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el mundo fragmentado

Cajón de sastre

El Papa cierra las puertas del limbo

El Papa cierra las puertas del limbo

Las puertas del limbo se cerraron ayer de forma definitiva. En adelante, los niños que mueran sin bautizar quedarán en manos de "la misericordia de Dios" e irán quizá al paraíso. La clausura del limbo comenzó con el catecismo publicado en 1992 por Juan Pablo II, un texto en el que no se citaba el misterioso lugar de frontera donde los niños "no gozan de Dios pero tampoco sufren", en palabras del catecismo de san Pío X. Y ayer se hizo oficial, con la presentación de conclusiones de una Comisión Teólogica Internacional reunida en el Vaticano durante las pasadas semanas.

Benedicto XVI ya había dicho en 1984, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que el limbo era solamente "una hipótesis teológica" utilizada para resolver un dilema que siempre había inquietado a la Iglesia católica: ¿qué pasaba con los niños sin bautizar y con los millones de personas que, nacidas antes de Jesús, habían muerto cuando aún no había sido instituido el bautismo?

El limbo no era una verdad de fe. La "hipótesis teológica" se había introducido en la tradición y había adquirido solidez hasta llegar a las páginas del catecismo, pero su existencia no era "oficial". Para dejarlo de lado no hizo falta, por tanto, ninguna acción papal más allá de la recepción, en una ceremonia litúrgica, de las conclusiones de una comisión de teólogos. Fue un final discreto con una amplia zona oscura, porque la comisión teológica tomó decisiones sobre los neonatos no bautizados, pero no sobre la humanidad anterior a Jesús. El destino de esas personas quedó en manos de futuras comisiones y, eventualmente, de Dios.

Tras el cierre del limbo podría quedar comprometida la viabilidad del purgatorio, otro concepto teológico sin raíces en los evangelios. La idea de un lugar intermedio, muy desagradable pero no eterno, se estableció gradualmente en la Edad Media para suavizar la tajante escatología evangélica: fin del mundo, resurrección de los muertos, juicio final, cielo o infierno.

Incluso sobre el infierno se discute. La doctrina católica establece que el infierno existe, pero Juan Pablo II ya hizo saber que no se trata de "un lugar". La tesis hoy mayoritaria entre los teólogos dice que el infierno no es un lugar de llamas y suplicio eterno, sino un estado de ánimo: dolor por el alejamiento definitivo de Dios. Algunos teólogos, como el cardenal suizo Hans Urs von Balthazar, fallecido en 1998, consideran que la misericordia divina podría hacer que nadie llegara a sufrir nunca la pena infernal.

Enric González

(El País)

 

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No quiero mantener obispos

No quiero mantener obispos

No pasa de ser una broma de mal gusto la pretensión de que el reciente acuerdo alcanzado entre la vicepresidenta del Gobierno y los jerarcas de la Conferencia Episcopal Española en relación a la financiación de la Iglesia Católica a través del IRPF abre el camino hacia su autofinanciación.

Para empezar, tiene bemoles que se hable de «abrir el camino» de la autofinanciación de la Iglesia Católica española en 2006, cuando la Santa Sede se comprometió en 1979 (¡en 1979!) a lograr ese objetivo en el más breve plazo. ¡27 años para dar el primer paso!

Pero es que, además, ese paso es ridículo. El Estado no pagará a la Iglesia Católica a partir de 2007 el llamado «complemento presupuestario» (asignación directa), pero a cambio aumentará en un 34% el porcentaje de lo que le asigna a través del IRPF.

Conviene no olvidar que es impropio llamar «impuesto religioso» al 0,7% (o al actual 0,5239%) del IRPF que el declarante puede destinar a la Iglesia de Roma. El contribuyente católico no pone ni un céntimo de su bolsillo para el mantenimiento de su Iglesia; es el Estado el que renuncia a quedarse con el 100% de lo tributado. Con lo que, indirectamente, seguimos siendo todos los contribuyentes los que corremos con el gasto.

No menos capciosa es la pretensión de la Conferencia Episcopal de que «renuncia a la exención del pago del IVA en la adquisición de bienes e inmuebles». ¡A la fuerza ahorcan! La UE había conminado al Estado español a suprimir ese privilegio, amenazando con sancionarlo si no lo hacía en el plazo de dos meses. Y los dos meses ya habían transcurrido en el momento en el que se alcanzó el acuerdo (que todavía no es firme, por lo que la sanción podría llegar a materializarse).

En cualquier caso, todo esto no pasa de ser el chocolate del loro. Porque el Estado español, en sus diferentes niveles (central, autonómicos, provinciales, locales) y divisiones de actividad (Educación, Cultura, Defensa, Sanidad, Trabajo y Asuntos Sociales, principalmente), concede al año a la Iglesia Católica, según los cálculos más fiables, una cantidad superior a los 5.000 millones de euros. El grueso de esa caudal se va en subvenciones a centros educativos de propiedad eclesial (3.200 millones), gasto al que deben vincularse también los salarios de los profesores de religión (517 millones). Arguye la jerarquía católica que, si su Iglesia no se encargara de esa parte de la labor educativa, lo mismo que de no pocas tareas asistenciales, hospitalarias y caritativas, tendría que asumirlas el Estado, probablemente con un coste superior. ¿Y? Siempre me he opuesto a que el Estado delegue en organizaciones no oficiales (ONG, por ejemplo) responsabilidades que le corresponden de manera directa. El caso de la Iglesia Católica es doblemente inaceptable, porque la dejación que hace el Estado de algunas de sus obligaciones permite a una confesión religiosa concreta difundir su ideario a costa del dinero de todos, incluidos los que profesan otras creencias y los que no tenemos de eso.

Eso sin contar con que hay partidas presupuestarias –sufragadas, por tanto, a costa del erario– cómodamente instaladas en el surrealismo. ¿Cómo puede ser que un Estado que se dice «aconfesional» se gaste 30 millones de euros en subvencionar el mantenimiento y las actividades del millar largo de capellanes que realizan funciones exclusivamente religiosas en hospitales, cárceles y cuarteles (estos últimos comandados por un arzobispo que ostenta el grado de general de División, para acabar de rematar el disparate)?

La comparación entre el trato que asigna el Estado a la Iglesia Católica y el que otorga a las otras tres confesiones oficialmente consideradas como «de notorio arraigo» (islamismo, protestantismo, judaísmo) retrata un panorama escandaloso. Esas tres iglesias reciben 3 millones de euros, que son repartidos entre ellas por un organismo formado por la propia Administración del Estado. Ni un céntimo de ese dinero puede destinarse ni al culto ni al abono de salarios; sólo a obras de interés social. Y tienen que rendir cuentas de lo gastado hasta el último céntimo. Además, esas Iglesias no gozan de ninguno de los privilegios fiscales que disfruta la Iglesia Católica.

La cuenta final es clara: cada año que pasa, el Estado español –es decir, el conjunto de los que alimentamos sus arcas– paga más dinero a la Iglesia Católica. Es decir, se aleja más de la anunciada perspectiva de autofinanciación.

Álvaro Cuesta, secretario de Libertades de la Ejecutiva del PSOE, ha dejado entrever que en su partido, que no ha sido consultado sobre este acuerdo, hay un considerable malestar por los términos pactados con la Conferencia Episcopal. Para mí no ofrece la menor duda de que Zapatero está tratando de neutralizar la enemistad de la Iglesia Católica, a la que teme. En esa línea interpreto también el apoyo que concedió hace unos días a las palabras de Benedicto XVI sobre el Islam. Se ve que es otro más de los que creen que para que las fieras no ataquen hay que darles carnaza sin parar. En vez de meterlas en una jaula bien resistente.

Javier Ortiz

La manifestación de Sevilla

Por FERNANDO IWASAKI
Como miles de sevillanos, el domingo 1 de octubre acudí a la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, porque no deseo que la negociación con ETA termine en una rendición del Estado de Derecho. Sin embargo, para mí fue una sorpresa que los organizadores también convirtieran esa manifestación en una estrepitosa demanda de explicaciones sobre lo ocurrido el infausto 11 de marzo de 2004. Creo que ese cambio de guión debilita la legítima defensa de las víctimas y no quiero dejar de expresar mi estupor.
Hace más de tres años acudí a una manifestación contra la guerra de Irak, a sabiendas de que encubría un ataque contra el gobierno del Partido Popular. Yo no estaba contra el gobierno, pero sí contra la guerra de Irak. ¿Cuántos votantes o militantes socialistas habrán ido a la manifestación del domingo pasado después de hacer el mismo razonamiento? Estoy seguro que hubo muchos como Gotzone Mora, concejala del PSE en Getxo. Sin embargo, una cosa era protestar contra el llamado «proceso de paz» y otra muy distinta utilizar la manifestación para acusar al gobierno de ocultar la verdad sobre la autoría de los atentados del 11-M. El segundo punto no estaba en la convocatoria y me consta que tomó por sorpresa a numerosos manifestantes como yo.
Si el Partido Popular desea ganar las próximas elecciones generales tendrá que atraer votantes del PSOE o por lo menos recuperar los votos que fueron hacia el PSOE el 14-M de 2004. ¿Qué les hace creer que lo van a conseguir avivando la fogata del 11-M? Yo no me imagino a Rosa Díez, Nicolás Redondo Terreros o Maite Pagaza votando por el PP, aunque sí tengan el coraje y la honestidad de manifestarse junto al PP cada vez que las víctimas del terrorismo lo requieran. ¿Es que no se dan cuenta de que están haciendo con el 11-M lo mismo que cierto sector del PSOE hace con la guerra civil y la memoria histórica?
Hay una facción del PP empeñada en crispar la vida política nacional utilizando de manera irresponsable los claroscuros del 11-M, en lugar de atraer nuevos votantes con argumentos más sólidos e irrefutables. Por ejemplo, que durante el gobierno de Felipe González los intereses de las hipotecas estuvieron al 13% y que durante el gobierno de Aznar bajaron a menos del 2%. No es casualidad que los intereses hipotecarios vuelvan a subir bajo el gobierno de Zapatero, pero nadie en el PP ha reparado en que a los votantes españoles podría interesarles más el futuro de sus hipotecas que la teoría de la conspiración en torno a los atentados del 11-M.
Tengo mi propia opinión de la gestión gubernamental del presidente Rodríguez Zapatero, pero también tengo clarísimo que mis verdaderos enemigos son los delincuentes terroristas de ETA, su entorno político-mediático-económico y sus aliados del nacionalismo radical. Y como me consta que dentro del PSOE también hay líderes y militantes que rechazan las negociaciones con ETA «a cualquier precio», considero que manifestaciones como la del domingo pasado deberían servir para atraerlos y no para espantarlos. Mi enemigo es Iñaki de Juana Chaos y no el presidente Manuel Chaves. Mi enemigo es «Txapote» y en ningún caso el alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín. No son iguales y no es justo equipararlos.
La ideología y la educación son dos cosas muy distintas. Un energúmeno siempre será un energúmeno aunque defienda una causa justa y correcta, de la misma manera que siempre será más llevadero discutir con una persona educada aunque defienda las causas más desatinadas y rocambolescas. ¿Quiénes son los más civilizados dentro del PSOE y del PP? ¿Quiénes son los más razonables dentro de los medios de comunicación? ¿Quiénes son los más sensatos dentro de las instituciones y asociaciones que representan a nuestra sociedad civil?
Urge que esas personas se encuentren, a pesar de las mutuas descalificaciones públicas. Las víctimas del terrorismo se merecen tanto el esfuerzo como la renuncia.

El otro muerto

El otro muerto

Una tarde de invierno de hará dos años fui a casa de Manuel Huerga, el director de Salvador. Una película emocionante, valiente, con mucho cine dentro. Aquella tarde llovía muchísimo, como entonces. Me recibieron él y su guionista, Lluís Arcarazo. Estaban preparando el guión y querían que les hablase de Francisco Anguas Barragán. Es probable que a ustedes ese nombre no les diga nada, porque apenas ha existido durante los últimos 30 años. Francisco Anguas es el que muere al principio.

En la página web de Salvador, Lluís Arcarazo recuerda así aquel encuentro: "Charlamos con Marcos Ordóñez, que nos habló con ambigüedad del policía Francisco Anguas". Una frase un tanto sorprendente, porque no creo que hubiera ambigüedad alguna por mi parte.

