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el mundo fragmentado

El terrorismo como antítesis para conseguir la síntesis de siempre toda vez que a la tesis ni se le toca.

La policia británica detiene una red de "dimensión mundial" que pretendía atentar en aviones

El Gobierno decreta el nivel "crítico" de alerta .- Los vuelos procedentes con destino Nueva York, Washington y Los Angeles, serían los objetivos del grupo de terroristas desarticulado

AGENCIAS  -  Londres

ELPAIS.es  -  Internacional - 10-08-2006

La policía británica ha detenido esta mañana en Londres a 21 personas como presuntos integrantes de una red terrorista "de dimensión mundial" ligada a Al Qaeda que planeaba hacer estallar artefactos explosivos ocultos en el equipaje de mano en aviones en pleno vuelo entre Reino Unido y EE UU. La operación ha obligado a aumentar los niveles de alerta en Reino Unido y EE UU y está provocando un caos aéreo en toda Europa. El ministro del Interior, John Reid, que daba las primeras explicaciones de la operación antiterrorista, "compleja y sin precedentes", ha declarado que los principales miembros de la red terrorista han sido arrestados, aunque la operación, iniciada hace meses, continúa abierta. Las 21 detenciones se han producido en Londres y sus alrededores y en Birmingham (centro del país), según ha declarado el jefe adjunto de la policía, Paul Stephenson, que estima que los agentes han impedido que los terroristas cometieran “un asesinato en masa de una amplitud inimaginable”.

El jefe de la policía antiterrorista, Peter Clarke, ha dicho que la red tenía una "dimensión mundial" y que “las reuniones, los viajes, movimientos y gastos de un gran número de personas en el Reino Unido y en el extranjero han sido objeto de una estrecha vigilancia”. Por el momento no se conoce la identidad o nacionalidad de los detenidos. El secretario estadounidense de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, ha afirmado que lo descubierto "apunta a una trama de Al Qaeda".

Los planes de los terroristas consistían en detonar “artefactos explosivos, que debían ser construidos en Gran Bretaña, [en aviones que partieran] desde los aeropuertos británicos", según Clarke, aunque no ha podido precisar cuántos aviones eran objetivo de los terroristas -la BBC los cifra en unos 10. Según las investigaciones, los artefactos debían estar compuestos por algún tipo de explosivo líquido, como los utilizados el 7-J, y ocultos en el equipaje de mano. Por ello, en los aeropuertos británicos y estadounidenses se ha prohibido que los viajeros accedan a los aviones con ningún tipo de envase con líquido –refrescos, cremas, lociones, champú…

El Gobierno ha elevado en todo el país el nivel de alerta hasta “crítico”, el máximo de una escala de cinco, que significa que el atentado o atentados iban a cometerse de forma inminente, tal vez hoy mismo, y que “conllevan un extremado nivel de amenaza para el Reino Unido”. También EE UU ha elevado su nivel de alerta antiterrorista para los vuelos desde Reino Unido, después de que el primer ministro británico, Tony Blair, telefoneara al presidente americano, George W. Bush, para informarle de la situación.

Retrasos y cancelaciones

La operación antiterrorista está provocando un caos aéreo en toda Europa. La autoridad aeropurtuaria británica ha pedido la suspensión de todos los vuelos que tengan como destino el aeropuerto de Heathrow, el mayor de Europa, al menos hasta las dos de la tarde (las cuatro de la tarde en España) y muchas compañías -British Airways, Lufthansa, Olympic, Air France, Iberia, entre otras- así como algunos aeródromos, como el de Bruselas, han cancelado sus vuelos a este aeropuerto y a otros del Reino Unido. En España, Iberia ha cancelado todos sus vuelos al aeropuerto de Heathrow y el Ministerio del Interior ha ordenado aumentar los controles aéreos en los vuelos con destino al Reino Unido y EE UU.

Los aeropuertos británicos registran retrasos debido a que se han incrementado las medidas de seguridad. Las compañías han prohibido a sus viajeros que entren en los aviones con los equipajes de mano y se revisa exhaustivamente –incluido el calzado- a todo el pasaje. Sólo se permite subir a bordo bolsos transparentes con lo estrictamente necesario: pasaporte, documentación, biberones, medicamentos. Todos los aparatos eléctricos están prohibidos a bordo.


 

8 de agosto de 2006

8 de agosto de 2006

(chumi chumez)

El corazón de las tinieblas

El corazón de las tinieblas

Pensaba que su recuerdo era como los otros recuerdos de los muertos que se acumulan en la vida de cada hombre... una vaga huella en el cerebro de las sombras que han caído en él en su rápido tránsito final. Pero ante la alta y pesada puerta, entre las elevadas casas de una calle tan tranquila y decorosa como una avenida bien cuidada en un cementerio, tuve una visión de él en la camilla, abriendo la boca vorazmente como tratando de devorar toda la tierra y a toda su población con ella. Vivió entonces ante mí, vivió tanto como había vivido alguna vez... Una sombra insaciable de apariencia espléndida, de realidad terrible, una sombra más oscura que las sombras de la noche, envuelta notablemente en los pliegues de su brillante elocuencia. La visión pareció entrar en la casa conmigo: las parihuelas, los fantasmales camilleros, la multitud salvaje de obedientes adoradores, la oscuridad de la selva, el brillo de la lejanía entre los lóbregos recodos, el redoble de tambores, regular y apagado como el latido de un corazón... el corazón de las tinieblas vencedoras. Fue un momento de triunfo para la selva, una irrupción invasora y vengativa, que me pareció que debía guardar sólo para la salvación de otra alma. Y el recuerdo de lo que había oído decir allá lejos, con las figuras cornudas deslizándose a mis espaldas, ante el brillo de las fogatas, dentro de los bosques pacientes, aquellas frases rotas que llegaban hasta mí, volvieron a oírse en su fatal y terrible simplicidad.

Fragmento de
El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad,

6 de Agosto de 2006

6 de Agosto de 2006

[...] El rumor es éste: que Bartleby había sido un empleado subalterno en la Oficina de Cartas Muertas de Wáshington, del que fue bruscamente despedido por un cambio en la administración. Cuando pienso en este rumor; apenas puedo expresar la emoción que me embargó. ¡Cartas muertas!, ¿no se parece a hombres muertos? Conciban un hombre por naturaleza y por desdicha propenso a una pálida desesperanza. ¿Qué ejercicio puede aumentar esa desesperanza como el de manejar continuamente esas cartas muertas y clasificarlas para las llamas? Pues a carradas las queman todos los años. A veces, el pálido funcionario saca de los dobleces del papel un anillo -el dedo al que iba destinado, tal vez ya se corrompe en la tumba-; un billete de Banco remitido en urgente caridad a quien ya no come, ni puede ya sentir hambre; perdón para quienes murieron desesperados; esperanza para los que murieron sin esperanza, buenas noticias para quienes murieron sofocados por insoportables calamidades. Con mensajes de vida, estas cartas se apresuran hacia la muerte.

¡Oh Bartleby! ¡Oh humanidad!

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE (Herman Melville)

Bartleby es, sin duda, uno de los personajes más intrigantes de la literatura. Enrique Vila-Matas lo retomó para pensar sobre los escritores con atracción "por la nada". Su historia también fascinó a Jorge Luis Borges: "Bartleby, que data de 1856, prefigura a Franz Kafka. Su desconcertante protagonista es un hombre oscuro que se niega tenazmente a la acción. El autor no lo explica, pero nuestra imaginación lo acepta inmediatamente y no sin mucha lástima. En realidad son dos los protagonistas: el obstinado Bartleby y el narrador que se resigna a su obstinación y acaba por encariñarse con él".

Preferiría no hacerlo

Preferiría no hacerlo

Hubo una época en la que iba usted dentro de un autobús, sentada, sin meterse con nadie, y de repente un individuo le exigía que le cediera el asiento porque usted era negra y él era blanco. Entonces usted se levantaba sin decir esta boca es mía y se marchaba a la parte de atrás, reservada para los negros y los animales. Se trataba de una escena cotidiana, habitual, que ni siquiera llamaba la atención de las personas cercanas al suceso. Cientos de veces al día, los blancos ejercitaban rutinariamente esta forma de humillación sobre los negros. Y no estamos hablando de la antigüedad, porque ya se había inventado el motor de cuatro tiempos, sino de hace 50 años.

Pero hete aquí que el 1 de diciembre de 1955 una costurera negra llamada Rosa Parks se negó a cederle el sitio a un hombre blanco. "No", dijo y continuó mirando por la ventanilla. Aquel "no" obligó al conductor a detener el autobús e interpelar a la rebelde. Pero Rosa Parks volvió a dar a la autoridad competente un "no" que tuvo el efecto de un puñado de tierra en el carburador. Parecía imposible arrancar de nuevo mientras el "no" de aquella negra insolente permaneciera dando vueltas por el interior del autobús. Se avisó a la policía, que detuvo y multó a la mujer, pero el "no" se extendió como un virus afectando a toda la flota de autobuses. Los negros dieron al transporte público un "no" colectivo que duró 381 días, al final de los cuales desapareció legalmente la segregación.

Algunos historiadores han intentado rebajar la importancia del gesto de Rosa Parks alegando que sólo se trataba de una costurera cansada. Su "no", desde ese punto de vista, habría venido a ser una especie del "preferiría no hacerlo" de Batleby, el personaje del Melville. Rosa Parks aclaró en su biografía que no estaba cansada, sino harta de aquella humillación cotidiana. En cualquier caso, el "preferiría no hacerlo" de Batleby tampoco está mal. Desde nuestro punto de vista, no sólo no disminuiría el mito, sino que lo haría más grande. Lean Batleby el escribiente y lo comprenderán.

La fotografía apareció en la página de Necrológicas de EL PAÍS el mes de octubre último, acompañando a la noticia de la muerte de Rosa Parks, a la que vemos en el autobús, sentada, observando el paisaje. Se trata de una fotografía en blanco y negro, o quizá en blanco y negra, si observamos a los ocupantes del autobús y la naturalidad con la que conviven gracias a aquel "no" que de vez en cuando todavía conviene introducir en el motor de la realidad. Como todas las fotografías de interiores, sugiere la existencia de un microcosmos con unas leyes específicas. Y hay, en efecto, en el interior de ese autobús un ecosistema que reconocerán enseguida los usuarios de este tipo de transporte. Pero también las leyes de los mundos cerrados y pequeños se pueden modificar, y se deben modificar. Es más, su cambio suele constituir una especie de big bang que da lugar a nuevos universos. El "no" de Rosa Parks creció como un mundo en expansión, dando al traste con las leyes racistas de EE UU. Y continúa expandiéndose, pues si bien es cierto que la costurera de Montgomery ganó la batalla legal, la social continúa librándose calle a calle.

