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el mundo fragmentado

Vicente Aleixandre (España, 1898-1984)

Vicente Aleixandre (España, 1898-1984)

Unidad en ella

" Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo. "

17 de Febrero de 2006

17 de Febrero de 2006

Que nuestros líderes políticos mundiales reaccionen ante una ficción (caricaturas) , que no tengan mucho que decir sobre la realidad (torturas), incluso que ninguno se haga responsable de esa realidad , que les cuestiona directamente sin dibujitos ni chorradas, es sólo por su relativismo ambivalente que les permite sobrevivir en el más pútrido vacío ético.

Rodrigo Fresán (Argentina, 1963)

Rodrigo Fresán  (Argentina, 1963)

Vidas de santos (fragmento)

" Dentro de una historia compuesta por aromas y gustos, la geografía es el más accesorio de los ingredientes, la capacidad de orientación el más prescindible de todos los condimentos.
Escribo todo esto en un cuarto del Sagrado Hotel de Todos los Santos en la Tierra. En un lugar llamado Canciones Tristes que ­no, ni siquiera intentes buscarlo: ha escapado a la mordaza de los mapas y los sextantes para aparecer y desaparecer, aquí y allá, en diferentes playas del planeta dejando tras de sí la insuficiente espuma de las preguntas. ¿Es el mar o el desierto lo que escucho desde mi ventana? ¿O es acaso la inmemorial respiración de un ser superior, de alguien que lo conoce todo porque es quien dicta las instrucciones para que nosotros las sigamos con festiva resignación de corderos? ¿Me encuentro próximo al rumor de pacíficas aguas, de arenas bautismales o se trata, apenas, del clamoroso rugido de las fuentes que alimentan al Nilo de mi locura?
En el Sagrado Hotel de Todos los Santos en la Tierra los cuartos son buenos, la atención tan esmerada como silenciosa y en el tiempo ­¿días? ¿meses? ¿años?­ que llevo aquí, difícilmente me he cruzado con alguien por los pasillos. Atisbo apenas sombras sin nombre, transparencias que nada me cuesta superponer a las de los ángeles. Todavía no he tenido la ocasión de probar la comida y lo importante en el principio, insisto, es aquella figura solitaria, plantada en el paisaje vacío como ese detalle aparentemente nimio pero que, si se lo estudia con un poco de respeto, acaba apuntalando toda la catedral de la perspectiva. "

Alejandra Pizarnik (Argentina, 1936-1972)

Alejandra Pizarnik (Argentina, 1936-1972)

El despertar, de Las aventuras perdidas

" Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo. "

16 de Febrero de 2006

16 de Febrero de 2006

Truman Capote escribió un gran libro: A sangre fría. Fue considerado el nacimiento del "nuevo periodismo", esa ambigua mezcla de narración literaria y hechos reales. He vuelto a leerlo, casi treinta años después de la primera lectura y el libro me sigue gustando tanto por su fuerza narrativa como por los acontecimientos que describe. Pasados estos treinta años de reposo, sólo añadiría a la portada de mi ejemplar una palabra: ficción. Cuando uno lee este libro preguntándose tras cada frase la pregunta clave del periodismo: ¿Y usted cómo lo sabe? muchas son las cuestiones que quedan en el aire. Por ejemplo, esos últimos instantes de los ejecutados es pura ficción. Ahora sabemos, por las cartas que se han publicado, que Truman no estuvo presente en esas ejecuciones legales. Es lo de menos. Lo peor es ese relato íntimo segundos antes de la muerte. Si como ficción es una obra maestra, más allá de utilizar elementos de la realidad, como toda ficción, añadirle la palabra periodismos me parece falso. Para "nuevo periodismo" prefiero a Terry Southern y su maravilloso libro, A la Rica Marihuana. Y de Truman, lo mejor, Música para Camaleones.

