Allende
Que Rubianes es un perfecto cretino está tan claro como que Lorca no tiene ninguna culpa en este pobre sainete.
Ahora bien, que Rubianes sea todo cuanto parece insistentemente querer demostrar, y con creces después de esas últimas declaraciones, no oculta que el Ayuntamiento de Madrid, con su Alcalde al frente, ha censurado a un pésimo cómico por el terrible delito de ser un mal educado. Y con carácter retroactivo.
Cómico, dicho sea de paso, al que contrató personal de confianza del señor Alcalde que a esta hora, según parece, no ha creído conveniente solidarizarse con el defenestrado ni ha mostrado un átomo de vergüenza torera por su responsabilidad en el pobre sainete.
Me refiero, claro es, a doña Alicia y a don Mario, autores de la contratación y su programación en el teatro municipal. En este país todo ocurre como si de margaritas en el campo se tratase. Los responsables siguen en paradero desconocido.
Con el debido respeto, me pregunto para qué tenemos un ejército.
Descartadas sus intervenciones en política interna, afortunadamente para todos, resulta lógico que el poder civil, democráticamente elegido, con el visto bueno del Parlamento nacional, decida dónde enviar a nuestros soldados conforme a nuestra política exterior.
Otra cosa será la responsabilidad de ese poder civil ante los ciudadanos, como ya pasara con Aznar, e incluso pudiera pasar con Zapatero si la cosa se complica en Líbano. Pero el ejército está para obedecer en primer tiempo de saludo.
Y nada más.
Siempre me dieron miedo “LOS SALVADORES” por su populismo y demagogia barata. Nací bética, como nací de raza blanca.A los pocos días de ver este mundo me hizo mi padre socia del Real Betis Balompié. Desde entonces hasta hoy he tenido que convivir con este hereditario gen en las buenas y en las malas épocas. Mi gen consiste en ser accionista, socia, aficionada y seguidora del Real Betis Balompié, un club histórico, con solera y filosofía vital adquirida a lo largo del tiempo, con el concurso principalmente de su afición, sus jugadores, sus entrenadores y hasta a veces de sus presidentes y gestores. Peino ya canas y soy de la generación del Villamarín cuando todos los béticos, de gol, de fondo, de preferencia y ahora de voladizo, teníamos una identidad .Naturalmente sabíamos quien era nuestro Presidente, pero eso era lo de menos, por encima de todo estaba El CLUB y no conocíamos más estrellas que las que demostraban su valía sobre el terreno de juego. Tras convertirnos en Sociedad Anónima aprendimos que El Betis era algo más que un club, algo mucho más importante que un club, algo mucho más importante que su afición, sus jugadores o sus entrenadores. El Betis pasaba a tener un dueño, un accionista mayoritario, pero era normal, los tiempos habían cambiado y la sociedad debía modernizarse, como toda Sociedad Anónima tendría un equipo de gestores, una organización moderna con una distribución de funciones para diferentes áreas de competencia. Sus accionistas, cada uno dentro de sus posibilidades económicas y sus socios, tendríamos derecho a estar informados sobre la marcha de dicha Sociedad y se daría cuenta de un balance de resultados en lo económico y en lo deportivo. Pasado el tiempo no cabe la menor duda de que nos equivocamos quien así pensábamos. El Real Betis Balompié no es hoy en día una Sociedad Anónima. Su Presidente, Salvador,Accionista Mayoritario,Dueño y Señor forman con el CLUB un “totum revolutum”. Aunque se trate de una expresión latina es muy fácil de entender: ¿Cuál es la situación económica real del Club? ¿De quién es el campo? ¿De quienes son los jugadores?¿Dónde va el beneficio de la venta de jugadores?El día, resumiendo, que se marche el actual Presidente ¿Con qué situación nos despertaremos los béticos en lo que se refiere al patrimonio del CLUB?.Los béticos sabemos adaptarnos y seguir con nuestro equipo, de ahí el “MANQUE PIERDA”, pero eso es una cosa y otra muy diferente que nos tomen por tontos. Que nos tomen por súbditos a los que no hay que rendir la más mínima explicación y dar cuenta de su responsabilidad por parte de sus dirigentes. No nos equivoquemos para muchos afortunadamente la estrella sigue siendo EL CLUB. Somos Béticos por encima de todo, por mucho que desde hace años y poco a poco nos hayan querido ir captando para esta especie de Secta, en la que o somos Loperianos o no somos nada, porque no contamos para nada.El Betis es un club, una Sociedad Anónima, no el Cortijo privado de su Accionista Mayoritario. Los tiempos de los caciques pasaron a la historia. No se gestiona lo mismo un cortijo que una Sociedad Anónima del siglo XXI, así nos va. Fui a Madrid a celebrar la Copa del Rey y grité enfervorizadamente, hasta quedarme afónica ¡VIVA EL BETIS!, al igual que hice en tiempos de otros Presidentes. ¡Ya me gustaría gritar además, Viva EL SR LOPERA, no tendría el más mínimo inconveniente, señal de que sería un buen gestor. Pero Vds perdonen lo de Viva Don Manuel díficilmente lo grite nunca, porque tiene un tono “cortijero”, “salvador”, “personalista”,”populista” y lo que es peor demagógico, que no entra en mis entendederas. Como dice Antonio Burgos “manque a Lopera”. Sigo siendo muy pequeña accionista, he renovado mi abono, me alegraré de que la situación del club mejore, lo apoyaré y no dejaré de ser socia si las cosas van mal, pero no me pidan que todo esto se confunda con ser ilusa o idiota.