Juan José Millás

EN UNA ESTACIÓN DEL METRO

EN UNA ESTACIÓN DEL METRO

LA aparición de estos rostros en la multitud;
pétalos en una mojada rama negra.


Ezra POUND, Lustra, Londres: Elkin Matthews, 1916.

Cartas a Milena

Cartas a Milena

″Estos cruces de cartas tienen que cesar, Milena, nos enloquecen, uno no sabe lo que ha escrito ni lo que ha contestado, y tiembla constantemente imaginándoselo. Entiendo muy bien tu checo, también oigo las risas, pero en tus cartas me cavo un túnel entre la palabra y la risa, finalmente sólo oigo la palabra, y por otra parte es ésa mi esencia: temor. […]
Para mí lo que ocurre es algo increíble, mi mundo se derrumba, mi mundo se reconstruye, fíjate (el imperativo es para mí) cómo harás para subsistir. Del derrumbamiento no me quejo, ya se derrumbaba antes, pero me quejo de la autorreconstrucción, me quejo de mi debilidad, me quejo de haber nacido, me quejo de la luz del sol...

Franz Kafka

UN ASESINO EN LAS CALLES

UN ASESINO EN LAS CALLES

No mataré ya más, porque los hombres sólo
son números y letras de mi agenda
e intervalos sin habla, descarga de los ojos
de vez en vez, cuando el sepulcro se abre
perdonando otra vez el pecado de la vida.



      No mataré ya más las borrosas figuras
      que esclavas de lo absurdo avanzan por la calle
      agarradas al tiempo como a oscura certeza
      sin salida o respuesta, como para la risa
tan sólo de los dioses, o la lágrima seca
      de un sentido que no hay, y de unos ojos muertos
      que el desierto atraviesan sin demandar ya nada
sin pedir ya más muertos ni más cruces al cielo
que aquello, oh Dios lo sabe, aquella sangre era
para jugar tan sólo.

 

"El que no ve"

Leopoldo María Panero

Louis Ferdinand Celine

Louis Ferdinand Celine

Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón.

Viaje al fin de la noche (fragmento)

 


Cut them out!




A campaign done for Amnesty International to save the political prisioners.

27 de julio de 2006

27 de julio de 2006

Un hombre gay. 

Tiene Gimferrer en “Interludio Azul”, su último libro editado por Seix Barral, una definición genial que dejo anotada. Afirma el escritor catalán que él se ha sentido siempre un gay al que le gustan las mujeres. Un hombre gay, puntualiza.

 

Siempre había pensado que Pere Gimferrer es homosexual, seguramente orientada mi opinión no tanto por la estética personal que le precede, más cercana a la del repelente niño Vicente que a cualquier otra, que por la lectura de algunos de los libros del novísimo donde habla de sus amores de juventud, entre los que enumera algunos reconocidos amigos.

 

Digo ya : “Interludio Azul”  es una mariconada. Aclaro, para los no iniciados, que en mi definición de mariconada nada tiene que ver el sexo ni la condición sexual del personaje. Todos cometemos mariconadas a lo largo de nuestra vida aunque tengamos la sexualidad de un rinoceronte o una margarita en primavera.

Interludio Azul es la declaración de amor de Gimferrer a Cuca, señora de su misma edad, de la que ha estado enamorado el autor durante 34 años de una forma a ratos platónica y a ratos aristotélica. El encuentro con Cuca, después de una prolongada ausencia, tiene, a mi modo de ver, más de serial de telenovela en Antena3 que de poesía amorosa o poema en prosa, como la solapa del libro define. Ese encuentro lleva a un segundo libro, ya de poesía en su sentido pleno, donde nos describe el final del relato. A esta segunda parte no he llegado por falta de condiciones físicas, aunque jugaremos el partido tarde o temprano.

 

Dado que la mariconada, imposible de definir en todo su detalle, tiene algo de cursilería, remilgo, monería y merengue a toda plana, será muy del gusto de los amantes de calendarios taco Myrga de sobremesa. También del monito Luis Alberto [de Cuenca].

 

Gimferrer es un buen escritor, un gran poeta y un maravilloso editor y cinéfilo, quede claro. En Interludio Azul  , simplemente se ha empeñado en contarnos un chisme. Bien contado, pero un chisme. Y le ha salido una mariconada.

Que no cunda el pánico entre el respetable.   

  

25 de julio de 2006

25 de julio de 2006

Soy, en primer lugar, un hombre que desde la juventud ha sentido profundamente que la vida más fácil es la mejor.

Quien así habla es el jefe de Bartleby. Bartleby, el escribiente, es una obra maestra de la literatura.


El narrador de la historia es un hombre felizmente asentado en su rutina, un hombre pusilánime que ha encontrado la seguridad en la invariabilidad de su mundo. No tiene grandes ambiciones ni mucho carácter, pero se las ha ingeniado para sobrevivir decentemente con dos amanuenses y un aprendiz.

En ocasiones confundimos la rutina con la normalidad. El jefe y los compañeros de Bartleby están dentro del sistema, podrían ser considerados “normales”, (si es que esa palabra definiera algo con exactitud): mantienen sus empleos y viven de ellos. ¿Cabe imaginar un trabajo más rutinario que el de un copista de documentos legales? El jefe de Bartleby es un hombre cobarde e influenciable que se encomienda a la prudencia en lugar de tomar decisiones. Serio problema para un jefe. Y sus empleados cumplen mal que bien con la rutina laboral, aunque gracias a la falta de autoridad del dueño de la empresa, han creado otra rutina paralela, que no es otra que la de mostrarse tal y como son a determinadas horas del día.

Estos cuatro peculiares personajes han aprendido a tolerarse y viven instalados en una cómoda rutina que Bartleby viene a romper.

Al principio Bartleby parece el empleado perfecto, pero las cosas se complican cuando su jefe le solicita que coteje unos documentos y él declina amablemente: Preferiría no hacerlo.

Su jefe en ningún momento se enfrenta con él, su miedo y su bonhomía le impiden ponerle de patitas en la calle y Bartleby sólo necesitará decir esa frase para que le dejen en paz, lo que enrarecerá el ambiente entre los otros empleados, que han de hacer todo lo que él se niega a hacer.

Un domingo, el jefe descubre que Bartleby tiene llave de la oficina y vive allí permanentemente. También se muestra incapaz de solucionar el asunto. Y cuando la situación llega a un límite intolerable (Bartleby se niega hacer también el trabajo de copista), el narrador llegará a la conclusión de que Bartleby es la obra de caridad que le envía el destino, y su copista, de eternos brazos caídos, mirada perdida e ininterrumpidos silencios, pasará a formar parte del paisaje rutinario. El jefe se acostumbrará a él, pero no así los clientes y los colegas, que insistirán en que Bartleby conseguirá arruinarle.

No le quedará más remedio que mudarse, pero aun así heredará el problema y vistará a Bartleby cuando esté en la cárcel, donde morirá de inanición porque prefiere no comer.

Varios son los méritos de Melville en esta obra. El ambiente escogido: un despacho de abogados en el que casi todo el trabajo recae sobre unos hombres que se limitan a copiar papeles. También la elección del narrador es muy inteligente, porque gracias a él el lector tiene más mimbres para analizar la situación: el jefe nos describe su pequeño mundo como si éste fuera un oasis de paz, pero el lector puede entrever que la normalidad y la rutina que pretende mostrarnos no son tales. Somos testigos de sus reflexiones y de la angustia que le provoca la actitud de Batlerby, cuando el narrador nos habla de prudencia, el lector fácilmente verá cierta dosis de cobardía.

Melville ha creado unos personajes geniales que nos inquietan, porque Bartleby viene a romper una rutina que no es otra cosa que un absurdo: varias personas encerradas en un despacho durante muchas horas haciendo nada gran parte del día. Las vidas hipotecadas por trabajos monótonos.

Melville podría habernos contado la historia desde el punto de vista alucinado de Bartleby, pero ha escogido al jefe porque este es un personaje transparente, que se tiene por hombre decente y bueno, es decir podría pasar por una persona “normal”, lo que le da a Melville mucho juego, toda la tensión del relato recae sobre los hombros del pobre hombre, que es incapaz de enfrentarse a sus empleados. Cuando nos habla del momento en el que trató de convencer a Turkey de que sólo trabajara por la mañana, ya tenemos un anticipo de lo que podemos esperar: sus empleados trabajan como y cuando ellos deciden.


Y por supuesto, no hay que olvidar la importancia que en esta obra tiene la historia que nos cuenta en sí: Bartleby, que es el inadapatado, viene a desmontar la coartada de las personas normales, que construyen pequeños universos a los que se acostumbran, que creen que sus rutinas son seguras. Y sin embargo, serán atacadas por cualquier desconocido que quiera ejercer una absoluta libertad sobre sus actos.

24 de julio de 2006

24 de julio de 2006

Gracias al fútbol, y a los mediados años 70, ya tan lejanos, pude descubrir dos cuestiones básicas:

 a) el paso del tiempo juega siempre contra uno.

 b) el fútbol debe verse siempre de una manera impresionista.

 

Cuando yo admiraba a Joaquín Sierra Vallejo, delantero centro del Betis, número 9, que es el número clásico de los clásicos delanteros, hijo de Juan Sierra, poeta sevillano, y trianero,  de la generación de 1927, mi edad, muy inferior a la de Quino, así conocido el pelotero objeto de mi idolatría, me hacía pensar que todos, absolutamente todos los futbolistas del mundo serían siempre personas mayores que yo, de más edad, y a los que yo nunca alcanzaría, no ya por cuestiones evidentes de las leyes físicas, sino porque yo sería eternamente joven y todos esos señores vestidos de pantalón corto *necesariamente* debían ser mayores que yo para admirarlos (¿cómo admirar a alguien que es más joven que uno cuando uno es demasiado joven?) Pero lo que uno piensa de forma ejemplar en la juventud el tiempo lo vuelve una estupidez, como es sabido. Llegó un momento, no deseado, y para mi asombro absoluto, que los futbolistas empezaron a tener menor edad que yo, o yo comencé a ser de mayor edad que ellos, sin que las señales de peligro me avisaran de tal catástrofe e infortunio. Intuí que yo iniciaba mi etapa de madurez y que los futbolistas podían, si así lo querían, dejarme pasar en la carrera de los años pero que yo jamás volvería a situar a ninguno de ellos entre mis ídolos. Esa fue mi venganza. Así que Quino fue el último de ellos y ahí sigue en el altar.