Debo de ser una de las pocas personas que conoció a Salvador Puig Antich y a Francisco Anguas Barragán. "Conocer" es un verbo exagerado. Digamos que, por un extraño azar, coincidí con ambos en el espacio y el tiempo. El espacio era Barcelona, y el tiempo, los primeros años setenta.

Les conté a Huerga y Arcarazo que Paquito Anguas era un policía atípico. Es decir, que escapaba del cliché habitual del poli franquista. No era gordo, ni sudoroso, ni envuelto en humo de Celtas, ni tenía bigote recortado, ni gritaba 20 maldiciones por minuto. Anguas era flaco, pequeñito, pelirrojo, con la cara sembrada de pecas. Parecía el hermano menor de los Hollister. Tenía entonces 23 años, aunque aparentaba menos. Le apasionaban las mismas cosas que a mí: el cine y los libros, sobre todo.

Me sorprendió muchísimo, en nuestro primer encuentro, que reparase en el libro que yo llevaba, Le Cinéma selon Hitchcock, la larga entrevista de Truffaut, una de mis biblias de entonces, comprada en el mercado de ocasión de Sant Antoni. Comenzamos a hablar de Hitchcock y de Truffaut mientras yo me preguntaba qué demonios hacía aquel tipo en la policía. Muchos años después, leyendo Cuenta atrás, el libro de Francesc Escribano en que se basa el guión de Salvador, supe que Anguas era sevillano, hijo de un guardia civil. Había hecho la mili en la Brigada Antidroga y entró en la policía en 1970.

Aquel primer encuentro tuvo lugar en la comisaría de Sants, de la que mi padre era comisario jefe. Mi padre era otro policía atípico, aunque yo no lo veía así entonces. Comenzábamos a no entendernos en absoluto, a hablarnos lo indispensable. Yo no era, ni muchísimo menos, lo que entonces se entendía por un chaval "politizado", pero sabía de sobra que mi padre era franquista hasta el tuétano.

Supongo que yo ya había renunciado a preguntarme por qué entró en la policía. En 1933 estudiaba Filosofía y Letras en Madrid. Y Periodismo, en la escuela de El Debate. Quería ser escritor, y escribió muchísimo: libros, guiones, canciones, artículos. Según mi madre, entró en la policía porque en su casa no había dinero y él se sabía el temario: había ayudado a su hermano mayor a preparar las oposiciones al Cuerpo. Parecía un trabajo fijo, bien remunerado. Hasta cierto punto: el régimen pagaba muy mal a sus hombres. Cuando yo nací, mi padre tuvo que buscar un segundo empleo. Vigilante nocturno, en los almacenes Gerplex. Tampoco era gordo, sudoroso, con bigotito, etcétera. Daba igual: entonces, en mi rabiosa e intolerante adolescencia, todo aquello quedaba muy atrás y yo era incapaz de separar al hombre de lo que representaba. En cambio, podía acercarme sin demasiados problemas a otros polis igualmente atípicos, como mi tío Tomás Salvador, novelista y editor, que cuando yo tenía 12 años me abrió las puertas de su inmensa biblioteca y me descubrió a Ana María Matute, a Aldecoa, a Jules Renard.

"Has de leer Poil de carotte". Qué extraño, un poli diciendo esas cosas. Tan extraño, tan atípico como Paquito Anguas hablándome de Truffaut y de Hitchcock.

Truffaut era su dios. Godard también, pero sobre todo Truffaut. Yo no había visto todavía Los cuatrocientos golpes. "¿No la has visto? No me lo puedo creer..." Anguas fue el primero en hablarme de un director que yo no tenía inventariado: Jean-Pierre Melville. Quizás, pienso ahora, se hubiera metido en la poli, además de por la impronta familiar y para ganarse la vida, por alguna película de Melville, quizás Círculo rojo, quizás Hasta el último aliento. Melville hubiera sido el cineasta ideal para contar su historia, y la de Salvador Puig Antich.

Mi segundo encuentro con Anguas tuvo lugar en un cine de la quinta puñeta. Un cine de barrio, en Horta. Anguas me llamó a casa. Estaba muy excitado. Había que ir a aquel cine, imperativamente, porque daban una obra maestra, largo tiempo fuera de circulación: Viento en las velas, de Alexander Mackendrick, una de sus películas favoritas. Fuimos juntos. Era, realmente, una obra maestra.

Me trajo dos libros. El ensayo de Francisco Aranda sobre Buñuel, al que Anguas idolatraba, repleto de notas y subrayados. Y Huracán en Jamaica, la novela de Richard Hughes en la que se basaba la película de Mackendrick. No pude devolvérselos. No hubo tiempo.

La siguiente vez que vuelvo a verle ya está muerto. Veo su rostro impreso en un periódico, que mi padre agita, furioso, ante mis narices. Quizás la Soli o La Prensa, porque en casa sólo "entraban" los diarios del Movimiento. Hay otra foto a su lado. Mi padre grita: "Este hijo de puta ha matado a Paquito Anguas". Leo que el asesino era un atracador. Llevaba encima un cuchillo y dos pistolas, una Kommer de 6,35 milímetros y un Astra del nueve largo, con la que disparó sobre Anguas.

Vuelvo a mirar la foto. Podía ser un lila para muchas cosas, pero a mí no se me despintaba una cara.

Reconozco al asesino. Reconozco aquellos ojos y no puedo creérmelo.

Mi recuerdo de Salvador Puig Antich es todavía más impreciso que el de los encuentros con Anguas, pero mucho más intenso. No crucé ni una palabra con él. Ni creo que él se fijara en mí, por descontado.

Salvador ("Esta tarde vendrá Salva") era amigo de los amigos del hermano mayor de un ni siquiera amigo mío, un compañero de La Salle. Una de esas fiestas a las que vas de rebote, en las que apenas conoces a nadie. Tampoco podría situar el piso. Zona alta, de eso sí me acuerdo. Una fiesta doble: a un lado, nosotros, los granujientos. Al otro, los hermanos mayores y su música. El hermano mayor de mi ni siquiera amigo tenía muchos discos. Música de la época. ¿Locomotive Breath, como en la película? Podría ser, vendría bien como banda sonora para la aparición de Salva. Pero diría que aquella tarde fue "antes" de Jethro Tull. Quizás sonaba algo de soul. O de los Creedence, recuerdo sobre todo un disco de los Creedence. Así les llamaban ellos: yo había leído, casi deletreando, Cree-den-ce-Cle-ar-wa-ter-Re-vi-val.

Debía de ser casi verano, porque recuerdo el petardeo de una moto a través de la ventana abierta. Alguien palmotea, varios se asoman. "Ahí está Salva". Entra, riendo. Todo él reía. ¿Cómo explicar una irradiación? Los ojos negros, la cazadora de cuero. Parecía un loubard, el prota de una peli de Truffaut. Sí, parecía francés. Un tipo condenadamente guapo. Uno de esos que hunden en la miseria a los granujientos. También llevaba tejanos. Desteñidos. Yo hubiera dado cualquier cosa por una cazadora y unos tejanos como aquellos. Y por la moto, si hubiera tenido los huevos de conducirla. El tal Salva entró y le bastó cruzar la sala para iluminarla. Se puso a bailar casi en seguida. Por suerte no había tías en la fiesta.

Años después escuché una canción, gran canción, de Albert Pla: El hombre que nos roba las novias. Pensé, en el acto, en Salvador Puig Antich. El muchacho de la cazadora de cuero y la risa abierta y los ojos radiantes, bailando como si el mundo entero fuera suyo.

Me comí entonces esa historia, la doble historia. Se me quedó dentro.

A mi viejo no podía decirle, ni de coña, que había conocido a Puig y que no parecía otra cosa que un tío majísimo. Mi viejo era capaz de brearme a preguntas sobre los asistentes a aquella fiesta desvanecida, de la que sólo quedaban unos ojos, una música, una irradiación.

A mis amigos de entonces tampoco podía hablarles de Paquito Anguas: hubiera significado mi inmediata excomunión. Bastante tenía con lo que tenía en casa.

Salvador Puig era un jodido rojo de mierda asesino de polis.

Paquito Anguas era un jodido poli de mierda al servicio del fascismo.

Suele decirse del franquismo que era una época gris.

No. Era una época en maldito blanco y negro, sin matices posibles.

Luego vino la farsa del juicio. Y la ejecución, el lento e inmundo crujido. La santa izquierda apenas se movió. Respetuosas peticiones de clemencia, las que quieras. Y algunas manifestaciones estudiantiles. Se movieron, hasta la extenuación, los abogados, con Oriol Arau a la cabeza. Pero no hubo ningún movimiento "coordinado" por quienes podían coordinar. Una huelga general revolucionaria, por ejemplo. A lo mejor no se daban las "condiciones objetivas". A lo mejor resultaba que Puig era un perro loco, perdido y sin collar, es decir, sin partido.

Carrero vuela por los aires y a Puig le toca la china. Dos a uno, debió pensar el enano al firmar el enterado. Porque también "estaba" Chez.

No me creo la teoría de La torna. Entonces sí, por supuesto. Entonces nos la creímos todos. El loco Heinz Chez, agarrotado también para contrapesar la ejecución de Puig, el mismo día, a la misma hora. Conceptualmente era perfecta, pero no se tiene. A Franco no le hacían falta tornas para cargarse a quien hiciera falta. ¿Quién iba a impedírselo? Peor: ¿Quién se lo impidió?

Luego vino la oleada de protestas, en media Europa. Nadie protestó, sin embargo, cuando poco más tarde, los gendarmes de la democratiquísima Francia tendieron una emboscada en la place Vendôme a Jacques Mesrine, el enemigo público número uno, y vaciaron sobre él toda la artillería. No se me olvida la imagen de aquellos gendarmes, tal vez hijos o hermanos pequeños de los que montaron la Ratonnade del 61, abrazándose y saltando, como en una final de liga, Mesrine no fue agarrotado pero quedó hecho trizas: nada igual desde la muerte de Bonnie Parker y Clyde Barrow.

Todos ellos, como Puig, habían cruzado la línea.

Pasan los años. Poco a poco, la imagen de Paquito Anguas comienza a desdibujarse. Los artículos de homenaje a Salvador Puig Antich tienden a obviar, curiosamente, el nombre del poli muerto. Como si nunca hubiera muerto, es decir, como si nunca hubiera existido. A fin de cuentas, parece leerse entre líneas, no era más que un poli franquista. La torna, por cierto, instituye ese modelo de disolución en la figura del guardia civil asesinado. Recuerdo muy bien la escena de esa muerte en La torna. Es decir, no la recuerdo: está arteramente disuelta por la farsa. Es un guardia civil de chiste, un títere de cachiporra. Comprendo que darle una mínima entidad humana hubiera fastidiado el retrato del Woyceck de Tarragona.

Los hechos: la tarde del 20 de diciembre de 1973, Heinz Chez toma un café en un bar. Entra un guardia civil a comprar tabaco. Chez monta la escopeta que lleva bajo el abrigo y le descerraja dos tiros sin mediar palabra. Así lo narra Escribano en Cuenta atrás, pero, detalle significativo, ni siquiera menciona el nombre del guardia civil.

Era un guardia civil muerto, a secas. Por algo les llaman "números".

Leyendo Cuenta atrás, sin embargo, encuentro dos imágenes de Paquito Anguas que desconocía.

La primera es un testimonio de Marian Mateos, novia de Josep Lluís Pons Llobet, miembro del MIL y compañero de Puig. Marian Mateos tenía entonces 17 años. Fue detenida y conducida a Jefatura, en Via Layetana, donde permaneció tres días y tres noches en el calabozo, con visitas constantes para interrogarla. No la torturaron, cuenta Escribano, pero ordenaron que no le dieran de comer ni beber ni la dejasen dormir durante aquellos tres días. "La única persona que se portó bien conmigo", cuenta Marian Mateos, "fue un inspector joven que me daba agua y trozos de sus bocadillos y me apagaba la luz para que pudiera descansar".

Aquel inspector, señala Escribano, "no era como los otros. Había entrado en la policía por tradición familiar, pero sus inquietudes le separaban del resto de sus colegas. Tenía 24 años y estaba a punto de casarse. Se llamaba Francisco Anguas Barragán".

Cuenta también que, a los pocos días del asesinato de Anguas, apareció en el lugar de su muerte -el rellano de Girona 70- un ramo de flores con una nota escrita a mano que decía "Te quiero, gusanito. María Luisa".

Última noticia antes del desvanecimiento.

