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el mundo fragmentado

 "EL MUNDO FRAGMENTADO" SIGUE  

 

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27 de enero

Sólo desde la más absoluta ingenuidad, o desde la más tramposa de las mentiras, se puede mantener que lo ocurrido en la resolución sobre De Juana Chaos tiene “sólo” una naturaleza jurídica.


Sólo desde el discurso oficial de nuestra derecha premoderna y rancia se puede defender que la normalidad de las decisiones a tomar con un preso preventivo y su situación penitenciaria (en la anterior tregua de 1998 se tomaron decenas de decisiones sin el menor grito) se convierta en la anormalidad de la totalidad de una sala de magistrados corriendo a impedir la resolución del tribunal sentenciador para imponer su criterio. Criterio, curiosamente, que coincide milimétricamente con el expresado por el Partido Popular y la AVT.

Porque en todo este debate lo menos importante es De Juana. 

Ya sabemos que Rajoy ha recibido una de las mayores alegrías de su vida (aumentada, seguramente, si llega la muerte del preso) con la resolución de ayer y que una parte de nuestra derecha entiende la aplicación de la ley como sinónimo de la palabra venganza (tomemos buena nota), pero a estos premodernos y rancios conciudadanos lo que les importa verdaderamente es convertir, una vez más, el tema De Juana en un ataque directo al gobierno. Porque a la satisfacción del líder (¿?) de la oposición por la resolución de ayer se ha sumado la coletilla “nueva derrota de Zapatero”. ¿Pero no era independiente el poder judicial? ¿Quién derrota a quién? Pero las premisas ya estaban claras: ocurriera lo que ocurriera el derrotado, y culpable, sería Zapatero. Para eso servía que una sala de magistrado corriera a secuestrar la decisión de un tribunal: para atacar a Zapatero, aunque el precio sea que la causa de la paz sufra una nueva derrota. También la causa de la justicia.

Curiosamente, la misma sala y los mismos magistrados, que no han tenido inconveniente en admitir la declaración como testigos de unos etarras (tan sanguinarios como De Juana) en la defensa de unos presuntos culpables de 191 muertes.


¿Han escuchado algún tipo de discurso contrario en nuestra derecha, siempre tan atenta a negar altavoces a los etarras, siempre tan llena de escrúpulos y dignidades heridas frente a todo cuanto sea hablar con este mundo, incluido intentar meter presos a políticos democráticos, para impedir que unos terroristas formen parte del esclarecimiento de la verdad de 191 asesinatos? Ni lo han escuchado ni lo escucharán. Ya verán las portadas y los titulares que les dedicarán cuando Gómez Bermúdez les conceda la palabra. ¿No se plantean que pudieran hacer con sus declaraciones chantajes al Estado o es que en este caso no importa si es contra el gobierno?

Todo vale para la causa y la causa es contra el gobierno legítimo de España, la única que interesa a esta derecha española premoderna y rancia que nos ha tocado sufrir. Unos magistrados que, curiosamente, una vez más, se suman al carro del serial de los agujeritos negros del 11M en plena coincidencia con el Partido Popular y sus terminales mediáticas.

¿Muchas casualidades? Ninguna casualidad. Es la estrategia de la derecha española.

O mejor, es la derecha española

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Estado de delirio

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Venecia organizó una exposición antológica sobre Tintoretto en el año 1937. El Museo del Prado reúne, 70 años después, la colección más grande de obras de Jacopo Robusti, más conocido como Tintoretto, uno de los grandes nombres de la pintura renacentista italiana que influyó enormemente en artistas como Rubens o Velázquez.

Su casa natal, la vivienda de los balcones con flores

26 de enero

Roadhouse Blues
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" Los muertos no necesitan
aspirina o
tristeza
supongo.

pero quizás necesitan
lluvia.
zapatos no
pero un lugar donde
caminar.

cigarrillos no,
nos dicen,
pero un lugar donde
arder.

O nos dicen:
Espacio y un lugar para
volar,
da
igual.

los muertos no me
necesitan.

ni los
vivos.

pero quizás los muertos se necesitan
unos a
otros.

En realidad, quizás necesitan
todo lo que nosotros
necesitamos

y
necesitamos tanto
Si solo supiéramos
que
es.

probablemente
es
todo

y probablemente
todos nosotros moriremos
tratando de
conseguirlo

o moriremos

porque no
lo
conseguimos.

Espero que
cuando yo este muerto
comprendáis

que conseguí
tanto
como
pude. "
(Todo. Charles Bukowski)
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25 de enero (bis)

Kapuscinski

 

El honor perdido del periodismo

CUANDO por fin consiga poner los pies en Addis Abeba aguzaré el oído para escuchar el ladrido de los perros de los que habla Ryszard Kapuscinski en «El emperador», un libro que a través de los siervos, aterrados, humillados y ofendidos de Haile Selasie, retrata una pesadilla contemporánea, la del poder en una encarnación extrema. Un mundo atroz que parecería pura novela si no fuera porque su autor no necesitó inventar nada, sino acercarse a los que sabían para preguntar y transcribir estampas que Franz Kafka hubiera reconocido y celebrado. Lo devoré entre el 21 y el 24 de mayo de 1998, mientras viajaba entre Kigoma, en Tanzania, y Bujumbura, la capital de Burundi, ámbitos explorados minuciosamente por Kapuscinski, que hizo de África uno de sus territorios favoritos. Kafka se limitó a imaginar algunos horrores perfectamente humanos, pero antes y después ha habido muchos seres dedicados a perfeccionarlos. La jugosa primacía de la novela sobre la realidad, un sujeto mucho más trabajoso e indomable que la fantasía, hace que se postergue en el escalafón a quienes como Kapuscinki se empeñaron en el relato de los hechos, un oficio que requiere siempre de otra agotadora vuelta de tuerca que muy pocos están dispuestos a dar, y más cuando hay que enfangarse en caminos de los que nunca se sabe si se va a poder salir ileso, y de donde en cualquier caso nunca sales del todo incólume. Su primer viaje a África lo hizo el reportero de la agencia de noticias PAP en 1958 y, como imaginaba, no se aloja -como la inmensa mayoría de los enviados del primer mundo- en hoteles que son calco de Occidente y por lo tanto islas frente a la realidad, sino en una balsa, pensiones pegadas a la miseria. Cuando se internaba no iba cargado de prejuicios, sino con los ojos y los oídos abiertos de par en par, dispuesto a hablar y a sentarse a beber en los bares africanos, que son faro y eje de la verdadera vida social, bares donde a Patricio Lumumba le gustaba hablar y convencer.En otro de esos libros que arrojan luz sobre las múltiples facetas de nuestra ignorancia, titulado «El sha o la desmesura del poder», nos encontramos a Kapuscinski abrumado en su habitación de Teherán con la cama desbordada de fotografías, periódicos, libros y cintas magnetofónicas. Asomado al desastre iraní que acabaría por abrir la puerta a Jomeini y sus almuédanos, Kapuscinski escucha y luego describe como lo haría un miniaturista, y lo hace como quienes si no contaran dejarían de respirar: apasionadamente. Kapuscinski conoce el terreno que pisa, porque antes de emprender el viaje se ha empapado hasta la médula de la geografía y de la historia, ha leído, estudiado y escuchado, para luego seguir leyendo, estudiando y escuchando. Kapuscinski tenía lo que hay que tener para ser un extraordinario reportero: humildad para ponerse a la altura de los ojos de su interlocutor, soberano o enterrador; la exactitud de un entomólogo, un historiador o un astrónomo, «para que ningún lector pueda corregirte y demostrar que no sabes de qué hablas, dejarte en evidencia y en entredicho todo lo escrito»; curiosidad insaciable (cómo si no iba a volver a perderse una y otra vez bajo soles como espinas, fríos como sierras); valor para ponerse a prueba jugándosela donde ya no queda nadie para contarlo, nadie con un altavoz donde propagar lo que se ha visto y no se pierda, sufrimiento inútil, dolor derramado para nada; compasión hacia quienes no sólo suelen sufrir la historia, y mucho menos para hacerla suya, para cambiar su destino; resistencia frente a las adversidades, los flacos presupuestos, la desidia o la pereza de los jefes alejados de los campos de batalla o de los campos de algodón; perseverancia para comprobar hasta el último rasguño y el último dato, para que no quede el relato cojo, incompleto, falso por ese mal tan extendido que deduce que «da lo mismo», cuando ahí reside el principio de nuestro deshonor, y estilo: el de su alma, la de un hombre cercano capaz de encender hogueras de palabras que calientan e iluminan más que el fuego.Porque no era cierto que el sueño de la razón engendre monstruos, sino que es precisamente cuando nos adormecemos, cuando dejamos que la sinrazón se apropie del discurso, quien aguija a la bestia que todos atesoramos. Fue Arcadi Espada el último en hacerse eco de esa verosímil lectura de la pintura de Goya que tantas ebrias interpretaciones ha venido cosechando para nuestra desgracia. El mismo Espada que extrajo de una entrevista con Kapuscinski su desolador diagnóstico del estado del periodismo: «los medios han difundido la consigna, la lucha no da resultado». Es decir, que es inútil resistirse, no hay nada que hacer, estamos ya vencidos de antemano. A pesar de esa pesadumbre, Ryszard Kapuscinski ha seguido escribiendo como Nadiezdha Mandelstam, «contra toda esperanza».No era comunista, pero en su escritura se rastrea la profunda indignación moral que provoca la injusticia. No la pena, no la lástima que tasa desde una peana moral, de un paternalismo eurocéntrico que Kapuscinski desdeñaba. Tampoco desde una elaborada estética, sino partiendo de una cualidad esencial, la que le hacía mimetizarse con la materia a tratar. La que le hacía volver una y otra vez al mismo hotelucho de Accra, lejos del resplandor del poder y de las camadas de colegas que caen sobre un asunto como perros de presa y luego lo abandonan a su suerte. Kapuscinski se quedaba cuando ya no quedaba nadie, que es cuando de verdad empiezan las historias, cuando los crímenes ocurren sin testigos, cuando las víctimas mueren en silencio, en ese olvido que está urdido por nuestra comodidad, entretenida en el asunto que más nos interesa: nosotros mismos.Al polaco le gustaba hablar de Heródoto como su maestro, primer periodista de la historia. No en vano descubrió que no hay un solo mundo, sino muchos y que «cada uno es único. E importante. Y que hay que conocerlos porque sus respectivas culturas no son sino espejos en los que vemos reflejada la nuestra». Sin embargo, es Alexander von Humboldt quien más me recuerda a Kapuscinski. Sabio humilde, dotado de una curiosidad inagotable, emprendió en 1799 un viaje de 10.000 kilómetros por el sur y el centro de América. Era capaz de sentarse junto a un indio durante horas y preguntarle por sus dioses y sus cultivos, su conocimiento de las estaciones y de los pájaros, sus habilidades y sus miedos. Tenía alma de reportero, como a quien se le rompió la pluma el martes en Varsovia.Para una admirable editora del norte mexicano, Ninfa Deándar, «la esencia del periodismo es la búsqueda de la verdad». Su padre, un regeneracionista convencido de la utilidad de los periódicos para mejorarnos, le hacía leer «El Quijote» una vez cada cinco años. Según doña Nifa, «Cervantes es periodismo puro. Don Quijote fue a entrevistar a todo su pueblo». ¿Qué hacía si no Kapuscinsky cada vez que se perdía en el «planalto» angoleño, las lindes salvadoreñas, el desierto persa, la tundra siberiana? Buscar las voces que configuran lo que somos, rostros que gracias a su incansable pesquisa se nos han vuelto desesperadamente prójimos. En uno de sus últimos artículos, «Al encuentro del Otro», este polaco empeñado en dar al periodismo el fulgor que tuvo cuando aprendíamos a conocer el mundo y a nosotros a través de los periódicos, recuerda quiénes son los que llegan al puerto de los Cristianos, al desierto de Arizona, a los muros coronados de cristales rotos: «Los mitos y las leyendas de muchos pueblos y tribus rezuman la convicción de que sólo nosotros -los miembros de nuestro clan, de nuestra comunidad- somos seres humanos; todos los demás son infrahombres, como mucho, o cualquier cosa menos personas. Lo que mejor expresa esa actitud era una doctrina de la China antigua: el no chino era considerado como excremento del diablo o, en el mejor de los casos, como pobre desgraciado que ha tenido la mala suerte de no haber nacido chino. En consecuencia, ese Otro era representado como perro, rata o reptil. El «apartheid» fue y sigue siendo una doctrina de odio, desprecio y repugnancia hacia el Otro, el extraño. ¡Cuán diferente aparece la imagen del Otro en la época de creencias antropomórficas, cuando los dioses podían adoptar el aspecto humano y comprometerse como personas! Pues en aquellos tiempos, nunca se sabía si era dios u hombre el viajero o el peregrino que se acercaba. Esta inseguridad, esta intrigante ambivalencia, constituye una de las fuentes de la cultura de la hospitalidad, que exige un trato magnánimo al visitante, un visitante cuya naturaleza no acaba de ser reconocible».Acababa de volver de Somalia cuando un «sms» me partió la cara. Era del compañero de viaje a uno de los lugares más desgraciados y olvidados de la Tierra, fotógrafo catalán nacido en la madrileña calle O´Donnell, Juan Carlos Tomasi: «Día de luto. Ha muerto Kapuscinski», acompañado de una frase para los que siguen pensando que la lucha por acercarse a la verdad no puede ser inútil, no debe, tiene que dar resultado, hacernos menos idiotas: «El fracaso del hombre es su incapacidad de entender lo diferente».Alfonso Armada (ABC)