Dashiell Hammett(EEUU, 1894-1961)

Dashiell Hammett(EEUU, 1894-1961)

Cosecha roja (fragmento)

" La primera persona a quien oí llamar Poisonville a la ciudad de Personville fue un zafrero pelirrojo, n el Gran Barco de Butte. Pero también cambiaba en diptongos otras erres. Y no presté atención a lo que hiciera con el nombre de la ciudad. Más tarde escuché a otros el nombre de igual manera. Aun así, no vi en ello sino un ejemplo más de ese inane donaire que suele inspirar los retruécanos de la germanía. Pero unos años más tarde fui a Personville y entonces comprendí mejor el porqué.
Durante cuarenta años, Elihu Willsson, el viejo, padre del que había muerto aquella noche, fue el dueño de Personville, en corazón, alma, piel y entrañas. Era presidente y accionista mayoritario de la Personville Mining Corporation, así como del First National Bank, propietario del Morning Herald y del Evening Herald, los únicos periódicos de la ciudad, y copropietario al menos de todas las demás empresas de alguna importancia. Aparte de estos bienes, era propietario de un senador de los Estados Unidos, de un par de diputados, del gobernador, del alcalde y de la mayor parte de los diputados del Estado. Elihu Wilsson era Personville y casi todo el Estado. "

Osip Mandelstam(Rusia, 1891-1938)

Osip Mandelstam(Rusia, 1891-1938)

Guarda siempre mi palabra

" Guarda siempre mi palabra tras un dejo de desgracia y humo,
Tras la resina de la paciencia circular, tras la brea vergonzosa del trabajo... 
Como el agua que en los pozos de Novgorod debe ser negra y dulce, 
Para que en la Navidad se refleje en ella la estrella de siete alas. 
Y por ello, padre mío, mi amigo y burdo ayudante, 
Soy un hermano bastardo, un renegado del pueblo, 
Que promete edificar grandes y frondosas construcciones 
Para que en ellas se mueran los príncipes. 
Ojalá me amaran sólo a mí estos parajes helados 
Como los bolos que, apuntando a la muerte, golpean el jardín. 
Aunque pase toda la vida en una camisa de hierro 
Encontraré para la ejecución un hacha en el bosque. "

15 de Febrero de 2006

15 de Febrero de 2006

Roberto Torretta hace un potente recital en negros sobre negros  

Este titular en El Pais.es. La Pasarela Cibeles. Me he acordado de mi amiga Mercedes, hoy en Oviedo. Con 33 años dejó Caracas y un buen puesto de trabajo en el Ministerio de Hacienda venezolano. Después de un año en España, tras varios trabajos impresentables a los ojos de la dignidad humana, entró en El Corte Inglés, aunque quien le pagaba era Roberto Torretta, pues era la tienda del modisto, dentro del centro comercial de Castellana, su lugar de trabajo. Y le pagaba mal, muy mal. Casi tan mal como El Corte Inglés paga a sus empleados/as. Muchos días sus horarios comprendían toda la jornada laboral, de 10 de la mañana a 10 de la noche. También sábados y domingos. Contrato temporal sobre contrato temporal. Con las comisiones sobre ventas podía llegar a los mil euros mensuales. Mercedes pagaba un alquiler de 400 euros gracias a que compartía vivienda con otra compañera. Con los 600 euros restantes vivía todo el mes.

Licenciada en Dirección de Empresas, responsable de los tratados de cooperación entre España y Venezuela, exejecutiva de IBM, habla el ingés a mayor velocidad que el castellano, que ya es decir. Conoce toda la fiscalidad hispano-venezolana mejor que Hugo Chaves y sus mariachis del petróleo. Le hubiera gustado ser inspectora de Hacienda y , dado que le era imposible salir de copas, se puso a preparar las oposiciones en una academia, pero el Ministerio de Educación español le dijo que tenía que convalidar tres asignaturas para homologarle el título. Desistió y siguió con Torretta.

Hoy vive en Oviedo, gracias a El Corte Inglés y un nuevo trabajo temporal que le ha llevado a ser su dependienta preferida, pues sigue con las jornadas de 12 horas por aquello de ganar algo más.Mercedes en Oviedo, con tres gatos, dos perros y algunos otros animales de compañía que ella sabe dominar como nadie, conocedora de todos los mamíferos como buena venezolana hija de españoles.

