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el mundo fragmentado

Luis de Góngora

Soledades (fragmento)

" Del siempre en la montaña opuesto pino
Al enemigo Noto
Piadoso miembro roto
Breve tabla- delfín no fue pequeño
Al inconsiderado peregrino
Que a una Libia de ondas su camino
Fió, y su vida a un leño.
Del Océano, pues, antes sorbido,
Y luego vomitado
No lejos de un escollo coronado
De secos juncos, de calientes plumas
-Alga todo y espumas-
Halló hospitalidad donde halló nido
De Júpiter el ave

9 de Marzo de 2006

9 de Marzo de 2006

La convocatoria del 'macrobotellón' se extiende ya a siete capitales

El Gobierno pide a los jóvenes que eviten una "competición sin sentido"

EL PAÍS - Sevilla

EL PAÍS - 09-03-2006
Efecto dominó. Ya son siete las capitales en las que los jóvenes están convocados a participar en un macrobotellón el 17 de marzo. La convocatoria se está realizando, sobre todo, a través de mensajes de móvil y de internet. Y el objetivo que se marca en los mensajes es superar la asistencia que tenga el botellón de Sevilla. Granada y Jaén fueron las primeras provincias que se sumaron al reto. Ayer se conoció que otras cuatro (Almería, Córdoba, Málaga y Huelva) también lo harán. El Gobierno pidió ayer los jóvenes que eviten "una competición sin sentido". La llamada al macrobotellón se ha extendido incluso fuera de Andalucía, donde, de momento, Cádiz es la única provincia en la que no se ha impulsado esta fiesta callejera. El mensaje tiene una parte inicial que es muy parecido, cuando no igual, en todas las provincias. En esta parte del mensaje se anima a los jóvenes a participar en el botellón para superar al que se celebrará en Sevilla. También se recuerda que un botellón que se celebró de forma espontánea en Sevilla el pasado mes de febrero, y que reunió a unas 5.000 personas, salió en las noticias. En la parte final del mensaje, los promotores de los botellones incluyen una hora y un lugar de celebración en cada provincia.

***

Algunos siguen pensando en televisiones, radios, o prensas. A esta hora temprana de la mañana, habrá mucha más gente conectada a Internet que la suma de espectadores de televisión, oyentes de radio, y lectores de prensa. Serán millones los mensajes de móviles, los correos electrónicos o los notebook empresariales que pondrán en marcha la maquinaria de numerosas empresas y negocios. El mensaje ha encontrado su medio, que es múltiple, imposible de controlar, y, en términos actuales, democrático.

Algunos, esos algunos, siguen creyendo en conspiraciones, manos negras o blancas, autores intelectuales o en el poder de *su* influencia cada vez que ponen la firma a su columna de prensa o el comentario en la tertulia. Falso, todo eso ha pasado a la historia, sólamente cuatro chalados románticos siguimos atentos a ese paleolítico. Su incapacidad para entender la realidad y su lenguaje decimonónico les convierte en piezas de museo.

Hace casi dos años, una multitud de personas se congregaron de forma espontánea en la ciudad de Madrid. Protestaban a un Gobierno magufo . Algunos responsables de aquella magufería siguen buscando al culpable de la movilización, más para aliviar su desesperación que para condenarlo. Lo peor es que siguen sin entender nada. Deberían ir al *macrobotellón* mensajeado, relajarse y disfrutar del ambiente.

Lewis Carroll

Alicia en el país de las maravillas (fragmento)

" --¡Qué sensación más extraña! --dijo Alicia--. Me debo estar encogiendo como un telescopio.
Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín. Primero, no obstante, esperó unos minutos para ver si seguía todavía disminuyendo de tamaño, y esta posibilidad la puso un poco nerviosa. «No vaya consumirme del todo, como una vela», se dijo para sus adentros. «¿Qué sería de mí entonces?» E intentó imaginar qué ocurría con la llama de una vela, cuando la vela estaba apagada, pues no podía recordar haber visto nunca una cosa así.
(...)
Mientras decía estas palabras, le resbaló un pie, y un segundo más tarde, ¡chap!, estaba hundida hasta el cuello en agua salada. Lo primero que se le ocurrió fue que se había caído de alguna manera en el mar. «Y en este caso podré volver a casa en tren», se dijo para sí. (Alicia había ido a la playa una sola vez en su vida, y había llegado a la conclusión general de que, fuera uno a donde fuera, la costa inglesa estaba siempre llena de casetas de baño, niños jugando con palas en la arena, después una hilera de casas y detrás una estación de ferrocarril.) Sin embargo, pronto comprendió que estaba en el charco de lágrimas que había derramado cuando medía casi tres metros de estatura. "

Charles Bukowski

A la puta que llevó mis poemas

" Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡POR DIOS!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!

¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero?
Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones borrachos y enfermos en el rincón.
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50,
pero no mis poemas.

No soy Shakespeare
pero puede ser que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros.
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía. "


8 de Marzo de 2006

8 de Marzo de 2006

Leo en la prensa que Pilar Manjón, presidenta de la Asociación de Víctimas del 11M, ha vuelto a solicitar a los medios de comunicación que no pongan imágenes de la matanza de Madrid para conmemorar el segundo aniversario. Ya lo había solicitado el pasado año y, según parece, la respuesta por parte de la prensa fue positiva a sus peticiones. Comprendo el drama de Pilar, perdió un hijo en uno de los trenes, el terrible dolor de volver sobre el instante, el poder del azar, que le llevó a cambiar toda su vida, y el paisaje de su vida. Su deseo está en la propia naturaleza humana.