Vivimos inmersos sin sentir el país,
Un 11S de hace 33 años, los mismos que ahora llevan la *democracia* a Irak con un balance diario de 100 asesinados, planearon, organizaron, financiaron y ejecutaron un golpe de estado contra Salvador Allende que, apenas tres años antes, había ganado unas elecciones democráticas a la derecha chilena. Aunque han pasado 33 años, los delincuentes y asesinos golpistas siguen empeñados en delimitar cuáles son nuestros derechos y cómo ejercitarlos. Aquel golpe de estado fue bien recibido por la derecha española que hizo suya la ideología y los métodos empleados. Hoy, 33 años después, los representantes de la actual derecha española, los mismos que se negaron a reclamar para la justicia española a Pinochet, como pedía el juez Garzón, son los que se niegan a condenar el régimen del general Franco. Para estos dirigentes, Franco es uno de los suyos. Y, viéndolos actuar, creo que llevan razón.
Entre trozo y trozo de pan, busco un poco de tranquilidad y encuentro este Ciber (¿se escribe así?) donde dejar algo de mi neurosis laboral. La mañana está siendo dura, no tanto por la búsqueda del santo pagador y su becerro de oro como por el calor que cubre Madrid desde primeros de mes. Llevo en mi mochila de esperas el libro Guerra de España, de Juan Ramón, pero no encuentro el momento ni el lugar de comenzarlo por alguna de sus numerosas partes. Libro de casi quince años, desde su salida de Madrid hasta se vuelta a aquella España negra que tanto daño nos ha hecho.
Al comienzo, una carta de Antonio Machado donde agradece la ayuda de JRJ a la República española, en contra de la opnión de algunos. Entre esos algunos estaban Alberti y Bergamín, de cuyas revolucionarias estupideces salió por piernas el de Moguer escondido en un camión de madera. También esa España negra ha llegado hasta nosotros en un revoltillo que todavía no hemos sido capaces de diferenciar.
Se ha terminado el café solitario mientras escribía estas líneas.
No muy lejos de donde me encuentro, Madrid trazó una línea divisoria con sangre inocente y alguna culpable. Ahora que tantos se apuntan al carro de la desmemoria, ahora que puedo comprobar tanta manipulación en documentales de televisiones autonómicas, como la vasca, donde aquellos gudaris, por los visto, luchaban por Euskadi y no por la República, bueno será decir que si alguna vez existió alguna posibilidad fue gracias a Madrid y sólo a Madrid. Nunca una ciudad, hasta esa fecha, hizo tanto por tantos. Tres años de vida y muerte a la espera de los soles de primavera: al final llegó un duro y largo invierno.
Me marcho. La espera siempre tiene su pitido final.
JRJ dijo que la poesía no debía alterarse ni por una guerra. La guerra, añadió, sólo debía hacer esperar a la poesía y poner al poeta al servicio de la verdad. Grande JRJ, andaluz, como tantos y tantos. Es decir, universal. Como el deseo de aquella República.
(cuando lo andaluz es sólo un adjetivo)
Me pregunto si habrán vuelto ya todos los pobres y miserables de la tierra de sus veraneos. Si habrán conseguido encontrar sus perdidas casas, sus ausentes calles y el silencio cómplice de los amigos eternamente desaparecidos. Si al llegar, aunque ni ellos ni nosotros sepamos nunca a dónde llegan, habrán abierto sus maletas vacías y mostrado las postales del último lugar recordado. Seguro que entre los objetos de aseo habrá un cartel que ponga : no molesten, adquirido en las tiendas libres de piedad y decoro, que colgarán entre las alas de alguna paloma cercana, más acostumbrada que ellos a los lujos de los paseantes y los restos de comida sobre el asfalto.
La pobreza, y su ángel de miseria, es una estación de doce meses que carece de operación retorno y guardias civiles que vigilen su melancolía. Ahora he visto pasar a uno. Ahora mismo. Mirad, por ahí va. Acaba de llegar. Viene cargado de cuanto ha olvidado, de una memoria de instinto que escupe el filo triste de una navaja en cada suspiro y apenas nos reconoce. Acaba de ponerse su chaqueta de marinero en tierra y tirado su gorra sobre la arena del circo. Han saltado tres monedas como tres liebres.
Vivimos una vida sin red que sólo nos permite reconocerla cuando los héroes nos dejan mirarnos al espejo que ocultan en cada esquina. Y nos produce pánico verlos. Y vernos.