La otra cuestión que agradezco al pelotón es comprender que no son necesarias las gafas para disfrutar del espectáculo. No es imprescindible ver *bien* este deporte y para comprenderlo es mejor verlo *mal*. Cuando mi vista comenzó a decir que también quería algún protagonismo en mi vida, yo no necesitaba reconocer o ver  a los jugadores para disfrutar del juego. Y así sigue. Me refiero, lógicamente, a verlos en el campo de fútbol, en directo, desde las alturas de las gradas. El fútbol es un juego impresionista que no necesita del detalle. Los espacios son pinceladas gruesas a la caída de la tarde y todo se intuye y adivina . Quienes aplican el criterio realista a este deporte suelen terminar mal del estómago. Es algo comprobado científicamente.

Todas estas cuestiones me han venido a la mente leyendo a Rodrigo Fresán. (Hace calor, mucho calor en Madrid)

Les dejo, eso sí, con un verso de Juan Sierra, poeta del 27 y padre de Quino, como he escrito, para tragedia de la literatura y gloria del fútbol, que otra cosa hubiera sido si Quino fuera el hijo de Juan Sierra, algo que en este país es un imposible y además no puede ser.

 

"el lagar donde cruje la noche es una estrella"

Que sea fresca la noche.

Besos.


Perversiones literarias

Perversiones literarias

Entre las muchas perversiones literarias que se pueden experimentar en esta vida está leer dos libros al mismo tiempo. No hablo de tener dispuestos para la lectura dos libros o tres o cuatro o hasta cinco o seis o más, acción que hago con frecuencia, dispersos por todas las mesas de la casa, y hasta los suelos, dispuestos todos esos libros para que el momento oportuno haga su elección, los elija sin saberse nunca cuáles son las razones de ese momento, de ese libro, de esos libros, de aquellos montones y a esa hora u otras. Dejamos que el azar juegue sus cartas en forma de páginas literarias y allá ellos con sus escondites y disparates. La literatura es así.

Me refiero a elegir dos libros de alguno de esos montones (¿pudieran ser tres, o cuatro? no lo he probado, ya se verá, poco a poco) y comenzar con el capítulo uno del libro A y seguir con el capítulo 1 del libro B para continuar con el capítulo 2 del libro A y luego el capítulo 2 del libro B. Y así hasta el final, hasta los dos finales de los dos libros, de una forma metódica, sabiendo eso sí, que uno de ellos puede terminar antes, mucho antes incluso, no ya por tener menor número de capítulos sino por la estructura del propio libro que puede hacer que carezca de capítulos propiamente dichos y que, en este caso, el lector tendrá que inventar.

Así ha ocurrido con dos libros que aguardaban su hora en un montón junto al pasillo, muy cerca de la cocina.  El primero de ellos es “Nada que hacer”, del escritor y periodista Juan Madrid. Libro editado en Seix Barral, cuando todavía era dirigida por Carlos Barral, allá por 1984 , que fue cuando lo compré. Juan Madrid es un periodista que conocí escribiendo en el legendario Cambio16 y que se ha convertido en un buen escritor de novelas policíacas, que vive su vida real en Madrid como los personajes de sus novelas : juega a las cartas, se conoce a todos los soplones de la policía, a todas las policías que pagan esos soplones, y vive en algunos de esos tugurios y garitos donde se encuentra gratis el sexo por ser el sexo mercancía de cambio en la planta sótano de las grandes ciudades que aspiran a organizar olimpiadas y otras actividades mercantiles. Añadir, evidentemente, que Juan Madrid es un gran escritor. “Nada que hacer” habla, como debe ser, del hombre y de la ciudad, es decir, de la soledad.

El otro libro es de mi admirado Enrique Vila Matas. “El Viaje Vertical”, editado en Quinteto, libro de bolsillo que compré poco antes de tomar algún tren camino de alguna parte y que he recuperado ahora. “El Viaje Vertical” está escrito sobre 1.999, un año especial para mí, y trata como siempre en Vila Matas de la necesidad de ocultarse, hasta llegar a no/ser. En este caso, el personaje Mayol es un empresario catalán al que su mujer manda a la mierda y lo deja tirado en la calle con su vida ( que es no/vida), sus hijos ( que son no/hijos) sus amigos ( que son no/amigos) y así hasta completar un vacío que lleva al protagonista a cuestionarse walserianamente qué hacer con ese enorme hueco que acab de descubrir.  

Leídos de la forma comentada compruebas que el itinerario de los grandes escritores es muy parecido, que la tarea del héroe de todos esos personajes es, en el fondo, y a veces en la forma, causa común, y que, como el caso que me ocupa, cuya elección no fue premeditada (¿o sí, querido Freud? ) la soledad y la ocultación son dos caras de la misma moneda que llevan por caminos parecidos. El lector elegido para estos juegos infantiles deberá pertenecer al grupo de quienes no temen perderse en los laberintos y que buscan desesperadamente no encontrar nunca la salida.

Añadir, como se habrán imaginado, que fue enorme el disfrute con el experimento y que repetiré, cual equilibrista, con algún más difícil todavía que ya comentaré y del que espero salir sano y salvo.

El fabuloso redentor

El fabuloso redentor

 PAUL AUSTER
Maneja a los personajes de sus novelas como un mago. El premio Príncipe de Asturias 2006 ama también llevarlos al cine, como hace ahora con ‘La vida interior de Martin Frost’

La literatura es un oficio de fe. Pero la fe, pese a lo que digan los metafísicos y los creyentes más fervorosos, es algo cuantitativo: se puede llegar a poner en la báscula de un sistema métrico decimal muy particular e igual de fiable. El mundo de Paul Auster nos lo demuestra de sobra, porque en él algunos rasgos del comportamiento humano rebasarían varias toneladas de optimismo y vitalismo, en igual medida que otras variables menos recomendables para afrontar los agujeros negros de la vida.

Los personajes que pueblan el ADN de este escritor adoptado en la orilla neoyorquina, pero que nació en Newark (Nueva Jersey, el Estado del otro lado del río) en 1947, saltan del poderoso cocteleo de su imaginación, que produce fluidos de seres que huelen y tienen sabor, que padecen y respiran, que intentan ser felices a la altura de sus circunstancias, cuando en algunos casos éstas no dan más que para la desolación.

Cuando pintan bastos es cuando Auster, como un superhéroe, como un fabuloso redentor, los rescata, en un alarde de confianza ciega en su oficio. Como quien está absolutamente convencido de que posee las claves secretas de la salvación mediante la creación de historias, que es el medio para que, según él predica, toda la humanidad vea un poco de luz en el camino. Así, Auster, más que en un escritor, se convierte en un evangelista de nuestro tiempo. Un urdidor de parábolas fantásticas protagonizadas por gente de lo más corriente para que podamos seguir confiando en la especie de los de aquí abajo. Él ha demostrado también que ese tipo de historias es el método más eficaz contra los fanáticos del más allá y los fabuladores baratos de discursos apocalípticos que tratan de atemorizarnos con demonios y terroristas.

Uno cae en esto cuando comprueba que casi todas sus narraciones comienzan con alguien desesperado o que va a morir, como el desvalido Nathan Glass, el héroe de su última y maravillosa novela, Brooklyn follies, que elige regresar al barrio de su infancia para quitarse la armadura. Glass es un todo, un referente de ese enternecedor circo de pobres diablos en crisis, nómadas triturados por la vida que parecen toros en busca del burladero para doblar la pata bien resguardados. Son las criaturas que inventa Auster al principio de sus libros para poderlos redimir, el auténtico y más cabal sentido de su literatura, a lo largo de toda la narración. Inventa para salvarlos. Escribe para darles esperanza. Urde palabras para que se confiesen y confíen.

Dice que no es consciente de ello, que le sale así sin querer. “No me doy cuenta”, asegura Auster, en un hotel de Lisboa, un día de descanso del rodaje de su película La vida interior de Martin Frost, que ha filmado allí casi en familia, con su hija Sophie, de 18 años, cantante y actriz, en el reparto. Está relajado, contento y con ganas de hablar del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que recogerá en Oviedo en octubre y que le hizo imponerse en las votaciones a otro de los enormes escritores estadounidenses del presente, Philip Roth, al que conoció esta primavera por casualidad. Muchos le han querido contraponer al estilo de Auster, en una especie de lucha literaria bipolar en busca quizá de conflictos que en esta época del imperio ecléctico no llevan a ninguna parte. Ya no es pecado que te puedan gustar los dos. Elegir a uno frente a otro resulta una niñería fuera de lugar cuando se les puede sacar su jugo a partes iguales y cuando ambos retratan una América tan real como desolada, tan aterrada como digna de elogio, tan perdida como desesperada en su búsqueda de una felicidad que se hace cada vez más cara.

Auster, con sus ojos esféricos de gurú indio y su voz grave y quebrada, no muestra más que buenas palabras por Roth, a quien le emocionó realmente conocer en un restaurante de Nueva York hace nada. El maestro le felicitó por haber ingresado en “el club”, es decir, en la academia norteamericana de las letras. El autor de Mr. Vértigo, La noche del oráculo, La música del azar, El libro de las ilusiones o Trilogía de Nueva York, entre otras obras, lo cuenta con el mismo entusiasmo que habla de los poetas a los que más admira y que le guiaron sus primeros pasos como autor lírico antes que novelista; la misma ilusión que le hace releer constantemente el Quijote, a Shakespeare o a García Márquez, un autor con el que se siente especialmente identificado este novelista que ha sido marinero y profesor de universidad.