¿Cuál debe ser la respuesta de los medios de comunicación ? No me refiero, en este caso, a un aniversario, dos años, cuando en el imaginario colectivo la digestión del terror está elaborada. Digo, la respuesta gráfica, informativa, tras cada atentado: mostrar o no mostrar la tragedia en toda su realidad. Las famosas *imágenes*. En este punto, creo, me encuentro como el único soldado que lleva el paso cambiado en el desfile. En mi opinión, hay que mostrarlas. Es lo único que hay que mostrar. Y nada más. El signo del terrorismo, en su sentido formalista, es la muerte, la mutilación, la sangre, el dolor, las heridas. Ahí está todo su significante y significado. Es su único discurso.

Lo que me indigna, y cada día más, es el discurso hermenéutico. Cuando el porqué tapa el qué. Que es justo lo que vamos a encontrarnos en este aniversario y lo que publican tras cada atentado nuestros prestigiosos diarios. Y es en cada uno de esos artículos, columnas, relatos, cuadernillos, donde yo *sólo* veo una nueva patada al muerto, al cadáver que reposa escondido para que la sopa del telediario flácido no se enfríe. Hipocresía moral de temporada.

Coda: vuelvo a recordar la última película del maestro Luis Buñuel, "Ese oscuro objeto de deseo". La música de fondo de esa película son bombas que estallan al paso de los personajes, una banda sonora que Buñuel ya intuyó que sería la de nuestro reciente siglo estrenado.

***

 

Repasando "El Origen", de Thomas Bernhard, me pregunto si este país resistiría a un escritor que hablara de España en los mismos términos que Bernhard analiza Salzburgo. Su descarnarda forma de aprender la realidad de una ciudad que para la memoria es perfección. También me cuestiono si existen esos escritores dispuestos a destripar el simbolismo vacío que envuelve, como un jarrón, todo cuanto hemos dado en denominar como nuestro *bienestar*. Y que su dircurso, si existe, llegue a joder tanto a los españoles como les jodió a los ciudadanos de Salzburgo el de Bernhard. Faltan estos escritores y son más necesarios que nunca.

Ana María Matute

Pecado de omisión (fragmento)

" Durmieron en el mismo chozo de barro, bajo los robles, aprovechando el abrazo de las raíces. En el chozo sólo cabían echados y tenían que entrar a gatas, medio arrastrándose. Pero se estaba fresco en el verano y bastante abrigado en el invierno. El verano pasó. Luego el otoño y el invierno. Los pastores no bajaban al pueblo, excepto el día de la fiesta. Cada quince días un zagal les subía la collera: Pan, cecina, sebo, ajos. A veces, una botella de vino. Las cumbres de Sagrado eran hermosas, de un azul profundo, terrible, ciego. El sol, alto y redondo, como una pupila impertérrita, reinaba ahí. En la neblina del amanecer, cuando aún no se oía el zumbido de las moscas ni crujido alguno, Lope solía despertar, con la techumbre de barro encima de los ojos. Se quedaba quieto un rato, sintiendo en el costado el cuerpo de Roque el Mediano, como un bulto alentante. Luego, arrastrándose, salía para el cerradero. En el mismo cielo, cruzados como estrellas fugitivas, los gritos se perdían, inútiles y grandes. Sabía Dios hacia qué parte caerían. Como las piedras. Como los años. Un año, dos, cinco. "

Angela Figuera Aymerich

Bombardeo (fragmento)

" Noches de sueño incierto, triturado
por la tremenda sinfonía
del frente en erupción y los caballos
del miedo galopando en explosivos.

Y la sangre con hambre que se exprime
hasta la última esencia
para nutrir al hijo sazonándose.

Y la desnuda soledad del cuerpo,
desorientado, desgajado en vivo
del cuerpo del amante.

Aquellas noches del pavor sin luces,
apelmazadas de odios y de ruinas,
yo te esperaba. Me llegaste a veces.
Del último bisel de la tragedia,
del borde mismo de la hirviente sima
venías hasta mí. Me contemplabas
con unos ojos llenos de agua sucia
donde asomaban rostros de cadáveres.
Ojos que procuraban ser risueños
y mansos al pasar por mi figura
y acariciar con luces de esperanza
la curva de mi vientre.

¡Con qué exaltada fuerza, con qué prisa,
con qué vibrar de nervios y raíces
nos quisimos entonces!

Yacíamos unidos, sin lujuria,
absortos en el hondo tableteo
de nuestros corazones. Escuchando
de vez en vez el tímido latido
del otro corazón encarcelado
que ya, para nosotros, gorjeaba.
Yo sonreía señalando el sitio
en que un talón menudo percutía
mis íntimas paredes en un ansia
gozosa de correr por los senderos
apenas presentidos.

Y, en medio del olvido refrescante,
en lo mejor del conseguido sueño,
surgía denso, alucinante, bronco,
el bélico zumbar de la escuadrilla.
Bramando, sacudiendo, despeñándose,
atropellándose los ecos
iban las explosiones avanzando,
cada vez más cercanas,
hasta que, al fin, la muerte en torrentera,
en avalancha loca, trascurría
sobre nuestras cabezas sin refugio.