Estábamos algo pasados de copas pero controlábamos el cuerpo y las emociones. Me llevó a su casa. Vivía en un apartamento pequeño en el que había que cerrar el armario para abrir la nevera. Me ofreció su cama y se ausentó al baño. Durante largos minutos escuché el agua de la ducha. Para hacer tiempo, encendí el televisor. En la primera cadena salían mezcladas "La 2" y la conversación de tres radioaficionados. Conservé puestos la camisa y los calcetines. Y las gafas. Prendí un cigarrillo. Seguía cayendo el agua de la ducha al otro lado del tabique. Pensé que Mark Spitz había arrasado en la piscina de Munich con la mitad del agua.
Siempre doy con mujeres que se lavan mucho.Yo creo que no se trata de higiene, sino de mala conciencia. No hace falta leer a Freud para intuir estas cosas. Es una manía de los intelectuales, que tienen que leer las cosas antes de hacerlas. Personalmente detesto que las mujeres se pasen tanto rato en la ducha. La mala conciencia y el olor corporal son cosas que no conviene suprimir. El jabón de tocador elimina las defensas y merma el remordimiento. Además, el exceso de limpieza empobrece la vida sexual. No me tiene aliciente que el pubis femenino resulte tan pulcro como un caniche con ropa. El pubis habría que lavarlo con "avecrén".
Pasados diez minutos, cesó la ducha. Se abrió la puerta del dormitorio. Apagué el quinto cigarrillo escupiendo en el cenicero. Apareció ella. Goteaba. Se metió en cama con la prisa de quien se encuentra una "zodiac" durante un naufragio. Se abrazó a mí cuerpo. Le pasé la mano por el pelo. Pesaba como la maroma de la campana del "Titanic". Dudé si realmente me esperaba una loca noche de carne y sudor pero no me cabía duda de que me exponía a un catarro. Con tanta agua, en la cama de aquella mujer no habría desentonado un remo. "Me gusta mucho la higiene, ¿sabes? Todas las noches me enjabono tres veces y me aclaro luego el
cuerpo con un interminable chorro de agua". Pensé que con su derroche en el baño, podría no dar con el hombre adecuado, pero en el peor de los casos, se colocaría sin problemas como hipopótamo en cualquier circo. Después me preguntó qué pensaba de ella. Fui inevitablemente sincero: "Con tanta agua encima, nena, creo que eres una mujer incombustible". Luego me pregunté si no sería una perversión tener sexo con una robaliza.
No hubo nada. Se mantuvo todo el rato con las piernas cruzadas, aparentando recelo. "No te conozco apenas. No sé que pensarás de mí..." Fue tan excitante como echarle torrijas a los patos del estanque. Mantuve la camisa y los calcetines pero creo que habría sido mas sensato llevarme el coche a la cama.
JOSE LUIS ALVITE
Por Manuel Vilas
¿Tú te imaginas a Franz Kafka ganando cualquier premio literario, explicando en público, ante mil personas importantes , con el trofeo del premio en una mano y en la otra su pequeño sombrero, la trama de "El Castillo"? ¿Y te imaginas a James Joyce presentando el "Ulises" en la Fnac acompañado de un famoso? ¿Te imaginas a Cernuda ganando el Loewe? ¿Y a Borges alargando un relato para que su agente lo venda como una novela? ¿Ves acaso a Céline firmando dedicatorias amables en la Feria del Libro? ¿Y a Pessoa de gira por los almacenes de Portugal promocionando su desasosiego? Parecía que la literatura era irreductible, y que los escritores también eran irreductibles, y eso estaba bien, tenía su gracia, su punto de fuerza, su humanidad pura. Pero ya la literatura es esto: una mesa de novedades, las mafias, una feria, un premio, la televisión y la pasta, y ni siquiera mucha pasta. O sea, el éxito. Pero para eso ya estaba la política y el mundo de los negocios, las cenas de sociedad y los discursos de los pedantes. ¿Dónde está la literatura entonces? Se está muriendo. Casi ni queda. Casi ni existe. No, chaval, la literatura nunca fueron libros de éxito. Era otra cosa. Era lo inesperado, lo gratuito. Y no me hables de calidad, como si los libros fuesen electrodomésticos o coches. ¿Acaso el "Ulises" tiene calidad común, la tiene "El Castillo"? No, la calidad común, de la que hablan los listos del negocio, es cosa de consumidores lelos. La calidad sirve para los electrodomésticos y los coches, para los televisores y las tostadoras, para las neveras y los vídeos. La literatura era otra cosa. Era valor, valor personal. Si quieres calidad en serie, cómprate los libros de los premios literarios o cómprate un Volvo, pero si quieres literatura personal tendrás que ir a buscarla tú solito: ya no está en las tiendas. Tendrás que ir a buscarla al matadero y a los hospitales. Y ni siquiera allí la ibas a encontrar. Lo mismo tienes que ir a buscarla al cementerio, tú sabrás.