Sorpresa: Mercedes es una ultraliberal, detesta a Chaves, vota al Pp, habla maravillas de Aznar, de los EEUU y sus dirigentes, le encanta Miami y sus cubanos exiliados, echa pestes de los socialistas y jamás le he oído quejarse de llevar una vida de perros. Una vez me dijo: "Aznar me pone". Se lo hice repetir porque creía no haberla escuchado bien. Me lo repitió y se echó a reir. "Te lo juro", añadió. Fue esta última confesión la que me hizo acordarme de la frase de "el guerra" (el torero): "hay gente pa to".

Ella no lo dice, pero yo he llegado a la conclusión que le encanta cachondearse del personal. Y me parece muy bien.

Virginia Woolf- Adeline Virginia Stephen -(Gran Bretaña, 1882-1941)

Virginia Woolf- Adeline Virginia Stephen -(Gran Bretaña, 1882-1941)

Las olas (fragmento)

" El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. "

Ana Akhmatova- Anna Andreievna Gorenko -(Rusia, 1889-1966)

Ana Akhmatova- Anna Andreievna Gorenko -(Rusia, 1889-1966)

Cuando la luna es de melón

" Cuando la luna es de melón una tajada en la ventana
y en redor es la calina cerrada la puerta y la casa encantada
por las azules ramas de glicinas y en la fuente de arcilla hay agua fría
y la nieve del paño y arde una bujía de cera
tal que en la niñez, mariposas zumban
la calma, que no oye mi palabra, retumba
entonces de lo negro de rincones rembrandtianos algo se ovilla de pronto
y se esconde allí a mano, pero no me estremezco, ni me asusto siquiera...
la soledad en sus redes me hizo prisionera
el gato negro el alma me mira, como ojos centenarios
y en el espejo mi doble es tal vez mi contrario.
Voy a dormir dulcemente, buenas noches, noche. "

14 de Febrero de 2006

14 de Febrero de 2006

La foto es de August Sander, fotógrafo alemán. Pertenece a la colección Ordóñez-Falcón, una de las mejores colecciones privadas de la historia de la fotografía. Se titula "Revolución" y está fechada en 1.929. Sander, fotografió los rostros de una época en Alemania. Con la llegada del nacionalsocialismo al poder fue perseguido, dedicándose el resto de su días a la fotografía de paisajes.

Son muchas las razones para que esa fotografía me atraiga: sus miradas, la delgadez de sus cuerpos, la languidez de sus brazos y manos, sus gafas, la descuidada pose,  fruto, seguramente, de una intensa vida, la camaradería de sus gestos, sus barbas y ropas conformando una única piel...Pero no puedo evitar caer en el fetichismo de sus botas, iguales las tres, negras, de piel lánguida, ajustadas a su pies, abrochas con cordones, maravillosas.

¿Alguien sabe dónde se las han comprado?

Carson McCullers

Carson McCullers

La balada del café triste (fragmento)