Entonces tú, imperioso, dominante,
con un impulso elemental de macho
que guarda la nidada, con un gesto
ardiente y violento como el acto
de la amorosa posesión, cubrías
mi cuerpo con tu cuerpo enteramente,
haciendo de tus largos huesos duros,
de tu apretada carne exacerbada,
un ilusorio escudo indestructible
para el hijo y la madre.

Así, unidas las bocas, trasvasándonos
el tembloroso aliento, diluidos
en éxtasis de espanto y de delicia,
las almas contraídas, esperábamos...

No. Nunca nos quisimos como entonces. "


7 de Marzo de 2006

7 de Marzo de 2006

La humildad en estos campos no es una flor que abunde. Así, el relator incorporará un discurso neutro a su repertorio y saldrá por piernas en cuanto pueda. Dificil cuestión. El problema mayor viene cuando intentamos delimitar los conceptos, pasarlos por el scáner de lo concreto y saber, de alguna manera, qué es lo que quiere decir el tumbado cuando grita *miedo*, por ejemplo. Y qué es lo que entiende el sentado cuando escucha *miedo*. Un lenguaje que les una en un mismo campo de batalla está por construir.

También: hasta qué punto la arquitectura interior, *esos vicios íntimos*, pueden resistir una restauración plena. Si la profundidad, en estas cuestiones, importa. O si es necesario que la madera no termine de pudrirse nunca para que el edificio se sostenga, como en Venecia. Si esa fantasía, que algunas quieren llamar enfermedad, no forma parte de la propia naturaleza humana que nos sostiene. Y que no podemos pedir siempre a todos los anémicos que donen sangre.

*********

LOS seres humanos disponemos de dos biografías, dispares entre sí, pero dependientes una de otra. A lo largo de nuestra existencia biológica construimos ambas alternativamente. La primera de ellas es la biografía pública, la que se escenifica ante los demás, pocos, varios o muchos. La compone el conjunto de nuestras actuaciones observables y observadas. Es la que erróneamente consideramos la única vida real.

  La segunda la constituye nuestra biografía íntima: la fantaseada, la de nuestros deseos aún o quizá por siempre insatisfechos, la de los sueños y ensueños, la de nuestros sentimientos ocultos hacia personas que nos rodean: una vida secreta (¡y qué bien que lo sea! ). Secreta porque es inobservable. De vez en cuando, sacamos al exterior, aunque, eso sí, convenientemente acicalado, un segmento de esa vida oculta y lo convertimos en público. Ahora bien, esta vida íntima no es menos real que la otra, la vida empírica, aunque es puramente mental. Pero la mente forma parte de la Naturaleza, como las demás funciones de nuestro organismo , como también los otros que con nosotros están, o el paisaje que contemplamos, o las palabras que escuchamos... Anton Chéjov hace decir a un personaje —una vez leído, me pareció una obviedad— en respuesta a otro que alucinaba: "Es una alucinación, pero la alucinación es real porque forma parte del ser humano y, por tanto, de la Naturaleza".

  Esta vida de la fantasía, la vida íntima a la que me estoy refiriendo, tiene una propiedad formidable: hace al sujeto omnipotente en esa realidad. Ya lo señaló Sigmund Freud, y muchos otros antes que él, aunque no, desde luego, en el corpus de una teoría . A diferencia de lo que ocurre en la vida exterior, en la íntima los deseos se satisfacen de manera inmediata; y esa y no otra es su función, esencial, por cierto, para la economía del sujeto —como lo es el dormir y el soñar—: la sustitución pasajera de la vida empírica. ¿Cómo sobrevivir años y años en prisiones horribles —esa es o ha sido la vida empírica de muchos— sin la vida fantaseada, por fortuna inaccesible e inexpugnable para el verdugo de turno? Gracias a la vida de la fantasía, forma figurada del deseo, podemos soportar esa otra vida a la que habitualmente reservamos el calificativo de real, la externa a nosotros, la vida social, preñada de frustraciones, errores, desengaños y sufrimientos, aunque a veces, entreverada de éxitos, depare pasajero júbilo.

La fantasía, que nadie lo dude, es la ortopedia del sujeto.

Sigmund Freud

Tótem y Tabú (fragmento)

" Los hermanos expulsados se reunieron un día, mataron al padre y devoraron su cadáver, poniendo así un fin a la existencia de la horda paterna. Unidos, emprendieron y llevaron a cabo lo que individualmente les hubiera sido imposible. Puede suponerse que lo que les inspiró el sentimiento de su superioridad fue un progreso de la civilización quizá, el disponer de un arma nueva. Tratándose de salvajes caníbales era natural que devorasen el cadáver. Además, el violento y tiránico padre constituía seguramente el modelo envidiado y temido de cada uno de los miembros de la asociación fraternal, y al devorarlo se identificaban con él y se apropiaban una parte de su fuerza. La comida totémica, quizá la primera fiesta de la Humanidad, sería la reproducción conmemorativa de este acto criminal y memorable que constituyó el punto de partida de las organizaciones sociales, de las restricciones morales y de la religión. "

T. S. Eliot

Tierra Baldía (fragmento)

" ¿Cuáles son las raíces que prenden, qué ramas
Brotan de este cascajo? Hijo de hombre,
Tú no puedes decirlo, ni imaginarlo, pues sólo conoces
Un cúmulo de imágenes donde reverbera el sol.
El árbol seco no cobija, el grillo canta monocorde,
La estéril piedra no mana agua. Sólo
Hay sombra bajo esta roca roja.
(Ven a la sombra de esta roca roja),
Voy a enseñarte algo diferente
De tu sombra que marcha a largos pasos contigo en la mañana,
0 de tu sombra, irguiéndose al ocaso para ir a tu encuentro;
Voy a enseñarte lo que es el miedo en un puñado de polvo. "