Han pasado casi 30 años. Una historia empieza a dibujarse en mi cabeza, una historia que tal vez escriba algún día. En la primera parte, contaré la historia del poli. Un poli joven, parecido al de La mejor juventud, de Marco Tulio Giordana. Su vida diaria, en una familia de clase baja. El cine de los sábados, con su novia. Van a casarse cuando le asciendan a inspector y puedan, al fin, pagarse un piso. Quiere estudiar Filosofía y Letras, pero el trabajo aprieta. Las horas extras, las guardias nocturnas, la pesada rutina rota, de repente, por un atraco. Una serie de atracos. Van tras la pista de la banda, que se les escapa una y otra vez. Los polis preparan una emboscada. Cae uno de los atracadores. Mientras le golpean vacía el cargador sobre el poli joven. "Nosotros" estamos, a esas alturas, con el poli joven. Los malos son los otros.

De repente, gira el eje. Segunda parte. Han condenado a muerte al malo que le ha matado. El malo resulta ser un chaval de su misma edad. Flashback. Conocemos, desde la cárcel, su vida anterior. Sus ilusiones, sus amores. Su decisión de atracar bancos "para acabar con el sistema". La primera vez que toma un arma en sus manos. Seguimos el juicio, la cárcel, la espera. La última noche. Cuando llega la escena de la última noche, estamos con él. También estamos con él. ¿Cómo no hacerlo?

La historia, si la escribo, se llamará Dos muertos. No, mejor: El otro muerto, porque uno de los dos siempre será el otro para alguien.

Para mí, ni uno está en el infierno ni el otro en el santoral.

Dos muertos. Dos asesinatos.

Salvador Puig Antich tenía 25 años cuando murió. Paquito Anguas tenía 24. Me enteré, por el relato de Escribano, que el cine también era la gran pasión de Salvador. Problemas del Nuevo Cine era uno de los libros que tenía en la celda, que le acompañaron en sus últimas horas.

Pudieron haberse conocido, por el mismo azar que hizo que ambos se cruzaran, brevemente, en mi camino. Pudieron haberse entendido. Cosas más raras se veían entonces. Pero tomaron caminos contrarios, como en una película de Jean-Pierre Melville.

Abro la vieja novela de Richard Hughes. Vuelvo a ver los rostros de Puig y de Anguas, tan extrañamente muertos como Zac y Juan Chávez, llevados por un viento salvaje, irracional, incomprensible. Sopla el viento sobre Jamaica, sobre las velas henchidas de una juventud condenada, sobre el ramo de rosas de Girona 70, sobre las rosas disolviéndose bajo la lluvia a la entrada del cementerio de Monjuic, sobre aquella época asquerosa en la que no deja de llover.

Marcos Ordóñez ( El País)

El placer de vivir entre libros

Beatriz de Moura fundó en 1968 una editorial con el equivalente a 1.500 euros. 38 años después sigue al frente de Tusquets. Es, sin duda, una de las mejores editoras de Europa. Le acaban de conceder la Cruz de Sant Jordi

ÁNGEL S. HARGUINDEY
EL PAIS SEMANAL - 01-10-2006

“Salvo durante un breve periodo en la adolescencia en que estaba segura de que me convertiría en una gran estrella de cine, bailando, cantando y haciendo reír, tipo Ginger Rogers en las pelis de Fred Astaire, desde niña sentí que, cuando fuera mayor, quería vivir rodeada de libros. Tal vez por el placer que me producía estar en la biblioteca de mi padre. Más tarde, las circunstancias parecen haber conspirado para que, en cuanto dejara de ir de un lado para otro por el mundo, viviera, en efecto, rodeada de libros. Y aún más tarde, por carambola, me encontré casi a pesar mío fundando una editorial en la sala de estar de casa. En aquel entonces, si no planificaba mi propia vida, ¿cómo iba a prever que montaría un negocio tan complicado? Vivía al día; cuando mucho, al mes. Sin embargo, más de tres décadas después aquí estamos hablando tú y yo… Nadie daba dos duros por la continuidad de aquella editorial más bien artesanal. A lo mejor, como soy más terca que una mula, fue precisamente ese desdén, acompañado de palmaditas indulgentes en el hombro, lo que me fue calentando y sosteniéndome en mis trece”.

En 1968, con unos ocho años de experiencia adquirida en otras editoriales y el equivalente a unos 1.500 euros actuales, la entonces joven brasileña hija de diplomático, políglota, licenciada universitaria, afincada en Barcelona, decidió crear con su ex marido Óscar Tusquets una pequeña editorial: Tusquets Editores. Treinta y ocho años después, Beatriz de Moura la codirige con Antonio López Lamadrid (“sin él, la editorial no sólo no sería lo que es hoy, sino que mucho me temo que no sería…”) y, probablemente, es la directora literaria más importante de Europa. Ha publicado miles de libros, traducido algunos y es la responsable de un fondo editorial en el que se incluyen nombres como los de Milan Kundera, Italo Calvino, E. M. Cioran, Samuel Beckett, Ingmar Bergman, Albert Camus, Marguerite Duras, Albert Einstein, Ernst Jünger, Malcolm Lowry, Czeslaw Milosz, Arthur Miller, Alexandr Solzhenitsin, Henry Miller, John Irving, Thomas Pynchon, Nadime Gordimer, Andy Warhol o Woody Allen. En la relación de autores en lengua española figuran obras de, entre otros: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, Reynaldo Arenas, Severo Sarduy, Enrique Krauze, Juan José Arreola, Adolfo Bioy Casares, Gonzalo Celorio, Jorge Edwards, Ramiro Pinilla, Silvina Ocampo y Jorge Semprún. A todo ello habría que añadir que fue la primera editora o cuando menos la gran impulsora de escritores como Almudena Grandes, Luis Landero o Javier Cercas.

 

La editorial, como ya se dijo, empezó a gestarse en 1968, un año que se ha convertido ya en leyenda aunque en España tuvo unas características distintas al afamado swinging London o al desadoquinado París. Tiempos que la editora recuerda a la vez que señala algunas de las diferencias con la actualidad. “Ante todo, vivíamos en una dictadura. Nadie que haya nacido a partir de 1975 puede saber exactamente qué es una dictadura, y mejor que no lo sepa nunca. Luego, la noción de tiempo. La hora tenía realmente 60 minutos, y el minuto, 60 segundos. Era como si se dispusiera de más tiempo. Iba muy bien para leer y tomar decisiones editoriales meditadas. Además había –por lo menos en Barcelona, y en un grupúsculo paradójicamente muy heterogéneo– una especie de efervescente fraternidad, laboriosa y lúdica a la vez, que permitía lazos muy estrechos de trabajo y amistad entre editores, autores y colaboradores”.

 

El “grupúsculo paradójicamente muy heterogéneo” que había en Barcelona es lo que se vino en llamar gauche divine y que, se quiera o no, forma parte importante de lo que de legendario pudieron tener los finales años sesenta. Un grupo que, naturalmente, fue mitificado y masacrado con constancia en unos años en los que la incertidumbre, la duda o la simple diversión se consideraban sentimientos débiles. Beatriz de Moura vivió aquel tiempo y lugar desde dentro: “Lo que Joan de Segarra, no sin mala folla, tildó de gauche divine fue un grupo muy reducido de gente joven –en torno a los 30 años–, muy heterogénea, que empezaba su vida profesional en disciplinas y campos de lo más diversos y que, por un cúmulo de circunstancias favorables, sentían, creo que de un modo más intuitivo que razonado, que no iban a dejar que la dictadura les fastidiara como les había jodido a sus respectivos maestros. Por longevo que pareciera Franco, entonces ya se podía entrever su fin, aunque sólo fuera en una cama de hospital envuelto en heces en forma de melena… Ese cúmulo de circunstancias favorables –un grupúsculo de gente joven inquieta, con ganas de aprender, evolucionar, comunicarse con sus iguales en el extranjero, intercambiar ideas en experiencias diversas, distanciarse de modelos ideológicos avejentados y, a la vez, desprenderse de la mojigatería que imperaba al tiempo entre la izquierda más radical y la derecha– permitió que ese grupo de gente, del que yo tuve la suerte de formar parte (simplemente estaba ahí en el momento adecuado), viviera entre 1967 y 1970 tres años inolvidables de mucha actividad laboral e intelectual, y, lo que más envidia provocó, mucha diversión”.

 

“Vivimos momentos de enorme intensidad en nuestras profesiones y en nuestras vidas”, añade la editora, “y comprendo que, hacia el exterior, nos mostráramos arrogantes, provocadores, libertinos, lo cual ha contribuido hasta hoy a reforzar esa imagen de frivolidad con la que se sigue identificando esa cosa llamada gauche divine. No olvidemos que de aquel periodo y de aquellas vivencias salieron profesionales de primera fila, hoy plenamente reconocidos, como arquitectos, fotógrafos, periodistas, cineastas, actores, diseñadores, escritores, políticos, pintores e incluso editores… Tampoco hay que despreciar el hecho de que, contra Franco, no sólo éramos más jóvenes, sino que Barcelona era la ciudad más cosmopolita de España y, por tanto, no es de extrañar que aquí pudieran producirse modestas, pero festivas, muestras de insubordinación que en Madrid habrían sido impensables. En cuanto a mí en esta historia, te diré que sin la atmósfera que se creó en aquellos años en ese reducido ámbito de intrépidos no me habría atrevido a lanzarme a tumba abierta en la aventura de fundar Tusquets Editores en la sala de estar de un piso de 70 metros cuadrados, donde vivían cuatro personas, y a veces hasta ocho, según las noches o las circunstancias…”.

 

En un estupendo documental de David Furnish sobre su entonces novio, y en la actualidad marido, Elton John, éste explicaba a la cámara que necesitaba viajar con todos sus cientos de pares de gafas y camisas porque la habitación que las acogía en los diversos hoteles de sus giras era la única referencia que le resultaba familiar. Algo similar le pasaba a Beatriz de Moura: “La biblioteca de mi padre fue desde muy niña mi único y verdadero hogar, el único lugar de referencia, el lugar de la estabilidad, el único que apenas cambiaba en las muchísimas casas en las que la vida diplomática de mi padre me obligó a vivir. Creo que por eso, si hoy me obligaran a vivir en una casa sin mis libros, perdería la poca seguridad en mí misma que aún me queda. Además, ése era el lugar donde leía mi padre, y ver con qué gusto leía fue contagioso. Muchísimos años más tarde le pregunté si se había dado cuenta de que me había aficionado a la lectura gracias a él. Me contestó que no y que, en todo caso, nunca fue su intención inducirme a ese vicio. Dijo ‘vicio’, lo recuerdo perfectamente”.

 

Libros y viajes parecen ser las dos palabras esenciales de la infancia y juventud de la editora. “No tengo un buen recuerdo de mi juventud viajera. Como en todo y para todo, hubo aspectos que hoy agradezco, como aprender idiomas en la infancia, que es cuando ya no los olvidas; aprender a adaptarte cada dos años a costumbres radicalmente distintas, a nuevos colegios y compañeros, a seguir estudios en países de diferentes culturas, a ir adquiriendo la sensación de qué significa realmente –no ideológicamente– ser ciudadana del mundo. Pero todo esto tuvo un coste muy elevado: el desarraigo, el dolor de las pérdidas de afecto, la inseguridad, la ausencia de una familia con abuelos, tíos, primos, etcétera; la vergüenza de sentirme siempre diferente en cada nuevo lugar. Tal vez por eso me horroriza la palabra tolerancia. De hecho, he sido siempre tolerada, jamás me han hecho sentir integrada, parte de algo, en lugar alguno, ni en mi propio país, donde en realidad viví poquísimo, ni siquiera en Barcelona, ¡adonde llegué hace 50 años!”.

 

Quizá la tercera palabra clave en su vida sea la de Barcelona. “Aparte de que para mí ningún pasado fue mejor, la Barcelona de ahora es infinitamente más agradable para vivir y trabajar que la de finales de los sesenta. La ciudad ha cambiado muchísimo, y para bien. Además, desde que se abrió al mar gracias a los Juegos Olímpicos la disfruto muy especialmente. Pero algo importante se perdió en ese recorrido: contra Franco, Barcelona era cosmopolita, y ahora es turística. El espíritu cosmopolita es algo muy distinto. Es triste, pero Cataluña se ha vuelto muy casolana (muy de estar por casa), salvo, como siempre, para algunos notables ciudadanos recalcitrantes que por suerte siguen dando guerra… Y sí, hay libertad para crear. Pero, ya me dirás, sin espíritu cosmopolita, ¿cómo quieres que cualquier obra de creación se desarrolle, crezca y se expanda, por muy libre que sea? Queda a la medida del ámbito en que fermenta. Nace y muere sin salir de su habitáculo”.