Ryszard Kapuscinski, (Pinsk, 1937) es un mito que trabaja. Rara condición. Una vez alcanzado su estatus los mitos se adomercen, como pesados leones que sólo buscan quien les rasque la barbilla. Sin embargo, el polaco sigue en pie, dominado por su curiosidad por los hombres. Su sentido ético sobresalta: su periodismo es una misión de exigencia implacable cuyo objetivo es rescatar del olvido a los olvidados. Sin embargo, nadie debe confundirse con su bondad: va armada de una de las escrituras más bellas y poderosas del siglo. Sus libros, El Emperador, El Sha, Imperio (Anagrama), traducidos a más de treinta idiomas, han indicado al periodismo cómo apartarse de la banalidad novelizadora. Para otoño se publicará en español Ébano, su último reportaje sobre África, y aguardan turno tres volúmenes de la saga Lapidarium —un conjunto de escritura fragmentaria: ensayo, reportaje, aforismo— que acaba de romper las más felices previsiones de su editor alemán.


Kapuscinski pasa la mitad del año viajando. No es fácil dar con él, dada su preferencia por lugares poco recomendables. Ahora acaba de volver de América del Sur y pasa los días en su buhardilla de Varsovia, entre libros e improvisados tendederos de donde cuelgan innumerables notas manuscritas: un lugar muy humano y silencioso, sin ordenadores ni máquinas de escribir, donde el periodista describe a mano, lentamente, lo que ha visto.

Pregunta. ¿Dónde estaba en 1968?
Respuesta. En Chile y en otros países de América Latina. Había una agitación tremenda. Hacía poco que habían matado al Che. El Che estaba presente en todos lados. También en los salones burgueses. Por cierto que todavía hoy sigue en los salones, fotografiado, presente. Puro folklore inofensivo, claro está. Había una gran agitación, ya le digo. En América Latina se discute mucho. Pero en aquellos días sólo se discutía.
P. ¿De qué discutía usted?
R. Del golpe de Praga, por ejemplo. La izquierda latinoamericana pensaba que la primavera checa había sido un movimeinto contrarrevolucionario.
P. ¿Y usted qué pensaba?
R. Bueno, yo conocía ese mundo y sabía cuáles eran las razones del levantamiento.
P. ¿No era usted marxista?
R. No, aunque trabajaba en la agencia oficial polaca, que era el único lugar donde podía trabajar. El movimiento de 1968, el movimiento mundial de 1968, fue importantísimo.
P. Hoy se tiende a ponerlo en duda.
R. Mire: ni antes ni después ha habido en el mundo un momento como aquél, de tanta participación y de tanta fe.
P. Pero se cuestionan sus resultados.
R. Aunque no hubiera dejado nada, lo que pasó entonces, aquella voluntad de los jóvenes de cambiar algo en el mundo, en sentido real, fue un hecho. ¡Un hecho indiscutible! Quizá las cosas no cambiaron. Pero nunca jamás se ha repetido eso. Una fe tan masiva es un hecho histórico. Porque, normalmente, las gentes duermen. Entonces despertaron. Y algo más: nunca, nunca jamás el establishment se había sentido tan inseguro y tan amenazado. Los poderosos no comprendían lo que estaba sucediendo, se sentían completamente desconcertados. Hoy vuelven a estar seguros. Usted va a preguntarme también por 1989...
P. Sí, iba a hacerlo.
R. Pues bien. 1989 tiene mucha menor importancia, como movimiento, que 1968. En 1989 se derribó un edificio que estaba ya vacío. Se murió un moribundo. Un país como Ucrania, de más de cincuenta millones de habitantes, pudo alcanzar la independencia sin un solo tiro. ¿Qué quiere decir eso? Que 1989 fue sólo un pequeño golpecito final en un movimiento que había empezado mucho antes y donde, por cierto, también tuvieron gran influencia los acontecimientos de 1968.
P. ¿Qué papel cree que tuvo la gente, las masas, por decirlo en el antiguo léxico, en la caída?
R. Escaso. Sí, hubo manifestaciones y demás. Pero todo estaba decidido ya. Las élites habían abandonado el barco mucho antes. Tenían información y sabían que aquello no podía durar. Por eso trataron de reciclarse como propietarios, que, por cierto, es lo que son ahora. Se decía que el cambio no iba a ser posible porque el formidable poder del comunismo aplastaría la respuesta... Y nadie levantó un dedo para defender al sistema, cuando llegó la hora..
P. ¿Qué mató al comunismo?
R. La burocracia. El sistema cayó por la burocracia. Pero el problema es que la Unión Soviética mató también al socialismo y a la izquierda.
P. Las conclusiones de su libro Imperio, sobre la Unión Soviética, son demoledoras. El comunismo no ha dejado nada. Sólo el dolor, que no tiene ninguna utilidad.
R. Eso es quizá lo que piensa la mayoría de la gente, especialmente si son jóvenes. Pero hay otros, que se preguntan dónde fue a parar su trabajo y su honradez. Hace algún tiempo me internaron en un hospital de aquí, de Varsovia. Había más gente en la sala. Un día se entabló una discusión, ya típica, sobre la herencia del comunismo. Entre jóvenes y viejos. Los viejos se preguntaban, casi con lágrimas, cómo podía decirse que no quedó nada cuando ellos pusieron lo mejor de sí mismos en la tarea y trabajaron fuerte y convencidos de que construían otro mundo. Los datos y todo eso, indican que no quedó nada; pero hay esta perspectiva psicológica de las gentes que complica mucho los análisis: porque si no quedó nada del comunismo, no quedó nada de sus vidas: esto es lo que están diciendo. Por otro lado, el comunismo no provocó el atraso en el desarrollo de las naciones del Este. Nuestros países están atrasados desde el siglo XVII, cuando quedaron al margen de la Europa de los descubrimientos y se convirtieron en graneros. Estábamos condenados al subdesarrollo: no sólo por nuestras propias incapacidades, sino por el lugar donde nos había colocado la historia.
P. Ha dicho antes que la Unión Soviética acabó con el socialismo.
R. Sí, sin duda.
P. ¿Entonces, cómo se puede ser de izquierdas hoy?
R. De ninguna manera. Ya no hay izquierda. Ni derecha. Entramos en un mundo de otras definiciones. No se puede entender y explicar el mundo usando esas definiciones y esas herramientas. Los partidos ya no existen.
P. ¿Qué hay entonces?
R. Ésa es la gran pregunta. ¿Cómo se organzian las sociedades hoy? Eso es lo que hay que preguntarse. Aún hay algunas estructuras partidistas, pero ya no son decisivas. Vivimos en un mundo de paulatino debilitamiento de todas las estructuras tradicionales. Incluso el Estado. El Estado está en crisis. Han desaparecido estados en Europa, en África. Las regiones parecen más fuertes. Los Estados existen en sentido internacional, pero no interno. ¿Y los sindicatos? ¿Qué me dice de los inexistentes y vacíos sindicatos?
P. ¿Cree que la aspiración a la igualdad subsiste?
R. No, ni siquiera. Esto es muy interesante. La pobreza ya no genera revoluciones, sino acomodamientos. El pobre trata de encontrar algún lugar de adaptación. La adaptación es la única respuesta del pobre. El dinamismo se da en las emigraciones: pero sólo una minoría sigue ese camino.
P. ¿Cómo se ha conseguido esa conciencia resignada?
R. ¿Cómo? ¡Los medios! Los medios han difundido la consigna: la lucha no da resultados. Los pobres mueren sin ni siquiera saber lo que es la lucha. Desde niños ya aprenden a adaptarse: es el único medio para sobrevivir. Se trata de una victoria de los medios. Y del posmodernismo político. La gente siempre se organizaba, en sus luchas, alrededor de los centros, alrededor de las jerarquías: como no existen centros y no existen jerarquías, la única solución es ir cada uno por su cuenta y organizar en solitario la propia vida, la propia estrategia de supervivencia .
P. ¿Cómo escribir entonces?
R. La tarea del intelectual está clara: más que nunca debe trabajar para describir estas situaciones, para describirlas críticamente y para tratar de que la pobreza no siga enfrentada a su peor consecuencia: la ausencia absoluta de salidas, la sumisión a la cuna y al destino.
P. Se parece a la Edad Media.
R. Es la nueva Edad Media. Tiene razón Alain Minc.
P. Una Edad Media con periodismo.
R. Ésa es la gran novedad histórica.
P. Mayor novedad es que el periodismo sirva a la dominación y a la resignación.
R. La verdad es que ése parece ser su sentido global. Pero, claro, hay muchas maneras de ser periodista. Para mí, el periodismo es una misión. Viajo solo, en condiciones duras, tratando de llegar hasta los olvidados. Hay que tener salud y voluntad y curiosidad.
P. ¿No ha perdido la curiosidad con los años?
R. Todo lo contrario. Cada vez tengo más. Y cada vez vacilo menos a la hora de embarcarme en una nueva aventura. ¿Sabe?: es con ese riesgo con lo que pago mis libros y con lo que los hago fuertes. Y con lo que yo mismo puedo llegar a ser fuerte. Hace años, cuando en la agencia polaca los jefes me decían que estaba dando una visión incorrecta de la realidad lo único que me servía era decirles: yo he estado allí y vosotros no.
P. Tal vez por ello no hay verosimilitud, novelización, en ninguno de sus reportajes.
R. Lo que me ha interesado siempre es buscar una escritura que me sirviera para describir la realidad. Cuando era periodista de agencia me daba cuenta de que mis palabras no alcanzaban a describirla. Claro, que utilizaba muy pocas palabras ¡Teníamos poco presupuesto y cada palabra costaba lo suyo! Por eso me puse a escribir libros y de esta manera. En cuanto a la novela, nunca me ha interesado: la novela es una huida.

(El País, 14 de agosto de 2000)

25 de enero

prehistórico 

Gritos y gritos. 

¿Alguien de nuestra patriótica prensa se ha parado a certificar si todas y cada una de las verdades absolutas que se han publicado sobre los sucesos de Alcorcón son ciertas?

Se parte, en todas las informaciones, de una serie de premisas que, como en algunas, la propia autoridad niega. Por ejemplo, la existencia de esas bandas latinas en la localidad de marras y su participación en las peleas del sábado. Pero aunque la autoridad lo niega, como el supuesto peaje en las canchas deportivas, se insiste e insiste hasta llegar a un debate donde, oh¡ casualidades, aparecen las grandes palabras deseadas y buscadas: emigrantes, delincuencia, seguridad. Hasta una persona tan inteligente como Miguel Sebastián, candidato a la alcaldía de Madrid por el PSOE, cae en la trampa de hablar de ¡¡¡DEPORTACIONES!!!