6 de Marzo de 2006

6 de Marzo de 2006

Si hay algo que retrata el espectáculo político de los tiempos que vivimos es una tertulia política en la televisión. Los tertulianos, personajes allí colocados para que la acción dramática progrese, repiten mecánicamente el rol pactado, como una consigna, incapaces de mostrar un mínimo nexo entre sus frases subordinadas. El tertuliano es un actor de titulares malos escrito por malos guionistas: no aporta nada al debate, carece de iniciativa y, preferiblemente, son escogidos por el grado de su estupidez , proporcional al volumen de su voz. A esa tele pornográfica en horario infantil le llaman libertad de expresión, pero lo que el espectador medio desea es que sus ideas, cosidas con alfileres, le permitan llegar a un éxtasis intelectual con la ayuda de algunas escenas macabras, varias repeticiones mecánicas y algún tamaño que le haga olvidar su vacío intelectual.

El espectáculo televisivo de la tertulia política es pura propaganda de lo políticamente correcto. Sería suficiente encontrar a un tertuliano que reconociera públicamente su ignorancia para que todo el espectáculo se diera por finalizado. Definitivamente. Por higiene pública.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa

El gatopardo (fragmento)

" Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. Una de esas batallas en las que se lucha hasta que todo queda como estuvo. No queréis destruirnos a nosotros, vuestros padres. Queréis sólo ocupar nuestro puesto. Para que todo quede tal cual. Tal cual, en el fondo: tan sólo una imperceptible sustitución de castas. "

Eugenio Montale

Disipa tú, si quieres, de Mediterráneo

" Disipa tú, si quieres, esta vida débil que se queja,
como la esponja el trazo efímero en la pizarra.
Espero regresar a tu círculo, se cumple mi disperso tránsito.
Mi venida era el testimonio de un orden que olvidé durante el viaje,
estas palabras mías juran fe a un suceso imposible, y lo ignoran.
Pero siempre que escuché tu dulce oleaje sobre las playas
la turbación me asaltó como a alguien débil de memoria
cuando vuelve a acordarse de su tierra.
Aprendida mi lección más que de tu gloria abierta,
del jadear que no emite casi sonido
de un mediodía tuyo desolado,
a ti me rindo humildemente.
No soy más que pavesa de un tirso.
Bien lo sé: arder, este y no otro, es mi significado. "

5 de Marzo de 2006

5 de Marzo de 2006

 Su poesía no concede al lector respiro alguno, su escritura no admite presuposiciones, ante un objeto artístico basado siempre en la realidad, pero que no deja en pie la más mínima creencia en la aceptabilidad de este mundo. Su ruptura, tanto por su
visión como por su estilo, es algo único en la poesía.

 

’Finisterre’




Francisco Calvo Serraller

 
BABELIA - 04-03-2006

EN MARZO de 1929, en la localidad francesa de Meudon, la poeta rusa Marina Tsvetáieva (1892-1941) terminó su ensayo Natalia Goncharova. Retrato de una pintora (Minúscula), diez años antes de regresar a la Unión Soviética, donde apenas sobrevivió dos más antes de suicidarse. Tsvetáieva se había exiliado en Francia en 1922, lugar donde Natalia Goncharova, nacida en 1881, residía desde 1919, tras pasar cuatro entre Suiza e Italia, y en el que murió en 1962. Aunque la pintora era once años mayor que la escritora, ambas habían sido vecinas en Moscú y habían asistido a la misma escuela, pero el turbulento destino las reunió en París, quedando como testimonio de este encuentro, donde se citan la poesía y la pintura, el exilio y la emigración, una mujer con otra mujer, el libro que da pie a este comentario.

El retrato que hace la escritora de la pintora es, como demandaba Baudelaire de la crítica de arte, enteramente poético. Apenas sin datos que no sean íntimos, sin referencias eruditas, sin disquisiciones estéticas. Un cara a cara femenino, pero cuyo diálogo se produce en esa tierra de nadie occidental donde platican dos orientales. Pero no es un cuento chino, porque el tema de conversación es sobre la creación, o, si se quiere, sobre la conversión de dos artistas en apátridas del arte, residenciadas respectivamente en las palabras y las imágenes. Las palabras de Tsvetáieva reflejando la imagen de Goncharova.

 

¡Qué cuadro más rotundamente cubista es el que hace la escritora al narrar su llegada al estudio parisiense de la pintora! "Un cuadro que se ha visto muchas veces", afirma Tsvetáieva, como tomando aire en el último rellano, "una escalera que se ha subido muchas veces, ver y subir siguiendo las huellas de todos los que me han antecedido, mi huella (mi mirada) es la última, yo soy el punto extremo de esta superficie, su último estrato". De esta cima ya no baja, sino que resiste, sin vértigo, por entre las nubes, soplando certeras metáforas, que se estampan en el aire. Susurrando verdades aligeradas: "Y -aunque resulte extraño- para el artista es así: primero las raíces, después las ramas, y después el tronco".

