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el mundo fragmentado

24 de febrero de 2006

24 de febrero de 2006

Casas solitarias, perdidas en el campo. Pequeñas casas, como cajas, nacidas para guardar cosas, restos de temporada, objetos envueltos en el olvido. Entre todas, aquellas que anuncian su derrumbre próximo, aunque siempre están allí, resistiendo, como un árbol con raices profundas.

Si vas en tren, saldrán a tu encuentro : ráfagas de casas solitarias. Cuatro paredes que sostienen tu mirada.

¿Quiénes guardarán las llaves de esas casas?

Gustave Flaubert

Gustave Flaubert

Madame Bovary (fragmento)

" Emma, que le daba el brazo, se apoyaba un poco sobre su hombro, y miraba el disco del sol que irradiaba a lo lejos, en la bruma, su palidez deslumbrante; pero volvió la cabeza: Carlos estaba allí. Llevaba la gorra hundida hasta las cejas, y sus gruesos labios temblequeaban, lo cual añadía a su cara algo de estúpido; su espalda incluso, su espalda tranquila resultaba irritante a la vista, y Emma veía aparecer sobre la levita toda la simpleza del personaje. Mientras que ella lo contemplaba, gozando así en su irritación de una especie de voluptuosidad depravada, León se adelantó un paso. El frío que le palidecía parecía depositar sobre su cara una languidez más suave; el cuello de la camisa, un poco flojo, dejaba ver la piel; un pedazo de oreja asomaba entre un mechón de cabellos y sus grandes ojos azules, levantados hacia las nubes, le parecieron a Emma más límpidos y más bellos que esos lagos de las montañas en los que se refleja el cielo.
(...)
Tantas veces le había oído decir estas cosas, que no tenían ninguna novedad para él. Emma se parecía a las amantes; y el encanto de la novedad, cayendo poco a poco como un vestido, dejaba al desnudo la eterna monotonía de la pasión que tiene siempre las mismas formas y el mismo lenguaje. Aquel hombre con tanta práctica no distinguía la diferencia de los sentimientos bajo la igualdad de las expresiones. Porque labios libertinos o venales le habían murmurado frases semejantes, no creía sino débilmente en el candor de las mismas; había que rebajar, pensaba él, los discursos exagerados que ocultan afectos mediocres; como si la plenitud del alma no se desbordara a veces por las metáforas más vacías, puesto que nadie puede jamás dar la exacta medida de sus necesidades, ni de sus conceptos, ni de sus dolores, y la palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas. "

Paul Verlaine

Paul Verlaine

Id, pues, vagabundos, sin tregua

" Id, pues, vagabundos, sin tregua,
errad, funestos y malditos
a lo largo de los abismos y las playas
bajo el ojo cerrado de los paraísos.
(...)
Y nosotros que la derrota nos ha hecho, ay, sobrevivir,
los pies magullados, los ojos turbios, la cabeza pesada,
sangrantes, flojos, deshonrados, cansados,
vamos, penosamente ahogando un lamento sordo. "

23 de febrero de 2006

23 de febrero de 2006

Efemérides del 23 de Febrero 

Hoy hace 41 años que murió Stan Laurel. 

(Una de las primeras películas en super 8 mm que me regalaron fue de "El Gordo y El Flaco". La conservo junto a mi infancia)

Marcel Proust

Marcel Proust

Por el camino de Swann (fragmento)

" Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces, apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan presto, que ni tiempo tenía para decirme:"Ya me duermo". Y media hora después despertábame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos, y apagar de un soplo la luz; durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre lo recién leído, pero era muy particular el tono que tomaban esas reflexiones, porque me parecía que yo pasaba a convertirme en el tema de la obra, en una iglesia, en un cuarteto, en la rivalidad de Franciso I y Carlos V. Esta figuración me duraba aún unos segundos después de haberme despertado: no repugnaba a mi razón, pero gravitaba como unas escamas sobre mis ojos sin dejarlos darse cuenta de que la vela ya no estaba encendida. Y luego comenzaba a hacérseme ininteligible, lo mismo que después de la metempsicosis pierden su sentido los pensamientos de una vida anterior; e asunto del libro se desprendía de mi personalidad y yo ya quedaba libre de adaptarme o no a él; en seguida recobraba la visión, todo extrañado de encontrar en torno mío una oscuridad suave y descansada para mis ojos, y aún más quizá para mi espíritu, al cual se aparecía esta oscuridad como una cosa sin causa, incomprensible, verdaderamente oscura. Me preguntaba qué hora sería; oía el silbar de los trenes que, más o menos en la lejanía y señalando las distancias, como el canto de un pájaro en el bosque, me describía la extensión de los campos desiertos por donde un viandante marcha de prisa hacia la estación cercana; y el caminito que recorre se va a grabar en su recuerdo por la excitación que le dan los lugares nuevos, los actos desusados, la charla reciente, los adioses de la despedida que le acompañan aún en el silencio de la noche, y la dulzura próxima del retorno. "