Le estimula hablar de ellos lo mismo que de Brooklyn, el barrio en el que vive hace 26 años, y que, según él, “no es el paraíso, pero es muy interesante”. O lo mismo que escrutar los secretos de la creación en palabras o imágenes porque no deja escapar en la conversación su delirio por el cine, un espacio creativo al que se enganchó lo mismo que a la nicotina de los puritos que fuma sin cesar cuando escribió Smoke, de Wayne Wang, con quien codirigió después Blue in the face antes de lanzarse solo a rodar Lulu on the bridge y ahora La vida secreta de Martin Frost.

Buen premio le ha caído.

No sabía que este año era candidato. Otras ediciones también fui finalista en las votaciones; el año que ganó Claudio Magris, que leí en The New York Times: “Magris gana el Príncipe de Asturias imponiéndose a Paul Auster y Milan Kundera”. ¡Ja, ja! Pero este año, ni me había enterado.

Y eso que ha ganado a Philip Roth en la votación. Dos visiones diferentes de la literatura en su país luchando hasta en Oviedo.

Lo gracioso es que, aunque los dos hemos nacido en Newark, Nueva Jersey, nos conocimos por primera vez en un restaurante en Nueva York una semana antes de que me viniera a Portugal a rodar. Hablamos y me dijo: “Tenemos que volver a Newark juntos”. Me pareció muy simpático, encantador. Es un escritor completamente opuesto a mí, otra sensibilidad radicalmente distinta. Aunque compartimos gustos: él adora a Conrad, como yo.

Pero no creo que le guste García Márquez tanto como a usted.

Yo también lo creo. Muy probablemente, aunque tengo que hablarlo con él.

A mucha gente le parece que es usted un explorador del realismo mágico del norte; al menos, que comparte esa mirada sobre la realidad.

Mi obra tiene una escala muy ancha. Hay novelas muy atadas al suelo. A mí también me resulta extraño ser al tiempo el creador de Mr. Vértigo, la historia de un chico que levita, como también les ocurre a algunos en Macondo, y de Brooklyn follies. O haber filmado una comedia loca como Blue in the face y una película como Lulu on the bridge. Pero la medida de eso ya lo da Shakespeare; para él, un día era una tragedia, y otro, comedia. De lo que se trata es de hacerlo bien.

La película que rueda en Portugal dice usted que es un ‘haiku’. ¿Cómo se mide eso?

Porque es una película muy pequeña. Un haiku es como un respiro; una película así, con cuatro actores y unas localizaciones como las que hemos utilizado –una casa, su jardín y un camino, no hay más–, también.

Una casa y un camino son como una metáfora de su obra.

¡Quién sabe! ¡Quién sabe!

Lo digo porque usted enfrenta a sus personajes a algunas paradojas curiosas. Algunos disfrutan de una libertad absoluta encerrados en algún sitio y otros se sienten oprimidos siendo nómadas. ¿La buena literatura surge de la contradicción?

Cierto, muchas cosas desagradables les ocurren a algunos cuando están en el camino. Estoy totalmente de acuerdo en ese punto de partida para la literatura, el de la paradoja. O el de las preguntas sin respuesta. Las preguntas que todos nos hacemos, pero que carecen de respuestas. Algunos las consiguen a veces, pero suelen ser locuras las conclusiones que sacan.

Para obtener esas respuestas se puede escribir un libro, ¿pero vale eso como garantía de que se obtengan o sólo para ahondar en las dudas?

Eso es lo que puede pasar. Creo que todo mi trabajo reta a las dudas, busca un equilibrio en un mundo inestable. El escritor es un ser dudoso; no sólo del mundo, sino de sí mismo. Si no dudaras, si no te plantearas lo que realmente merece la pena de lo que haces, no valdría para nada, no sería bueno. Nunca he conocido a un buen escritor completamente seguro de lo que escribe. Lo que la gente no entiende es que te sientes a escribir una novela de un tirón. Escribes muchísimas cosas que no valen nada, lo tiras, luego lo vuelves a intentar; así que lo que aprendes cada día es lo inútil que puedes llegar a ser, y eso es una cura de humildad.

¿El secreto, entonces, es no fiarse de lo que uno escribe?

No, tampoco. Tienes que creerlo para hacerlo, y estar convencido de que la historia que tienes entre manos es tan real como la vida misma. Cuando escribo una novela trabajo todos los días, siete a la semana, y pongo mi cabeza y mi alma a su servicio. Si me tengo que ir una semana o dos y luego vuelvo a la historia, me entran las dudas, me cuesta meterme dentro otros dos días, en ese mundo creado. Por eso busco estabilidad, para mí es la mejor manera de hacerlo.

Así que mientras rueda, no escribe.

No, estoy tan ocupado que la idea de escribir algo me resulta imposible. Pero es bueno tomarse un descanso, sin quejas. Yo elegí meterme en esto, nadie me ha obligado y lo estoy disfrutando. Me viene bien salir de mi cuarto y trabajar con gente.

No mucha, por lo que cuenta.

Muy poca, poco reparto, poco equipo, pero resultados alucinantes. Las interpretaciones son tan buenas; la fotografía, tan increíble, que estoy muy satisfecho, me da muy buen pálpito. Mi hija Sophie está en la película, tiene un papel muy pequeño, y me dice que es impresionante que durante el rodaje no haya habido ninguna metedura de pata de nadie, y es porque están tan concentrados que no corren el riesgo de equivocarse, ni de olvidarse de sus partes, ni nada. También ha venido muy bien que ensayáramos dos semanas antes del rodaje.

Y ha resucitado usted a Martin Frost, un personaje de ‘El libro de las ilusiones’.

Martin Frost surgió como un guión para un cortometraje que me encargó un productor alemán y que finalmente no se hizo. Pensé que la historia daría para mucho más. Luego lo incluí en El libro de las ilusiones, y después se me ocurrió que lo interesante es lo que le pasa después de que acaba la historia tal y como está en el libro. Así que lo único que quiero contar de él es lo que está publicado, no más; sólo que es una historia tan salvaje como impredecible.

Da la impresión de que sabe usted separar su trabajo como escritor del de cineasta.

Lo gracioso es que soy esencialmente un escritor, aunque amo el cine. Pero me considero un escritor muy poco cinematográfico. Mis libros no parecen películas; no están poblados de escenas pequeñas, seguidas una de otra. No hay mucho diálogo, son muy descriptivos. Precisamente por eso creo que trabajar en el cine es bueno para mí. Porque es una manera completamente distinta de contar una historia.

O sea, que no es usted de esos autores que mientras escriben ya están pensando en la adaptación al cine. Lo bueno, uno de los grandes retos de un escritor en estos tiempos, ¿no es escribir una novela que nadie sea capaz de adaptar al cine?

Estoy de acuerdo, sí señor. Una de mis novelas fue adaptada al cine, La música del azar, y me di cuenta de que al adaptarla perdería mucho, se convertiría en algo distinto. Lo que ocurre en mis libros tiene tanto que ver con el interior de los personajes que no acaba de plasmarse bien en pantalla. Aunque he hecho una excepción. Con mi primer libro, In the country of last things. Hay un joven director argentino, Alejandro Chomsky, que quiere hacerlo; un chico con mucho talento. Le he ayudado con el guión y ahora está intentando juntar el dinero para rodarlo en Buenos Aires en inglés y en español. Vamos a ver. Los proyectos de cine tienen propensión a evaporarse, pero es algo que me gustaría que saliera adelante.

Así que ha elegido el camino de la pureza. Y ésta, en literatura, ¿con qué tiene que ver?, ¿con el lenguaje?

Cierto. Mi lucha, mi ambición es la claridad, la limpieza; mi sueño es escribir un libro tan transparente que el lector sienta que el médium entre él y la historia no son ni siquiera las palabras, que se sienta dentro de ellas, metido en algo invisible. Al tiempo, el proceso de la escritura tiene que ver con la música, el sonido, el ritmo; relacionar un párrafo con otros, para que la gente no lea sólo con la mente, sino también con el cuerpo. Los lectores muy sensibles captan esa música. Yo no sé en qué parte del proceso surge eso, pero sé cuando lo hago bien y cuando lo hago mal.

A eso le llamo ambición.

Tampoco. El trabajo debe ser así y ya está. Sin compromisos. La obligación de contar la verdad a cada paso, y, como sabemos, la verdad puede ser muy incómoda, y hay está la dificultad. El dolor, lo que dejas de ti en cada libro.

¿Compromiso?

Sí, es compromiso. Pero, ¿por qué?, ¿por qué nos comprometemos?

Eso, ¿quién les llama a comprometerse?

Creo que el arte es una enfermedad, te infectas y no te recuperas. Todos los artistas, aunque tampoco quiero exagerar, son gente que sufre, gente que no encaja en este mundo y busca otro. Hay gente encantada de conocerse a sí misma; que se siente cómoda con su mente, con su cuerpo, con su manera de ser. Yo les admiro, pero no soy de ésos.

¿Les admira o les envidia?

Lo mismo da. Tampoco quiero ser como ellos. Hay una frase de Tarkovsky, el director ruso, que decía que necesitamos el arte porque el mundo es imperfecto.

De hecho, usted siempre comienza sus libros con alguien desesperado, al borde de la muerte. ¿Pretende ser usted un resucitador?

¿Un resucitador?

Sí, porque necesita todo el libro para salvar a sus personajes.

Para salvarles o para condenarles.

¿Es consciente de ello?

No, llegan de lugares a los que no tengo acceso, de sitios muy inconscientes. No les busco, me encuentran.

Y bien salvándoles o condenándoles, ¿qué siente por ellos?

Un enorme cariño. No me abandonan, siguen a mi lado años después. Lo verán en mi nueva novela, que saldrá pronto, Troubles in the scriptorium, que trata de la relación de un autor con sus personajes. Empieza con un hombre sentado al borde de la cama, en pijama, aguantándose la cabeza con las manos. Así, con esa imagen comienza, explorando esa visión.

Una imagen un tanto nihilista.

Neutral. ¿Por qué ese hombre viejo mira al suelo?

Así que le preocupa envejecer.

No mucho, es un hecho. ¿Qué puedo hacer para impedirlo? Es fascinante, no me asusta. Simplemente me impresiona tener la edad que tengo, 59 años ya. En mi mente me parece que tengo 32, y no es así.

A lo mejor lo que le inquieta es envejecer de determinada forma.