Lo distintivo del fenómeno francés de la quema de coches , que nada tiene que ver con lo ocurrido en Alcorcón, fue que empezó como terminó: sin que las autoridades fueran capaces de dar una explicación de lo ocurrido. Curiosamente, el estado francés se comprometió a otorgar determinadas medidas sociales que nunca estuvieron en la demanda de los pirómanos. Porque aquellos pirómanos no estaban organizados, carecían de líderes y de lemas o reclamaciones sociales, además de vestir caras zapatillas deportivas y prendas de marca como signo distintivo social. Les unía la simple quema de coches. O mejor, se desconoce qué les unía. Esa incapacidad para saber qué estaba pasando fue lo verdaderamente alarmante. El estado francés no tenía interlocutores mientras se quemaban los coches. ¿Quién es el enemigo? ¿Cómo reconocer que la autoridad no sabía qué hacer? ¿Cuáles eran las causas?

¿Es casualidad que el debate de la seguridad/emigración salga a la palestra a pocos meses de las municipales? Creo que no. Es un debate interesado desde algunos sectores. En España no existe un problema de seguridad relacionado con la emigración. Es absolutamente falso ligar ambos conceptos. Quienes lo hacen se mueven más en el terreno de la xenofobia que en el terreno de la verdad. Los problemas de delincuencia son comunes a emigrantes y no emigrantes. ¿ Acaso no son bandas organizadas todos esos alcaldes y concejales, de derecha o izquierda, que roban en nuestros ayuntamientos? ¿No pertenecen esos “malayas” al grupo de bandas mafiosas organizadas y muy bien instaladas en nuestro país y en nuestros maravillosos partidos políticos?

¿Por qué no prueban nuestras autoridades a darse una vuelta por los institutos de enseñanza secundaria y comprueban el tipo de educación que estamos dando a nuestros jóvenes ( emigrantes y no emigrantes)?¿O es que es más fácil hablar de bandas latinas para ocultar otros fracasos y reducir el problema al mínimo?

Los fracasos de esta sociedad en educación ya estaban cuando llegaron los emigrantes. Los problemas de seguridad ya existían en España muchos antes de que llegaran. ¿Por qué interesa tanto relacionarlos , ahora, a pocos meses de las elecciones municipales?

Dan ganas de emigrar ante tanta demagogia en la prensa.

Tienen razón quienes intentan dejar a un lado los sentimientos. Es justo lo que no está ocurriendo en el debate sobre el etarra De Juana.

La pregunta básica: ¿es conforme a derecho la petición del fiscal pidiendo que De Juana se recupere en su casa bajo vigilancia? La respuesta es SI. Rotundamente, SI.

¿Por qué, entonces, el griterío? Sin duda, porque De Juana es un terrorista de ETA que ha matado a 25 personas. Pero, además, y principalmente, porque el tema De Juana sirve, una vez más, para atacar al gobierno.

(Leyendo y escuchando a algunos de nuestra caverna pareciera que fuera Zapatero quien estuviera en huelga de hambre…y muerto)

Así que haga lo que haga el juez, el griterío seguirá y la culpa, para esta banda de eternos enfadados, será siempre del mismo. Por eso es mejor hacerlo todo conforme a derecho y bien. Y no volver a equivocarse.

Como cuando la Audiencia Nacional  (aprovecho la ocasión, una vez más, para pedir su cierre) dictó aquella sentencia imposible de 12 años por delitos de amenazas terroristas (así fue calificado) porque la respuesta política, para satisfacer al griterío, se impuso a la jurídica, y la barbaridad, una vez más, venció. (Van muchas barbaridades jurídicas en nombre de la lucha contra el terrorismo también aquí, no sólo en USA).

Argumentan algunos, más desde la venganza que desde la razón, que aceptar dejar salir a De Juana es un mal ejemplo para el futuro. Ya veremos, que dicen los ciegos. Pero si tal cosa ocurre habrá que volver a actuar conforme marque la ley en cada caso y no desde la venganza inútil y preventiva. ¿Se acuerdan cuando afirmaban que la huelga de hambre de De Juana era mentira?

Y lo que sería terrible, y muy probable, es que el Supremo diera la razón a De Juana cuando el preso ya estuviera muerto. Por eso la primera obligación del juez es poner los medios legales para que el preso viva, entre ellos, mandarlo a su casa a recuperarse bajo vigilancia (que no es lo mismo que dejarlo libre como argumenta el griterío).

Y que es, en mi opinión, lo acertado en este caso.

( De Juana ya cumplió su condena por el asesinato de 25 personas)

24 de enero

Enternece comprobar ese amor de madre que una cierta izquierda tiene con el nacionalismo. Esa capacidad para perdonar todas y cada unas de sus fechorías, trastadas o barbaridades. Pareciera que más de un siglo de convivencia trágica entre PNV y PSOE no hubiera sido suficiente para que nuestros actuales dirigentes socialistas se convencieran de que el niño no tiene remedio. El niño, al que algunos padres socialistas actuales parecen querer salvar, una vez más,  tiene una historia amplia de traiciones. Traición a la verdad y a la Historia, con mayúsculas, pero también a la libertad. Sólo hay que darse una vuelta por la Euskadi actual, después de más de 25 años de nacionalismo en el poder, para darse cuenta que el discurso oficial nacionalista  y la verdad de los hechos cotidianos, no tienen nada en común. Euskadi es un relato inventado desde el poder. Es una gran mentira. Mentira admitida, desde luego, por todos los que la admiten, que son muchos. Demasiados.

 

Uno puede entender que la realidad de un nacionalismo votado por el 50% de los ciudadanos que viven en aquella comunidad nos lleve a un pacto de convivencia. Pacto que, hasta la fecha ,se ha venido reflejando en la Constitución  (no votada favorablemente por el PNV) y por el Estatuto  (votado favorablemente por el PNV mientras *consiguen* su tierra prometida, esa gran farsa) pero esos pactos, que les ha permitido gobernar durante más de 25 años y construir un régimen que va a ser difícil desmontar para ganarlo a la democracia, no puede ni debe ser sinónimo de condescendencia , en el debate de las ideas y las ideologías, con un nacionalismo cuya fórmula tiene componentes xenófobos y clasistas, además de identitarios. Socialismo y nacionalismo son como el agua y el aceite. O debieran ser. Y cuando se juntan suelen traer bastante sangre trágica en las venas propias y ajenas.

 

Así, en esa gran tarea que lleva por lema “salvad a los nacionalistas”, foca de nuestros pecados, nuestros actuales dirigentes socialistas, algunos de ellos, han inventado una nueva ciencia que consiste, básicamente, en recuperar al niño de los males genéticos que le aquejan. Una ciencia que se traduce en interpretar cada uno de sus gestos: si Imaz ha sonreído a la salida de misa es buena señal, pero si Ibarreche ha tosido junto al árbol de Guernica es que todo se puede torcer. ¡Vaya por Dios ¡

 

Y ahí seguimos. Intentando salvar a un niño al que no hay forma de echar de casa, que vive como Dios, y que se gasta íntegro su sueldo y el de los padres y abuelos mientras pide más y más. ¿No es hora de que el niño se busque la vida sin ayudas? ¿No es hora de mandar a tomar viento, de una maldita vez, al jodido niño?

¿No es hora ya de empezar a decir NO a este eterno consentido de la democracia española?

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“Pero es la cuarta fotografía la que hiela la sangre. El pie dice: “Millán Astray y Franco cantan junto a su tropa. Millán Astray, fundador de la Legión, eligió a Franco para que dirigiera el primer batallón”. Puede que estén cantando, pero la congelación del instante no nos lo permite ver. En todo caso, la cosa es aún peor si en efecto están cantando, porque nadie canta así. Más parece que estén abucheando o desafiando o escarneciendo a alguien. La cara de Millán Astray es la más acabada imagen de la chulería fanática. Alzado con desdén el bigote de hormigas, la dentadura picada e irregular, los ojos semicerrados como para mirar sin ser visto, su gesto es ya un insulto, parece que estuviera diciendo: “¡Anda ya! ¡A tomar por saco!” o alguna frase similar. Le pasa la mano derecha a su compinche por encima del hombro, y la cara de éste es la de un individuo en el que lo último que debería hacerse es confiar. La expresión de irrisión, y rechifla, la denigración y la crueldad en la boca, las cejas turbias, los ojillos fríos mirando siempre con avidez, el conjunto del rostro mofletudo y fofo, es el de un criminal. Son un par de facinerosos, sin apelación. Si nos encontráramos hoy día con esas caras, ni la calle cruzaríamos en su compañía. ¿Nadie las vio? ¿Eran percibidas de otra manera en su tiempo? Hoy vemos las caras de la gente mucho más a menudo y con mayor impunidad: las vemos en televisión. Pero nadie parece ver lo que las caras dicen, y a veces dicen lo suficiente para no querer tener nada que ver con sus portadores (las apariencias engañan; sin embargo, no siempre). Que un pueblo entero se deje engañar por las caras de Kennedy o del propio González es comprensible; que se dejara engañar por Franco, no. Por favor, miren la foto otra vez”

(Javier Marías)

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23 de enero

Reconozco que andaba yo buscando las fuerzas y las ganas, además del tiempo, para entrar a ver ese blog que me habían comentado. Ayer fue el día que pude reunir todos esos requisitos y condiciones y, como un valiente, me adentré, no sin contener algo mi respiración y abortar una cierta sensación de naúsea inicial,en lo más recóndito de la condición humana, esa que lleva a una persona, o similar, a decir tonterias tras tonterias y considerar a sus semejantes tontos todos, y cada uno de ellos, sin distinción ni pausa ni piedad. No pude leer, y ya es bastante, más de tres post del ínclito y sacar ya, definitivamente, todas las respuestas a las muchas preguntas que me venía haciendo desde hace tiempo cada vez que lo veía y, sobre todo, escuchaba, en la tele o radio nacional, pública o privada, en horario infantil o adulto,a la luz del día o con nocturnidad. Todas las preguntas gritaban una única y fuerte respuesta a centímetros de mi cara: ¡ es un cretino !

¿Será el cretino La Cabra del PSOE?

 

" El sótano era, para muchas de esas personas del poblado, una y otra vez la única y última salvación. Muchas habían convertido su visita al sótano en costumbre y aparecían día tras día, no era por falta de dinero por lo que, llegado el caso, entraban varias veces al día en el sótano, para comprar una pequeñez, por ejemplo cincuenta gramos de mantequilla, sino porque, de ese modo, tenían la posibilidad de bajar al sótano con intervalos más breves que, según parecía, necesitaban para vivir, y de escapar a su entorno, en muchos casos mortal. Sólo ahora, en esos días de mi nuevo entorno, tenía yo otra vez acceso directo, inmediatamente directo a los hombres, ese acceso inmediato, directo a los hombres no me era posible ya desde hacía años; mi mente primero y luego también mi ánimo se habían asfixiado casi bajo el manto mortal del colegio y las coacciones de su enseñanza, y todo lo que estaba fuera del colegio y sus coacciones no lo había percibido durante años mas que de forma imprecisa, a través de la niebla de lo que se enseñaba. Ahora veía otra vez a los hombres y tenía contacto inmediato con ellos. Había existido durante años en medio de libros y escritos y entre mentes que no eran otra cosa que libros y escritos, en medio del olor enrarecido de una Historia mohosa y desecada, continuamente como si yo mismo fuera ya Historia. Ahora existía en el presente, en medio de todos sus olores y grados de dureza. Había tomado esa decisión y hecho ese descubrimiento. Vivía; durante años había estado muerto. " (El Sótano, fragmento, de Thomas Bernhard )


 

 

22 de enero

El condenado no puede esperar

 

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Detalles de una ignominia

La nota que la empresa del modista entregó al finalizar el desfile rezaba: "Hemos invitado a un grupo de muchachos africanos para vestirles y arroparlos y de esta manera poderles dar un poco de mí". Miró agradeció la presencia del futbolista Eto'o y aseguró que los modelos estaban encantados de poderse fotografiar con él. En su desfile, el más concurrido de la Pasarela Barcelona, predominaron los colores blanco y crudo, una elección que el propio diseñador justificó al decir que eligió esos tonos "porque son distintos del negro".