" Ante todo, el amor es una experiencia compartida por dos personas, pero esto no quiere decir que la experiencia sea la misma para las dos personas interesadas. Hay el amante y el amado, pero estos dos proceden de regiones distintas. Muchas veces la persona amada es sólo un estímulo para todo el amor dormido que se ha ido acumulando desde hace tiempo en el corazón del amante. Y de un modo u otro todo amante lo sabe. Siente en su alma que su amor es algo solitario. Conoce una nueva y extraña soledad, y este conocimiento le hace sufrir. Así que el amante apenas puede hacer una cosa: cobijar su amor en su corazón lo mejor posible; debe crearse un mundo interior completamente nuevo, un mundo intenso y extraño, completo en sí mismo. Y hay que añadir que este amante no tiene que ser necesariamente un joven que esté ahorrando para comprar un anillo de boda: este amante puede ser hombre, mujer, niño; en efecto, cualquier criatura humana sobre esta tierra. Pues bien, el amado también puede pertenecer a cualquier categoría. La persona más estrafalaria puede ser un estímulo para el amor. Un hombre puede ser un bisabuelo chocho y seguir amando a una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw dos décadas atrás. Un predicador puede amar a una mujer de la vida. El amado puede ser traicionero, astuto o tener malas costumbres. Sí, y el amante puede verlo tan claramente como los demás, pero sin que ello afecte en absoluto la evolución de su amor. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor turbulento, extravagante y hermoso como los lirios venenosos de la ciénaga. Un buen hombre puede ser el estímulo para un amor violento y degradado, y un loco tartamudo puede despertar en el alma de alguien un cariño tierno y sencillo. Por lo tanto, el valor y la calidad del amor están determinados únicamente por el propio amante. Por este motivo, la mayoría de nosotros preferimos amar que ser amados. Casi todo el mundo quiere ser el amante. Y la verdad a secas es que de un modo profundamente secreto, la condición de ser amado es, para muchos, intolerable. El amado teme y odia al amante, y con toda la razón. Pues el amante está tratando continuamente de desnudar al amado. El amante implora cualquier posible relación con el amado, incluso si esta experiencia sólo puede causarle dolor.
(...)
La bebida de la señorita Amelia tiene una cualidad especial. Se nota limpia y fuerte en la lengua, pero una vez dentro de uno irradia un calor agradable durante mucho tiempo. Y eso no es todo. Como es sabido, si se escribe un mensaje con jugo de limón en una hoja de papel, no quedan señas de él. Pero si se pone el papel un momento delante del fuego, las letras se vuelven marrones y se puede leer lo que contiene. Imaginen que el whisky es el fuego y que el mensaje es lo más recóndito del alma de un hombre: sólo así se comprende lo que vale la bebida de la señorita Amelia. Cosas que han pasado inadvertidas, pensamientos ocultos en la profunda oscuridad de la mente, de pronto son reconocidos y comprendidos. Un obrero textil que no piensa más que en telar, en la fresquera, en la cama y vuelta al telar; este obrero bebe unas copas el domingo y se tropieza con un lirio de la ciénaga. Y toma esta flor y la pone en la palma de su mano, examina el delicado cáliz de oro y de pronto le invade una dulzura tan intensa como un dolor. Y ese obrero levanta de pronto la mirada y ve por primera vez el frío y misterioso resplandor del cielo de una noche de enero, y un profundo terror ante su propia pequeñez le oprime el corazón. Cosas como éstas son las que ocurren cuando uno ha tomado la bebida de la señorita Amelia. Uno podrá sufrir o podrá consumirse de alegría, pero la experiencia le habrá mostrado la verdad; habrá calentado su alma y habrá visto el mensaje que se ocultaba en ella.
(...)
La verdadera historia de amor es la que tiene lugar en el corazón de los amantes, y ésta nadie sino ellos pueden llegar a conocerla. El amor en todo caso es una experiencia en la que siempre conviven lo cómico y lo sublime. "

Sylvia Plath

Sylvia Plath

Canción de amor de la joven loca

" Cierro los ojos y el mundo muere;
Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).

Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.

Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).

Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Escapan serafines y soldados de satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.

Imaginé que volverías como dijiste,
Pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).

Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente). "

13 de Febrero de 2006

13 de Febrero de 2006

Es terrible, pero en Google sólo encuentro dos referencias de Margaret Buber-Newman.