Tampoco. Me llama la atención el misterioso trabajo que lleva a cabo el tiempo, eso me interesa cada vez más. También llegas a un punto, ahora, en que te das cuenta de que muchas de las personas que has querido han muerto. Empleas mucho tiempo hablándoles a sus fantasmas. Cuando eres joven no haces estas cosas. Es como si tuvieras un pie en ese mundo de los muertos y otro en el presente. Ahora me acuerdo de cuando tenía veintitantos años y veía a escritores mayores que me impresionaban porque parecían vencidos, derrotados; se les notaba vagos, no se interesaban por nada. No era así, ahora que he envejecido me he dado cuenta de lo que les pasaba: que sentían que nadie iba a ser capaz de cambiarlos, que no vendría ningún jovencito a descubrirles nada. Cuando tienes 20 años cambias cada día: un día escribes como Hemingway, otro como Faulkner; pero cuando superas eso encuentras tu manera de ver el mundo y no vuelves atrás.

Y cuando usted era joven, ¿cómo disfrutaba más? ¿Imitando a Ernest Hemingway o a William Faulkner?

Siempre estaba insatisfecho, porque buscaba mi camino y no lo encontraba. Por eso escribía tantos poemas, cientos de poemas, y no me gustaban, no se los enseñaba a nadie. Fue cuando comenzó todo. Dejé de preocuparme por encontrar una voz propia cuando de repente comenzó a surgir, y lo que escribía cobraba importancia en su propio sonido. Lo que es el contenido y la forma. Si tienes que expresar algo, la historia en sí encontrará la manera de hacerlo.

Entonces, las estructuras de las novelas no surgen sólo de la creatividad del escritor, sino que es la propia historia la que va moldeando su estructura, la que de alguna forma necesita su propio encaje.

Absolutamente. Todo tiene que ver con la imaginación, nos pongamos como nos pongamos.

Y en esa relación de forma y fondo hay una novela ejemplar, como es el ‘Quijote’. ¿Qué es lo que le apasiona de esa obra?

Novela de novelas. Historias que entroncan con historias hasta que de repente te encuentras en un agujero con espejos. Soy un gran amante del Quijote, pero sobre todo de la segunda parte. Ésa es la novela moderna. Me fascina esa manera de dejar rastros para el lector, reales, fiables o no, que nos conducen hasta el camino que seguimos explorando hoy día.

¿Se considera muy influenciado por Cervantes?

El Quijote es un libro que leo y sobre el que reflexiono a menudo. Pero no pienso en mis influencias. No quiero ser consciente de ellas. Ni tampoco de lo que desprecio. Pero creo que han influido más en mí los poetas que los novelistas.

De ahí su obsesión por el lenguaje y la transparencia. ¿Ese fanatismo por las palabras es lo que lleva a muchos a escribir?

Hay algo de eso. Hay que ser un obseso. Casi no existe otra cosa más fiable que el lenguaje, por eso me refugio en los grandes a menudo; leo mucho a Shakespeare, a John Donne; pero también a quienes me han aportado mucho personalmente, como George Oppen, un poeta desconocido que fue amigo mío, por ejemplo.

El compromiso en los escritores es algo que usted se toma muy en serio. Es miembro muy activo del Pen Club, por ejemplo.

Ahora soy vicepresidente, sí. Me lo pidió Salman Rushdie, que es el presidente, y no podía negarme. Es de las pocas organizaciones de escritores que promueven los derechos humanos en el mundo. Me siento obligado a ayudar a escritores en peligro, cuyos derechos no se respetan, y tenemos influencia, hemos sacado a muchos de la cárcel. Créanme, es muy aburrido sentarse en las reuniones, discutir los presupuestos, muy tedioso; pero lo hacemos porque es por una buena causa.

Más ahora, porque se están poniendo las cosas feas en el mundo, gracias al Gobierno de su país, en parte.

Está más enfermo que nunca en la historia. En el Pen hemos creado un grupo de emergencia, 10 o 15 escritores lo forman en Cooper Union; allí hay un lugar muy emblemático, llamado The Great Hall, que fue donde Abraham Lincoln anunció que se presentaría a las elecciones. Allí hacemos reuniones y congresos, el último fue sobre la tortura. Se llena de gente. Son cosas que hay que hacer; no sé si valen para algo, pero al menos hablamos. Si nos quedáramos callados seríamos cómplices de lo que ocurre. Creo que somos responsables y debemos hacer algo, por pequeño que sea.

No es poco.

También hacemos un festival internacional. Tratamos muchos temas, pero hay uno que a los estadounidenses nos preocupa muchísimo. Una de las tragedias de nuestro país es la completa falta de interés por lo que ocurre en el resto del mundo, cada vez menos; se traducen poquísimos libros, se pierde el contacto con otras culturas, el país se desgaja del resto y va a la deriva. ¡No éramos así! Solíamos tener curiosidad por las cosas, pero ahora estamos aislados y demasiado satisfechos de nosotros mismos. Así que reunimos a 60 o 70 escritores de todo el mundo para que hablen y participen. Lo malo es que la prensa americana lo cubre poco, aunque todos los actos están a rebosar. Aparece más en la prensa extranjera.

Ha entonado usted en ‘Brooklyn follies’, su última novela publicada, un canto a la vida sencilla. ¿Lo necesitaba después del 11 de septiembre de 2001?

Es un himno a la vida normal. Comenzamos un nuevo periodo en la historia. Hay que ser conscientes de que es una suerte y una gozada vivir. Es una comedia, literalmente; lo necesitaba para tomar distancia. Me inspiró esa frase de Billy Wilder: “Si te encuentras bien, satisfecho, escribe una tragedia; si por el contrario te sientes desesperado, derrotado, haz una comedia”. El 11 de septiembre me hundió; estaba tan afectado, tan desolado, que no podía trabajar. Di más entrevistas entonces que en toda mi vida, la gente buscaba respuestas y a mí me venía bien hablar. Me dejé la cabeza conversando.

Pero las consecuencias han sido hasta peores de lo que esperábamos.

Escribí un artículo el año después, en 2002. Todavía se hablaba de invadir Irak, algo que desde la perspectiva que me daba la zona cero suponía un desastre completo para mí. Ya han pasado cuatro años, y desgraciadamente he comprobado que entonces tenía razón. A día de hoy no veo la salida, hemos creado un monstruo. Ni siquiera estoy seguro de que retirar las tropas hoy mismo fuera una solución. Supongo que habrá que hacerlo, pero con un plan. No puedes ocupar un país tanto tiempo. Ni siquiera el petróleo lo vale.

En estos tiempos, su literatura también cobra un extraño sentido. Esa lucha de sus personajes entre el nihilismo y la necesidad de respuestas adquiere una fuerza enorme.

Muchos de mis personajes son excesivos y están en el extremo, a punto de tirarlo todo por la borda, aunque buscan lo mismo que todo el mundo: amor, un sentido del equilibrio en sus vidas, escapar de la soledad. Muchos de ellos se rinden, y es cuando encuentran espacio en mis libros.

Y usted, para empezar, no permite que tomen decisiones drásticas, que se suiciden. ¿Le parece pecado como escritor?

Es un tema interesante. Todo el mundo se lo ha planteado. Es humano, pero tanto como pecado… Simplemente es algo sobre lo que no me gusta escribir.

También hay que animarse. Sacarle jugo a la vida leyendo. Jugar con el lector.

Claro, tenemos que proporcionar placer, gusto a los lectores; si no lo hacemos, no va a merecer la pena que la gente nos lea. ¿Para qué? Si nos sintiéramos constantemente desesperados no tendría sentido agarrar la pluma.

Y eso es algo que usted se toma muy en serio, porque no trabaja con ordenador, sigue escribiendo a mano.

No me siento cómodo con un teclado. La pluma es distinta, o el lápiz. Aunque luego, cada día, lo paso todo a máquina. Hay tantos tachones que si espero al día siguiente no hay forma de que me aclare.

De ese paso ya quedan pocos escritores que se den cuenta, porque, en un ordenador, lo borras y ya está.

Ni siquiera lo borras, lo haces desaparecer.

Y no eres consciente del trabajo que has hecho.

En cambio, yo sí; cada falta, cada imprecisión la tengo en el papel, tachada.

JESÚS RUIZ MANTILLA
El País.es


 

Represaliados después del 39

Cientos de miles de republicanos sufrieron la represión franquista tras la contienda. Algunos viven para contarlo

CARLOS E. CUÉ

DOMINGO - 23-07-2006

Para muchos españoles, el parte más importante de la Guerra Civil reza: "Cautivo y desarmado el ejército rojo...". Pero es otro el que recuerdan, con los ojos enrojecidos, numerosos represaliados del franquismo, sus hijos y sus nietos. Decía así: "Nada tiene que temer de la justicia aquel que no tenga las manos manchadas de sangre". Era falso.

Tres larguísimos años de guerra habían traído un deseo enorme de paz. Y ganas de creer en el espejismo. Muchos miles de republicanos y sus hijos, los que no se exiliaron, confiaron en esas palabras del dictador. Se entregaron, y fue el principio de su calvario. "Cuando escuchamos eso gritamos: '¡Viva Franco!'. Pero al día siguiente ya bajaban sus tropas quitándonoslo todo, abusando de las chicas. Tenía 15 años. Pensé: la guerra no ha terminado, la guerra empieza ahora, la más larga, la de verdad. La del hambre, la miseria, la esclavitud, el terror, el fusilamiento, la injusticia", se emociona a sus 79 años el guerrillero José Murillo, Comandante Ríos.

 

El viernes, el Gobierno discutirá la Ley de Memoria Histórica, que intenta resarcir a aquellos que creyeron en ese segundo parte de Franco. Muchos de estos hombres y mujeres, algunos muy ancianos, confían en que por fin, tras casi 30 años de democracia, el país reconozca oficialmente su desgracia.

 

La guerra fue terrible -600.000 muertos en total-, y la represión, aún peor. En la zona nacional cayeron 100.000 personas asesinadas; en la republicana, 60.000, entre ellos 7.000 religiosos. Hasta ahí el terror compartido. Porque a partir de 1939, con todo a su favor para ser generoso, el régimen de Franco encarceló a 270.000 personas y fusiló a 50.000. Al menos 4.000 murieron de hambre y frío en las prisiones (Víctimas de la Guerra Civil, Temas de Hoy; Morir, matar, sobrevivir, Crítica).