Me había propuesto estar una temporada apartado del debate político nacional,  dominado por un sectarismo que empieza a ser asfixiante para cualquier ciudadano decente o hipertenso, o ambas cosas, pero los hechos ocurridos en Alcorcón este fin de semana me traen brevemente al comentario en este blog para mostrar mi enfado e indignación, una vez más.

Más que los hechos, me refiero al tratamiento que Telemadrid, televisión pública dependiente de la Comunidad de Madrid, ha dado al tema en sus informativos y cuyo punto culminante ha sido el programa de la ínclita Curry Valenzuela.

El argumento básico de estos panfletarios de la consigna ha sido: Latin King es sinónimo de violencia (la tertuliana Pilar Cernuda, atenta siempre al quite, y dos llamadas anónimas de televidentes-videntes, certeramente introducidas en el programa, certifican el “unánime” argumento) y la violencia, amiguitos, lo sabéis, no es admisible, luego terminar con los Latin King es terminar con la violencia.

(Como la indefinición de Latin King sólo se restablece en la palabra emigrante o extranjero, es decir, ELLOS, todo el mecanismo de autodefensa se pone en marcha en los primeros compases del programa sin mayores fanfarrias ni toques de corneta)

Síntesis: los ciudadanos de Alcorcón que salieron a la calle a vengar a “nuestro” compatriota [español] herido [por un “maldito” extranjero] actuaron acertadamente al echarse a las calles para acabar con la violencia [=Latin King=emigrante=ELLOS=delincuencia] de una vez por todas.

Muerto el perro se acabó la rabia.

Por cierto, ¿dónde está la fiscalía cuando se la necesita?

No comento, por lo cansado y repetido, que Zapatero es el culpable para todas estas gentes de pensamiento único. Es evidente que para ellos todos los caminos conducen a ZP. También el de Alrcorcón. De esa cuestión podemos pasar como de la incapacidad de la presentadora para dejar quieta la cabeza cuando habla y mira a la cámara, pero de la exaltación de la violencia que se está haciendo, aprobando esa forma nazi de actuar del “pueblo” (ya tomada la parte por el todo: Alcorcón somos todos) para dictar “su” justicia de “bate de béisbol”, me parece una irresponsabilidad que sólo se podría reparar con la aplicación del código penal.

No será así, desgraciadamente. El discurso de la xenofobia está muy instalado en nuestra sociedad y tiene buenos defensores a su causa. Es un problema transversal que afecta a muchos. Y no sólo en la derecha española: prueben a darse una vuelta por esos nacionalismos periféricos de derecha o izquierda y comprueben su definición de extranjero: ¡Bingo!

El extranjero, para todos ellos, es un ser peligroso. Como las ideas o el pensamiento: ¡ Hay que matarlos !

21 de enero

 Kamp, ayer y hoy

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La compañía holandesa Hotel Modern reproduce un campo de exterminio nazi y la suerte de sus prisioneros en Kamp. Un espectáculo en el que 3.000 muñequitos de resina son manipulados, filmados en directo y proyectados en tiempo real sobre pantalla grande en Sevilla.

      Rousseau predicaba la bondad natural del hombre, pero envió a sus cinco hijos a la inclusa. Dieciséis siglos antes, los gnósticos distinguieron entre hombres con espíritu y desalmados. ¿Tendrán los genocidas alma? En Whiteman y Cararroja, un western judío, George Tabori pone a un indio cherokee a discutir con un hebreo cuál de los dos es más desgraciado y cuál de sus pueblos ha sido más perseguido. Apenas hay obras teatrales sobre el destino fatal de los indios norteamericanos, porque perdieron la guerra. Alguna ha aparecido abordando el genocidio de Ruanda. Sobre el Holocausto hay muchas, pero ninguna que reproduzca la suerte de los prisioneros enviados a campos de extermino con el verismo de Kamp, que la compañía holandesa Hotel Modern representa en el Teatro Central de Sevilla el 26 y el 27 de enero. Sus creadores han reconstruido Auschwitz a escala: los edificios del campo son un juguete enorme desplegado por todo el escenario. El centro lo ocupan una calle ancha, una estación y una vía muerta en la que entra un mercancías. De sus vagones de madera descienden centenares de hombres, mujeres y niños vestidos de calle, engalanados. Una microcámara los filma en picado, y las imágenes se proyectan en tiempo real sobre la gran pantalla que ocupa el fondo de la escena. El zoom nos acerca sus rostros, todos diferentes, boquiabiertos de espanto, extrañamente humanos. A un lado de la vía están los 19 barracones de los prisioneros; al otro, las casas de los militares y la iglesia. Tres intérpretes manipulan los muñequitos de ocho centímetros de altura, los iluminan, los siguen cámara en mano a través de una maqueta de cien metros cuadrados, respiran con ellos.

      A la puerta de la cámara de gas se amontonan los zapatos y la ropa de los recién llegados: un grupo traspasa el umbral, y luego otro, y nosotros con ellos. Vemos la puerta cerrarse desde dentro. Con sus cuerpos de resina traslúcida desnudos y sus bocas abiertas sin labios, los que van a morir son clones del protagonista de El grito. Oscuro total. Por un agujero entra un rayo de luz... y el gas. Fuera, un prisionero recoge las ropas y objetos personales que se quedan sin dueño: maletas minúsculas, fotos, prismáticos, candelabros, una llave inglesa, una tetera, un elefante de juguete... La pantalla muestra ahora el punto de vista del guardia de la torreta de vigilancia. Varios presos cargan un carro de arena. Uno no puede con la pala. Se derrumba. Un guardián lo muele en el suelo: el micrófono de la cámara recoge y amplifica los golpes hasta lo insufrible. Buena parte del espectáculo es de una crudeza extrema: duelen esos cuerpecitos de resina vestidos de rayadillo, conmueve la expresión de sus rostros servida en primeros planos en blanco y negro. Afortunadamente, Hotel Modern da respiro: al anochecer, mientras cantan los pájaros y se encienden las farolas y las luces de los edificios, Auschwitz parece un pueblecito plácido y confiado. Es un espejismo: la cámara entra de improviso en los dormitorios colectivos, muestra centenares de cuerpos hacinados en tres pisos de nichos, roncando y respirando pesadamente con el aliento real de sus manipuladores, recogido por micros y amplificado.

      Kamp desasosiega y revuelve las tripas, pero encandila. Vale la pena cruzar el puente de la Barqueta, entrar en el Central y exorcizar allí lo peor del pasado reciente de la vieja Europa. (El País)

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      Guatemala o la ley del silencio

      GCO

      Imaginen que Hitler no hubiera muerto. Que,  por alguna de esas cosas inexplicables de la geoestratégia política, las potencias hubieran decidido, por aquello de una “transición democrática”, simular que ignoraban sus crímenes. Que todos los años por Navidad se reuniera con sus grandes amigos Goebbels y Himmler. Que viviera en Polonia, tal vez en algún lujoso castillo cerca de Auswitch, donde disfrutara de una dulce jubilación, ufano y contento.

      Los residuos de las antiguas SS, oficialmente desmovilizadas, cercarían a judíos, gitanos y socialistas, amenazándoles de muerte si revelaban dónde se encuentran esas tumbas masivas de sus víctimas. De vez en cuando, saliendo de su retiro espiritual, deleitaría al público con alguna perla dialéctica con la que explicaría las imperiosas necesidades históricas que le obligaron a actuar como actuó. Sin ningún remordimiento. Puede que en algún momento un impertinente extranjero juez trataría de encausarlo, pero el antiguo Fürer encontraría en la justicia de su país a su mejor aliado. Una historia difícil de digerir en pleno siglo XXI.

      Algo así sucede en Guatemala, una de esas tragedias ignoradas por Occidente. Una sociedad sentenciada al olvido internacional. Durante los sesenta, Guatemala tenía un régimen socio económico semi-esclavista, donde la población indígena maya, mayoritaria, por cierto, era explotada. Por la estructura del poder pasaban dictadores bananeros que imponían su ley, y por qué no decirlo, también la del extranjero, si por ello entendemos, entre otras, a la compañía norteamericana Fruit Company.
       
      Por esa misma época, en Latinoamérica surgieron toda suerte de grupos guerrilleros. Nicaragua, El Salvador, son algunos ejemplos de países enfrascados en guerras civiles entre estado y guerrillas que durarían décadas. Guatemala no fue menos, pero el peso de su guerrilla fue muy débil. También surgieron, como no,  los grupos paramilitares, como la Mano Blanca, el Ejército Secreto Anticomunista o Los Centuriones. Escuadrones de la muerte que sembraban el terror por las tierras campesinas guatemaltecas. Años después se descubriría que era una “recomendación” de Washington, porque las matanzas hechas por militares favorecían el apoyo popular de la guerrilla.
      Pero a partir de 1978, aquella guerra civil cobró dimensiones más atroces. La llegada al poder de Lucas García abrió una etapa de terror como no se recordaba en la segunda mitad del siglo XX. En 1980 llegó el General Efraín Rios Montt, el más sanguinario dictador que haya conocido América Latina. Un hijo adoptivo de Washington, un alumno aventajado de la infame Escuela de las Américas, y al que la Estrategia de Seguridad Nacional de Reagan llamaría “Luchador por la Libertad”. Un iluminado convertido a una secta evangélica, y que se creía llamado por la gracia de Dios para liberar al país del demonio comunista. Su mandato, por suerte, sólo duró dos lamentables años.De la terrorífica Escuela de las Américas saldrían muchos tristes personajes, muchas dolorosas dictaduras; Pinochet, que mató a casi 3.000 personas; Videla, que mataría a 20.000. En Guatemala, la cifra alcanzó las 200.000.
       
      Hubo un momento en que la ONU se quiso lavar la conciencia. La Comisión de Esclarecimiento Histórico, años después, investigó las matanzas de la Guerra Civil. Culpabilizó de un 93% de los casos al ejército guatemalteco. Utilizó, legalmente, el término “genocidio”. Recordó quienes eran las víctimas: una población indígena que durante décadas fue masacrada, sus aldeas quemadas, su raza perseguida; parece mentira, una raza perseguida. Millones de personas que vivieron años enteros escondidos en las selvas, que tenían, con todo el dolor de su corazón, que matar a sus siempre fieles perritos para que no les delatasen. Que operaban a sus gallos para que no cantasen y descubrieran su posición a un ejército que les quería exterminar. Que comían una torta de maíz una vez cada 2 días. Y que aún así, muchos fueron asesinados, la mayor parte, por orden de Ríos Montt. Con todo, aquél informe de la ONU no se atrevió a castigar a los culpables.
       
      Hoy Ríos Montt y sus secuaces – Mejía Víctores, Aníbal Guevara- campan a sus anchas por Guatemala. Los reductos de sus escuadrones de la muerte, de sus antiguas Patrullas de Autodefensas Civiles, amenazan a aquellos que se atrevan a hablar y a las organizaciones internacionales que investigan. Los mayas tienen que llorar a sus muertos en el más terrible de los silencios.

      La Audiencia Nacional Española ha podido intervenir. Una joven maya valiente, Rigoberta Menchú, cuyo padre mataron los militares cercanos a Ríos Montt en el asalto a la Embajada Española de 1980, interpuso una denuncia en España contra él y sus secuaces por genocidio y torturas. La denuncia prosperó. Es quizás la más importante tarea a la que se ha enfrentado la Justicia española: conseguir encausar y juzgar a un genocida. Una oportunidad que no pudimos aprovechar con Pinochet, y que no debemos dejar pasar ahora.
       
