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el mundo fragmentado

23 de noviembre de 2006

La lectura diaria de la prensa es una montaña rusa donde pasas de la risa a la depresión a la velocidad de un cometa.

Así podemos leer que los responsable de la empresa Afinsa (aquella de los sellos y las estampitas) proponen a sus clientes convertirlos en accionistas de la empresa y devolverles el dinero a diez años vista. Semejante *genialidad* se ha presentado, o se va a presentar, al juez que instruye el caso como solución a la estafa y conseguir, de esta manera, una disminución de las penas aplicables a los delitos imputados a los administradores.

De admitirse tendríamos la siguientes secuencia de los hechos:

1 Un grupo de señores crean una empresa y estafan a un buen numero de personas mediante el timo de la estampita.

2 Cuando la estafa es detectada y pasa al juzgado, el grupo de señores niegan que la empresa carezca de recursos para hacer frente a sus obligaciones.

3 Cuando la intervención judicial aclara que la empresa está en quiebra porque no existen recursos para devolver el dinero a sus clientes, es decir, cuando confirman que existe la estafa, el grupo de señores proponen a los clientes estafados que *compren* la empresa, hacerlos accionistas y ¡QUE FINANCIEN! con los recursos estafados la propia estafa durante diez años. Es decir, que el dinero que les han robado, y que los ladrones no piensan devolver, se convierta en un crédito contra la empresa. Y ellos a disfrutar de las ganancias.

¡Manda *guevos*!

La corrupción en España está llegando a grados que igualan los peores tiempos de la mafia siciliana.

La semana pasada pudimos oir a un especulador del ladrillo amenazar a un alcalde de una pequeña localidad, con todas las cámaras de televisión al servicio del mafioso empresario, si no le otorgaban las licencias necesarias para construir 15.000 viviendas en Seseña sin que, hasta la fecha, nadie le hubiera garantizado la acometida de agua, electricidad y los servicios mínimos. El impresentable mafioso lleva ya construidas 5.000 viviendas, y vendidas un buen número de ellas, sin que nadie de los responsables regionales tenga a bien pasar el tema al fiscal anticorrupción y *limpiar* a este delincuente de la escena pública. El mafioso tiene la medalla al trabajo concedida por Eduardo Zaplana cuando era ministro de Trabajo. Ahí es nada. El delincuente mafioso espera que le entreguen un barco valorado en 60 millones de euros que ha comprado en Italia, y pagado en efectivo, mientras dice que despedirá a sus trabajadores si el alcalde no le concede las licencias de marras. Evidentemente, buena parte de la corporación de Seseña, incluídos dos ediles del PSOE, trabajan en la empresa de Paco, más conocido como *el pocero*.

¿Dónde están los jueces y fiscales cuando estas ratas salen de las cloacas? Nadie lo sabe.

Por Valdemoro, un alcalde socialista, y media corporación del PSOE y del PP, son imputados por un juez de haber cobrado 40 millones de euros- ¡40 millones!- por comisiones en la gestión y recalificación de solares públicos. Magnífico, maravilloso,  que estos mafiosos delincuentes terminen en la carcel y, a ser posible, se pudran en ella después de haber devuelto el dinero, pero la pregunta es ¿dónde están quienes han pagado esas comisiónes? ¿Es que siempre se salvan los pagadores en estos saqueos?

Estuve trabajando en un pueblo del sur de España cuyo alcalde era del PCE y presidía el ayuntamiento con mayoría absoluta. Al poco tiempo, creó y pasó a presidir un nuevo partido, de *izquierdas*, por supuesto,partido competidor del suyo anterior y que conseguió nuevamente la alcaldía para el político en cuestión. Posteriormente se presentó en las listas, pero que muy listas, de un grupo de supuestos independientes que aspiraban a lo mejor para el pueblo y que también lograron el triunfo y la alcaldía para nuestro hombre. Durante todo el tiempo que duró la movida militancia del político en cuestión,  en el pueblo de marras, se recalificaron más del 50% de los terrenos y solares dependientes del ayuntamiento, y eso que es uno de los municipios más extensos de España. La última vez que ví al alcalde ya no lo era : trabajaba como presidente de una de las empresas que había construído sobre los solares que él, y sus ediles, recalificaron durante años y en diferentes partidos y listas electorales. Me dijo, eso sí, que ya no le interesaba la política.

¡Animalito!.

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