 

 

Marcos Ana

 

- - - Poeta, comunista. Pasó 23 años en la cárcel, 15 de ellos en Burgos.

 

 

"Los primeros años fueron durísimos. Nos comíamos las hierbas que crecían entre las piedras de la prisión. Cada día te enterabas de algún compañero muerto o fusilado. La cárcel estaba en el centro de Madrid, y cuando los sacaban para matarlos gritaban: '¡Viva la República!'. Les ponían un tapón de corcho en la boca".

 

"En 1943, en Ocaña, un día me dijeron que me iban a matar esa madrugada. Los compañeros me despidieron. Pasé toda la noche viviendo las últimas horas; escribiendo cartas al partido, a mis amigos, y escondiéndolas en las grietas, como hacían todos los condenados. Escuchaba los pasos de los carceleros, pero no venían a por mí. A la mañana siguiente leyeron mi conmutación. El jefe de servicio, que me odiaba, lo había retenido para que pasara la última noche de un condenado a muerte".

 

"En Ocaña, cuando había saca, el corneta tocaba silencio de una manera especial, prolongaba el sonido. Cuando se iban los camiones había un silencio mortal, porque escuchábamos los tiros de gracia para saber a cuántos habían matado. Y comenzábamos a golpear con las cucharas".

 

"Nos organizábamos y repartíamos hasta el hambre. Al principio fue durísimo; pero cuando los nazis perdieron en Stalingrado, los carceleros empezaron a aflojar. Pensaron que el franquismo se acabaría".

 

"La verdad es que siempre he sentido más calor fuera que dentro de España, porque nosotros, los comunistas y republicanos españoles, estábamos en el corazón del mundo. Los falsificadores del pasado quieren establecer un juicio salomónico sobre la historia de España, pero no es igual luchar contra la libertad que defenderla. Esa guerra nosotros no la queríamos, no la necesitábamos, habíamos ganado las elecciones unos meses antes. Necesitábamos la paz. Quisieron cerrar a sangre y fuego ese proceso democrático".

 

"Se hacen algunas cosas, pero de extranjis, sin afirmar los valores que representamos. Incluso en el terreno económico se hace poco. Los portugueses dieron un millón de pesetas por cada año de cárcel. ¡Yo me habría podido comprar una casa, que no tengo! He sido el que más he cobrado: 2.200.000 pesetas. Un millón por los primeros tres años y 200.000 por cada trienio".

 

 

 

Nicolás Sánchez Albornoz

 

- - - Pasó cinco meses en el Valle de los Caídos en 1948. Su fuga inspiró la película Los años bárbaros.

 

 

Nunca ha vuelto al valle. Ni siquiera lo llama así. Para él es Cuelgamuros, el nombre de la finca. Este periódico le propuso acudir allí para rememorar su condena. Su respuesta fue tajante: "Cuando desalojen al bicho". O sea, cuando saquen de allí los restos del general Franco y se los entreguen a su familia. "Pueden hacer un centro de interpretación o lo que les dé la gana, pero para mí es insuficiente. ¿La cripta puede tener la tumba de Franco y José Antonio, y al lado unas placas hablando de la represión y los campos de concentración? ¡Se dan de patadas!".

 

"España tiene que darse cuenta de que es Europa, tiene que compartir sus estándares, y no admitir el mausoleo. Algunos sostienen con toda la razón que ellos, como europeos, tienen derecho a opinar sobre el mausoleo, que no es un hecho privativo de los españoles. Es un hecho europeo".

 

"Conmigo había gente que desde 1939 no había pisado la calle. ¿Por qué nueve años después de terminar la guerra tenían que estar presos? Era un gran negocio. Éramos alquilados a las empresas por 10,50. Nos daban 50. Los patrones tenían obreros a precio de saldo y disciplinados".

 

"[El Valle de los Caídos] se ha convertido en un símbolo del fascismo, donde se reúnen para todas sus ceremonias, incluidos los de la Legión Cóndor. La gente está harta; 4.000 fascistas no son nada frente a 40 millones de españoles y 500 millones de europeos. En España ha aparecido una generación que está pidiendo cuentas y reabriendo las fosas, pidiendo información de sus abuelos. Si sacan a Franco de allí, qué va a hacer el PP cuando vuelva, ¿traerlo otra vez? Sería irreversible y resolvería el problema para siempre. Si no, resurgirá".

 

 

José Murillo

 

- - - 'Comandante Ríos', guerrillero en Sierra Morena, 82 años.

 

Vive en una humilde casa del barrio de Usera, en Madrid. Nunca se reconoció el carácter militar de la guerrilla, por lo que no recibe más pensión que la mínima. "Mi padre era socialista de toda la vida, pero cuando acabó la guerra creyó que no le pasaría nada porque no tenía las manos manchadas de sangre. Acabó en Castuera (Extremadura), uno de los peores campos de concentración. Los hombres morían comiendo raíces. Logró sacarlo un amigo falangista. Tenía seis hijos, yo era el mayor. Pensó que todo había acabado, pero el mismo día que volvió, con piojos y sarna, irreconocible, vino un falangista al que llamaban El Berraco -imagínese el personaje- y dijo que nos requisaba los animales y la casa".

 

"Mi padre me llevó aparte y me dijo: a mi hijo no lo van a matar de rodillas. Defenderemos nuestras vidas, no somos hombres de cárcel. Nos fuimos al monte. A mi madre la metieron en la cárcel como represalia. Seis años. A mi padre lo mataron de un tiro".

 

"Me hirieron, aún tengo las cinco balas en el hombro. Para hacerse una idea de cómo era un juicio franquista había que escuchar al fiscal: '¿Se puede consentir que en esta España católica, apostólica y romana existan seres que seis meses antes de nacer ya tenían instintos revolucionarios? ¡Pido la pena de muerte!".

 

"En la cárcel comíamos habas podridas y lentejas con bicho. Vivíamos entre ratas, yo incluso amaestré a un lironcillo para que comiera el bicho de las lentejas de mi mano, en la celda de castigo".

 

"La hermana de un compañero se hizo pasar por hermana mía para escribirnos, y así pasamos cuatro años. Nos enamoramos sin vernos. Luego nos casamos".

 

"Yo no he matado a nadie. He disparado muchas balas; me defendía, pero nunca a sangre fría. Murieron guardias civiles, sí, a manos de la guerrilla; pero los mató Franco, no yo. Él empezó la guerra. Sólo quiero que se reconozca que luchamos por la libertad, y que nos den una pensión digna".

 

 

Tario Rubio

 

- - - Tiene 86 años. Pasó ocho en prisiones y campos de trabajo, entre ellos el Valle de los Caídos.

 

 

"Las nuevas generaciones no tienen ni idea de lo que llegamos a sufrir, moral y físicamente. Por eso yo, a mis 86 años, sigo en la brecha: para que no se pierda esta memoria. Yo no quiero venganza ni remover el pasado. Pero veo esas inmensas manifestaciones contra el terrorismo de la ETA, apoyadas por el PP y la Iglesia católica, y pienso: vale, ¿pero por qué no condenan también el otro terror, el del franquismo? Porque en la guerra hubo bestialidades en los dos bandos, pero cuando acabó, en vez de ser generosos, siguieron matando, y de qué manera. Yo estuve en la cárcel Modelo de Valencia. Allí cada día se llevaban 10 o 15 a fusilarlos".

 

"Pasé ocho años encerrado después de la guerra. Estuve en cuatro campos de concentración. Te pegaban tantos palos que firmabas cualquier cosa. En las oficinas de depuración era terrible, había informes falsos que venían de los pueblos. Éramos 10 o 12 presos en tres metros cuadrados. Teníamos un váter y nos turnábamos para no dormir al lado de él".

 

"Mi tío Miguel, el cuñado de mi padre, tenía influencia con un falangista importante. Mi padre le pidió ayuda. Le respondió: '¿Tú vienes a pedirme avales cuando sabes que debías estar tú también en la cárcel por republicano? ¡Mi tío!".

 

"Cuando llegué a Cuelgamuros, en 1942, era diciembre. Hacía un frío horrible en esos barracones de madera, que tenían brechas por donde entraba el viento helado. No podíamos dormir por el frío. No te podías lavar porque allí no hay ríos ni nada. Te daban un cazo de agua sucia que le llamaban café, y hala, al tajo. A picar. Y eso que no me tocó en el agujero, sino en la carretera de acceso".

 

"Todavía hace poco, en una entrevista, vi que el abad de Cuelgamuros, con toda su caradura, un representante de Dios, decía que íbamos acumulando mucho dinero en un banco y que cuando salíamos ¡nos comprábamos las mejores casas! Le voy a escribir para saber en qué banco está mi dinero, para reclamarlo. Hicimos líneas de ferrocarril, reconstruimos el país, y empresarios como Banús se hicieron millonarios con los presos".

 

Vicente Muñiz

 

- - - 71 años. Fusilaron a sus padres, anarquistas, en 1941. Ha llegado hasta Estrasburgo para pedir la anulación del juicio.

 

 

"Mis padres trabajaban en la sede del POUM en Valencia: él, de chófer; ella, limpiando. Yo tenía cinco años cuando los nacionales entraron en la ciudad. Hice el saludo fascista, como todos, y mi madre, una mujer profundamente anarquista y republicana, me pegó un coscorrón enorme. Nos metieron a todos en la cárcel; allí estuve con mi madre y mi hermano pequeño dos años, hasta que los fusilaron, en Paterna. Allí cayeron 2.238 personas entre 1939 y 1956. A ella le acusaron de matar 'a una mujer rubia de 17 años'. Sin nombre, sin cadáver, sin testigos. Hasta los 17 años estuve en un asilo de monjas, una cárcel de otra manera".

 

"Yo no puedo resucitar a mis padres, pero sí se les puede devolver el honor. Al pasar de la dictadura a la democracia se olvidaron de los perdedores. Yo no he pedido nunca dinero. Para mí el fusilamiento de mi madre y mi padre no tiene precio. Yo quiero que con los mismos papeles con los que los condenaron, que los tengo, pongan un tribunal de demócratas y anulen la sentencia".