 

Junto con Larionov, su compañero y cómplice, Goncharova es una de las piezas capitales en la formación de la hoy muy afamada vanguardia histórica rusa, la que eslaviza el fauvismo, el cubismo y el futurismo. Triunfó como escenógrafa y figurinista en los ballets rusos de Diáguiliev, lo que revela su dualidad de escultora que amasaba y enjaulaba colores, su condición iconoestática, su transparencia luminosa, su firme ubicuidad. Va y viene Tsvetáieva para que no se le escape y, en las hermosas deambulaciones de su relato, logra plasmar su efigie cuando le presta la media voz de lo soterrado, los calcinados colores españoles de su paleta, negro, blanco, café, rojizo. Goncharova pasó seis meses en España, la tierra más occidental que pisó esta oriental, su extremo, su cima, "más allá de la cual ya no hay adonde ir porque no hay más allá". El finisterre de la pintura.

 


 

Flannery O'Connor

El arte del cuento (fagmento)

" Para el escritor de ficciones, en el ojo se encuentra la vara con que ha de medirse cada cosa; y el ojo es un órgano que además de abarcar cuanto se puede ver del mundo, compromete con frecuencia nuestra personalidad entera. Involucra, por ejemplo, nuestra facultad de juzgar. Juzgar es un acto que tiene su origen en el acto de ver. En la escritura de ficción, salvo en muy contadas ocasiones, el trabajo no consiste en decir cosas, sino en mostrarlas. Un buen cuento no puede ser reducido, sólo puede ser expandido. "

E. E. Cummings

Poema

" La primavera es como una quizá mano
que llega cuidadosamente saliendo de ninguna parte
arreglando una ventana
hacia dentro de la cual todos miran
mientras todos se quedan absortos ella arregla y cambia
coloca cuidadosamente allí una cosa extraña
y aquí una cosa conocida
y cambiándolo todo cuidadosamente.
La primavera es como una quizá mano en una ventana
cuidadosamente acá y allá
moviendo nuevas y viejas cosas
mientras todos miran absortos cuidadosamente
moviendo una quizá fracción de flor aquí
colocando una pulgada de aire ahí
y sin romper nada.

4 de Marzo de 2006

4 de Marzo de 2006

Hoy nace un nuevo partido en Cataluña, "Ciudadanos de Cataluña", impulsado por un grupo de intelectuales. Se definen posnacionalistas: contrarios y superadores del nacionalismo pujolista y su prórroga tripartita. Adjunto en el post  "prosa" el discurso que Arcadi Espada pronunciará a las doce horas en el teatro Tívoli de Barcelona, lugar fundacional.

Me identifico con la crítica de este grupo al nacionalismo como máxima expresión del discurso más reaccionario, incapaz de mirar al hombre en su mundo fragmentado. Creo que es bueno que exista en la sociedad quienes cuestionen, a cada momento, los santos lugares, las grandes palabras, los símbolos sagrados. En esa heterodoxia me siento identificado y militante.

Ya veremos si ese discurso es compatible con la diaria política, si es capaz de superar algunos cantos de sirena hechos desde la derecha más rancia de la península, cuyo discurso nacionalista español es una copia textual del nacionalismo periférico (o éste copia de aquél, para ser más exactos) y no caer en las garras de todo cuanto se combate. En este terreno están todas mis dudas.

Y si me atrae que personas como Féliz de Azúa o Arcadi Espada estén en el proyecto, me irrita ver a algunos otros que proclaman la sagrada unidad de la patria como máximo valor entre los vivos. Ya veremos, que dicen los ciegos.

"Ni Dios, ni Patria, ni Rey", es una buena tarjeta de presentación para cualquier persona educada. 

Arcadi Espada

Ciutadans de Catalunya
Tívoli/4 de marzo del 2006

 

 

Queridos amigos, muy buen día tengan.
Es un honor hablarles.

La mayoría de ustedes conocerán la historia de nuestro proyecto y habrán participado en él. Así sabrán perfectamente con qué alegría general, mayúscula yo diría, fuimos recibidos por el establishment político y mediático, hace ahora unos nueve meses. Y sabrán, perfectamente, qué suerte de embarazo nos desearon y qué suerte de pronósticos se cernieron sobre la criatura que íbamos a alumbrar. Pues aquí está la criatura. Parece matinal, alegre. Ya sólo por eso se distingue a la perfección del aire mortecino y cabizbajo que tiene todo lo que ellos, tristes víctimas de sí mismos, han sido capaces de alumbrar en veinticinco años.

Recordarán que entre los insultos preferentes que se nos dirigieron figuraba el de intelectual. Cataluña debe de ser el único lugar del mundo donde se intenta descalificar a alguien llamándole intelectual. Porque sin duda, en boca de nuestros críticos, se trataba de un insulto, y no de la descripción objetiva del trabajo de algunos de los integrantes de Ciutadans de Catalunya. Un insulto por un doble motivo.

En primer lugar porque no podía caberles en la cabeza que un intelectual, uno solo, una cabeza de alfiler de intelectual, pudiera declararse, y orgullosamente, antinacionalista. Tenían sus motivos empíricos, naturalmente; porque en veinticinco años la abrumadora mayoría de los intelectuales catalanes (a diferencia del ejemplo vasco, representado hoy aquí por el querido Fernando Savater) han imaginado, suscrito y defendido las mentiras nacionalistas.