Tristan Tzara

Tristan Tzara

Siete manifiestos Dadá (4º)

" Sin la búsqueda de yo te adoro
que es un boxeador francés
valores marítimos irregulares como
la depresión de Dadá en la sangre del
bicéfalo
resbalo entre la muerte y los fosfatos
indecisos que raspan un poco el cerebro
común de los poetas dadaístas
afortunadamente
pues
oro
mina
las tarifas y la vida cara me han decidido a
abandonar las D
no es cierto que los falsos dadás me
las hayan quitado ya que
el reembolso comenzará en cuanto
es como para llorar la nada que se llama
nada
y he barrido la enfermedad en la aduana
yo caparazón y paraguas del cerebro
de mediodía a las dos de abono
supersticioso desencadenando los engranajes
del ballet espermatozoico que hallarán
ustedes en ensayo general en todos
los corazones de individuos sospechosos
yo les comeré un poco los dedos de ustedes
yo les pago la renovación del abono del
amor en celuloide que rechina como
puertas de metal
y ustedes son unos idiotas
yo volveré una vez como su
orina renaciente a la joie de vivre el
viento partero
y establezco un pensionado de mantenedores
de poetas
y vengo una vez más para comenzar
de nuevo
y son ustedes unos idiotas
y la llave del selfcleptómano no
funciona más que con aceite crepuscular
en cada nudo de cada máquina
está la nariz del recién nacido
y todos somos idiotas
y muy sospechosos de una nueva forma
de inteligencia y de nueva lógica
a la manera de nosotros mismos
que no es Dadá de manera alguna
y ustedes se dejan llevar por el
Aaísmo
y todos ustedes son idiotas
cataplasmas
en alcohol de sueño purificado
vendajes
idiotas
vírgenes "

22 de febrero de 2006

22 de febrero de 2006

Onetti se pasó los cinco o seis últimos años de su vida en cama, vuelto hacia la pared, ignorando la luz de la calle y las plantas que dispuso Dolly en el balcón de su casa. Delante de él, en la pared, hubo siempre un retrato de Joseph Conrad, recortado de un periódico; leía novelas negras, y otros libros que le servían de La Chula, la librería vecina, y decía que no se levantaba de la cama "porque me muerde la perra Biche".

 

Albert Camus

Albert Camus

El extranjero (fragmento)

" Yo sentía una naturaleza tal que mis necesidades físicas desplazaban a menudo mis sentimientos. Cuanto más reflexionaba, más cosas desconocidas y olvidadas sacaba de mi memoria. Comprendí entonces que un hombre que no hubiera vivido más que un solo día podría sin esfuerzo vivir cien años en una prisión. Tendría bastantes recuerdos para no aburrirse.
(...)
Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz. Entonces disparé cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que se hundían las balas sin que lo pareciese. Fueron cuatro golpes breves con los que llamaba a la puerta de la desgracia. "

Pablo Neruda

Pablo Neruda

Una canción desesperada

" Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.

Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!

Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado

21 de Febrero de 2006

21 de Febrero de 2006

Recordaba ayer, paseando por Madrid a la altura del Círculo de Bellas Artes, frente al Cuartel General del Ejército, los Diarios de Azaña, ese lujo de la Historia de España que todavía no es obligada lectura entre nuestros estudiantes. Me imaginaba a Don Manuel, como le llamaba Josefina Carabias en su estupenda biografía, metido en aquel edificio, como él lo cuenta, con apenas una guardia de 25 soldados, la noche ya entrada, esperando un nuevo golpe de Estado, uno más, y , al mismo tiempo, intentando hacer las reformas que un país anclado en el antiguo régimen demandaba a gritos. Resulta estremecedor comprobar con la naturalidad que Azaña narra ese día a día donde se abordan temas de sanidad o educación y la mejor forma de detener la enésima intentona.

¿Quién será en esta ocasión?, se pregunta el político republicano en sus Diarios.

- Son los mismos de siempre, Don Manuel. Los mismos.

 

Luis Martín Santos

Luis Martín Santos

Tiempo de silencio (fragmento)

" El sol sigue tan tranquilo entrando en el departamento y allí se dibuja el Monasterio. Tiene todas sus cinco torres apuntando para arriba y ahí se las den todas. No se mueve. Tiene piedras alumbradas por el sol o aplastadas por la nieve y ahí se las den todas. Está ahí aplastadito, achaparradete, imitando a la parrilla que dicen, donde se hizo vivisección a ese sanlorenzo de nuestros pecados, a ese sanlorenzaccio que sabes, a ese sanlorenzón a ése que soy yo, a ese lorenzo, lorenzo que me des la vuelta que ya estoy tostado por este lado, como las sardinas, lorenzo, como sardinitas pobres, humildes, ya me he tostado, el sol tuesta, va tostando, va amojamando, sanlorenzo era un macho, no gritaba, no gritaba, estaba en silencio mientras lo tostaban torquemadas paganos, estaba en silencio y sólo dijo -la historia sólo recuerda que dijo- dame la vuelta que por este lado ya estoy tostado... y el verdugo le dio la vuelta por una simple cuestión de simetría.
(...)
Nacer, crecer, bailar una vez en la fiesta del pueblo delante de la procesión del Corpus con el moño alto, porque era buena bailarina y se decidió, que sí, que a pesar de todo, a pesar de estar determinada al dolor y a la miseria por su origen, ella debía bailar ante el palio en la procesión del Corpus, en la que el orgullo de la custodia a todos los campesinos de la plana toledana salva, hundirse después, hundirse hacia la tierra, rodear el airoso talle (que la hizo elegir para la fiesta) de tierra asimilada, comida, enterrarse en grasa pobre, ser redonda, caminar a lo ancho del mundo envuelta en esa redondez que el destino otorga a las mujeres que como ella han sido entregadas a la miseria que no mata, huir delante de un ejercito llegado de no se sabe dónde, llegar a una ciudad caída de quién sabe qué estrella, rodear la ciudad, formar parte de la tierra movediza que rodea la ciudad, la protege, la hace, la amamanta, la destruye, esperar y ahora gemir. "

Carlos Edmundo de Ory

Carlos Edmundo de Ory

Autoelegía

" Mi forma, mi carácter mi deseo,
pensando que la noche azul se ponga
no sueño nada en detrimento mío,
la corona que tengo en la cabeza
la soporto con gran resignación,
soy un rey desterrado en un retrete,
no tengo pantalones y me escondo
debajo de mi cama muerto de hambre,
me alimento de muchas musarañas,
la casa apuntalada de mis versos
es todo mi dominio personal,
y se orina mi alma por mis ojos,
si medito me duermo en un rincón
y el sueño que podía serme útil
se mete en una pierna y no sé en cuál,
mi candor, mi paciencia, mi descuido,
busco trabajo y pierdo mi salud
rezando mientras subo la escalera. "

20 de Febrero de 2006

20  de Febrero de 2006

El Ángel del Carnaval ha estado en esta ocasión, encarnado por la joven atleta italiana Manuela Levorato, que disfrazada de paloma y asegurada con un arnés ha descendido desde la torre de San Marcos hasta una plaza que abarrotaban miles de venecianos y turistas. El carnaval más famoso de Italia se celebra este año bajo el lema de El león y el dragón, como un homenaje a la China a la que ha llegado el veneciano Marco Polo y su influencia en el imaginario europeo.