 

“Si me apuras”, añade, “me atrevería a decir que un poco cateta es hoy día casi toda Europa, temerosa y como desconcertada ante el fenómeno de la globalización que la está minando por todas partes, económica, social, cultural y políticamente. Cada país se ha ensimismado en sus propios problemas y ha decidido defender su cultura superprotegiéndola. Creo que de ahí proviene la idea de que la cultura es cara y de que, en efecto, el Estado debe subvencionarla, olvidando lo que esta política cultural ha generado en el pasado: o bien grandes proyectos costosísimos, vistosísimos, pero vacíos de contenido, o bien mediocridad (cantidad primando sobre calidad). Recuerdo una visita de Arthur Miller a Jorge Semprún cuando éste era ministro de Cultura, allá por 1989-1990. Muy admirado e intrigado, recorrió con la mirada el inmenso despacho del ministro y le preguntó: ‘¿Y para qué sirve realmente un ministerio de Cultura?’. Recordemos que Estados Unidos no tiene ministerio de Cultura y durante décadas ha sido el centro neurálgico de todas las culturas occidentales. Si hoy la creación literaria norteamericana está en crisis, no es por falta de proteccionismo, sino, creo, por haberse ensimismado y cerrado a otros horizontes culturales. Por otra parte, nunca he sido partidaria de Estados-padrecitos; nunca dan nada sin pedir algo a cambio, generalmente el alma del protegido. En este aspecto, ¡la cultura sí es cara, demasiado cara en efecto!”.

 

La conversación vuelve al mundo literario, y más concretamente al mundo literario de Beatriz de Moura. Al fin y al cabo, nosotros elegimos los libros y ellos nos eligen a nosotros, y en ese ir y venir de afinidades o emociones se construye una biografía tan intensa y auténtica como la del vivir. “Por increíble que parezca, muy pronto, quizá entre los siete y los nueve años, leí en serio de la biblioteca paterna dos libros a los que vaya una a saber por qué sigo recordando como importantes para mí: La vida de Jesús, de J.-E. Renan, y La vida de las hormigas, de Maurice Maeterlinck, libros que, según mi padre, estaban en el índice de los prohibidos por la Iglesia. Del primero permanece en mí, supongo que por desconocida entonces, una nítida sensación de pecaminosa sensualidad; y del segundo, algo así como la justificación de una curiosidad por casi todo, de la que antes de esa lectura siempre me había sentido culpable, no sé muy bien por qué, y a partir de entonces, nunca más”.

 

Pasamos por alto, por evidentes y universalmente compartidos, los Salgari, Verne, Defoe o Mark Twain, y proseguimos el recorrido. “Hacia los 12 años, no sé si con muy buen tino, en el liceo francés de Roma, por ejemplo, ya empezaban a hacerte leer para analizarlos a autores franceses confrontados, por ejemplo: Racine, Corneille y Molière; Voltaire y Rousseau; Victor Hugo (poeta) y Baudelaire; Balzac y Georges Sand; Flaubert y Stendhal… Por encima de todos los tiempos y de todos ellos, para mí estuvo siempre Stendhal y La cartuja de Parma. Con este libro viví una experiencia que recomiendo a cualquiera que tenga curiosidad por conocerse mejor. De joven, el personaje de Fabricio del Dongo me fascinó, en el fondo quería ser como él, sentir como él. Releí esta maravillosa novela ya con más de 60 años y me di cuenta de que Fabricio no era en realidad más que la representación de un –con perdón– gilipollas; tuve la casi seguridad de que Stendhal hacía con su personaje una caricatura grotesca del romanticismo mal entendido. En cambio, se me apareció el conde Mosca como uno de los personajes más fuertemente cargados de ‘razón de ser’ de la literatura universal. Ya de adulta, el autor que más me ha marcado –y de por vida– es Albert Camus. Dicen que hay libros que cambian una vida. Para mí fueron El mito de Sísifo y, casi seguido, El hombre rebelde, que leí en un momento especialmente difícil, en esa edad abominable de los 20 años”.

 

“A partir de entonces, mi voracidad de lecturas fue casi enfermiza. Quería leerlo todo, de modo que leí de la manera más caótica que pueda imaginarse, ficción de preferencia. Podía pasar con una naturalidad pasmosa de un ensayo sesudo a una novelita de Corín Tellado. Y, cuando ya trabajaba en editoriales, descubrí deslumbrada, casi a la vez, la literatura norteamericana e hispanoamericana. Sin embargo, a partir del momento en que empecé a leer por obligación, o sea, desde que tuve que leer, primero como lectora para otras editoriales y luego como editora yo misma, la naturaleza misma del placer de la lectura cambió radicalmente. Ya no leí sólo para complacerme a mí o instruirme yo, sino también para complacer e instruir a un lector hipotético que, por encima de mi hombro, empezó a compartir conmigo la lectura del mismo libro. Al principio me costó hacerme a esa presencia fantasmal a mis espaldas, pero hace ya mucho tiempo que me he acostumbrado a ella; tanto, que a veces hasta decide por mí…”.

 

Así es como la lectora se hizo editora, para el disfrute de otros muchos lectores. En su catálogo son muchos los nombres consagrados, populares o minoritarios, pero quizá la mayor satisfacción de un editor sea la de descubrir nuevos talentos. “Para publicar el libro de un autor desconocido, éste tiene que entusiasmarme o emocionarme o intrigarme o perturbarme o apasionarme o revelarme algo o sorprenderme o hacerme pensar… no sé. Depende de cada manuscrito. ¡Las lecturas son tan arbitrarias! Nadie hace la misma lectura de un libro. Esto es lo que me fascina de los libros: cada lectura es única y hace único a su lector. ¡Es magnífico! Quién sabe si es por eso por lo que mis criterios de lectura son, por un lado, tan poco intelectuales, y por otro, tan escasamente comerciales. Milan Kundera me sopló hace ya muchos años otro criterio, bastante más racional que los míos: en principio, descartar los libros difíciles de leer y fáciles de comprender, y, en cambio, prestarles especial atención a los libros fáciles de leer y algo más difíciles de comprender”.

 


 

Lo siento muchísimo

Félix De Azúa // Escritor



Es desolador polemizar en público con un amigo, por lo cual avanzo que, a pesar de lo que ustedes van a leer, me sigo sintiendo amigo personal de Pasqual Maragall, si él me lo permite. Sin embargo, su escrito del 21 de septiembre en defensa de Montilla es demasiado interesante como para dejarlo pasar.


La nota, escrita sin duda con muy buena voluntad y contra lo peor del nacionalismo catalán, es un certificado de pureza de sangre ("Pepe, eres más catalán que muchos que se creen catalanes de pura cepa") expedido por alguien capacitado para ello. El bautizo está guiado por la mejor intención, pero es inaceptable. En un país libre nadie debe demostrar nada sobre su nacionalidad. El argumento no puede ser: "Tú no eres judío, Pepe, sino alemán, a pesar de lo que dicen quienes creen ser alemanes de pura sangre". El argumento tendría que haber sido: "Aquellos que separan a los judíos de los alemanes son fascistas". Solo durante el peronismo tenían los argentinos que demostrar que eran (buenos) argentinos.


El mayor peligro de la partitocracia catalana es que su nacionalismo la ha ido empujando hacia posiciones cada vez más derechistas, como a todos los partidos nacionalistas europeos. No es un consuelo, ni mucho menos una justificación, decir que también el PP se inclina hacia la extrema derecha. Es muy peligroso que los socialistas usen argumentos nacionalistas, porque dejan a una inmensa parte de la población catalana fuera del Parlament. Por eso no llegaron ni al 50% en la votación del Estatut. Y veremos si logran recuperar algo en las próximas elecciones.


La definición que aparece en la nota de Maragall ("Tienes el carácter catalán") pertenece a la antropología romántica, cuando había gente que creía en "el carácter inglés" o "el carácter eslavo". Muchas veces he dicho que el nacionalismo catalán y el vasco no son sino adaptaciones del discurso español sobre "el carácter ibérico". He aquí un ejemplo. Dice Maragall que Montilla tiene "carácter catalán" por lo siguiente: "No hablas por hablar, no usas palabras innecesarias, no hablas a tontas y a locas". De lo cual parece desprenderse que los no-catalanes son unos charlatanes tontilocos. Como rasgo de carácter es un invento, y lo comprobará cualquiera que mire de vez en cuando TV-3 o que en el bar caiga cerca de una mesa de culés. Pero como creencia es delirante.

LA SEGUNDA parte de la definición es curiosa: "Eres riguroso, eres serio, eres auténtico". Viene a ser lo que Maeztu decía de los extremeños y pertenece al mito del catalán como viajante de comercio del que te puedes fiar. Esa época ya pasó y hoy no se puede uno fiar ni de internet. En este momento lo único serio, riguroso y auténtico que queda en Catalunya es Sancho Dávila.
La tercera parte empieza a ser inquietante: "No escondes la verdad, no haces pactos extraños, no buscas la foto, buscas resultados". Esto es seguramente cierto de Montilla, pero resulta inaplicable a los dirigentes de CiU y ERC, con lo que uno sospecha que la intención de Maragall es negar que Mas, Puig o Carod son catalanes, lo que me alegraría muchísimo; y por ahí habría que empezar, por hacerles ver a quienes se creen catalanes cuánto se parecen a los nacionalistas maños y maragatos.


Pero en la conclusión regresamos a Terra Mítica: "Eres catalán por convicción. Te has ganado el serlo". He aquí la raíz misma del nacionalismo, su inconfundible origen religioso. Uno no es catalán si vive y trabaja en Catalunya, sino que tiene que ganárselo. Y para eso están los curas, para decirle a cada cual si se ha ganado o no el paraíso, lo que viene a ser un puesto de trabajo. Como decía José Antonio: "Ser catalán es una de las cosas más serias que se pueden ser en este mundo". La nefasta influencia del conservadurismo bávaro de Pujol ha penetrado en el alma socialista y han germinado flores del mal.


Porque este retrato del carácter catalán es incompatible con el socialismo y más perverso que el modelo convergente, el cual solo es la continuación del catolicismo y los negocios del franquismo, dirigido por un grupo de presión muy conservador y algo provinciano, perfectamente adecuado para mandar en una región acomodaticia.
Y este es el drama: en la definición de Maragall no hay ningún rasgo atractivo. No se dice que los catalanes sean abiertos, educados, cosmopolitas, emprendedores, simpáticos, audaces, acogedores, sin complejos de inferioridad, instruidos, divertidos, viajeros, prácticos, investigadores, curiosos, yo qué sé, algo que pertenezca al presente. En esa definición nacional, los catalanes aparecen como pequeños comerciantes, sobrios y trabajadores, modelo 1962. El ideal de la Ferrusola, de Heribert Barrera, del empresario franquista catalanista, de Laín Entralgo, del Avui...


Esta visión raquítica del "carácter catalán" es la que ha hundido la posibilidad de un cambio real en la política catalana, su auténtica modernización, la aceptación de su población real, el fin de los ideólogos, la denuncia del clientelismo y la omertà mediterránea. El fracaso del tripartito no parece haberles enseñado nada, y queda poco para el 1-N. Como no espabilen...

Los soprano

Proyectos y realidades

La arquitectura como reflejo de una nueva imagen de España

 

 



 

Del 22 de septiembre de 2006 al 14 de enero de 2007, en el Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid

Comisario: Terence Riley, Comisario Jefe de Arquitectura y Diseño del Museum of Modern Art,MOMA

Obras: 53 proyectos de edificación actualmente en construcción o recientemente construidos

La visión de la arquitectura actual realizada en España se concentra en la muestra que estos días se presenta en Madrid, recién llegada desde su primera sede expositiva, en el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York, donde recibió más de un millón de visitantes entre los meses de febrero y mayo de 2006. Son 53 proyectos de arquitectos españoles y de otros países de Europa, Asia y América, que en los últimos ocho años se han realizado o están en proceso de realización en las diferentes ciudades de nuestra geografía. La muestra plantea cómo, a partir del desarrollo económico y social alcanzado en España con la llegada de la Democracia, el fenómeno de la arquitectura y las obras públicas cobra un singular protagonismo que, hoy en día, ha convertido nuestra producción en una de las más ricas y singulares del momento. Por su experimentación y excelencia, son muchos los proyectos que evidencian ese avance en diseño y tecnología a la hora de realizar nuevas edificaciones. La entrada de España en la Unión Europea en 1986 supuso también un fuerte progreso, motivado por una importante fuente de ingresos destinada a la construcción de autopistas, puentes, estaciones e infraestructuras civiles.