De ahí el vigor tan distinto que a día de hoy presentan en Cataluña el intelecto y las mentiras. Las mentiras son chuponas, como ese tipo de vegetales estériles que crecen en los parterres. Así pues nos llamaban intelectuales en un tono irónico muy vulgar. Llamarnos intelectuales era decirnos: ¿Intelectuales?... Ji, Ji, saltironejaven.

Quienes más destacaron en el uso y abuso del término fueron los políticos. A la ironía, al intento de ironía, añadieron la imposibilidad, por razones de naturaleza, de que los intelectuales pudieran dedicarse a la política. Venían a decirnos, citando al pensador Francisco Franco: “Haga como yo, no se meta en política”. Las advertencias menudeaban. De todo orden: económicas, morales… Algún político se mostraba particularmente ofensivo en su concepción de la tarea intelectual: “Uf, no es para vosotros, la política da mucho trabajo”. Y algún otro mostraba un realismo caníbal: “La política es sucia”. La coincidencia era general: la política es un trabajo innoble, que hay que dejar en manos de profesionales. Decían profesionales pero querían decir tahúres.

Pues bien: entre las tareas principales de este retoño que despunta va a tener que estar, forzosamente, el ennoblecimiento de la política. Y para eso es necesario que la sociedad vuelva a tener la política como una de sus tareas. La experiencia de Ciutadans prueba que esto es posible.

Tenemos otra tarea. La sutura. Creo, gravemente, que los dos últimos años marcan el período más irritado de las relaciones entre españoles (quiero decir entre catalanes, vascos, gallegos, extremeños, andaluces) que hayamos visto. Que hayamos visto en lo que nuestra vista alcanza. Pienso, en este sentido, que hay que hacer una distinción importante decisiva, no totalmente retórica. Está basada en la necesidad de asumir el conflicto, e incluso un cierto grado de desencuentro entre Cataluña y España, o entre otras regiones españolas. La rivalidad entre las regiones españolas es un dato de la realidad, como los 15 grados bajo cero en que suelen desarrollar su vida los finlandeses. La famosa y resignada conllevancia orteguiana siempre me ha parecido un agudo y lúcido ejercicio antirromántico, una deseable aplicación del principio de la realidad, equivalente a la de aquellos que han renunciado a la utopía en la tierra.

Pretender que la descomunal acción combinada de la geografía y la historia pueda desaparecer como por ensalmo me parece una hermosa insensatez, especialmente cuando a esa acción se le añade la obra de Dios, que vigila y que, como se sabe, es nacionalista. Pero hay un límite. Y podría decirse sin forzar demasiado la metáfora, que el límite se sobrepasa cuando en lugar de las entidades más o menos míticas, o más o menos burocráticas el sujeto de enfrentamiento son los ciudadanos. Es decir, no Cataluña y España, esos conceptos, incluso esas instituciones, sino los catalanes y los madrileños, o los murcianos, o los extremeños.

Tengo la suerte de viajar bastante por España. Permítanme la impresión subjetiva, de viajero. Nunca había visto un rechazo semejante a lo catalán y a los catalanes. Yo había sido ya testigo del paso de la admiración a la indiferencia. Es decir del paso de las primeras horas de la transición, cuando todo lo catalán parecía modélico, atractivo y seductor, a los plomizos años pujolistas, cuando la mediocre cantinela catalana sumía en el más profundo sopor a las multitudes y a los individuos.

Pero el rechazo es nuevo. Y han empezado ya a hacérnoslo saber. Bastaría para cuantificarlo, más allá de lo subjetivo, con que la Caixa se aviniera a dar las cifras reales de la retirada de depósitos en España, cifras mucho más importantes y significativas que la bajada de ventas en el cava. Bastaría con que la Cámara de Comercio emprendiera un estudio serio y desacomplejado sobre el impacto de la reciente política autonómica en el vaivén de los mercados.

Los empresarios y algunos políticos catalanes parecen estar empezando a comprender, algo lentamente, que un mercado es una trama de afectos. Y que uno elige, desde luego, por la calidad, el precio, por la relación entre ambos, pero también por las relaciones de cordialidad que compradores y vendedores son capaces de establecer. La trama de afectos vale igualmente para explicar otro singular olvido. Cuando desde Cataluña se dice con esta delicadeza que nos ha hecho legendarios (y dicho, además, por un político de izquierdas), que a la solidaridad se le ha de poner límites; y cuando eso se traduce al lenguaje gangsteril y se vocifera que los extremeños comen de nuestra mano, no sólo se está insultando a los extremeños.

En relación a lo que nos afecta se está insultando, sobre todo, a catalanes. Es decir a alguien que es hijo, nieto, hermano o sobrino de extremeños. Porque España, y por lo tanto también Cataluña, es una trama de afectos donde al igual que en esas abigarradas madejas de lana de mi niñez, es muy complicado distinguir el color de los hilos, y aún más complicado separarlos. Es desde esta perspectiva que cabe enfocar asuntos como el de las balanzas fiscales, y su inutilidad ética y técnica. Ética y técnica, no étnica. Étnicamente, no cabe duda de que son muy útiles.