Hasta el próximo 28 de febrero, Venecia albergará un intenso programa de actividades oficiales que se unirán a una iniciativa paralela organizada por la Bienal de Venecia, el llamado Carnaval del Teatro, con un programa de eventos culturales ideado por el dramaturgo Maurizio Scaparro. Este domingo, una atracción espectacular ha atraído a venecianos y visitantes: más de setenta embarcaciones han surcado los canales de la ciudad para transportar a los protagonistas, los enmascarados, flanqueadas por saltimbanquis y músicos.

♣♣♣

Venecia es una ciudad que casi no existe. Una ciudad inventada. Nos atrae su recuerdo de luz de atardeceres y su laberinto existencial. Venecia, toda, es una máscara que libera cuanto quisimos ser, y a veces, hemos sido. Intentan salvarla, dicen, pero me gustaría que fuera efímera, como toda obra sujeta con piel humana, aunque su muerte sea después de la nuestra, muchos después, y nos permita seguir sintiendo ese paisaje de agua y vida con forma de ciudad imaginada. ¿O morirá Venecia con nosotros?

Friedrich Nietzsche (Alemania 1844-1900)

Friedrich Nietzsche (Alemania 1844-1900)

Humano demasiado humano (fragmento)

" Quien ha alcanzado la libertad de la razón, aunque sólo sea en cierta medida, no puede menos que sentirse en la tierra como un caminante, pero un caminante que no se dirige hacia un punto de destino pues no lo hay. Mirará, sin embargo, con ojos bien abiertos todo lo que pase realmente en el mundo; asimismo, no deberá atar a nada en particular el corazón con demasiada fuerza: es preciso que tenga también algo del vagabundo al que agrada cambiar de paisaje. Sin duda ese hombre pasará malas noches, en las que, cansado como estará, hallará cerrada la puerta de la ciudad que había de darle cobijo; tal vez incluso como en oriente, el desierto llegue hasta esa puerta, los animales de presa dejen oír sus aullidos tan pronto lejos como cerca, se levante un fuerte viento, y unos ladrones le roben sus acémilas. Quizá entonces la terrible noche será para él otro desierto cayendo en el desierto y su corazón se sentirá cansado de viajar. Y cuando se eleve el sol de la mañana, ardiente como un airado dios, y se abra la ciudad, puede que vea en los ojos de sus habitantes más desierto, más suciedad, mas bellaquería y más inseguridad aún que ante su puerta, por lo que el día será para él casi peor que la noche. Es posible que a veces sea así la suerte de este caminante. Pero pronto llegan, en compensación, las deliciosas mañanas de otras comarcas y de otras jornadas, en las que desde los primeros resplandores del alba, ve pasar entre la niebla de la montaña a los coros de las musas que le rozan al danzar; más tarde sereno, en el equilibrio del alma de la mañana antes del mediodía y mientras se pasee bajo los árboles, verá caer a sus pies desde sus copas y desde los verdes escondrijos de sus ramas una lluvia de cosas buenas y claras, como regalo de todos los espíritus libres que frecuentan el monte, el bosque y la soledad, y que son como él, con su forma de ser unas veces gozosa y otra meditabunda, caminantes y filósofos. Nacidos de los misterios de la mañana temprana, piensan qué es lo que puede dar al día, entre la décima y la duodécima campanadas del reloj, una faz tan pura, tan llena de luz y de claridad serena y transfiguradora: buscan la filosofía de la mañana. "

Vladimir Holan (Rep. Checa, 1905-1980)

Vladimir Holan (Rep. Checa, 1905-1980)

La gruta de las palabras, de Dolor

" No entra impunemente el joven con su luz en la gruta de las palabras.
Audaz presiente apenas dónde se encuentra.
Joven, aunque ha sufrido, no sabe lo que es el dolor.
Sabio antes de tiempo se escapa sin haber entrado
y alega como excusa la inmadurez de su época.
¡La gruta de las palabras!
Sólo el verdadero poeta, y por su cuenta y riesgo,
pierde delirando en ella las alas
y con ellas la manera de someterlas de nuevo a la gravedad
y no menoscabar esa fuerza que atrae hacia la tierra.
¡La gruta de las palabras!
Sólo el verdadero poeta regresa con su silencio
para encontrar, ya viejo, a un niño que llora,
abandonado por el mundo en su umbral. "