Viviendas, hoteles, aeropuertos, centros de ocio y salud, escuelas, hospitales, mercados, museos y edificios de oficinas han dibujado a lo largo de los últimos años un espectacular paisaje arquitectónico, variado y cada vez más sofisticado. La muestra presenta también dos proyectos españoles que han sido galardonados con el Europan (concurso iniciado en 1989 para arquitectos europeos menores de 40 años). Se trata de las Viviendas Sociales Junto a la SE-30, obra de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano y el Estadio de Fútbol de Eduardo Arroyo a las afueras de Bilbao.

Qué España es diferente ha sido el lema de muchas campañas publicitarias y durante largo tiempo ha sido algo que caracterizaba -con mayor o menor acierto- la particular forma de entender la vida y la riqueza de nuestro país. Sin embargo, hoy en día parece que la tendencia es que todo y todos, a lo largo y ancho del mundo occidental y avanzado, seamos más iguales. La llamada globalización, que también afecta a la arquitectura, lleva a los grandes empresarios y a las instituciones a desear que el edificio que es la imagen de su empresa sea obra de tal o cual arquitecto de prestigio. Eso no es malo, a todos nos gusta vivir y trabajar en edificios buenos y bien diseñados, pero en el fondo existe el riesgo de ser catalogados por el dime quién te construye y te diré cómo eres, o del todo vale si la obra lleva una firma determinada, olvidándose en muchos casos las necesidades reales de una determinada construcción. Es una hazaña y un orgullo que nuestros mejores arquitectos, algunos de ellos aún jóvenes, sean objeto de exposiciones en museos como el MOMA, pero todavía queda camino por recorrer para que nuestras máquinas de habitar o de trabajar, y nuestras ciudades en general, encuentren un ansiado equilibrio.


Galería de imágenes

 

Proyectos en fase de realización:

1. Torres Bioclimáticas. Vitoria-Gastéiz
Iñaki Ábalos, Juan Herreros, y Renata Sentkiewicz | Abalos&Herreros

2. Centro de Arte. La Coruña
Victoria Acebo y Ángel Alonso | Acebo X Alonso Arquitectos

3. Estadio de Atletismo. Santa Cruz de Tenerife
Felipe Artengo Rufino, Fernyo Martín Menis, José M. Rodríguez-Pastrana Malagón, y
Mariola Merino Martín | AMP Arquitectos

4. Centro de Talasoterapia. Gijón
Francisco Leiva Ivorra y grupo aranea

5. Parador Alcalá de Henares, Madrid
Maria José Aranguren López y José González Gallegos | Aranguren&Gallegos

6. Casa Levene San Lorenzo de El Escorial, Madrid
Eduardo Arroyo | NO.MAD Arquitectos

7. Museo de Andalucía. Granada
Alberto Campo Baeza | Estudio Arquitectura Campo Baeza

8. Fachada del Ayuntamiento. Manresa, Barcelona
manuel bailo + rosa rull

9. Centro de Artes Escénicas. Vitoria-Gastéiz
Juan Navarro Baldeweg

10. Casa en un huerto de cerezos. Granada
Juan Domingo Santos

11. Ciudad de Cultura de Galicia. Santiago de Compostela
Peter Eisenman | Eisenman Architects

12. Teatro Municipal y Auditorio. Torrevieja, Alicante
Alejyro Zaera-Polo y Farshid Moussavi | Foreign Office Architects (FOA)

13. Hotel en la Bodega de Marqués de Riscal. Elciego, La Rioja
Frank Gehry y Edwin Chan | Gehry Partners

14. Sharing Tower. Valencia
Vicente Guallart | Guallart Architects

15. Oficinas centrales de Euskotren. Durango, Vizcaya
Zaha Hadid con Patrik Schumacher | Zaha Hadid Architects

16. La Ciudad del Flamenco. Jerez de la Frontera, Cádiz
Jacques Herzog y Pierre de Meuron | Herzog & de Meuron

17. Campus de la Universidad de Vigo. Vigo
Jesús Irisarri Castro y Guadalupe Piñera Manso | irisarri + piñera

18. Parque de relajación. Torrevieja, Alicante
Toyo Ito | Toyo Ito & Associates, Architects

19. Parasol Metropol. Sevilla
Jürgen Mayer H. | J.MAYER H.

20. Museo de Cantabria. Santander
Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla | Mansilla+Tuñón, Arquitectos

21. Housing Tower. Valencia
Josep Lluís Mateo – MAP Arquitectos

22. Vivienda. Carabanchel, Madrid
Thom Mayne con Begoña Diaz-Urgorri | Morphosis con B+ DU Estudio de Arquitectura

23. Biblioteca. Jerez de la Frontera, Cádiz
José Morales y Sara Giles | MGM Morales+Giles+Mariscal

24. Oficinas centrals de Gas Natural. Barcelona
Enric Miralles y Benedetta Tagliabue | EMBT Miralles Tagliabue Arquitectes Associats

25. Teatro y Auditorio. La Vila Joiosa, Alicante
José Maria Torres Nadal + Antonio Marquerie

26. Centro de Congresos. Córdoba
Rem Koolhaas y Ellen van Loon | Office for Metropolitan Architecture (OMA)

27. Centro de Tennis. Madrid
Dominique Perrault | Dominique Perrault Architecture

28. Plaza y espacios de usos mixtos. Barakaldo, Vizcaya
Javier Fresneda, Javier Sanjuan, y Javier Peña | MTM arquitectos y XPIRAL

29. Palacio de Congresos y Exposiciones. Ávila
Francisco Mangado | Mangado y Asociados

30. Casa Rural. Girona
Rafael Arya, Carme Pigem, y Ramón Vilalta | RCR Arquitectes

31. Hotel Habitat. L'Hospitalet de Llobregat, Barcelona
Enric Ruiz-Geli | Cloud 9 con Acconci Studio y Ruy Ohtake

32. Ampliación del IVAM. Valencia
Kazuyo Seijima + Ryue Nishizawa / SANAA

33. Centro de Congresos. Badajoz
José Selgas y Lucía Cano | selgascano

34. Edificio Zaida. Granada
Álvaro Siza | Álvaro Siza 2 Arquitecto

35. Museo Nacional de Arqueología Marina. Cartagena, Murcia
Guillermo Vázquez Consuegra

Proyectos concluidos:

1. Complejo Woermann. Las Palmas de Gran Canaria, 005
Iñaki Ábalos, Juan Herreros, Renata Sentkiewicz, Joaquin Casariego, y Elsa Guerra |Abalos&Herreros con CASARIEGO/GUERRA, arquitectos

2. Estadio de Fútbol. Barakaldo, Vizcaya, 2003
Eduardo Arroyo | NO.MAD Arquitectos

3. Acceso al Paseo del Ovalo. Teruel, 2004
David Chipperfield Architects y b720 Arquitectos

4. Centro de salud. Santa Eulalia, Ibiza, 2003
Mario Corea y Lluís Morán | Corea & Morán Arquitectura

5. Aeropuerto Norte de Tenerife. La Laguna, Tenerife, 2002
Antonio Corona, Arsenio P. Amaral, y Eustaquio Martinez | N.Tres

6. Centro de Servicios Sociales. Barcelona, 2003
Carlos Ferrater y Lucia Ferrater | Carlos Ferrater Partnership

7. Escuela de Arte Escénicas. Santa Cruz de Tenerife, 2003
Juan Antonio González y Urbano Yanes Tuña | GPY arquitectos

8. Museo de Arte Contemporanio. León, 2005
Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla | Mansilla+Tuñón, Arquitectos

9. Mercado de Santa Caterina. Barcelona, 2005
Enric Miralles y Benedetta Tagliabue | EMBT Miralles Tagliabue Arquitectes Associats

10. Ampliación del Ayuntamiento. Murcia, 1998
Rafael Moneo

11. Edificio Mirador. Sanchinarro, Madrid, 2005
Winy Maas, Jacob van Rijs y Nathalie de Vries con Blanca Lleó | MVRDV con Blanca
Lleó Estudio de Arquitectura

12. Viviendas Sociales SE-30. Sevilla, 2002
Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano | Nieto Sobejano Arquitectos

13. Ampliación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid, 2005
Jean Nouvel | Ateliers Jean Nouvel con Alberto Medem

14. Torre Agbar. Barcelona, 2005
Jean Nouvel | Ateliers Jean Nouvel con b720 Arquitectos

15. Centro de Congresos y Auditorio BaluArte. Pamplona, 2003
Francisco Mangado | Mangado y Asociados

16. Terminal del Aeropuerto de Barajas. Madrid, 2006
Richard Rogers Partnership y Estudio Lamela

17. Capilla Valleaceron. Almadenejos, Ciudad Real, 2000
Sol Madridejos y J. C. Sancho Osinaga | SANCHO-MADRIDEJOS ARCHITECTURE OFFICE

18. Escaleras de La Granja. Toledo, 2000
José Antonio Martinez Lapeña y Elías Torres Tur | Martínez Lapeña – Torres, Arquitectos


¡Felicitaciones, señor Aznar!

¡Felicitaciones, señor Aznar!

Si la lección magistral de Benedicto XVI en Ratisbona se ha prestado a críticas, menos doctrinales que en razón de su oportunidad, la del ex presidente del Gobierno en el Instituto Hudson de Washington merece sin duda un aplauso cerrado. ¡Pocas veces una percepción de la historia tan honda como la suya ha sido expuesta con tanta brillantez conceptual! Si el mundo islámico reclama que el Pontífice pida perdón por sus palabras, ¿cómo explicar que ningún musulmán le haya pedido perdón a él "por conquistar España y estar allí ocho siglos"?

En estos tiempos de recuperación de la memoria histórica, habrá que remontarse así mucho más atrás y exigir cuentas a quienes acabaron con el reino visigodo de don Rodrigo: crear asociaciones destinadas a establecer el número de víctimas de los precursores de Al Qaeda entre 711 y 1492. Tarea ingente, desde luego, pero que no debería desalentarnos: desenterrar fosas, calcular daños, establecer cifras fiables de damnificados y de sumas de vidas. Sin olvidar la demanda fundamental del perdón. Perdón por sus victorias, derrotas y ocupación ilegal de la Península, ya que no por boca de Tarik y Muza y de sus mandatarios Omeyas, sino por la de Marruecos y, mejor aún, de la Liga Árabe y de la Conferencia Islámica. Un acto de desagravio colectivo al señor Aznar y, a través de él, a la España violentada y sometida durante 800 años.

Lo malo de tan bien trabado razonamiento es que la culpa retrospectiva no puede extinguirse en una fecha precisa. Puesto que España existía antes de la llegada de la morisma, habría que exigir cuentas a quienes la invadieron antes: suevos, vándalos, alanos, visigodos. También ellos ocuparon nuestra patria y cometieron toda suerte de tropelías.

No se me ocultan las dificultades a las que se enfrentaría una comisión encargada de fijar pérdidas, atender reclamaciones, componer una relación de las víctimas, pero no podemos admitir a estas alturas del razonamiento del anterior jefe de Gobierno un plazo límite de prescripción. Porque los romanos conquistaron asimismo la España eterna, siguiendo el ejemplo de cartagineses, fenicios, griegos y tartesios. ¡Cuántas y cuántas afrentas impunes que exigen, si no reparación de pérdidas materiales, al menos una procesión penitencial de los sucesivos ocupantes frente a los despachos del señor Aznar!

La convicción del presidente de la FAES de que nos hallamos en guerra y "de que para combatirla es indispensable creer en vencerla" justifica sus sonadas declaraciones de hace unas semanas en la BBC. Según el héroe de Perejil y de las Azores, la OTAN debería bombardear Líbano, e Israel entrar en el Pacto Atlántico. Las muertes y destrozos ocasionados por la guerra de 33 días en el país de los cedros no bastaban, puesto que "Occidente no atacó al Islam, sino que nos atacaron ellos". Todos recordamos en efecto las venturas y desventuras del colonialismo argelino en Francia, el egipcio e iraquí en Reino Unido, el rifeño en Andalucía. La solidez de estos argumentos avala su sabia combinación de historiador escrupuloso y de político dotado, como su amigo Bush, de visión y de previsión.