La sutura, decía. A mi juicio, restablecer la confianza y la complicidad entre españoles debería ser una tarea prioritaria en estos momentos para cualquier partido político. También aquí Ciutadans tiene mucho que hacer. En primer lugar, por la extrema e irresponsable pasividad de los otros. Los dos partidos mayoritarios cifran precisamente toda su esperanza electoral en el arrinconamiento del otro, y en su humillación. La alienación de la clase política española es tan grande y grave que, sinceramente, yo creo que ha olvidado que detrás o debajo de unas siglas hay electores, que incluso pueden ser calificados, con buena voluntad, de personas. Personas a las que se ha renunciado a seducir o convencer y a las que sólo se pretende destruir como si fueran, precisamente, siglas. En este campo Ciutadans tiene mucho que hacer, modesta pero firmemente. Nuestro proyecto ha sido recibido con gran cordialidad. Una cordialidad transversal. En Nou Barris y Girona, desde luego, pero también en Bilbao, Zaragoza, Sevilla o Valencia. Es decir en cualquier lugar de nuestra nación de ciudadanos.

Nación de ciudadanos. Tomemos aire. Entre las muchas discusiones patéticas del Estatuto ha sobresalido la discusión sobre la nación. Debo decirles que, dado mi carácer, he participado activamente. Mi momento favorito solía producirse cuando les preguntaba a los nacionalistas: ¿Bien, sí, una nación? ¿Pero que queréis decir exactamente? Un pequeño número de interrogados respondía con coherencia: “Pues un Estado. Libre e independiente como cualquier Estado”. Les alababa el gusto, porque yo también adoro el Estado, y marchaba a mis quehaceres.

Lamentablemente no era la respuesta mayoritaria. Era una respuesta insignificante, como insignificantes son en Cataluña los que plantean una vía radical y democrática, nítida, a la independencia. Insignificantes, naturalmente, porque han hecho números y saben que la política de la claridad, para decirlo en los términos de Stéphnae Dion, no les moverá de la insignificancia. Un caso bien distinto es el del independentismo maula, dicho sea en castellano, en catalán y en porteño. En Cataluña todo se juega entre maulas y maulets. El independentismo maula, practicante de la política del disimulo, que ya es la política oficial de la mayor parte de partidos catalanes. Los maulas respondían con cautela y hasta con dulzura: “No, nosotros somos una nación cultural… cultural”. Lo decían suavemente, fiados del cariz balsámico, vacuo y balsámico, que tiene la palabra cultura. Pero, ¿qué es realmente una nación cultural? Digámoslo pronto: nada que exista hoy en ningún lugar donde merezca la pena vivir. La nación cultural, pétreo anacronismo del romanticismo alemán, supone una lengua, una cultura, unas tradiciones. Pues bien, si algo no es Cataluña es una nación cultural. De cada uno de esos animalitos (lengua, cultura, tradiciones…) nosotros tenemos al menos dos. Muy al menos, digo, porque la nación cultural extiende su ofensa segregacionista a todos aquellos magrebíes, cubanos, ecuatorianos, colombianos, ingleses, rumanos, argelinos, búlgaros, rusos, coreanos, chinos, japoneses, australianos, senegaleses, americanos, franceses, portugueses, valones y flamencos, bretones y bávaros, quebecoises y canadienses que viven entre nosotros y que, por cierto, y cuanto antes, y ya que pagan, y ya que pagan, han de votar entre nosotros.

Desde hace ya algún tiempo, y para evitar las molestias e incomodidades de la nación cultural, hemos inventado un artefacto. A veces catastrófico, desde luego. Pero que hoy, después de mucha sangre y muchos azares, vive el período seguramente más libre y justo de su historia. El artefacto es una nación a la que llamamos España. Desde luego, no una nación cultural. Nunca lo ha sido. Sólo, y nada menos, que una nación de ciudadanos.


Quiero plantearles, por último, la que, a mi juicio, ha de ser, una actitud central de los ciudadanos que apoyen este proyecto que nosotros hemos llamado posnacionalista. Esta actitud es la desobediencia. Seguramente habrán reparado ustedes, más de una vez en esa curiosa forma de denominar a algunos partidos, y muy particularmente a los partidos nacionalistas, que consiste en llamarles “partidos de obediencia nacionalista”. Es muy apropiado. Para estos últimos es realmente apropiado. Porque el nacionalismo es, en efecto, y por encima de cualquier otra cosa, una obediencia. Una obediencia debida. Una obediencia debida a un ser superior.

Dado que el nacionalismo es una obediencia ha sido posible que en el impresionante Estatuto catalán del 30 de septiembre, ya un auténtico fósil de la nación catalana, el Muñidor, de hinojos, haya podido escribir: “Catalunya ha modelado un paisaje”. El nacionalismo exige obediencia a las ideas, exactamente igual que las exige la religión cuando ocupa el espacio público. A las ideas que encarnan, respectivamente, Dios y la Patria. Es fácil de entender: el nacionalismo es indiscutible. Sobre todo, porque no se puede discutir, técnicamente. En cuanto se discute se deshace. Así, por la fragilidad de su naturaleza, es por lo que se ha convertido en una idea que no se debe discutir, que sólo puede obedecerse.

De acuerdo, no la discutamos más. Ya ha pasado demasiado tiempo. Si seguimos así corremos el puro riesgo de caer en la cretinez irrevocable, que no es somero riesgo. El nacionalismo sólo puede obedecerse…

O desobedecerse.

Yo les llamo a ello. De hecho éste debiera ser el principio fundador del posnacionalismo. La desobediencia. Por supuesto, esto nada tiene que ver con la ley. El nacionalismo se obedece (o no). La ley se cumple. De hecho lo que hace el nacionalismo (y discúlpenme la paradoja) es incumplirla obedientemente. Les pondré un ejemplo que conocen muy bien. La ley establece que los niños sean escolarizados en la lengua que los padres quieran. A mí eso me parece muy bien y sólo lamento que las opciones disponibles en la enseñanza pública no me permitan escolarizar a mis pequeñas gemelas en inglés. Al nacionalismo esta ley no le parece correcta, desde luego, pero transige. ¿Por qué transige?