19 de Febrero de 2006

19 de Febrero de 2006

La foto que ilustra este día de anotaciones, corresponde a la colección que está publicando los domingos el diario El Pais. Está fechada en 1904 y refleja el inicio de las obras de construcción de la Gran Vía. Madrid, como creo que dijo Copus en plena República, será una ciudad maravillosa cuando la terminen. Hoy sigue en fase de construcción. Pero, con toda la incomodidad que suponen sus obras, Madrid me parece ya una ciudad preciosa. El centro , que es el cogollo que refleja el alma de una ciudad, está bien urbanizado, y la variedad arquitectónica de sus edificios es el reflejo de la historia viva de España. Dicen que son pocos los madrileños de nacimiento, pero de ser cierto, yo lo añadiría a los grandes valores de esta ciudad que permite la convivencia de todos y que nunca pregunta por nadie. Madrid es un exilio necesario para el alma del hombre. Un lujo.

♣♣♣

Ayer he vuelto al café Comercial, plaza de Bilbao. Más de un siglo y medio de historia. Lectores, escritores, jugadores de ajedrez, pensadores en la luna de Valencia, mesas y sillas que ya no se fabrican, variedad de la fauna urbana...El Comercial ha prohibido fumar en sus instalaciones, por lo menos en la planta baja, donde yo estuve. Es una mala noticia. El "buenismo" se ha instalado en la cultura y ,poco a poco, la va matando, como un cáncer, como un padre patrón. La puñetera manía de los redentores. Habrá que combatir a esta quinta columna que se empieza a apoderar de las arterias de la ciudad y hacerle frente. Como entonces, como siempre: ¡No pasarán!

Juan Goytisolo

Juan Goytisolo

El lucernario (fragmento)

" Con anterioridad a su fulgurante carrera política, Azaña había denunciado una y otra vez la identificación de la causa española con la causa católica; la instrumentalización de la historia al servicio del mito; la supuesta necesidad de cerrar filas, predicada por la ortodoxia españolista, contra las conjuras del enemigo; el culto a la verdad establecida e incólume. Los pilares del sentimiento nacional, advertía, se asentaban en bases muy frágiles: la ignorancia de los hechos y un afán exterminador apenas suavizado por la evolución de los conocimientos y las costumbres. La experiencia de mi adoctrinamiento por los jesuitas y Hermanos de la Doctrina Cristiana en nuestra inmediata posguerra no difería mucho, como dije, de la descrita en El jardín de los frailes . El enemigo -mundo, demonio y carne- nos odiaba por ser españoles e hijos por tanto de la Iglesia católica, apostólica y romana: frente a él no cabían neutralidad ni tolerancia. Menéndez Pelayo, el exponente mejor y más culto de la enseñanza prodigada aquellos años, ¿no habría formulado ya una sentencia -aplicada después con esmero- cuando el lenguaje cedió paso al estruendo de las armas: “La llamada tolerancia es virtud fácil; digámoslo más claro: es enfermedad de épocas de escepticismo o de fe nula. El que nada cree, ni espera en nada, ni se afana y acongoja por la salvación o perdición de las almas, fácilmente puede ser tolerante. Pero tal mansedumbre de carácter no depende sino de una debilidad o eunuquismo de entendimiento”. Eunuquismo de entendimiento: Azaña fue acusado de ello, y de otras supuestas taras, por los defensores de la santa intolerancia, del fanfarrón y demagogo Girón de Velasco al falsario Joaquín Arrarás. Un recorrido por la prensa franquista nos procuraría verdaderas perlas de cultivo en boca de otros matones y de eclesiásticos de “inspiraciones santas”. La intolerancia de la Inquisición y la monarquía absoluta, rebalsada en los períodos de convivencia entre las guerras carlistas, el canovismo y las primeras décadas del reinado de Alfonso XIII, se volcó de golpe por las compuertas de la presa, abiertas por el alzamiento militar. En un país de intolerantes, apenas zafado del peso de las excomuniones y condenas de León XIII y sus pares, la matanza de curas e incendio de iglesias por unos y el fusilamiento sistemático de masones, comunistas y ateos por otros, mostraban la superficialidad de los cambios introducidos por la República y el odio que concitaban entre los apóstoles y sayones de la Cruzada. La sociedad española no cambió, primero en términos económicos y luego cívicos, sino en la década de los sesenta. Dicho cambio, silencioso y eficaz, se produjo sin violencia: cuando el Caudillo murió, el país tenía muy poco que ver con el que gobernó con mano de hierro durante casi cuarenta años. El gran crimen de Azaña fue así el de proponer unas formas de convivencia a una sociedad todavía inmadura para ellas y en un contexto internacional claramente desfavorable. "