"Necesitamos atlantistas y reconstruir Occidente", dice Aznar y, como ejemplo a seguir, cita a los Reyes Católicos, unificadores de España y descubridores de América. Pero su admiración por ellos, ¿se extiende igualmente a la creación del Santo Oficio y la expulsión de los judíos, como algunos de los oyentes de su lección magistral en el Instituto Hudson debieron preguntarse? Teniendo en cuenta que el islam, y no Al Qaeda constituye una amenaza que "está en todas partes y bajo la cual estamos todos", no es el momento adecuado no obstante para pararse en minucias.

Los españoles nos sentimos huérfanos desde que un oscuro compló etarro-islamista desalojó del poder al partido liderado por el señor Aznar.

JUAN GOYTISOLO


 

El Mundial ‘sin hogar’

Otro fútbol es posible. El próximo fin de semana comienza en Suráfrica la cuarta edición del Mundial de los ‘homeless’, los ‘sin hogar’, una iniciativa que trata de insuflarles autoestima. Jugarán selecciones de 48 países. Hemos estado con el equipo español

JOSÉ MARCOS

EL PAIS SEMANAL - 17-09-2006

Han bebido vino peleón a mansalva, han bajado a los infiernos en busca del destello, momentáneo pero intenso, de la heroína o la cocaína, han vendido sus cuerpos por un puñado de parné, por supuesto han robado al despiste o por las bravas… Y defienden con orgullo la zamarra de España. Manuel, Kike, Alfredo, José Ignacio, Paco, Luis Antonio, Jesús y Giusseppe, para algunos, parásitos, gandules, yonquis, con un deterioro físico notable y la autoestima en baja forma, vestirán la roja a partir del próximo fin de semana y durante 10 días en la cuarta edición de la Homeless World Cup de Suráfrica, el Mundial de los desamparados.

“Todo lo que sé con certeza sobre moral es gracias al fútbol”. El memorando, de Albert Camus, cobra sentido cuando se observa a los ocho expedicionarios sin hogar que han acudido a Ciudad del Cabo –que también albergará el Mundial oficioso de 2010– dejándose el alma en los entrenamientos. Se saben afortunados. Más de 50 moradores de las aceras de todas las razas y edades pasan cada año por el proyecto iniciado hace cuatro por la Red de Apoyo a la Integración Social (RAIS) y el Centro de Acogida de San Isidro de Madrid, en respuesta a la llamada de la Red Internacional de Periódicos Europeos de Calle, promotora de tan peculiar torneo. “Es un premio, un reconocimiento a su esfuerzo por salir del pozo. Aunque no necesariamente van los mejores deportistas. La finalidad no es traerse un trofeo, sino que se reincorporen a la sociedad”, puntualiza Saúl Rodríguez, el responsable del grupo. ¿Palabrería barata? No cuando presenta a Jesús Baeza, un hombre de 62 años al que el vicio por el garrafón no se lo ha llevado al otro barrio de milagro. Entre los 16 y 24 años se dedicó a atracar bancos. “Pero sin violencia, no me va eso”, puntualiza. Nunca corrió la sangre. Bastaba con enseñar la recortada. Ahora se convierte en otro cuando le da al balón. “El deporte tiene el poder de transformar a las personas”, apunta Saúl.

Como ya pasó hace tres años en la ciudad austriaca de Graz y a continuación en Gotemburgo (Suecia) y Edimburgo (Escocia), el street soccer ofrece la emoción de una versión del deporte rey donde dos equipos de cuatro jugadores, da igual el sexo, disputan 14 minutos de fútbol extremo repartidos en dos tiempos. Sin defensas, centrocampistas ni atacantes. Sin tener que haber nacido en el país que visten: la patria es la calle, fue el mensaje de los ocho africanos que ganaron para Austria el primer campeonato. “El fútbol sala es lo más parecido, aunque esto es un correcalles, que si todos p’atrás que si todos p’alante; no hay distinciones entre puntas ni interiores”, observa Paco Calixto, de Andújar (Jaén). Tiene 56 años, dice que jamás ha birlado un centavo, y cuenta que hace 15 años lió un hatillo y se fue de casa, harto de las broncas con su señora. “Robar es tentador. Es lo fácil. Yo me gano la vida decentemente, vendiendo abanicos, rebuscando en la basura… Siempre queda un trocito de carne por ahí, en las patas de los jamones”. ¿Qué es lo que más cuesta? “Que te vea el vecino, aunque, por supuesto, siempre se hará el despistado”. El caso de Paco es quizá el más aterrador: nada de bingos, nada de drogas, nada de vivir la noche. Nada de nada, sólo una relación sentimental fallida. “La noche es dura, como la ola de frío de hace un par de años; seis grados bajo cero… Eso es frío”.

El prototipo de las personas sin hogar –un mendigo es aquel que pide limosna; un vagabundo, el que va de una ciudad a otra, y un indigente, el que carece de comida y de ropa– es el de un varón de entre 41 y 65 años, soltero, alcohólico, con problemas de salud y poca formación cultural. Poco a poco, el perfil cambia, conforme al ritmo de la sociedad. “La gente no es consciente de lo fácil que resulta terminar en la calle”, explica José Manuel Caballol, secretario general de la RAIS. “Si tienes un empleo inestable, de poca capacidad económica, temporal, y las relaciones sociales empiezan a resquebrajarse, te sitúas en la línea divisoria. El 90% de los casos se guía por estos patrones”. Puede que la advertencia suene exagerada. ¿O no?

“Sigue imperando la idea de que son unos locos o que están así porque se lo han buscado. Que han optado por una vida romántica, que han nacido en una familia muy pobre. No necesariamente. Es una pobreza muy especial, relacionada con los malos tratos, con el abandono familiar”, explica Manuel Muñoz, psicólogo de la Universidad Complutense y autor del estudio Los límites de la exclusión. Sus conclusiones corroboran la magnitud del problema: el 25% es menor de 20 años, el 15% ha estudiado una carrera, la mitad entra en la categoría de inmigrantes económicos… Se calcula que hay entre 50.000 y 200.000 personas sin hogar en España –no existen datos fiables–; de ellas, unas 15.000 duermen al raso a diario. Las cifras se triplican si se considera a quienes duermen en la calle esporádicamente. “El 90% de estas personas solventa sus problemas en menos de un año. Se levantan después de caerse. Pero hay un 10% reincidente, que por sí solos no pueden”, dicen en la RAIS. “Lo único que deseas es no volver a despertarte”, responden automáticamente quienes lo han pasado. La calle les ha convertido en clones.

La terapia futbolera tiene su ironía. La vida les ha tratado a patadas, y es precisamente así, dando golpes a una pelota, como pretenden rescatarles de los días al raso. Funciona. Más que profundizar en el arte del regate, o de emular a Beckham en los libres directos, el objetivo es que los futbolistas vuelvan a cumplir con unos horarios, que recuerden lo que era el trabajo en equipo. El espíritu olímpico del barón de Coubertain en estado puro. “Vamos, que esto debería servirnos de trampolín, motivarnos para adquirir hábitos, responsabilidades… El fútbol es la herramienta para que te sientas útil, para que te vuelvan las ganas de luchar en la vida”, confirma Luis Antonio Ramírez, el Araña, que ya estuvo en la cita escocesa. “Siempre hay un veterano que hace de guía, que le explica al resto lo que se siente cuando el avión se eleva, cómo es la convivencia con las otras selecciones… Por eso uno repite curso”, esgrime Miguel Buzeta, uno de los entrenadores.

No es fácil meter a ocho tipos acostumbrados a deambular por ahí en un transporte cerrado, a 10.000 metros de altura, sin fumar ni beber, durante 11 horas. Esta vez le ha tocado hacer de embajador al Araña. “Dicen que lo paro casi todo, que tengo 20 brazos”. El año pasado le incluyeron entre los tres mejores porteros del Mundial. “¡Quién me lo iba a decir! Al principio no quería entrenarme; me decía: ‘¡si son unos manguis!’. Y mira”, sonríe.

Un gesto que dice mucho de su recuperación, de lo atrás que queda su erre que erre con la heroína. “Ojalá no le vuelva a ver por aquí, salvo para tomar un café de vez en cuando, como colegas. Eso significaría que ha rehecho su vida”, asiente un voluntario. Manuel Gil, en cambio, acude todos los días al centro de ayuda a la drogadicción detrás de su dosis diaria de metadona. La heroína es la droga que más secuelas físicas deja. Marca a sus consumidores. José Ignacio Aparicio le saca 10 años a Manuel, pero los dos parecen de la misma quinta. “Cuando entré en el mundillo de la droga no había la información que hay ahora. No sabía qué consumía. Ni siquiera las consecuencias”, cuenta. Jamás olvidará su primer chute. “Estábamos en el barrio, llevábamos un rollo muy sano, pero vinieron los mayores y nos ofrecieron heroína para esnifarla. Me puse malísimo, en parte me sentó mal pero me sentó bien, de alguna manera me llamó la atención. Pero esa persona que me la ofreció no me dijo ‘ten cuidado, que si la consumes tres días seguidos vas a tener dependencia’. Y así pasó”. Uno de los principales problemas a que se enfrenta la organización del Mundial es que muchos de sus participantes no pueden pasarse un día sin metadona ni antirretrovirales. “Tenemos que llevarlos encima, en el equipaje de mano. Esperemos que no haya problemas”, explica Saúl.

“Si mantenemos la fe, por pequeña que sea, algún día transformaremos nuestras vidas”, es la misiva que Luis Figo transmite a los participantes. Modesto, que hasta hace poco sobrevivía en la madrileña plaza de Quevedo, es uno de los modelos. Rehabilitado, se gana el jornal como pintor y por 20 euros diarios convive en una pensión con su esposa. Dicharachero en cuanto se habla de fútbol, advierte del “altísimo” nivel de los contrincantes. “En Suecia, los ingleses iban y venían en sus autobuses, con entrenadores del Manchester que grababan en vídeo los partidos de sus rivales”, cuenta. No exagera. Una treintena de futbolistas callejeros han firmado un contrato con algún club o se iniciaron como entrenadores. “Si la Administración se involucra, se notan las diferencias”, apostilla Buzeta. Caso de Portugal, donde el seleccionador, Luiz Felipe Scolari, presentó ante una avalancha de medios a sus ocho representantes.

Pasan las ediciones y el torneo gana adeptos –de 18 equipos en la primera edición a 48– y mecenas como la UEFA, aunque el año pasado a punto estuvo de no celebrarse. “Lo iba a albergar Nueva York, pero si las trabas burocráticas casi impiden entrar a cualquier viajero sin antecedentes, ¡imagínate a 400 personas marginales de 32 países!”, señalan los seleccionados españoles. El cofundador del evento, el escocés Mel Young, movió sus hilos y la competición se terminó disputando en Edimburgo. No logró, sin embargo, sortear los problemas con las autoridades; le acechó la sombra del 7-J, del jueves que unos terroristas musulmanes coordinados segaron 50 vidas en Londres. “A Camerún no le dejaron entrar en el Reino Unido. Argumentaban que no tenían el dinero suficiente para estar, pero era por los atentados. ¿Por qué se relaciona la violencia con estas personas? Los estudios dicen que el 80% son víctimas de ella”, se queja Caballol. Las estadísticas también sugieren que, al contrario de la tesis de Bujadín Boskov, el fútbol es algo más que un deporte-espectáculo. De los más de 200 participantes en Escocia, 80 encontraron un trabajo estable, 95 se reconciliaron con sus familias, 60 comenzaron a estudiar y 62 de 91, aquellos que libraban un combate cotidiano con la bebida y los estupefacientes, han triunfado. Paco va por el mismo camino. “Antes sólo quería pasarme todo el día pedo, pimplando vino”, suspira.

Si el Araña ejerce de gran capitán, Saúl lo es todo para los integrantes del equipo. Tan pronto suelta una regañina al que ve –otra vez– tentado por el cartón de vino como le reconforta con un abrazo. Y se desvive por unas equipaciones dignas, vista la apatía de la federación española; el año pasado aportó varias camisetas y pantalones a la causa una semana después del Mundial de Edimburgo. Eso después de la mediación del Consejo Superior de Deportes. Vodafone y Coca Cola llevan el peso fuerte del patrocinio. El Real Madrid, a través de su fundación, también arrima el hombro, ya sea con ropa deportiva, visitas a su sala de trofeos, encuentros con futbolistas de otra galaxia o entradas para los días de partido. “¡Se les ponen unas caras! Es como si vivieran un sueño”, sostiene Paulino García, de la institución madridista. “¿El Bernabéu? Precioso”, cuenta José Ignacio, el más futbolero de los ocho. Con diferencia. “El Madrid podría haber prescindido de Van Nistelrooy, soy más partidario de la cantera. De Soldado, por ejemplo, cedido a Osasuna. Se saldrá en Navarra”, barrunta. Cuesta creer que haya pasado por la cárcel. “Pero lo hice. Me junté con unos carteristas, y como no cumplía los arrestos domiciliarios porque no tenía casa…”, prosigue desmenuzando el pasado.