       El Juez Pedráz es el encargado del caso. Dio orden internacional de captura contra Aníbal Guevara y contra Mejía Víctores. Lucas García ya había muerto, una oportunidad perdida. Pero a Ríos Montt no hay quien le toque. Es más, en un acto de insultante recochineo, ha decidido presentarse a las elecciones de 2007. El y los suyos saben que no puede ser presidente. “No podrán optar al cargo de presidente o vicepresidente  el caudillo ni los jefes de golpe de Estado”, dice la constitución.  Pero si se llega a consumar esa candidatura, la Ley le otorga inmunidad y se libraría de todo tipo de juicio. ¿Dónde está ahora la presión Internacional?
       
      Hubo un tribunal internacional contra Milosevic, se ha ahorcado a Saddam Hussein, algo impresentable. Ha corrido mucha tinta con la muerte de Pinochet y sus 3.000 asesinatos y con Videla y sus 20.000 víctimas. Sobre los 200.000 indios guatemaltecos, acaso unos “breves” en los periódicos. Pero esos mayas siguen necesitando que se rescriba su historia, ellos no pueden, y nuestro silencio de décadas nos convierte en deudores. Nadie puede ignorar lo que sucedió. Pero es muy difícil rescribir la historia a través de “breves” en los periódicos. Quizás por  eso, para nuestra vergüenza, puede que  Hitler gane esta vez y obtenga inmunidad en Guatemala. Otra historia de tragedias olvidadas de una forma… ¿deliberada? 

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      20 de enero

       Palabras y hechos

      Lo menos que se puede decir es que el Gobierno no interpretó correctamente las advertencias de ETA.

      UN POLÍTICO, más si es gobernante, tiene un problema cuando un amplio sector de la ciudadanía llega a convencerse de que su palabra no guarda relación con los hechos de los que quiere dar cuenta o pretende encauzar en una determinada dirección. Hoy es evidente que no era la mejor manera de identificar como "proceso de paz" la negociación con ETA y que no era la mejor manera de identificar el rearme de ETA como un accidente de tal proceso.

      Hoy es dolorosamente claro que no basta nombrar un hecho para cambiar su significado. Cuando por medio de la palabra se intenta modificar el significado de unos hechos, quien sale perdiendo es la palabra, no los hechos: el lenguaje se pervierte y las palabras descienden al nivel de la in/significancia, pierden su referente, no explican el sentido de las cosas. Es lo que ha ocurrido con el discurso al que el presidente del Gobierno se ha lamentablemente acostumbrado en los últimos tiempos y que ha tenido su más patética expresión en su incomprensible conducta y en las declaraciones inmediatas al atentado: eran palabras vacías de sentido, que conducen al autoengaño del emisor y a la frustración de sus destinatarios

      Hace meses, casi recién proclamado un alto el fuego permanente, y como el vandalismo callejero no remitiera, ETA se vio en la necesidad de anunciar, primero, que el Pueblo Vasco hacía muy bien en demostrar su enfado por medio de ese tipo de actos y, segundo y principal, que se confundía quien entendiera permanente como irreversible. ETA llamaba entonces a las cosas por su nombre. Que la kale borroka desapareciera y que lo permanente se convirtiera en irreversible dependería de los pasos que el Gobierno diera en una negociación que ETA ha definido desde su primer comunicado como proceso para construir, sin renuncia previa a las armas, un nuevo marco político. Cualquiera podía interpretar, porque estaba tan claro como la luz del día, que ETA había suspendido -por emplear una palabra del gusto del presidente- sus atentados de manera condicional: si el Gobierno daba pasos en la dirección querida por ETA, mantendría la suspensión; si no, habría kale borroka y lo permanente se convertiría cualquier día en reversible sin dejar de ser, para sus autores, permanente.

      Lo menos que se puede decir es que el Gobierno no interpretó correctamente estas reiteradas advertencias, siempre acompañadas de hechos: robo de armas, secuestro, chantaje a empresarios, vandalismo callejero y todo lo demás. No eran, contrariamente a la interpretación de los expertos en procesos de paz comparados, mensajes para consumo interno, sino palabras cargadas de hechos, como a su debido tiempo advirtió la policía francesa. El Gobierno, sin embargo, convencido, como tantos de sus asesores, de que lo que ETA hacía era pedir árnica para pasar el trago del desarme, interpretó todo eso como retóricas para calmar a los más reacios y traerlos al redil del proceso.

      El presidente del Gobierno arrastra desde hace tiempo un grave problema de discurso, que sus más allegados han pretendido trivializar desdeñando a quienes así lo señalaban como gentes de otra generación, de un tiempo pasado. Lo mostró en el debate del Estatuto de Cataluña; lo ha vuelto a mostrar en la negociación con ETA. Su cada vez más deletérea perversión del lenguaje era recibida con inquietud por los ciudadanos que comenzaron a sospechar que aquel pensamiento blando, más que débil, ocultaba una inseguridad de fines: el presidente, en realidad, no sabía adónde iba el proceso y lo disimulaba a base de identificarlo con calificativos genéricos. Pero como a un gobernante siempre se le supone en posesión de información superior, se le otorgó la presunción de que, aunque no supiera adónde iba el proceso, sabría al menos cómo manejarlo. El atentado de ETA ha demolido también esa presunción: el presidente no poseía esa información superior, y la reiterada petición de fe y confianza en su palabra estaba montada sobre una nube de humo.

      Y éste sí que es un problema cuando hechos de la magnitud del último atentado no caben en el discurso de quienes, negociando con ETA, creyeron estar embarcados -y actuaron como si lo estuvieran- en un proceso de paz. Sin duda, habrá que reconstruir estrategias con vistas a futuras negociaciones; para que sean creíbles, será preciso elaborar el discurso que las identifique. Mal empezamos si el reconocimiento del error se censura -única práctica en la que el presidente ha mostrado rápidos reflejos: censurar cualquier esbozo de autocrítica- y si, finalmente, todo lo ocurrido se despacha con un "ya os decía yo que el proceso sería largo, duro y difícil".

      Santos Juliá ( El País )

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      La generación del 'crack'
      Todas las claves sobre los escritores mexicanos que revolucionaron la escena literaria en español.

      Los nuevos escritores mexicanos ya no escriben sobre la Revolución. Ni sobre pueblos habitados por fantasmas, caciques, maquiladoras, o la frontera. Por lo menos, los miembros de la última sensación del país que dio al mundo a Octavio Paz o Carlos Fuentes. La moda se centra en la Generación del Crack (crack por ruptura, no por la droga), un grupo de escritores que no llegan a los 40 años y que están sacudiendo los cimientos de la escena literaria mexicana y, de paso, vendiendo lo suyo.  

      QUÉ ES EL CRACK

      Estado de Hidalgo, México, verano de 1996. Una pequeña revista de la que ya no queda rastro alguno, da cabida en sus páginas a un manifiesto literario firmado por cinco jóvenes escritores: Ignacio Padilla, Jorge Volpi, Eloy Urroz, Vicente Herrasti y Ricardo Chávez Castañeda. En el texto, se aboga por dejar la literatura "bananera" y volver a las raíces del boom latinoamericano: recuperar el respeto que por el lector inteligente tenían las primeras obras de aquel mítico momento de las letras hispanoamericanas, y que supusieron un soplo de aire fresco para la anquilosada escena literaria española.   En 2001, casi cinco años después, los miembros del movimiento aparecen regularmente en las páginas culturales de El País, El Universal o El Herald, venden miles de libros, dan conferencias en todo el mundo y sacuden, como si fuera una piñata, las conciencias del establishment cultural mexicano, debatido entre la tradición indígena, la influencia del vecino del Norte y la alargadísima sombra de Paz, Fuentes o Rulfo, mexicanos universales.  
      En México, algunas voces claman contra la renegación que, según ellos, hacen de su país estos autores. Una posición un poco chauvinista (patriotera, la llaman ellos): varios intelectuales hablan y no paran de que no se nota que sean novelistas mexicanos. Alguien debería decirles que estamos en el siglo XXI, y no vamos a descubrir a Paz a estas alturas. O a Fuentes, o a Rulfo.   Un epígono de García Márquez, Laura Esquivel, o la exitosa Ángeles Mastretta, no puede decirse que reflejen el México que esos intelectuales quieren. Pero, ¿qué México? ¿El de las grandes empresas, o el de Chiapas? ¿El de las tortillas de maíz, o el que suspira por que la frontera USA baje en longitud?. Pero han cambiado muchas cosas en México. Sigue siendo un país de tremendas desigualdades, donde conviven fortunas dignas de 'Las mil y una noches' con los suelos de tierra en el 15% de las viviendas del país.   Así, las coordenadas de los escritores han de cambiar por fuerza. Pero persiguiendo, como dijera Ricardo Chávez Castañeda, "desbrozar una estética olvidada en la literatura de México".

      19 de enero

      Dice Priede que el impacto de sus poemas “suele centrarse muchas veces en una sola imagen”. Y tiene razón. Ya lo sabe quien haya leído sus cuentos, Carver es un mago con las metáforas, que puede retratar un divorcio con la imagen de dos lagunas a la orilla del mar; o la reconciliación por medio de la tenebrosa aparición de una manada de caballos a medianoche.

      En "Todos nosotros" hay una introducción de la viuda de Carver, Tess Gallagher, que aclara que el autor de “Catedral” no escribía poesía entre relato y relato, sino al revés. Y esta afirmación evoca lo que siempre sostuvo Roberto Bolaños sobre su obra: Lo mejor que hago es poesía, llegó a escribir en el cuento que inicia su libro “Llamadas telefónicas”.

      El autor se eleva para desvelar las pequeñas cosas cotidianas como si nunca antes se hubieran visto. Ya dice Gallagher que el empeño literario de Carver consistía en “inventariar los estragos de la vida doméstica” de manera “implacable”.


      Miedo

      " Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
      Miedo de quedarme dormido durante la noche.
      Miedo de no poder dormir.
      Miedo de que el pasado regrese.
      Miedo de que el presente tome vuelo.
      Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
      Miedo a las tormentas eléctricas.
      Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
      Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
      ¡Miedo a la ansiedad!
      Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
      Miedo de quedarme sin dinero.
      Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
      Miedo a los perfiles psicológicos.
      Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
      Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
      Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
      Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
      Miedo a la confusión.
      Miedo a que este día termine con una nota triste.
      Miedo a despertarme y ver que te has ido.
      Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
      Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
      Miedo a la muerte.
      Miedo a vivir demasiado tiempo.
      Miedo a la muerte.
      Ya dije eso. "

