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el mundo fragmentado

Perversiones literarias

Perversiones literarias

Entre las muchas perversiones literarias que se pueden experimentar en esta vida está leer dos libros al mismo tiempo. No hablo de tener dispuestos para la lectura dos libros o tres o cuatro o hasta cinco o seis o más, acción que hago con frecuencia, dispersos por todas las mesas de la casa, y hasta los suelos, dispuestos todos esos libros para que el momento oportuno haga su elección, los elija sin saberse nunca cuáles son las razones de ese momento, de ese libro, de esos libros, de aquellos montones y a esa hora u otras. Dejamos que el azar juegue sus cartas en forma de páginas literarias y allá ellos con sus escondites y disparates. La literatura es así.

Me refiero a elegir dos libros de alguno de esos montones (¿pudieran ser tres, o cuatro? no lo he probado, ya se verá, poco a poco) y comenzar con el capítulo uno del libro A y seguir con el capítulo 1 del libro B para continuar con el capítulo 2 del libro A y luego el capítulo 2 del libro B. Y así hasta el final, hasta los dos finales de los dos libros, de una forma metódica, sabiendo eso sí, que uno de ellos puede terminar antes, mucho antes incluso, no ya por tener menor número de capítulos sino por la estructura del propio libro que puede hacer que carezca de capítulos propiamente dichos y que, en este caso, el lector tendrá que inventar.

Así ha ocurrido con dos libros que aguardaban su hora en un montón junto al pasillo, muy cerca de la cocina.  El primero de ellos es “Nada que hacer”, del escritor y periodista Juan Madrid. Libro editado en Seix Barral, cuando todavía era dirigida por Carlos Barral, allá por 1984 , que fue cuando lo compré. Juan Madrid es un periodista que conocí escribiendo en el legendario Cambio16 y que se ha convertido en un buen escritor de novelas policíacas, que vive su vida real en Madrid como los personajes de sus novelas : juega a las cartas, se conoce a todos los soplones de la policía, a todas las policías que pagan esos soplones, y vive en algunos de esos tugurios y garitos donde se encuentra gratis el sexo por ser el sexo mercancía de cambio en la planta sótano de las grandes ciudades que aspiran a organizar olimpiadas y otras actividades mercantiles. Añadir, evidentemente, que Juan Madrid es un gran escritor. “Nada que hacer” habla, como debe ser, del hombre y de la ciudad, es decir, de la soledad.

El otro libro es de mi admirado Enrique Vila Matas. “El Viaje Vertical”, editado en Quinteto, libro de bolsillo que compré poco antes de tomar algún tren camino de alguna parte y que he recuperado ahora. “El Viaje Vertical” está escrito sobre 1.999, un año especial para mí, y trata como siempre en Vila Matas de la necesidad de ocultarse, hasta llegar a no/ser. En este caso, el personaje Mayol es un empresario catalán al que su mujer manda a la mierda y lo deja tirado en la calle con su vida ( que es no/vida), sus hijos ( que son no/hijos) sus amigos ( que son no/amigos) y así hasta completar un vacío que lleva al protagonista a cuestionarse walserianamente qué hacer con ese enorme hueco que acab de descubrir.  

Leídos de la forma comentada compruebas que el itinerario de los grandes escritores es muy parecido, que la tarea del héroe de todos esos personajes es, en el fondo, y a veces en la forma, causa común, y que, como el caso que me ocupa, cuya elección no fue premeditada (¿o sí, querido Freud? ) la soledad y la ocultación son dos caras de la misma moneda que llevan por caminos parecidos. El lector elegido para estos juegos infantiles deberá pertenecer al grupo de quienes no temen perderse en los laberintos y que buscan desesperadamente no encontrar nunca la salida.

Añadir, como se habrán imaginado, que fue enorme el disfrute con el experimento y que repetiré, cual equilibrista, con algún más difícil todavía que ya comentaré y del que espero salir sano y salvo.

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