Ezra Pound (EEUU, 1885-1972)

Ezra Pound (EEUU, 1885-1972)

Hugh Selwyn Mauberley (fragmento)

" Esos lucharon en todo caso, y algunos creyendo,
pro domo, en cualquier caso...
Algunos rápidos para armarse,
algunos por aventura,
algunos por miedo a la debilidad,
algunos por miedo a la critica,
algunos por amor a la matanza,
en imaginación, aprendiendo luego,
algunos por miedo,
aprendiendo a amar la matanza;
murieron algunos, pro patria,
no dulce, no et decor...,
caminaron hundidos hasta los ojos del infierno,
creyendo las mentiras de los viejos,
luego descreyendo volvieron a casa,
a casa a una mentira,
a casa a muchos engaños,
a casa a viejas mentiras y nueva infamia:
la usura, vieja como la época
y espesa como la época,
y embusteros en nuestros públicos.
Atrevimiento como nunca, desperdicio como nunca.
Sangre joven y elevada sangre,
besas mejillas y hermosos cuerpos,
fortaleza como nunca, desilusiones como nunca
se contaron en los días de antaño, histerias,
confesiones de trinchera, risa salida de barrigas muertas.
Allí murieron una miríada,
y de los mejores entre ellos, por una vieja perra,
de dentadura podrida, por una civilización averiada;
encanto sonriendo en la boca buena, ojos vivaces,
ausentes bajo la tapa de la tierra,
por dos gruesas estatuas rotas,
por unos pocos miles de libros maltrechos. "

18 de Febrero de 2006

18 de Febrero de 2006

A punto de terminar el bachillerato, me atrapó la novela negra. Por supuesto, Dashiell Hammett, pero también muchos otros autores. Aquella colección de Bruguera la conservo como un tesoro, no por su valor bibliográfico, sino por el valor sentimental de noches y noches de lecturas, hasta caer muerto de sueño. ¡Qué maravilla! La gran mayoría de aquellos autores procedían de la calle, habían pasado por todos los oficios miserables que cualquier maldito escritor actual hubiera deseado, conocían el lenguaje y su fuerza como nadie y eran capaces de describir un mundo en las tres primeras frases de sus libros hasta atraparte en sus historias sin darte descanso. Sabían escribir y contar historias: hacer literatura. ¡Qué añoranza!

He vuelto a leer "1280 Almas", de Jim Tompson, una de las novelas que Gide escogió entre las mejores del siglo pasado, para escándolo de la intelectualidad francesa. Sigue maravillosa. La he tenido que leer con mucho cuidado, pues el libro de Bruguera se deshace entre las manos, a cada página, casi como una vida, o como cualquier maldita historia bien contada.

Luego, al terminar de leerla, me ha entrado sueño, como entonces.

William Faulkner (EEUU, 1897-1962)

William Faulkner (EEUU, 1897-1962)

El sonido y la furia (fragmento)

" Quentin, que amaba no el cuerpo de su hermana, sino algún concepto de honor familiar y (él lo sabía bien), temporalmente suspendido en la frágil y diminuta membrana de su virginidad, semejante al equilibrio de una miniatura en la inmensidad de la esfera terrestre sobre el hocico de una foca amaestrada. Quien amaba, no la idea del incesto que no cometería, sino algún presbiteriano concepto de su eterno castigo: él y no Dios, podría arrojarse a sí mismo y a su hermana al infierno, donde eternamente podría protegerla y cuidarla para siempre jamás, invulnerable ante las llamas inmortales. Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, y que quizá sólo amaba a la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de su amada, hasta que no puede soportarlo y entonces se lanza, se arroja, renunciando a todo, ahogándose. "