Ah, bien: porque confía en la obediencia. En la intimidación. Por la intimidación sabe que muy pocos padres ejercerán el derecho que prevé la ley y reclamarán para sus hijos la enseñanza en castellano. Por cierto: he de decir que en este caso obedecen por igual los poderosos y los humildes. Es decir, tanto los que aceptan contra sus intereses y sus legítimos caprichos de ciudadanos que su hijo se escolarice en catalán, como los que creen obviar la intimidación llevando a sus hijos a un colegio privado y español. Que sepan, estos últimos, que no la obvian, la intimidación. Pagan, sólo pagan. Y no es cierto que todo pueda comprarse con dinero.

Otro caso flagrante de obediencia ha sido el de la redacción del Estatuto. El nacionalismo sabía que ni los intereses ciudadanos ni el interés del sentido común justificaban esa lamentable operación política. ¿Por qué se ha arriesgado entonces? Porque confía en la obediencia. Porque confía que por más que el proceso haya sido absolutamente irracional, y por más que sus resultados sean, en el mejor de los casos, intrascendentes, y no justifiquen en modo alguno este desgarrador proceso de desencuentros, confían digo, que los ciudadanos acabarán obedeciendo y refrendarán este absurdo despropósito.

Pues bien, amigos, tendremos próximamente una oportunidad única: sea cual sea la forma que acabe adoptando nuestro rechazo hemos de conseguir que el Estatuto salga absoluta y completamente deslegitimado de las urnas. Inservible. Hemos de alzar un muro de indiferencia y de rechazo ante los planes grotescos de esta lamentable generación de políticos catalanes. Y la campaña del referéndum, que Pasqual Maragall tiene una prisa muy comprensible en poner en marcha, dado lo rápido que nosotros vamos, es el primer reto que tiene planteado nuestro movimiento por la desobediencia.

El primer reto de un objetivo mucho más ambicioso. El objetivo es la reconquista del espacio público y la expulsión del nacionalismo del espacio público. El nacionalismo debe retornar a la alcoba, junto al crucifijo, allá de donde no debió salir, sopena de incurrir en lo que ha acabado incurriendo. Es decir en esta singular Teocracia cuyo muecín asardanado no ha dejado de sonar en estos veinte años.


Acabo de verdad. Entre las principales cláusulas de la obediencia nacionalista estaba la imposibilidad de Ciutadans. Estábamos nosotros, todos nosotros, y esta alegre mañana que nos reúne. No, un nuevo partido político no es posible, habían dictaminado. Lerrú, lerrú, lerrú, iban diciendo en perfecto lemosín. Lerrú: hoy envían a los chicos a las ruedas de prensa a que nos pregunten por el lerrouxismo. Y cuando les devuelves la pregunta, y eso qué quiere decir, ¿noi?, se quedan traspuestos, porque en el cole, a Leerroux, lo estudiaron sólo como un adjetivo, y como cualquier adjetivo, sin vuelta de hoja. No y no: no puede haber un nuevo partido, sancionaban. Durante mucho tiempo, demasiado tiempo, los obedecimos.

Ahora, roto el velo, la intimidación va a consistir en decir que somos pocos. En convencernos de que somos pocos.

Yo no lo creo.
Yo creo que somos muchos.
Yo creo.

Pero hemos hecho esto para dejar de creer.
Para saber, para comprobar, que somos muchos.
Aquí dentro. En la calle. En Cataluña entera. Un lugar como cualquier otro. Donde la vida no merece estar a cargo de los muertos.

O sea, amigos, que…

¡Vivan los ciudadanos!

Sylvia Plath

Canción de amor de la joven loca

" Cierro los ojos y el mundo muere;
Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).

Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.

Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).

Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Escapan serafines y soldados de satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.

Imaginé que volverías como dijiste,
Pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).

Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente). "

3 de Marzo de 2006

3 de Marzo de 2006

Dan Brown retrata una Sevilla corrupta y atrasada en ’La fortaleza digital’  (El País, 19 de febrero de 2006)

 

Dan Brown es a la literatura lo que "Don Simón" al vino. Más o menos. Y sin ánimo de insultar al vino acartonado que tan buenos tintos de verano nos ha hecho pasar. Andan revueltos por mi tierra de origen con el escritor y su último libro, donde, según cuenta la noticia, retrata una Sevilla "corrupta y acartonada". Me parece magnífico. Jamás he estado más cerca de D.B. que en este caso. No lo digo por el texto en sí mismo, que ni pienso leer ni me atrae lo más mínimo, algo que me ocurre con toda su *obra*. Mi alegría viene más por la indignación de mis paisanos, o una parte de ellos, que por todo lo que pueda escupir esa literatura de *tetabrick*. Me sumo a quienes tiran un poquito de *mierda* a esa Sevilla mariana, inmaculada, eterna y leal que detesto. Y me encanta que todos esos capillitas que guardan las esencias sevillanitas les joda el panfleto. Muy bien por D.B. en este caso. ¿Puedo yo tirar más basura a esos indignados tartufos?

Mi Sevilla es la de Luis Cernuda y, como le ocurrió a él, sólo puede ser rescatada en la lejanía.