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      18 de enero

       
      Casi 3.000 civiles asesinados cada mes en Irak es un dato que deja pequeña la definición de matanza. Quien mejor lo sabe es Gianni Magazzeni, el responsable de Naciones Unidas que ayer informó de que 34.452 personas murieron violentamente y otras 36.685 resultaron heridas en el país árabe en 2006. "Es una masacre, la gente está totalmente desprotegida", dice el italiano. Minutos después, 95 personas perdieron la vida y 170 sufrieron heridas en tres atentados casi simultáneos en la capital, dos en una universidad y el otro en un mercado.
      Conducta en los velorios
      No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos. A lo sumo mi madre va un rato y saluda en nombre de la familia; no nos gusta interponer insolentemente nuestra vida ajena a ese dialogo con la sombra. Pero si de la pausada investigación de mi prima surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio este a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente.
         En Pacífico las cosas ocurren casi siempre en un patio con macetas y música de radio. Para estas ocasiones los vecinos condescienden a apagar las radios, y quedan solamente los jazmines y los parientes, alternándose contra las paredes. Llegamos de a uno o de a dos, saludamos a los deudos, a quienes se reconoce fácilmente porque lloran apenas ven entrar a alguien, y vamos a inclinarnos ante el difunto, escoltados por algún pariente cercano. Una o dos horas después toda la familia esta en la casa mortuoria, pero aunque los vecinos nos conocen bien, procedemos como si cada uno hubiera venido por su cuenta y apenas hablamos entre nosotros. Un método preciso ordena nuestros actos, escoge los interlocutores con quienes se departe en la cocina, bajo el naranjo, en los dormitorios, en el zaguán, y de cuando en cuando se sale a fumar al patio o a la calle, o se da una vuelta a la manzana para ventilar opiniones políticas y deportivas. No nos lleva demasiado tiempo sondear los sentimientos de los deudos más inmediatos, los vasitos de caña, el mate dulce y los Particulares livianos son el puente confidencial; antes de media noche estamos seguros, podemos actuar sin remordimientos. Por lo común mi hermana la menor se encarga de la primera escaramuza; diestramente ubicada a los pies del ataúd, se tapa los ojos con un pañuelo violeta y empieza a llorar, primero en silencio, empapando el pañuelo a un punto increíble, después con hipos y jadeos, y finalmente le acomete un ataque terrible de llanto que obliga a las vecinas a llevarla a la cama preparada para esas emergencias, darle a oler agua de azahar y consolarla, mientras otras vecinas se ocupan de los parientes cercanos bruscamente contagiados por la crisis. Durante un rato hay un amontonamiento de gente en la puerta de la capilla ardiente, preguntas y noticias en voz baja, encogimientos de hombros por parte de los vecinos. Agotados por un esfuerzo en que han debido emplearse a fondo, los deudos amenguan en sus manifestaciones, y en ese mismo momento mis tres primas segundas se largan a llorar sin afectación, sin gritos, pero tan conmovedoramente que los parientes y vecinos sienten la emulación, comprenden que no es posible quedarse así descansando mientras extraños de la otra cuadra se afligen de tal manera, y otra vez se suman a la deploración general, otra vez hay que hacer sitio en las camas, apantallar a señoras ancianas, aflojar el cinturón a viejitos convulsionados. Mis hermanos y yo esperamos por lo regular este momento para entrar en la sala mortuoria y ubicarnos junto al ataúd. Por extraño que parezca estamos realmente afligidos, jamás podemos oír llorar a nuestras hermanas sin que una congoja infinita nos llene el pecho y nos recuerde cosas de la infancia, unos campos cerca de Villa Albertina, un tranvía que chirriaba al tomar la curva en la calle General Rodríguez, en Bánfield, cosas así, siempre tan tristes. Nos basta ver las manos cruzadas del difunto para que el llanto nos arrase de golpe, nos obligue a taparnos la cara avergonzados, y somos cinco hombres que lloran de verdad en el velorio, mientras los deudos juntan desesperadamente el aliento para igualarnos, sintiendo que cueste lo que cueste deben demostrar que el velorio es el de ellos, que solamente ellos tienen derecho a llorar así en esa casa. Pero son pocos, y mienten (eso lo sabemos por mi prima segunda la mayor, y nos da fuerzas). En vano acumulan los hipos y los desmayos, inútilmente los vecinos más solidarios los apoyan con sus consuelos y sus reflexiones, llevándolos y trayéndolos para que descansen y se reincorporen a la lucha. Mis padres y mi tío el mayor nos reemplazan ahora, hay algo que impone respeto en el dolor de estos ancianos que han venido desde la calle Humboldt, cinco cuadras contando desde la esquina, para velar al finado. Los vecinos más coherentes empiezan a perder pie, dejan caer a los deudos, se van a la cocina a beber grapa y a comentar; algunos parientes, extenuados por una hora y media de llanto sostenido, duermen estertorosamente. Nosotros nos relevamos en orden, aunque sin dar la impresión de nada preparado; antes de las seis de la mañana somos los dueños indiscutidos del velorio, la mayoría de los vecinos se han ido a dormir a sus casas, los parientes yacen en diferentes posturas y grados de agotamiento, el alba nace en el patio. A esa hora mis tías organizan enérgicos refrigerios en la cocina, bebemos café hirviendo, nos miramos brillantemente al cruzarnos en el zaguán o los dormitorios; tenemos algo de hormigas yendo y viniendo, frotándose las antenas al pasar. Cuando llega el coche fúnebre las disposiciones están tomadas, mis hermanas llevan a los parientes a despedirse del finado antes del cierre del ataúd, los sostienen y confortan mientras mis primas y mis hermanos se van adelantando hasta desalojarlos, abreviar el ultimo adiós y quedarse solos junto al muerto. Rendidos, extraviados, comprendiendo vagamente pero incapaces de reaccionar, los deudos se dejan llevar y traer, beben cualquier cosa que se les acerca a los labios, y responden con vagas protestas inconsistentes a las cariñosas solicitudes de mis primas y mis hermanas. Cuando es hora de partir y la casa está llena de parientes y amigos, una organización invisible pero sin brechas decide cada movimiento, el director de la funeraria acata las órdenes de mi padre, la remoción del ataúd se hace de acuerdo con las indicaciones de mi tío el mayor. Alguna que otra vez los parientes llegados a último momento adelantan una reivindicación destemplada; los vecinos, convencidos ya de que todo es como debe ser, los miran escandalizados y los obligan a callarse. En el coche de duelo se instalan mis padres y mis tíos, mis hermanos suben al segundo, y mis primas condescienden a aceptar a alguno de los deudos en el tercero, donde se ubican envueltas en grandes pañoletas negras y moradas. El resto sube donde puede, y hay parientes que se ven precisados a llamar un taxi. Y si algunos, refrescados por el aire matinal y el largo trayecto, traman una reconquista en la necrópolis, amargo es su desengaño. Apenas llega el cajón al peristilo, mis hermanos rodean al orador designado por la familia o los amigos del difunto, y fácilmente reconocible por su cara de circunstancias y el rollito que le abulta el bolsillo del saco. Estrechándole las manos, le empapan las solapas con sus lágrimas, lo palmean con un blando sonido de tapioca, y el orador no puede impedir que mi tío el menor suba a la tribuna y abra los discursos con una oración que es siempre un modelo de verdad y discreción. Dura tres minutos, se refiere exclusivamente al difunto, acota sus virtudes y da cuenta de sus defectos, sin quitar humanidad a nada de lo que dice; está profundamente emocionado, y a veces le cuesta terminar. Apenas ha bajado, mi hermano el mayor ocupa la tribuna y se encarga del panegírico en nombre del vecindario, mientras el vecino designado a tal efecto trata de abrirse paso entre mis primas y hermanas que lloran colgadas de su chaleco. Un gesto afable pero imperioso de mi padre moviliza al personal de la funeraria; dulcemente empieza a rodar el catafalco, y los oradores oficiales se quedan al pie de la tribuna, mirándose y estrujando los discursos en sus manos húmedas. Por lo regular no nos molestamos en acompanar al difunto hasta la bóveda o sepultura, sino que damos media vuelta y salimos todos juntos, comentando las incidencias del velorio. Desde lejos vemos cómo los parientes corren desesperadamente para agarrar alguno de los cordones del ataúd y se pelean con los vecinos que entre tanto se han posesionado de los cordones y prefieren llevarlos ellos a que los lleven los parientes. ( Julio Cortázar)

      17 de enero

      Los niños y la Guerra Civil

      La Biblioteca Nacional ha rescatado de sus archivos 1.172 dibujos realizados por niños durante la Guerra Civil y ha seleccionado los mejores para montar la exposición A pesar de todo dibujan: la Guerra Civil vista por los niños. La muestra cuenta con 150 dibujos.

      16 de enero

      España no se merece esta derecha

      La nueva colección otoño-invierno 2007 de la marca de ropa de las prostitutas de Río de Janeiro, Daspu, que se presentará próximamente, popularizará las obras inspiradas en las profesionales del sexo, según ha indicado su portavoz, Flavio Lenz.

          Titulada Puta Arte, la nueva colección será presentada el 19 de enero en un callejón adyacente a la Plaza Tiradentes, en pleno corazón de Río, donde las prostitutas de Daspu “hacen la calle”. La celebración del evento se hará de manera paralela a la clausura del gran desfile de moda de la ciudad, el “Fashion Rio ” para luchar contra los prejuicios y estigmas que existen hacia las prostitutas y su profesión. Todas las piezas de la colección son obras realizadas por artistas brasileños y extranjeros y están inspiradas en las “artes” de las prostitutas, “las de ofrecerse a los ojos, a los deseos, a los fantasmas y al tacto”, ha indicado Lenz.

          La colección ha sido elaborada por Gabriela Leite, ex prostituta, creadora de la marca Daspu, lanzada por ella y por un responsable de la ONG de prevención del sida y defensa de los derechos de las prostitutas Davida , que atiende a 4.500 profesionales del sexo en el estado de Río. “La colección ha sido elaborada por Gabriela y diseñada por Sylvio de Oliveira”, ha indicado Lenz, a su vez marido de Gabriela.

          Pintadas o fotografiadas, grabadas o presentes en las letras de las canciones, las prostitutas siempre han sido un tema de inspiración muy utilizado por artistas como Toulouse-Lautrec, Borges, Gauguin, Picasso, Otto Diz o Lasar Segall. “Algunas de sus obras aparecen en las camisetas, vestidos, blazers, faldas, pantalones y leegings de la nueva colección” añade. En la colección se apuesta por los colores blancos y negros y los tonos en azul, rojo o amarillo. Las faldas son ceñidas y los pantalones anchos en su parte inferior. Entre los detalles abundan el oropel, las lentejuelas y los pequeños volantes.

          Más de veinte maniquíes desfilarán y entre ellas habrá prostitutas reales pero también amigos de la causa. Todos juntos bailarán al ritmo de la samba y del funk. El desfile estará realzado con proyecciones de pinturas, grabados, películas y videoclips acerca de los artistas y cantantes que han inspirado la nueva colección de Daspu. El nombre de la marca tampoco es casual y es un juego de letras. Daspu une la primera sílaba de Daslu, la boutique más lujosa de Brasil, y la primera de la palabra “putas”.

           

          15 de enero

           

          cuando improvisar es crear
           •
           •
          o cuando para crear no siempre es necesario improvisar

          Mariano Rajoy, supuesto líder de nuestra derecha nacional, pide a Zapatero que “vuelva al Pacto Antiterrorista” y que “rectifique su error”. Es algo que le piden también los mariachis del Pp, algún grupo de atentos palmeros, y los habituales tontos útiles de nuestra izquierda. Todos a una.

          ¿Para qué quiere don Mariano que se vuelva al Pacto que tan groseramente sepultó el señor Aznar el 11M? Nada se sabe y nada se dice. Igual esta tarde tenemos noticias sobre el particular, aunque lo dudo. Pero el Pacto se ha convertido en un mantra para nuestra derecha que repite, como tantos otros, a cada vuelta de esquina.

          Para la derecha, volver al Pacto es sinónimo de reconocimiento del grave error de Zapatero (la prueba del nueve) y su política antiterrorista . Y del acierto, por supuesto, del Pp al oponerse durante todos estos meses (desde el 14M, es decir, desde el minuto uno, que diría Calleja) y de las formas y maneras de oponerse durante todo este tiempo en todas y cada una de sus modalidades: insultos, mentiras, manifestaciones, etc.

          El Pacto ya no aporta nada. Su utilidad se quebró cuando con 191 muertos en las calles de Madrid, y gritando el gobierno que había sido ETA, el Presidente Aznar se negó a convocarlo. Fue allí donde murió el elemento básico del Pacto: la confianza entre los dos grandes partidos en materia de política antiterrorista. Aznar prefirió a sus asesores electorales que a Zapatero.

          Luego el Pp se encargó de enterrarlo un poco más: utilización política de la lucha antiterrorista; negación al Gobierno del liderazgo en esa lucha; manifestaciones contra el Gobierno, que no contra ETA, por su política antiterrorista y el proceso de paz, etc.

          Visto lo visto durante estos dos años y medio, es decir, la deslealtad del Pp, el PSOE no debe caer en la trampa que la derecha quiere tenderle (una más) con esa nueva apuesta por el Pacto. El Pacto, aquel Pacto, está muerto y bien muerto. Han pasado demasiadas cosas durante estos meses para que ahora nos fiemos de los Acebes, Zaplana, Pedro José o Losantos, que uno ya no sabe quién dirige a esta tropa.

          Si hay que pactar, empecemos de cero y con cuidado.