Más que la pobreza, los expertos alegan que la mejor explicación a la presencia de más y más personas sin hogar está en lo que denominan “sucesos vitales estresantes”. Todos tenemos alguno: separación, maltrato, pérdida del trabajo, muerte de un familiar cercano… La media de estos sucesos en una persona normal es de tres; la de los sin hogar es de casi ocho. “Con la particularidad de que además están muy agrupadas en el tiempo. No es lo mismo que los vivas a lo largo de la vida que en uno o dos años. No es lo mismo que se te muera el padre o la madre a que el otro te abandone o te maltrate, y que entonces no puedas con la casa y te echen de ella por motivos legales, porque unos meses antes no te han renovado en el trabajo… Vas sumando. Hay que tener mucha fortaleza para afrontar eso”, sostiene Muñoz.

Las historias de seleccionados y reservas darían para muchas telenovelas venezolanas. Jesús enseña sus antebrazos, repletos de cicatrices. Cada una vale por un intento de suicidio. “Me las hice con cristales rotos. Es que echo de menos a mi madre”. “Hay casos por ahí que ¡buff!…”, responde el último entrenador que le dio la Copa de Europa al Madrid, Vicente del Bosque, que ha participado en varias campañas de sensibilización. La mayoría de la población pierde a sus padres en torno a los 40 años. Manuel los vio irse de sopetón. “Mi padre palmó cuando tenía 11 años, y mi madre, con 15 cumplidos”, recuerda con un café de por medio. Era el mayor de tres hermanos y no pudo con la presión. “Era pinche de cocina y tenía mi chica hasta que llegó a casa un colega enganchado y me quise tomar unas vacaciones… Todavía no las he terminado”, añade con ironía.

A Alfredo Momomete, ecuatoguineano de 25 años, le cuesta hablar; si lo hace, es con la cabeza gacha, sin mirar a los ojos. “A ver si salimos adelante”, se dice. Aunque no destaca por sus dotes de orador, ya no es el tipo solitario que se refugiaba en el whisky. O en el vodka. O en el ron. Terminó yéndose de casa. Como Paco y Kike. Como tantos.

A sus 39 años, Kike es la víctima de la cocaína, la droga de moda. “Llevo dos meses sin probarla”, narra. Se nota que cuenta los días, horas y minutos, pero no se resigna a abandonarse de nuevo. El problema le vino por triunfar con 22 años. “Era relaciones públicas, me levantaba 3.000 euros al mes… Me creía el amo del mundo. El puto amo”. Cuando se rehabilite, igual vuelve por sus fueros, a sus tiempos como monitor de piragüismo, esquí acuático o manejo de veleros. El Araña no se corta: “Hay millones de personas que le dan al vicio los fines de semana. Ese gramo de cocaína les puede llevar en un par de años a comprarlo todos los días. No consiento que luego me vengan a dar sermones, ni que me miren como a un yonqui”.

Hay miradas que lo dicen todo. “Parece increíble, pero en Escocia, con simples miradas y con cuatro señas, te entendías con los chinos, rusos, noruegos… Éramos similares, con vivencias muy parecidas. Cuesta menos que hablar con tu vecino”, continúa la charla.

Gane o pierda España, el Mundial es la estación anterior de otra meta: montar una liga nacional para los sin hogar, como las que proliferan en los países nórdicos. “Me han contado que sueltas a llorar cuando escuchas el himno. Igual o más sentimiento tiene una persona de la calle que Fernando Torres, Raúl o Casillas”, concluye Manuel. Se levanta y se va a por su metadona, mezclada con Tang de naranja. “Nos ahogamos en un vaso de agua”, se despide. “Soy como soy, no puedo cambiar”, añade Jesús resignado. “La gente debe de pensar: ‘Vaya cristo se ha montado en Líbano y a éstos les pagan una semanita en Suráfrica”, apostilla el Araña. “Estamos con ellos, juntos vamos a meter un gol a la exclusión”, es el mensaje grabado en vídeo de Michel Salgado. Con ellos, el fútbol regresa a sus orígenes. Al lugar donde nació. A las calles.


Ciutadans

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Helmut Newton

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Garrote vil

Garrote vil

En sus inicios, el "garrote vil" no era otra cosa que la ejecución de alguien mediante un garrotazo en la cabeza o en la nuca. El adjetivo "vil" deriva del sistema de leyes estamentales en el medioevo. Por una cuestión simbólica la decapitación con espada se consideraba pena reservada a los integrantes de la nobleza. En cambio, para los villanos (habitantes de las villas o integrantes de la "plebe"), se mantenía la ejecución con un "vulgar" garrotazo.

Más adelante, el garrote fue perversamente refinado, para pasar a consistir en un collar de hierro que, por medio de un tornillo, retrocedía hasta matar al acusado por asfixia. La variante denominada catalana incluía un punzón de hierro que penetraba por la parte posterior destruyendo las vértebras cervicales del condenado. El garrote, con sus refinamientos, fue instituido porque el ahorcamiento se consideraba excesivamente cruel, ya que el lapso de tiempo hasta la muerte era mucho más largo.

Fernando VII abolió, en 1828, la pena de muerte en horca y dispuso que, a partir de entonces, se ejecutase a todos los condenados a muerte con el garrote:

«en garrote ordinario los reos pertenecientes al estado llano, en garrote vil los castigados por delitos infamantes y en garrote noble los hijodalgo» —Real Cédula de 28 de abril de 1828

Cada tipo de ejecución llevaba aparejada una escenificación distinta, diferenciándose cada una principalmente por el modo de conducir al condenado hasta el garrote: los condenados a garrote noble iban en caballo ensillado, los de garrote ordinario iban en mula o caballo y los de garrote vil en burro o arrastrados. Es la denominación garrote vil la que ha prevalecido y hoy en día se suele usar este nombre para designar tanto al instrumento como a la pena de muerte que lo utiliza.

La ejecución se anunciaba con unos tambores con el parche flojo, no tirante, que se llamaban "cajas destempladas", de donde ha quedado la expresión.

Los últimos condenados por este sistema en España (el anarquista catalán Salvador Puig Antich, en la Cárcel Modelo de Barcelona, y el delincuente común de origen pretendidamente polaco Heinz Ches, en la de Tarragona) fueron ajusticiados el 2 de marzo de 1974.

Tú más

Tú más

Félix de Azúa. 

Benedicto XVI, un Papa que ama los nombres largos, signo inequívoco de intelectual, cita a un olvidado emperador bizantino, el cual hace quinientos años se quejaba de que habían hecho aparición unos individuos brutales los cuales extendían la religión de Mahoma a golpe de cimitarra (como si los cristianos hubieran actuado de modo distinto, por cierto), y de inmediato se alzan en armas unos seres barbudos, aullantes y desesperados de dolor que queman iglesias, matan monjas italianas, amenazan de muerte a todo bicho viviente y se quejan amargamente de haber sido insultados.

La primera vez que asistí a uno de estos asombrosos espectáculos de inocentes enfurecidos fue en San Sebastián, en cuya universidad daba yo clases allá por el año 1982. La noche anterior había saltado por los aires un sujeto a quien le había estallado en plena cara la bomba que estaba a punto de activar. Algunos alumnos comenzaron de buena mañana a llamar a la huelga y a manifestarse por la ciudad “contra la violencia y por la paz”. Como no podía creer que aquellos pájaros estuvieran del lado gubernamental, les pregunté la razón de su protesta.

“¡Anda pues! ¡Que no hay derecho a que la gente tenga que ir por ahí poniendo bombas y corriendo peligro y jugándose la vida!”. La que así chillaba era una muchacha de unos veinte años, gordita, simpática, buena mujer, lo que por allí suele llamarse “gente maja”, la estoy viendo rediviva, si es que vive. Para aquella descerebrada, los que se jugaban la vida eran los terroristas.
Muchísima gente de las provincias vascas sigue pensando (¿pensando?) del mismo modo. Para estos fanáticos, los “otros” no existen, sólo existen los “nosotros”. En realidad los otros no son asesinados, simplemente se esfuman en el aire y dejan de molestar.

Exactamente igual que aquellos energúmenos que pillé un día en Gerona lanzando ladrillos, testeros y hasta una farola a unos pobres policías que estaban a la puerta del ayuntamiento, protegiéndose con sus escudos de las malas bestias nacionales. Los atacantes gritaban: “¡Fachas! ¡Nazis! ¡Asesinos!”, cada vez que les lanzaban un pedrusco con intención evidente de partirles el cráneo. Las autoridades habían dado orden a la policía de que no respondiera al ataque. Vieja tradición española, el poder protege a la banda de la porra.

Así ahora, cada vez que alguien se queja de la violencia, la irracionalidad y la vesania de los islamistas, recibe una amenaza de muerte “por manchar el honor del Islam”, o lo que todavía es más gracioso “por calumniar a la religión”. Da un poco de miedo, tanta gente religiosa y pacífica.

No es muy distinto de lo que le ha sucedido al mentecato de Rubianes que suelta las más atroces barbaridades sobre la puta España y reza para que les exploten los cojones a los españoles (su estilo es el hombre) buscando el aplauso de unos empleados de la Generalitat, y luego se empeña en estrenar… en el Teatro Español de Madrid. Hay que ser idiota. De inmediato salen los inenarrables opinadores de sacristía en defensa de la libertad de expresión. ¿Es una opinión decir que te ciscas en la puta Francia? ¿O que los franceses son unos maricones? Altísimo nivel intelectual, el de los defensores de esta opinión.

Ya sólo falta que Farruquito demande por atentar contra su honor a los familiares del señor al que aplastó con su cochazo. ¡Como si fuera fácil manejar uno de esos tanques sin tener ni zorra idea de conducir! ¡Anda que no corrió peligro ni nada el fino artista!

Ocupado

Ocupado

No me llames payaso

14 de septiembre de 2006

Del hedor al perfume del público


VICENTE VERDÚ
EL PAÍS  -  Sociedad - 14-09-2006

¿El público da asco? Durante muchas décadas el artista tuvo a gala soslayar la contaminación del vulgo. Agradecía que sus obras triunfaran pero no habría admitido nunca que fueran concebidas sólo para gustar a los demás. Y menos a las masas.

Las masas atufaban por fuera y por dentro. Significaron, desde su misma rebelión, una miasma informe que tendía a acercarnos, absorbernos y convertirnos en papilla. De otro lado, la masa revelándose infantil no digería nada que no se les dispensara previamente masticado, servido en papilla.

Con este presupuesto venal, muy querido por los poetas, la creación debería abordarse sin mirar aquí o allá, ni al mercado ni al gentío, tan sólo al propio interior. Como consecuencia, las obras nacían pringadas de una intimidad supuestamente inalienable, tan abisal como original. El olor de lo original se convirtió así en el valor supremo. Algo valía tanto en cuanto no se había percibido nunca, independiente de que fuera difícil de soportar.

Las cosas han cambiado mucho respecto a este modelo y en favor de un planteamiento opuesto, de manifiesta condición empresarial. Frente al asco que el artista declaraba sentir por lo común, el empresario aspiró sin descanso a fabricar artículos que complacieran, y a cuantos más mejor. El sueño del empresario y su consecuente gloria no residía principalmente en su originalidad sino en su tino. Con el anhelo de perfeccionar los tinos fueron desarrollados los estudios de mercado y las ahora meticulosas listas sobre hábitos, creencias, necesidades, perversiones, oraciones y frustraciones del público consumidor. Un quehacer que, a continuación, se ha extendido a la predicación o a la política y que actualmente representa un instrumento central en el diseño de las producciones cinematográficas, los guiones de cine, de televisión, de los videojuegos o de la página web. El público ha emergido como el gran colaborador de la innovación. El supermotor de la más vasta imaginación productiva.

Pero ¿inventa el público? ¿imagina algo de suficiente interés? Nadie lo habría aceptado hace unos años pero hoy los departamentos de marketing, el sector más creativo de la nueva sociedad, reconocen el 50% de su fuerza a la interacción con el comprador.