 

"Un señor alemán dijo haber oído a mi madre decir que había matado a tres mujeres. Luego dijo que era mi padre. El tribunal, en vez de aclarar la cosa, dijo: bueno, pues los dos. Los mataron el 5 de abril de 1941, San Vicente Ferrer, patrón de Valencia, con otros 10. Los enterraron como perros en una fosa. La llenaban, y cuando estaba repleta, le echaban cal y abrían otra".

 

"El PSOE de Felipe González no tocó para nada este tema. Pero una herida cicatriza bien cuando se limpia bien. Si dejas el pus dentro, vas a tener que volver a abrirla para curarla. Piensan que el tiempo lo va a arreglar. Sólo la justicia lo arregla. Sólo pido que no se les acuse de auxilio a la rebelión. ¡Los que se sublevaron fueron ellos! Es como si ahora alguien cogiera las armas porque no le gusta el Gobierno. A mí no me ha gustado ninguno desde que hay elecciones, pero no se me ocurre coger un arma contra él, porque es democrático".

 

 

Nieves Galindo

 

- - - Nieta de Dióscoro Galindo, maestro republicano enterrado en una fosa en Víznar (Granada) con el poeta Federico García Lorca.

 

 

"Mi padre se murió pensando que algún día se recuperaría la memoria de mi abuelo. Casi desde el principio se supo que lo habían matado y enterrado con García Lorca en Víznar (Granada). Mi padre tenía 23 años, estaba en cuarto de medicina. Huyó. Cuando Franco dijo lo de las manos manchadas de sangre, se presentó, le pegaron palizas porque le reconocieron como hijo de Dióscoro y le metieron en la cárcel, dos años. Luego se vino a Madrid para estar lejos del pueblo, por miedo. Le destruyeron la vida. Estaba estudiando y tuvo que dejarlo. No quiso reclamar sus papeles universitarios por miedo a que fueran a buscarlo. Trabajó de repartidor, albañil y descargador de camiones. Nunca fue a Víznar, por miedo".

 

"Yo cumpliré su deseo. Ni siquiera pedimos sacarlos de la fosa, sino sólo tener la certeza de que están allí. Es muy fácil, porque a mi abuelo le faltaba una pierna. La familia de uno de los banderilleros también está de acuerdo. Pero la familia de García Lorca no quiere porque dice que eso es remover el pasado. Está todo pendiente de la Junta de Andalucía, que no ha dado el paso. Si es necesario, iremos al juzgado".

 

 

Carmen Puig Antich

 

- - - Es hermana de Salvador, el último ajusticiado a garrote vil. Condenado por la muerte de un policía. Era anarquista.

 

 

"Lo detuvieron un 25 de septiembre y lo juzgaron el 7 de enero. Ese día ya estaba la condena a muerte. Apelamos. El 15 de febrero se confirma la sentencia, y el 2 de marzo de 1974 era ejecutado. Les interesaba ir rápido, como venganza por lo de Carrero Blanco [diciembre de 1973]. Al día siguiente del atentado teníamos visita con Salvador. Sólo 20 minutos. Nada más vernos, él lo dijo: 'ETA m' ha matat'. Tenía razón. Recuerdo cada minuto de las últimas 12 horas, las que llaman en capilla. A ratos hablábamos, a ratos nos abrazábamos, nos tocábamos el pelo. A veces él tenía que ir al servicio por el miedo que estaba pasando, y le obligaban a hacerlo con la puerta abierta. Era horrible. Una hermana mía perdió la cabeza y decía que mi madre, muerta, iba a hacer algo".

 

"Hay un momento en que yo me quedo sola. Eran las cuatro de la mañana. Y un hijoputa de funcionario, un tío de 50 años, que me acuerdo de su cara, pero no de su nombre, me dijo: '¿Tú sabes cómo van a matar a tu hermano?'. 'No', le contesté, ingenua. Me explicó con pelos y señales cómo funciona el garrote vil. Cuando volvió mi hermano no sabía qué cara poner. Yo tenía 19 años".

 

 

Ricardo Limia

 

- - - 89 años, comunista. Trabajó como preso cuatro años en el Canal del Guadalquivir, al que ahora llaman "canal de los presos".

 

 

"Cuando estalló la guerra y tomaron Sevilla, yo estaba en las Juventudes Socialistas. Organizamos una columna para venir a buscar a Queipo de Llano. Pero nos engañaron, nos dejaron solos a los de las Juventudes, nos ametrallaron y mataron a todos los que iban en el camión. Yo me salvé porque iba detrás con una moto".

 

"Nos fuimos al monte. Vivíamos en los túneles de viejas minas abandonadas. Nos juntamos 200 personas. Cuando acabó me entregué. Me condenaron a muerte, pero me libré gracias a un familiar. Acabé en el campo del canal. Era muy duro, pero mejor que la cárcel. Se comía algo, porque había que trabajar duro y no podían tenernos muertos de hambre".

 

"En la cárcel moría mucha más gente, de hambre y de pena. Te daban un cazo de agua a mediodía y otro por la noche. En la prisión de Cádiz estuve siete meses comiendo lentejas con bicho al mediodía y por la noche. Aún así, en el campo había hambre. Un día cayó muerto un mulo atravesado en el canal y a los 20 minutos no quedaba nada, nos lo habíamos comido. Aunque no todo era malo. Allí me enamoré de una chica de Dos Hermanas que venía a llevarme comida. Me llevó tortilla la primera vez, aún me acuerdo del sabor. Luego nos casamos".

 

"El Gobierno no se preocupa de nada. No es justo que te den un milloncejo de pesetas por pasar 15 o 20 años de cárcel y campos de concentración sin ningún motivo. Sólo quiero que reconozcan que luchamos en beneficio de España, no nuestro, por la libertad de todos. A mí, como a todos, me hacen homenajes, pero a nivel particular; el Estado no hace nada, no hay reconocimiento oficial".

 

Isabel González Losada no ha hablado para este reportaje, pero también fue víctima del franquismo. Perdió a su hermano. Su tesón hizo que se abriera la primera gran fosa en El Bierzo, en 2002. Hace unos meses se quejaba de la lentitud del Gobierno: "Estábamos esperando algo de una vez, fuimos a la comisión interministerial para las víctimas de la guerra y el franquismo. Nos escucharon, pero luego no nos han dicho nada. Estamos perdiendo la paciencia. Somos gente muy mayor y no podemos esperar". Isabel murió hace dos semanas.

 





 

Comisiones de la verdad en Suráfrica y Argentina
 

DESDE EL NAZISMO hasta los regímenes comunistas en la Europa del Este, pasando por las dictaduras en América Latina, casi todos los países tienen un pasado cargado de tragedias, crímenes, odios y víctimas, pero muy pocos han sido capaces de ajustar las cuentas con él para aliviar el dolor. Suráfrica ofrece uno de los caminos más interesantes. En su transición del apartheid a la democracia en los noventa no se podía permitir un Nuremberg: los miembros de la policía y del Ejército acusados tenían las armas para abortar la transición. Otra opción fue una amnistía general; una posibilidad inválida porque, como recordó el arzobispo Tutu, "resultaría una amnesia general". Se optó por una tercera vía: la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, en la que los perpetradores serían amnistiados si reconocían la verdad y en la que las víctimas se explicarían. Muchos perpetradores desvelaron la verdad del apartheid: torturas, secuestros, desapariciones, asesinatos. Muchas de las víctimas se mostraron agradecidas sólo con ser escuchadas.

Alemania ha tenido que luchar dos veces con su pasado. Tras la II Guerra Mundial, los aliados impusieron el procesamiento de los nazis más destacados. Sin embargo, muchos siguieron en cargos públicos hasta su jubilación. A finales de los años sesenta, los jóvenes provocaron un profundo debate al preguntar a la generación de sus padres cuál fue su papel durante el régimen nazi. Hoy, las insignias nazis son anticonstitucionales. Además de la apertura de los archivos de la antigua policía política, las víctimas de la dictadura en la antigua República Democrática Alemana (RDA) perciben ya una pensión del Estado. En Hungría y Rumania, el pasado es un arma arrojadiza en la vida política cotidiana. Algo que también ocurre al otro lado del Atlántico.

Argentina no ha logrado pasar la página completa de los años más atroces de su historia reciente, mientras que Uruguay sí. Tan pronto como el presidente Raúl Alfonsín llegó a la Casa Rosada en 1983, tras una dictadura de casi nueve años, ordenó el enjuiciamiento de los dirigentes de los grupos guerrilleros ERP y Montoneros y los de las tres cúpulas militares que habían estado en el poder desde 1976. Una comisión de la verdad dirigida por Ernesto Sábato sacó a la luz las atrocidades. El procesamiento y posteriores condenas logradas por un Gobierno democrático supusieron un hito en el mundo. La democracia encabezada por Alfonsín, sin embargo, aún era vulnerable. Mucha presión y un par de alzamientos de jóvenes oficiales llevaron al Gobierno a aprobar las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, dos normas muy cuestionadas en Argentina. En 1989, siendo ya Carlos Menem presidente, éste indultó a los jefes militares y guerrilleros. El actual presidente, Néstor Kirchner, arrancó su mandato pidiendo perdón en nombre del Estado por los desaparecidos y ha reabierto el debate proponiendo la anulación de esas leyes de impunidad. La herida sigue sangrando.

En honor a mis antepasados vascos balleneros.

En honor a mis antepasados vascos balleneros.

Duro retorno al pasado

El país.es

"Ha sido emocionante y duro a la vez. Teníamos la comida racionada y había días que navegábamos hasta 14 horas. Cada jornada debíamos buscar un lugar para dormir. Hemos pernoctado en cabañas de pescadores, en la playa...", relató ayer recién llegado, en San Sebastián el bertsolari Jon Maia, uno de los componentes de la expedición que se ha desplazado a Canadá para estudiar y recrear la vida de los balleneros vascos en el siglo XVI.

A principios de junio siete vascos del siglo XXI cambiaron los pantalones vaqueros por atuendos propios de hace 500 años, se avituallaron de alimentos básicos en aquella época y se embarcaron en Quebec en la réplica de una chalupa de hace cinco siglos. ¿El objetivo? Conocer de primera mano el modo de vida de los cientos de antepasados que se dedicaron a la caza de la ballena en las aguas de la Península canadiense de Terranova y Labrador.