          Don Mariano debe guardarse de una vez su chistera. Y  darle de comer a su conejo ( y no va con segundas)

          14 de enero

          13 de enero ( manifiesto )

          manifiesto por la paz, la vida, la libertad y contra el terrorismo

          “Allá, donde terminan las fronteras, los caminos se borran. Donde empieza el silencio: avanzo lentamente y pueblo la noche de estrellas, de palabras, de la respiración de un agua remota que me espera donde comienza el alba. Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”

          [Octavio Paz, Libertad bajo palabra]

          Hace dos semanas, en plena efervescencia de buenos deseos para el nuevo año, una bomba mató a Carlos Alonso y a Diego Armando. ETA volvió a atentar contra la vida, haciendo añicos la esperanza honestamente alimentada durante un amplio periodo de tiempo por los hombres y las mujeres que conviven en este país. Una vez más un crimen de ETA, tan inútil como macabro, vuelve a reunirnos en las calles de Madrid.

          Con ellos murieron una parte de los sueños de miles de migrantes que cada día cruzan océanos y desiertos para hacer realidad los derechos humanos básicos para sus familias. En un sistema económico que decide quienes son los dueños de las oportunidades; en un mundo que se gasta más dinero en armas que en medicinas y escuelas, las personas migrantes, como Diego y Carlos, trabajan, sueñan y apuestan por una vida digna para todos. Estamos aquí para mostrarles nuestra solidaridad y apoyo y para condenar con toda nuestra rabia y nuestro pesar este repugnante crimen.

          Pero la bomba del 30 de diciembre también hizo pedazos los sueños de los hombres y las mujeres sin distinción de lugar de nacimiento que, por opción o por azar, tenemos esta tierra como casa. Los que creímos que era posible recuperar el poder de la palabra para conquistar la paz. También de esta negación de la palabra fueron víctimas nuestros compañeros. Ante la inocencia de las victimas se oponía la bajeza de un acto irracional que rompe con la esperanza de las fuerzas democráticas.

          La muerte absurda, terrible, traicionera. La muerte infame, la muerte agazapada ante sus victimas esperaba oscura, indolente en la modernísima terminal 4 del Aeropuerto de Barajas. Esa muerte sin sentido, ni razón, esa emboscada del terror ha golpeado a la sociedad española, a todos los que aquí vivimos y ha truncado la vida de dos compatriotas ecuatorianos.

          Y desde esta Puerta de Alcalá, donde conviven pasado y presente, el primer grito unánime que sale de nuestras gargantas es ¡No al terrorismo, no a ETA! ¡Si a la paz y a la libertad! ¡Si a la unidad para derrotar al terrorismo!

          Nos manifestamos para mostrar nuestra repulsa a ese vil atentado. Nos manifestamos para expresar, en este acto cívico, nuestra firme e irrenunciable determinación de acabar con la lacra de la violencia. Nos manifestamos para apoyar la unidad de los demócratas en torno a los valores de la libertad y a las Instituciones e instrumentos del Estado de Derecho. Es la hora de expresar, una vez más, nuestro reconocimiento y apoyo a la labor realizada por los profesionales de los Servicios de Seguridad y de Urgencias y Emergencias.

          Nos manifestamos en solidaridad con Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, ecuatorianos de origen que vivían, trabajaban y eran parte viva e ilusionada de la sociedad española. Habían venido en busca de la oportunidad de conseguir un trabajo digno y progresar a una vida mejor. Desde hace años aportaban su esfuerzo y contribuían, como el resto de trabajadores españoles, a la prosperidad y el desarrollo del conjunto del país. La organización criminal ETA ha puesto fin a sus vidas, ha roto sus sueños, ha llevado el dolor a sus familias y a sus pueblos.

          La banda terrorista ETA con este sangriento atentado ha decidido dar por concluida la tregua permanente que hace unos meses anunció y terminar con más de tres años sin asesinatos. Se quiebran con ello, nuevamente, la esperanza y los deseos de paz de la sociedad española, y especialmente de la sociedad vasca, manifestados de forma permanente. Y por la forma y el lugar elegido, ETA no sólo ha roto la tregua que unilateralmente declaró, sino que ha pretendido mandar un mensaje de muerte y dolor atentando en un lugar altamente transitado.

          De nuevo de nuestras gargantas sale una exigencia: ¡Que ETA abandone definitivamente la violencia!

          Los terroristas y quienes les avalan y apoyan se vuelven a confundir. Este nuevo crimen como todos los que han cometido hasta ahora es profundamente inútil, solo ha conseguido llevar la muerte y el dolor a dos trabajadores y sus familias cuando se disponían a reunirse viajando a su querido Ecuador. Se equivocan cuando desoyen el clamor unánime a favor de la paz y de la convivencia pacífica y caen en un trágico error si creen que con la coacción, con el chantaje y con el terror van a provocar la fractura del marco democrático y quebrar la voluntad de los demócratas.

          Se equivocan quienes creyeron que las muertes de Diego y Carlos nos dejaron sin palabras. No conseguirán acallar las voces de quienes estamos profundamente convencidos, como decía nuestro hermano y compañero Víctor Jara, de “el derecho de vivir en paz”. No serán nuestros compañeros asesinados el pretexto. Ni las armas, ni aquellos que pretenden instrumentar nuestro dolor, acabarán con la esperanza de que el ejercicio de la palabra traiga la paz y la libertad a lo largo y ancho del territorio español.

          En estos momentos difíciles, el pueblo andino y el pueblo de Madrid se sienten hermanados en el dolor y la esperanza, así como agradecidos a las múltiples muestras de solidaridad. Estamos profundamente convencidos y convencidas de que en esta sociedad global cada vez somos más las personas que entendemos que ningún hecho tiene consecuencias aisladas. Cada vez es más evidente que los conflictos armados, el deterioro ecológico y la pobreza son problemas de todos y todas. Los seres humanos y los pueblos que compartimos esta tierra, nuestra pachamama, estamos necesariamente hermanados en la construcción de un mundo más sostenible, más justo y en paz.

          Las organizaciones convocantes de esta manifestación y todas aquellas que se han adherido a la misma, los ciudadanos aquí presentes, le decimos una vez más a ETA que no nos va a amedrentar. Queremos decirle a ETA que si su propósito con este atentado es que los demócratas cedamos a su reto y a sus intenciones, sabe ya que tiene la batalla perdida. No lo ha conseguido en 40 años. No lo ha conseguido ahora. No lo conseguirá nunca. Queremos decirle a ETA que si piensa que nosotros, unidos en los valores y las instituciones del Estado de Derecho, vamos a abdicar de nuestras ansias de paz y libertad, renunciando a luchar por el fin del terrorismo, está muy equivocada. Todos nosotros le decimos a ETA que ha elegido el peor, el más inútil de los caminos. Este final de tregua, sólo servirá para prolongar el sufrimiento, ni antes ni ahora alcanzará objetivo político alguno.

          A tantas víctimas que el terrorismo etarra ha provocado a lo largo de estos años se han unido ahora, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Todas ellas son la prueba palpable de la irracionalidad y la inutilidad del terrorismo. Cada una de ellas constituye para nosotros un referente moral. El compromiso social y la obligación de reconocer su sacrificio se hace más fuerte cada día. Por eso, queremos que este acto sea un homenaje a Carlos, a Diego y a las miles de personas y sus familias que han sufrido el brutal zarpazo del terrorismo en España.

          Urgimos a la unidad de todos los partidos democráticos, de todas las organizaciones sociales y de todos los ciudadanos y ciudadanas en torno a las Instituciones Democráticas, para hacer frente al terrorismo, derrotarlo y poner fin a la violencia, sentando las bases de la paz y la libertad.

          En democracia hay un tiempo para la discrepancia y la crítica, pero hoy nos atrevemos a pedir que, sin renunciar a ellas y por encima de cualquier otra consideración, sea el tiempo de la voluntad por poner fin a ETA y conseguir la paz.

          Es mucho más lo que nos une a los demócratas y sus organizaciones representativas de lo que pueda separarnos, y no entenderíamos que los partidos que nos representan y en quienes depositamos nuestra confianza los ciudadanos, no hiciesen todos los esfuerzos necesarios para terminar con el terrorismo.

          Cuando lo consigamos, trabajando juntos por ello, nuestra sociedad será más libre y más digna, habremos dejado atrás el horror y habremos dignificado por completo el sacrificio de quienes dieron su vida por ello, entre ellos Carlos y Diego Armando.

          El sueño de paz que albergamos no es una utopía, es la fuerza de la esperanza que late en todos los aquí reunidos y en toda España, los aquí reunidos abrazados en esa esperanza gritamos “por la paz, la vida, la libertad y contra el terrorismo”.

          Y aquí seguiremos apostando por la vida, por la paz, por el derecho a vivir en libertad y por la necesidad de entendernos para caminar juntos.

          Shuc makilla, shuc yuyailla, shuc shungulla!!

          ¡Un solo puño, un solo pensamiento y un solo corazón

          13 de enero

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          Algunos entusiasmos juegan malas pasadas

           

          La droga es buena: un testimonio evidente. La homosexualidad es mala.
          Clases de religión para jóvenes
          ( es de verdad pero no duden en descojonarse)
          En ese dilema entre libertad o paz, tan falsamente puesto sobre el tapete por nuestra derecha, conviene que los desmemoriados repasen las hemerotecas. Hubiera querido traer aquí las veces que periódicos como El Mundo o ABC hablaban sin ningún complejo en la anterior tregua de PAZ. ABC, por ejemplo, antetitulaba todas las informaciones sobre la tregua del 98 con un "el proceso de paz". Son tantas las referencias en las hemerotecas en estos dos periódicos que es imposible reseñarlas en un post. Destaco una audiencia del Papa Juan Pablo II a una delegación española a los pocos meses de iniciada la tregua de 1998. El Papa deseaba a todos que la PAZ, por fin, se hiciera realidad en España. Sus palabras fueron portada en ABC y EL Mundo y ampliamente difundidas por las televisiones y radios controladas por la derecha. (¿controla la izquierda algún medio en este país?, por cierto)
          Ayer proyectó Documenta2, en TV2,  el magnífico documental producido por Querejeta, "Perseguidos", donde narra la vida de dos ediles vascos, y sus familias y escoltas, en la Euskadi actual ( donde actual es desde hace 40 larguísimos años) con la terrible condena de muerte decretada por el nacionalismo asesino ( valga la redundancia). Reconozco que la escena final, donde los dos ediles, a altas horas de la noche, se escapan de sus escoltas para pasear libres por el pueblo y llegan hasta el mar y comparten unas copas, me emocionó. La película termina con la pregunta que uno le hace al otro: ¿quién será el próximo?
          Esos dos ediles forman parte de los imprescindibles. Por ellos, y por los que están como ellos, hay que intentar que la PAZ, es decir, la libertad, llegue a esas tierras, se llamen como se llamen, tengan las fronteras que tengan, sean, como son, nuestras y de todos.
          manifiesto por la paz, la vida, la libertad y contra el terrorismo

          “Allá, donde terminan las fronteras, los caminos se borran. Donde empieza el silencio: avanzo lentamente y pueblo la noche de estrellas, de palabras, de la respiración de un agua remota que me espera donde comienza el alba. Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”

          [Octavio Paz, Libertad bajo palabra]

          Hace dos semanas, en plena efervescencia de buenos deseos para el nuevo año, una bomba mató a Carlos Alonso y a Diego Armando. ETA volvió a atentar contra la vida, haciendo añicos la esperanza honestamente alimentada durante un amplio periodo de tiempo por los hombres y las mujeres que conviven en este país. Una vez más un crimen de ETA, tan inútil como macabro, vuelve a reunirnos en las calles de Madrid.

          Con ellos murieron una parte de los sueños de miles de migrantes que cada día cruzan océanos y desiertos para hacer realidad los derechos humanos básicos para sus familias. En un sistema económico que decide quienes son los dueños de las oportunidades; en un mundo que se gasta más dinero en armas que en medicinas y escuelas, las personas migrantes, como Diego y Carlos, trabajan, sueñan y apuestan por una vida digna para todos. Estamos aquí para mostrarles nuestra solidaridad y apoyo y para condenar con toda nuestra rabia y nuestro pesar este repugnante crimen.