Más aún, los más adelantados de estos departamentos consideran que el porvenir de gran parte del arte más visible e influyente depende de esa íntima relación.

El conflicto interior, los dolores del artista, su caudal de inspiración, sus periodos de sequía o fertilidad, desplazan la sede tradicional desde el aliento interior al ambiente del mercado. No al pestilente vaho de las muchedumbres ni al sucio olor del dinero sino a una transparencia copulativa entre productor y comprador.

En Tokio, en Londres o en Nueva York hay perfumerías que se caracterizan por la ausencia total de perfumes enfrascados y etiquetados. Los empleados atienden al cliente sin pregonar las cualidades de una u otra colección con firma. Su intervención consiste en averiguar algunos aspectos vitales del visitante, sus pequeños hábitos, sus colores preferidos, indicios de su situación profesional o emocional. Tras esta cata llegan las sugerencias. Sugerencias que no culminan en una esencia hasta que el comprador ve concentrados sus deseos (¿su personalidad? ¿su necesidad? ¿su creatividad?) en una esencia preparada exclusivamente para él.

La reciente época de customización de los productos ha sido una fase intermedia en la que el fabricante ha conservado todavía el control del muestrario. La nueva y actual etapa de personalización creadora trata, sin embargo, de transformar al cliente en productor y conseguir su complicidad mediante un bucle en los roles. De esta estrategia se deriva que las marcas abandonen su anterior posición de dominio y se conviertan en ofertas de poder con nuestro nombre. El cliente se convierte así en autor. Y el marketing fue su profeta.


 

Señor Alcalde de Bellpuig:

Contesto a su carta en la que me comunica que se me otorga el premio “Boira” (Niebla) debido a mi posicionamiento político y a mi crítica del nacionalismo catalán. La forma y el contenido de la carta es el testimonio perfecto de la obscena impunidad política que asola este territorio y la confirmación visible de los motivos por los que el ayuntamiento de Bellpuig me lanza la infamia en forma de premio. Tal y como declaré, queda aún más patente que nacionalismo y democracia se muestran incompatibles.

Debido a la información que me había llegado del periódico Segre, deduje que los premios “Estel i Boira” (estrella y niebla) eran responsabilidad de las entidades privadas de Bellpuig. En éste sentido, tenía la disposición de contestar el menosprecio con un texto humorístico. Pero su carta me revela que el auténtico inductor y creador de tales salivazos al adversario es usted como alcalde de Bellpuig, expresidente de la Diputación de Lleida y diputado del Parlament de Catalunya. Por tanto, dejo de lado el humor porque es una forma de expresión que en última instancia, demuestra una consideración sobre el grado mental y moral del otro.

Usted no merece esta consideración. Ostentando cargos de gobierno y de representación parlamentaria, utiliza el cobijo de unos premios para denigrar públicamente a cualquier disidente de sus manías. En este caso, un consistorio municipal promueve la degradación democrática, dedicándose a organizar un acto para desacreditar la libre opinión de un ciudadano. En vez de participar al fomento de la tolerancia y la pluralidad de criterios, como es su obligación por los cargos que tiene asignados, se sirve de ellos para incitar a la censura cívica de un artista del país.

Con su eclesiástico invento de “l’estel i la boira”, compruebo que utiliza el tiempo (y también mis impuestos) para dividir a los catalanes entre buenos y malos, o señalar enemigos externos. Usted se erige impúdicamente en juez moral de Catalunya, y a través de sus veredictos, induce el odio a instituciones o personas no afines al régimen. Sigue una tradición muy cultivada por los totalitarismos, entre ellos, el que sufrimos los españoles hace treinta años, un régimen nacionalista obsesionado también en este tipo de infecciones sociales. Hoy, afortunadamente, exceptuando su caso, no hallaríamos en España un nivel semejante de vileza institucionalizada y promovida por dirigentes públicos.

Resulta curioso que este tipo de vocacionales de la inquisición, siempre conviven con un trasfondo personal bastante menos escrupuloso que sus filantrópicas exhibiciones. Compruebo que usted tampoco es una excepción sobre la regla. No muestra la misma sensibilidad patriótica a la hora de cargar una cuantiosa deuda a sus conciudadanos españoles a través de la Seguridad Social. Deuda provocada por la empresa Aigües Rocafort de la cual era administrador y accionista. Ni tampoco le tiembla el pulso cuando deja de pagar a los empleados -que se ven obligados a reclamar por el juzgado social- o a la Caixa de Catalunya, la cual también tiene que proceder judicialmente para reclamarle 33.656.256 Pts.

No se inquiete, su comportamiento tampoco trasluce anomalía alguna en el clima actual de Catalunya, incluso es natural. Forma parte de la impostura patriótico-sentimental que en los últimos tiempos impera entre los gobernantes de este territorio.

Sin embargo, ¿quién le ha dado a usted las atribuciones para infamar en público a un ciudadano que cumple escrupulosamente con sus deberes? Desde hace 45 años, dirijo una empresa de 25 trabajadores dedicados al arte. Nunca he dejado de pagar puntualmente a la hacienda pública ni a ningún colaborador. Esta es la principal contribución que en cualquier país puede hacer un ciudadano, sea catalán o sueco. Las otras contribuciones, las del libre pensamiento o las creencias, sólo son materias de escarnio, censura, y persecución institucional en las dictaduras. En este sentido, la única “boira” incívica que constato, es la que pone usted por delante, a fin de disimular su falta de decencia... eso sí, ¡Catalana!

Por tanto, como despedida, quiero decirle sin hostilidad ni ironía, pero con serenidad y también con una íntima satisfacción: váyase concretamente a la mierda, usted, sus premios y la Catalunya que nos pretende imponer.

Albert Boadella


PS. Esta carta es mi respuesta a su “Premio” y espero que sea leída (entera) en el acto de entrega.

LITERATURA

LITERATURA

Por Manuel Vilas

¿Tú te imaginas a Franz Kafka ganando cualquier premio literario, explicando en público, ante mil personas importantes  , con el trofeo del premio en una mano y en la otra su pequeño sombrero, la trama de "El Castillo"? ¿Y te imaginas a James Joyce presentando el "Ulises" en la Fnac acompañado de un famoso? ¿Te imaginas a Cernuda ganando el Loewe? ¿Y a Borges alargando un relato para que su agente lo venda como una novela? ¿Ves acaso a Céline firmando dedicatorias amables en la Feria del Libro? ¿Y a Pessoa de gira por los almacenes de Portugal promocionando su desasosiego? Parecía que la literatura era irreductible, y que los escritores también eran irreductibles, y eso estaba bien, tenía su gracia, su punto de fuerza, su humanidad pura. Pero ya la literatura es esto: una mesa de novedades, las mafias, una feria, un premio, la televisión y la pasta, y ni siquiera mucha pasta. O sea, el éxito. Pero para eso ya estaba la política y el mundo de los negocios, las cenas de sociedad y los discursos de los pedantes. ¿Dónde está la literatura entonces? Se está muriendo. Casi ni queda. Casi ni existe. No, chaval, la literatura nunca fueron libros de éxito. Era otra cosa. Era lo inesperado, lo gratuito. Y no me hables de calidad, como si los libros fuesen electrodomésticos o coches. ¿Acaso el "Ulises" tiene calidad común, la tiene "El Castillo"? No, la calidad común, de la que hablan los listos del negocio, es cosa de consumidores lelos. La calidad sirve para los electrodomésticos y los coches, para los televisores y las tostadoras, para las neveras y los vídeos. La literatura era otra cosa. Era valor, valor personal. Si quieres calidad en serie, cómprate los libros de los premios literarios o cómprate un Volvo, pero si quieres literatura personal tendrás que ir a buscarla tú solito: ya no está en las tiendas. Tendrás que ir a buscarla al matadero y a los hospitales. Y ni siquiera allí la ibas a encontrar. Lo mismo tienes que ir a buscarla al cementerio, tú sabrás.


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Crónica de un secuestro&divorcio :

Crónica de un secuestro&divorcio :

"¡Estimados periodistas, reporteros, estimada opinión pública!

Soy consciente de la poderosa impresión que les han debido provocar los acontecimientos de los últimos días.

Puedo fácilmente imaginar cómo estarán conmocionados y alarmados mentalmente porque algo semejante pueda ser posible.

Además, soy consciente de que sienten curiosidad por mí y que quieren, por supuesto, saber más detalles sobre las condiciones en las que viví.

Quiero asegurarles por adelantado que no quiero responder ni responderé a ninguna pregunta sobre intimidades o detalles personales.

Castigaré personalmente cualquier tipo de intento de atravesar esa frontera, sea quién sea la persona que la transgreda. Aquel que lo intente se puede ir preparando. He crecido como una joven con interés por la educación y también con necesidades humanas.

El ambiente en el que vivía: El recinto donde vivía estaba adecuadamente equipado. Era mío y no estaba destinado a ser mostrado al público.

La vida diaria: Estaba regulada. La mayoría de las veces había un desayuno conjunto, ya que él casi nunca trabajaba. Yo hacía las labores del hogar, lectura, televisión, hablábamos, cocinaba. Así fue durante años, todo con el temor a quedarme sola.

Sobre la relación: No era mi amo y señor. Yo era igual de fuerte. Me mimaba y al mismo tiempo me pisoteaba. Pero no podía conmigo y eso él lo sabía. El secuestro lo organizó él solo, todo estaba preparado ya. Después acomodamos juntos el recinto, que medía más de un metro y 60 centímetros de alto.

Por cierto, después de huir no he llorado.

No había motivo para sentirme infeliz. A mi modo de ver, su muerte no era necesaria. No se habría hundido el mundo si le hubiesen castigado. Era parte de mi vida. Por eso en cierto modo estoy afligida por su muerte.

Naturalmente, es cierto que mi juventud ha sido diferente de la de muchos otros, pero en principio no tengo la sensación de que me haya faltado nada. Me he ahorrado un montón de cosas. Por ejemplo, no he empezado a fumar ni a beber y no he tenido amigos malos.

Mensaje a los medios: Lo único que quiero de la prensa es que me deje en paz con las eternas calumnias, las interpretaciones equivocadas, los 'sabelotodo' y la falta de respeto hacia mi persona.

Actualmente me siento bien donde estoy, quizás un poco bajo tutela. Pero yo he decidido contactar con mi familia sólo por teléfono. Yo decidiré por mi cuenta cuándo contactaré con los periodistas.

Sobre mi fuga: cuando tenía que limpiar y pasar la aspiradora al automóvil, él se alejó porque la aspiradora hacía ruido. Ésa fue mi oportunidad. Simplemente, dejé en marcha la aspiradora.

Por cierto, nunca lo llamé "amo y señor", aunque él quería que lo hiciera. Creo que él lo quería -que lo llamara así-, pero no lo pretendía realmente en serio.

Tengo un abogado de confianza que arregla conmigo todo lo jurídico. Tengo buena relación con la abogada especializada en juventud, Monika Pinterits, que es una persona de mi confianza; y con el doctor [Max] Friedrich, [Jefe de la clínica universitaria para neuropsiquiatría de menores del Hospital Clínico de Viena]; y con doctor Berger [de la Clínica de Psiquiatría de Menores].

El equipo del señor [Johann] Frühstück [jefe de las investigaciones] me trató muy bien. Les envío mis cariñosos saludos, aunque fueron un poco curiosos, pero ésa es su profesión.

Cuestiones íntimas: Todos quieren siempre hacer preguntas íntimas, que no incumben a nadie. Quizás alguna vez lo cuente a una terapeuta o a otra persona, si tengo necesidad de hacerlo, pero quizás no la sienta nunca. La intimidad me pertenece sólo a mí.

Al señor H., [amigo de Priklopil, quien lo transportó en su vehículo poco antes de que se suicidara] éste es mi mensaje: No debe sentirse culpable. Él no podía hacer nada, fue una decisión propia de Wolfgang [Priklopil] tirarse a las vías del tren.

Me une un sentimiento de empatía con la madre de Wolfgang. Me puedo imaginar su situación actual y sus sentimientos. Nosotras dos pensamos en él. Pero también deseo agradecer a todas las personas que tanto me acompañan en mi destino.

Por favor, concédanme un respiro en los próximos días. El doctor Friedrich lo explicará con esta nota. Muchas personas se ocupan de mí. Dadme tiempo hasta que yo misma pueda contarlo".

Natascha Kampusch

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