Una, en la Fundación Andrés Nin; otra, en una web italiana. Dos referencias. Buber.Newman vivió y padeció los dos grandes horrores del siglo pasado: el estalinismo y el nacismo. Comunista alemana, casada con un alto cargo del Kominter, sufrió prisión en Rusia, donde su marido fue ejecutado por Stalin, para, posteriormente, gracias al pacto Stalin-Hitler, pasar a manos alemanas y sus campos de concentración. Dejó varios libros sobre su experiencia en ambos infiernos pero especialmente recuerdo ahora su libro "Milena". Milena Jasenka fue la amante casi platónica de Kafka, citada en sus maravillosos diarios, con la que compartió apenas dos días de encuentro clandestino durante varios años (Milena estaba casada con un conocido arquitecto, y era ella también una conocida intelectual). En "Milena", Margaret relata su convivencia con Milena en el campo de concentración. Curiosamente, Milena era la persona fuerte y vigorosa , capaz de mantener la esperanza hasta el último momento; Margaret, como ella reconoce en el libro, siempre estuvo segura de su muerte. Milena murió en el campo de concentración, mientras Margarett salió con vida y nos dejó, entre otros, el relato de aquellos días terribles y el recuerdo escrito de Milena.

Milena, editado por Lumen, está descatalogado. Salvo en librerias de viejo o internet, resulta muy difícil conseguir ese maravilloso libro. Eso dice mucho de lo frágil que es la memoria del horror.

Franz Kafka

Franz Kafka

La metamorfosis (fragmento)

" Cuando Gregorio Samsa despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama convertido en un insecto monstruoso. Estaba echado sobre el quitinoso caparazón de su espalda, y al levantar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas durezas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia. "

Nicanor Parra

Nicanor Parra

Sólo de piano, de Poemas y antipoemas

" Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia,
Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
Ya que nosotros mismos no somos más que seres
(Como el dios mismo no es otra cosa que dios)
Ya que no hablamos para ser escuchados
Sino para que los demás hablen
Y el eco es anterior a las voces que lo producen;
Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
En el jardín que bosteza y que se llena de aire,
Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
Para poder resucitar después tranquilamente
Cuando se ha usado en exceso de la mujer;
Ya que también existe un cielo en el infierno,
Dejad que yo también haga algunas cosas:
Yo quiero hacer un ruido con los pies
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo. "

12 de Febrero de 2006

12 de Febrero de 2006

Esas dos sensaciones se producen junto al mar, sobre la arena. La primera, a la hora de más calor, cuando el sol está más próximo a nuestra piel y la línea del horizonte se difumina a los ojos del poeta. La segunda, horas más tarde, cuando todos se han marchado de la playa, la luz se apaga en estampida, y el mar es ya sólo un rugido de animal herido. En ambas, quedarás durante breves segundos atento al temblor de tus pensamientos. Indispensable, llevar calzado.

En ARCO, ayer. ¿Qué te lleva a pararte ante una obra y despreciar a otras? El arte nos interroga en lo más profundo de lo que somos, aunque sigamos confundiendo los sentidos con la arquitectura de nuestra vida, y nos grita levemente, por ahí sí, por ahí no, como cuando nuestras madres nos aconsejaban no pararnos hasta llegar a casa desde el colegio. Indispensable, también, llevar calzado.

 

 

Thomas Bernhard

Thomas Bernhard

 El sótano (fragmento)
" El sótano era, para muchas de esas personas del poblado, una y otra vez la única y última salvación. Muchas habían convertido su visita al sótano en costumbre y aparecían día tras día, no era por falta de dinero por lo que, llegado el caso, entraban varias veces al día en el sótano, para comprar una pequeñez, por ejemplo cincuenta gramos de mantequilla, sino porque, de ese modo, tenían la posibilidad de bajar al sótano con intervalos más breves que, según parecía, necesitaban para vivir, y de escapar a su entorno, en muchos casos mortal. Sólo ahora, en esos días de mi nuevo entorno, tenía yo otra vez acceso directo, inmediatamente directo a los hombres, ese acceso inmediato, directo a los hombres no me era posible ya desde hacía años; mi mente primero y luego también mi ánimo se habían asfixiado casi bajo el manto mortal del colegio y las coacciones de su enseñanza, y todo lo que estaba fuera del colegio y sus coacciones no lo había percibido durante años mas que de forma imprecisa, a través de la niebla de lo que se enseñaba. Ahora veía otra vez a los hombres y tenía contacto inmediato con ellos. Había existido durante años en medio de libros y escritos y entre mentes que no eran otra cosa que libros y escritos, en medio del olor enrarecido de una Historia mohosa y desecada, continuamente como si yo mismo fuera ya Historia. Ahora existía en el presente, en medio de todos sus olores y grados de dureza. Había tomado esa decisión y hecho ese descubrimiento. Vivía; durante años había estado muerto. "