          Pero la bomba del 30 de diciembre también hizo pedazos los sueños de los hombres y las mujeres sin distinción de lugar de nacimiento que, por opción o por azar, tenemos esta tierra como casa. Los que creímos que era posible recuperar el poder de la palabra para conquistar la paz. También de esta negación de la palabra fueron víctimas nuestros compañeros. Ante la inocencia de las victimas se oponía la bajeza de un acto irracional que rompe con la esperanza de las fuerzas democráticas.

          La muerte absurda, terrible, traicionera. La muerte infame, la muerte agazapada ante sus victimas esperaba oscura, indolente en la modernísima terminal 4 del Aeropuerto de Barajas. Esa muerte sin sentido, ni razón, esa emboscada del terror ha golpeado a la sociedad española, a todos los que aquí vivimos y ha truncado la vida de dos compatriotas ecuatorianos.

          Y desde esta Puerta de Alcalá, donde conviven pasado y presente, el primer grito unánime que sale de nuestras gargantas es ¡No al terrorismo, no a ETA! ¡Si a la paz y a la libertad! ¡Si a la unidad para derrotar al terrorismo!

          Nos manifestamos para mostrar nuestra repulsa a ese vil atentado. Nos manifestamos para expresar, en este acto cívico, nuestra firme e irrenunciable determinación de acabar con la lacra de la violencia. Nos manifestamos para apoyar la unidad de los demócratas en torno a los valores de la libertad y a las Instituciones e instrumentos del Estado de Derecho. Es la hora de expresar, una vez más, nuestro reconocimiento y apoyo a la labor realizada por los profesionales de los Servicios de Seguridad y de Urgencias y Emergencias.

          Nos manifestamos en solidaridad con Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, ecuatorianos de origen que vivían, trabajaban y eran parte viva e ilusionada de la sociedad española. Habían venido en busca de la oportunidad de conseguir un trabajo digno y progresar a una vida mejor. Desde hace años aportaban su esfuerzo y contribuían, como el resto de trabajadores españoles, a la prosperidad y el desarrollo del conjunto del país. La organización criminal ETA ha puesto fin a sus vidas, ha roto sus sueños, ha llevado el dolor a sus familias y a sus pueblos.

          La banda terrorista ETA con este sangriento atentado ha decidido dar por concluida la tregua permanente que hace unos meses anunció y terminar con más de tres años sin asesinatos. Se quiebran con ello, nuevamente, la esperanza y los deseos de paz de la sociedad española, y especialmente de la sociedad vasca, manifestados de forma permanente. Y por la forma y el lugar elegido, ETA no sólo ha roto la tregua que unilateralmente declaró, sino que ha pretendido mandar un mensaje de muerte y dolor atentando en un lugar altamente transitado.

          De nuevo de nuestras gargantas sale una exigencia: ¡Que ETA abandone definitivamente la violencia!

          Los terroristas y quienes les avalan y apoyan se vuelven a confundir. Este nuevo crimen como todos los que han cometido hasta ahora es profundamente inútil, solo ha conseguido llevar la muerte y el dolor a dos trabajadores y sus familias cuando se disponían a reunirse viajando a su querido Ecuador. Se equivocan cuando desoyen el clamor unánime a favor de la paz y de la convivencia pacífica y caen en un trágico error si creen que con la coacción, con el chantaje y con el terror van a provocar la fractura del marco democrático y quebrar la voluntad de los demócratas.

          Se equivocan quienes creyeron que las muertes de Diego y Carlos nos dejaron sin palabras. No conseguirán acallar las voces de quienes estamos profundamente convencidos, como decía nuestro hermano y compañero Víctor Jara, de “el derecho de vivir en paz”. No serán nuestros compañeros asesinados el pretexto. Ni las armas, ni aquellos que pretenden instrumentar nuestro dolor, acabarán con la esperanza de que el ejercicio de la palabra traiga la paz y la libertad a lo largo y ancho del territorio español.

          En estos momentos difíciles, el pueblo andino y el pueblo de Madrid se sienten hermanados en el dolor y la esperanza, así como agradecidos a las múltiples muestras de solidaridad. Estamos profundamente convencidos y convencidas de que en esta sociedad global cada vez somos más las personas que entendemos que ningún hecho tiene consecuencias aisladas. Cada vez es más evidente que los conflictos armados, el deterioro ecológico y la pobreza son problemas de todos y todas. Los seres humanos y los pueblos que compartimos esta tierra, nuestra pachamama, estamos necesariamente hermanados en la construcción de un mundo más sostenible, más justo y en paz.

          Las organizaciones convocantes de esta manifestación y todas aquellas que se han adherido a la misma, los ciudadanos aquí presentes, le decimos una vez más a ETA que no nos va a amedrentar. Queremos decirle a ETA que si su propósito con este atentado es que los demócratas cedamos a su reto y a sus intenciones, sabe ya que tiene la batalla perdida. No lo ha conseguido en 40 años. No lo ha conseguido ahora. No lo conseguirá nunca. Queremos decirle a ETA que si piensa que nosotros, unidos en los valores y las instituciones del Estado de Derecho, vamos a abdicar de nuestras ansias de paz y libertad, renunciando a luchar por el fin del terrorismo, está muy equivocada. Todos nosotros le decimos a ETA que ha elegido el peor, el más inútil de los caminos. Este final de tregua, sólo servirá para prolongar el sufrimiento, ni antes ni ahora alcanzará objetivo político alguno.

          A tantas víctimas que el terrorismo etarra ha provocado a lo largo de estos años se han unido ahora, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Todas ellas son la prueba palpable de la irracionalidad y la inutilidad del terrorismo. Cada una de ellas constituye para nosotros un referente moral. El compromiso social y la obligación de reconocer su sacrificio se hace más fuerte cada día. Por eso, queremos que este acto sea un homenaje a Carlos, a Diego y a las miles de personas y sus familias que han sufrido el brutal zarpazo del terrorismo en España.

          Urgimos a la unidad de todos los partidos democráticos, de todas las organizaciones sociales y de todos los ciudadanos y ciudadanas en torno a las Instituciones Democráticas, para hacer frente al terrorismo, derrotarlo y poner fin a la violencia, sentando las bases de la paz y la libertad.

          En democracia hay un tiempo para la discrepancia y la crítica, pero hoy nos atrevemos a pedir que, sin renunciar a ellas y por encima de cualquier otra consideración, sea el tiempo de la voluntad por poner fin a ETA y conseguir la paz.

          Es mucho más lo que nos une a los demócratas y sus organizaciones representativas de lo que pueda separarnos, y no entenderíamos que los partidos que nos representan y en quienes depositamos nuestra confianza los ciudadanos, no hiciesen todos los esfuerzos necesarios para terminar con el terrorismo.

          Cuando lo consigamos, trabajando juntos por ello, nuestra sociedad será más libre y más digna, habremos dejado atrás el horror y habremos dignificado por completo el sacrificio de quienes dieron su vida por ello, entre ellos Carlos y Diego Armando.

          El sueño de paz que albergamos no es una utopía, es la fuerza de la esperanza que late en todos los aquí reunidos y en toda España, los aquí reunidos abrazados en esa esperanza gritamos “por la paz, la vida, la libertad y contra el terrorismo”.

          Y aquí seguiremos apostando por la vida, por la paz, por el derecho a vivir en libertad y por la necesidad de entendernos para caminar juntos.

          Shuc makilla, shuc yuyailla, shuc shungulla!!

          ¡Un solo puño, un solo pensamiento y un solo corazón

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          12 de enero

          Científicos logran crear un mapa detallado del "andamio" cósmico de materia oscura que constituye las bases del universo.

          La materia oscura no refleja ni emite luz detectable, sin embargo, constituye la mayoría de la materia en el universo. El estudio, publicado en la revista Nature, provee la mejor evidencia hasta ahora de que la distribución de las galaxias depende de la distribución de la materia oscura.Esto se debe a que la materia oscura atrae a la materia "ordinaria" dentro de su campo gravitacional.

          Los científicos presentaron los detalles de la investigación durante una rueda de presa en la ciudad estadounidense de Seattle, durante la reunión de la Sociedad Astronómica de Estados Unidos, AAS(por sus siglas en inglés).La investigación involucró casi 1.000 horas de observaciones utilizando el telescopio espacial Hubble.De acuerdo a uno de los científicos, los descubrimientos prevén una "bella confirmación" de las teorías aceptadas para explicar cómo las estructuras del universo evolucionaron a través de miles de millones de años. Materia ordinaria - gas, estrellas, planetas y galaxias - constituyen sólo una sexta parte de toda la materia del universo. El resto es invisible.

          Mapa tridimensional

          Mientras que los estudios anteriores de la materia oscura se basaban en simulaciones, este presenta imágenes tridimensionales de su distribución de gran escala. Para los astrónomos, el desafío de crear un mapa del universo ha sido comparado a trazar un mapa de una ciudad utilizando únicamente fotografías aéreas nocturnas que sólo muestran las luces de las calles. La materia oscura es invisible, de manera que sólo las galaxias luminosas pueden ser vistas directamente. Las nuevas imágenes son el equivalente a ver una ciudad, sus suburbios y carreteras secundarias a la luz del día por primera vez. No obstante, existen discrepancias preocupantes.

          Luz curva

          El mapa de la distribución de la masa está basado en medidas tomadas de aproximadamente medio millón de galaxias distantes. El director del estudio, Richard Massey, dijo que él y sus colegas utilizaron una técnica conocida como "lente gravitatoria débil" para detectar la materia oscura.Para llegar hasta nosotros, la luz de las galaxias debe atravesar la materia oscura que está en su paso. Esta materia oscura curva la luz de la misma manera que sucede cuando la luz atraviesa un lente.

          "Si se coloca un poco de materia oscura en su paso, esta materia oscura - con su gravedad - dobla el rayo de luz", comentó el Dr. Massey del Instituto de Tecnología de California, en Pasadena, EE.UU.

          Para añadir la información tridimensional, las observaciones del Hubble fueron combinadas con datos multicolores recopilados por poderosos telescopios terrestres.El mapa de la distribución de materia oscura confirma que grupos de galaxias están localizados entre concentraciones de este material invisible.Estas concentraciones están conectadas por medio de puentes de materia oscura llamados filamentos. Las acumulaciones y los filamentos forman un sistema de redes sueltas, como una malla. El profesor Carlos Frenk, de la Universidad de Durham, Reino Unido, dijo a la BBC que la técnica utilizada es el camino del futuro.

          Fría y oscura

          El astrónomo se refirió a los resultados como una "bella confirmación" de la teoría de la fría materia oscura sobre la cual trabaja. Esta teoría es el modelo principal que se utiliza para explicar cómo evolucionaron las estructuras del Universo a través del tiempo cósmico. Muy pronto después del Big Bang (la gran explosión que originó el universo) fría materia oscura formó las primeras grandes estructuras del cosmos, que se colapsaron bajo su propio peso y formaron amplios halos. La fuerza gravitacional de estos halos atrayeron materia ordinaria, presentando las bases para la formación de galaxias.

          Discrepancias

          Sin embargo, existen discrepancias aún no resueltas donde los investigadores observaron concentraciones de materia oscura que parecían no tener materia ordinaria correspondiente. "Encontrar lo que llamamos concentraciones 'desnudas' de materia oscura que no tienen galaxias me parece muy extraño. Todas estas concentraciones deberían tener galaxias", comentó Carlos Frenk. Por el momento, nadie está comentando sobre la necesidad de revisar los modelos cosmológicos, pero el profesor Frenk dijo que todo depende del tamaño de estas anomalías.

          Nota de BBCMundo.com

          11 de enero

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          Las Ruinas Circulares

          And if he left off dreamíng about you...

           Through the Looking-Glass, IV

          Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra, Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendi6 bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos" pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

          El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

          Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

          A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de bueno afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

          Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

          Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aún sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retornó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

          En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

          El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

          Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer – y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

          Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.

          El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

          Borges

          Amy Bennett

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