El germen de esta aventura se remonta a 1565. Aquel año, el ballenero vasco San Juan, al que acompañaban seis chalupas, se hundió en aguas próximas al pequeño pueblo de Red Bay. Hace tres décadas, el Gobierno canadiense decidió invertir en un proyecto científico que pasó por sacar el galeón del mar para su investigación. Entre la nao y el fondo los arqueólogos encontraron, bien conservada, una de las chalupas.

El centro de investigación y construcción de embarcaciones tradicionales Ontziola, ubicado en la localidad guipuzcoana de Pasaia, se hizo en 2004 con los planos de la chalupa. Desde entonces ha construido dos réplicas de ocho metros de largo y dos de ancho.

A bordo de una de ellas, Beothuk, han navegado los miembros de la expedición, a remo o a vela, desde Quebec hasta Red Bay. Les acompañó un indígena de la tribu Mi' kmaq. En seis semanas recorrieron 700 millas y recalaron en las más importantes estaciones balleneras vascas del siglo XVI.

"Fue un largo viaje geográfico e histórico", subrayó Maia. De la presencia allí de los vascos dejan constancia "un montón de toponimia" en euskera y las "historias orales" que todavía pasan de una generación a otra.


 

22 de julio de 2006

22 de julio de 2006

Tan sólo que nació en Heerlen (Países Bajos) según se ha dicho, por pura casualidad. ¿Y no es por pura casualidad que hemos nacido todos, o casi todos, no importa si en un lugar, o en otro? Austríaco en definitiva, dos fechas lo resumen. A saber: 1931-1989. Parte de su vida transcurrió en un sanatorio. Escribió dramas, hecho que lo acerca a Peter Handke en eso de cultivar el teatro de la nueva subjetividad. También una larga autobiografía en cinco partes: El origen (1975), El sótano (1976), El aliento (1978), El frío (1981), y Un niño (1982). Novelas: Heladas (1964). Trastorno (1967). La calera (1970). También poesías...De su libro "El imitador de voces", algunos cuentos.

Bernhard no es sólo un grande de la litaratura, sino uno de los últimos que entendieron que la labor del intelectual en nuestra sociedad es, por encima de todo, señalar con el dedo acusador a todos los que *algo* tienen que ver con el poder. 

  

NECESIDAD INTERIOR

Unos bomberos de Krems comparecieron en juicio, porque retiraron su tensa lona de salvamento y huyeron, en el momento en que un suicida, que desde hacía ya varias horas amenazaba con precipitarse al vacío desde una cornisa del cuarto piso de una casa particular de Krems, saltó realmente. El más joven de los bomberos declaró en el juicio que había actuado por una súbita necesidad interior y que, al ver que el suicida cumplía su amenaza, huyó sin soltar la lona. Como era el más fuerte de los seis bomberos, arrastró a los otros cinco con la lona y, en el momento en que el suicida, un desgraciado estudiante, como dice el periódico, se estrelló contra el suelo bajo la casa a la que durante tiempo se había aferrado, ellos mismos cayeron al suelo, causándose lesiones más o menos dolorosas. El tribunal ante el que compareció el bombero que fue el primero en huir con la lona y que, como queda dicho, al ser el más joven y más fuerte de ellos era el principal inculpado, no pudo sustraerse a la responsabilidad de ese inculpado principal y, lo mismo que a los otros bomberos de Krems, absolvió al bombero, aunque, como es natural, no podía estar convencido de su inocencia. Los bomberos de Krems tienen desde hace decenios la reputación de ser los mejores bomberos del mundo.

ESPELEÓLOGOS

 

Los llamados espeleólogos, que dedican su vida a explorar cuevas y suscitan siempre el mayor interés, sobre todo en las revistas ilustradas de las grandes ciudades, han explorado también la cueva existente entre Taxenbach y Schwarzach, que hasta ahora había estado siempre totalmente inexplorada, como hemos sabido por el periódico. A finales de agosto y en condiciones meteorológicas ideales, según informa el Salzburger Volksblatt, los espeleólogos penetraron en la cueva con la firme intención de volver a salir de esa cueva hacia mediados de septiembre. Sin embargo, como los espeleólogos no habían vuelto de la cueva ni siquiera a finales de septiembre, un equipo de salvamento, formado con el nombre Equipo de salvamento de espeleólogos, se dirigió a la cueva para socorrer a los espeleólogos que penetraron originalmente en la cueva a finales de agosto. Pero tampoco ese equipo de salvamento de espeleólogos había vuelto a mediados de octubre de la cueva, lo que indujo al Gobierno del Land de Salzburgo a enviar a la cueva un segundo equipo de salvamento de espeleólogos. Este segundo equipo de salvamento de espeleólogos se componía de los hombres más fuertes y valientes del Land y estaba equipado con los más modernos, así llamados, aparatos de salvamento espeleológicos. Sin embargo, el segundo equipo de salvamento de espeleólogos, igual que el primero, penetró, sí, en la cueva, de acuerdo con lo previsto, pero ni siquiera a principios de diciembre había regresado de la cueva. En vista de ello, la oficina responsable de la espeleología del Gobierno del Land de Salzburgo encargó a una empresa constructora de Pongau que tapiase la cueva existente entre Taxenbach y Schwarzach, lo que se hizo ya antes del nuevo año.

DECISIÓN

 

Según prudentes estimaciones, en el último terremoto que azotó a Bucarest perdieron la vida dos mil quinientas personas; sin embargo, cálculos exactos han determinado que unas cuatro mil personas murieron bajo los escombros. Esa cifra hubiera sido inferior por lo menos en quinientas si el municipio hubiera actuado en contra de la orden expresa del funcionario competente de la administración de Bucarest de allanar los escombros de un hotel totalmente destruido, en lugar de quitarlos, y hubiera quitado esos escombros. Todavía una semana después del terremoto, la gente oía los gritos de cientos de personas sepultadas, que salían de los escombros. El funcionario de la administración municipal, sin embargo, hizo cercar la zona del hotel hasta que le comunicaron que bajo los escombros no se movía absolutamente nada y que tampoco se oía ya ruido alguno. Hasta dos semanas y media después del terremoto no se permitió a los habitantes de Bucarest recorrer el montón de escombros, que fue totalmente allanado en la tercera semana. Al parecer, por razones de costo, el funcionario renunció al salvamento de unos quinientos huéspedes sepultados del hotel destruido. El salvamento hubiera costado mil veces más  que el allanamiento, sin tener en cuenta siquiera el hecho de que, probablemente, se habría sacado de los escombros a cientos de personas gravemente heridas que el Estado hubiera tenido que mantener luego durante toda su vida. Como es natural, según se dice, el funcionario se cercioró de la conformidad del Gobierno rumano. Al parecer, es inminente su ascenso a un puesto oficial más alto.

Los nuevos hallazgos en Atapuerca ofrecen una nueva teoría sobre el canibalismo

Los nuevos hallazgos en Atapuerca ofrecen una nueva teoría sobre el canibalismo

El hallazgo de nuevos restos de homínidos en la sierra de Atapuerca ha cambiado los esquemas de los arqueólogos en la teoría sobre el canibalismo que practicaba uno de los antecesores del hombre hace unos 800.000 años. “Pensábamos que el canibalismo en el Homo Antecesor había sido algo puntual, pero los nuevos hallazgos nos llevan a pensar que practicaron el canibalismo seguramente durante cientos de años”, ha dicho uno de los codirectores del yacimiento, Eudald Carbonell. Según esta teoría, hace 800.000 años los habitantes de la sierra burgalesa comían a “miembros de grupos que venían de fuera”, fundamentalmente niños y niñas, lo que es, para los expertos de Atapuerca “más un hábito cultural que gastronómico”. Los encargados de las excavaciones esperan encontrar nuevas pruebas que consoliden esta teoría en la parte del yacimiento de la Gran Dolina, donde ya se han localizado una decena de fósiles pertenecientes al Homo Antecesor.

Los arqueólogos que trabajan durante este verano en la Gran Dolina están sorprendidos por la cantidad de restos de este antecesor del hombre. La riqueza de esta parte del yacimiento es tal que estudian la posibilidad de reforzar el equipo de trabajo y prolongar la época de excavación, que actualmente es de poco más de un mes, a tres o cuatro meses al año. Los trabajos en este nivel (a unos 15 metros) se habían paralizado en 1994, pero ahora han confirmado la cantidad de fósiles existentes, “esperamos un festival de restos del Homo Antecesor en los próximos años”, ha dicho otro de los codirectores, José María Bermúdez.

Los arqueólogos que trabajan en Atapuerca estudian también la importante industria lítica hallada tras las excavaciones, lo que permite barajar la hipótesis de que pudo haber un desarrollo de los homínidos en Europa, Asia y África.

Las excavaciones también han sacado a la luz restos más recientes –de hace 500.000 años-en la Sima de los Huesos. Los arqueólogos han desarrollado un sistema de identificación de la cadena de ADN con restos en osos y prevén hacer lo mismo con los restos humanos. Aunque el objetivo es encontrar restos de homínidos, los hallazgos realizados hasta ahora han permitido establecer el clima que había en esa época en la sierra.


 

21 de julio de 2006

21 de julio de 2006

Es curioso que los mismos que niegan, y con razón, postulados identitarios, nacionalistas, de territorio por encima de las personas, a los varios nacionalismos que en España conviven, sean los que defiendan la causa del Estado sionista de Israel. No es que Israel, evidentemente, no tenga derecho a un Estado, sino que ese Estado, el existente, donde se encuentra, las razones por las que se encuentra allí, desde sus orígines, esgrimidas por los padres fundadores, son de origen identitario, religioso, y tan virtuales como aquellos que desean modelar paisajes en su estatutos.

Es a este Estado israelí actual , así configurado, imposible para muchos judíos que piensan en no/judío o que niegan las razones de ese sionismo invasor, es al que negamos como Estado, y al que nos oponemos. Y es el que no debiera existir. Cada día más parecido a un Estado terrorista con la simple lectura de la prensa diaria.

Otra cosa, y en otro momento, será hablar de los otros estados árabes. Esos que fueron modelados a golpe de regleta por ingleses, franceses, alemanes o americanos y que oponen religión a religión haciendo imposible cualquier posibilidad de avance en sus derechos. Además de estar nadando en la más absoluta corrupción, con el visto bueno de las potencias occidentales, maestras en el arte de corromper territorios y personas.

Si Lawrence levantara la cabeza.