Rainer María Rilke

Rainer María Rilke

Octava elegía de Duino

" Con todos los ojos ve la criatura
lo abierto. Sólo están nuestros ojos
como invertidos, por entero puestos
como trampas a su alrededor,
y en torno a su libre salida.
Lo que afuera es, lo sabemos tan sólo
por un rostro de animal; pues ya al niño
reciente lo volvemos y forzamos
a que vea hacia atrás conformación,
no lo abierto, que es tan profundo
en cara de animal. Libre de muerte.
A ella la vemos sólo nosotros:
el animal libre tiene su ocaso
siempre tras sí, y ante sí a Dios,
y cuando va, va hacia la eternidad,
del mismo modo en que van las fuentes.
Nosotros jamás tenemos, ni un día,
el puro espacio adelante, hacia el cual
las flores se abren sin fin. Siempre es mundo y
nunca ningún sitio sin no: lo puro,
invigilado, lo que se respira y
sin fin se sabe y no se ansía. En tanto
niño uno se pierde en ello en calma
y es sacudido. O aquél muere y lo es.
Pues cerca de la muerte no se ve
la muerte más, y se mira hacia fuera
absorto, quizá con vasta mirada
de animal. Los amantes, si el otro,
que tapa la vista, no estuviera,
están cerca de ello y asombrados…
Como por descuido se abre para ellos
tras el otro… Pero por sobre él
nadie avanza, y vuelve a hacérsele mundo.
Siempre vueltos hacia la creación, vemos
sólo en ella el reflejo de lo libre,
que oscurecemos. O que un animal,
mudo, alce la vista, atravesándonos
en calma. Esto se llama destino:
estar enfrente y nada sino eso,
y siempre enfrente.
Si hubiera conciencia como la nuestra
en el seguro animal, que en opuesta
dirección se acerca: nos giraría
con su paso. Mas su ser es para él
infinito, inaprehendido y sin vista
de su estado, puro, cual su horizonte.
Y donde vemos futuro, él ve el todo,
y a sí en el todo y salvado por siempre.
Y hay con todo en el cálido animal
alerta, el peso e inquietud de una gran
melancolía. Pues también a él
lo afecta siempre, lo que a menudo
nos subyuga: el recuerdo, como si
ya una vez aquello que se persigue
hubiera sido más cercano y fiel,
su contacto infinitamente tierno.
Aquí todo es distancia, y era allá
respiración. Después de la primera
patria, ambigua es para él la otra y fútil.
Oh dicha de la pequeña criatura,
que queda en el seno en que maduró;
dicha, oh, del mosquito, que aún brinca dentro,
hasta en sus bodas: pues seno es todo.
Y mira el ave a medias segura,
que conoce casi a ambas por su origen,
como si fuera ella un alma etrusca,
de un muerto, al que un espacio acogió,
mas con la quieta figura por tapa.
Y qué atónito aquél, que ha de volar
y proviene de un seno. De sí
como asustado, surca estremecido
el aire, como la raja una taza.
Así hiende la huella del murciélago
la porcelana del atardecer.
Y nosotros: ¡espectadores, siempre,
por doquier, vueltos al todo y jamás
hacia fuera! Nos colma. Lo ordenamos.
Se desintegra. Lo reordenamos
y nos desintegramos a la vez.
¿Quién nos ha invertido de tal modo,
que hagamos lo que hagamos, la postura
adoptamos del que parte? Como él
sobre la última colina, que todo
su valle otra vez le muestra, se vuelve,
se detiene y demora: así vivimos,
y sin cesar jamás de despedirnos. "

11 de Febrero de 2006

11 de Febrero de 2006

 

En el principio fue la mirada.